Survive [Entrenamiento] [P.R]
#21
La vida se trataba de un fractal.

¿O era acaso una tela de araña? A medida que sentía la arremetida de golpes que contra su cuerpo impactaron, el movimiento de sus músculos tensos y rígidos siendo apaleados de manera incesante, disparos, golpes, quemaduras ¿Veneno? No entendía qué pasaba porque la consciencia llegaba mucho más tarde que la inevitabilidad del dolor. Quizás por eso, quizás por la cercanía con la muerte, es que la mente fluye volviendo a Baterilla. Pensó en su padre, había muerto primero que él y no fue hasta su muerte que pudo ser libre verdaderamente, no fue hasta que hablando con Alana en la cubierta del Crimson Stage que entendió que él quizás también podía ser libre del destino, de los designios de lo que los demás esperaban por él, que podía soñar, que podía reír, jugar, hacer amigos.

Gracias a Kiyoshi, gracias a Varo, gracias a Uker. Había tantas personas que habían tejido la tela de araña por la que él había podido danzar libremente. Conoció gente más pintoresca que otra, gente amable, gente dulce, protegió con todas sus fuerzas, usos esas manos que fueron hechas para destruir como quiso, para proteger, para cuidar, para contener. Tan fuerte como sus brazos le permitieron.

Temió también por Varo, temió por la salud de sus amigos. Pero fue entonces cuando percibió que sus manos ya no tenían la fuerza que las caracterizaba, y poco a poco sus músculos se iban venciendo. Su respiración le pesaba, le dolía, su voluntad flaqueaba, pensó en todo lo que podría haber sido y, quizás con su última fuerza, su mirada intentó moverse hacia sus amigos en un último atisbo de protección pero no… Lamentablemente la vida no era justa, ni había finales felices o tristes, solo finales en sí.

¿De haber podido hablar qué les diría? A sus amigos, a Miyori, a los Hanu Mahana… Si moría ahí, moriría con una sonrisa, porque Eros Focalor fue alguien. Eros Focalor fue libre, y Eros Focalor caería por proteger esa libertad, por aferrarse con uñas y dientes a sus principios, valores y convicciones.

Nunca quiso dinero, nunca quiso fama, nunca quiso gloria.

Si pudiese hablar les diría…

“Gracias por ser mis amigos… Si volvemos a nacer, si volvemos a viajar… Y volvemos a encontrarnos. Por favor, sean mis amigos de vuelta. Gracias. Por enseñarme a soñar. Gracias por soñar conmigo… Ahora toca despertar”

Cerró sus ojos sonrientes cuando sus parpados pesaban tanto que fue incapaz de mantenerlos abiertos, y a cada lado de su sonrisa maltrecha y herida sus lagrimas caían. Se sentían tan cálidas que los golpes parecían menos dolorosos, quizás su alma dolía más, quizás era el momento del descanso.

El destino era incierto, y en el fractal que la vida les deparaba solo esperaba que fuesen donde fuesen, terminaran dónde terminarán, fuese con sus amigos de lado. Paso a paso, siempre juntos.

El último clavo del ataúd
[Imagen: xNGUFie.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 5936 - 6342 = -406
Energia: 3516 + 0 = 3516
Espiritu: 1876 + 0 = 1876
#22
Fue solo un sueño. Cómo me hubiese gustado el desenlace. Sin embargo, nada de aquello había ocurrido. Sigo sin respiración, colgado de la mano de este marine como si fuera un muñeco de trapo. Se que mi final debe estar cerca. Los recuerdos habían estado viniendo a mi mente como una secuencia de hechos de una novela. No sé si se trata de una burla de los dioses, mostrándome mis errores, todos, los que me han traído hasta aquí. Sí me gritan como mi actitud en esta isla, dispuesto a enfrentarme a unos marines, era la que me hace ahora sucumbir. Yo creo que este último movimiento es como el de una roca que llega al pie de la montaña tras un desprendimiento; inevitable.

Tal vez el error venga de haber viajado a la isla del cielo con mis amigos, de los deseos por llevarme el oro de allí, por el ansia de adquirir nuevos poderes. O incluso de las atrás, de la pasividad total que tuve en Jaya, o de nuestro paso por Arabasta. El frío de Drum o las grandes selvas de Little Garden. En alguno de aquellos lugares debía estar lo que los dioses me mostraban para reírse de mi. O tal vez fuera antes. Antes de los cabos gemelos, en Samba, en esa vida de delincuencia que tomé allí por necesidad. Que digo necesidad, por obligación. Pero mi mente me lleva más atrás, antes incluso de las imágenes que habían estando pasado por mi mente existieran. Una época que ya se dibujaba borrosa en mi mente. A aquel momento en el que me infiltre en el barco de mis padres.

Se que de haber podido respirar, me hubiese faltado el aire igual. Yo soy el culpable de todo lo que me ha pasado. Yo soy el único que se ha dejado llevar hacia el lado oscuro, a la delincuencia. Siento mi cuerpo muy pesado. No solo por la pena, sino por el salto que ha iniciado el marine que me atrapa. Me siento más débil que nunca, a su merced, como si pudiese hacer conmigo lo que quisiera. De hecho, lo hace. Sus palabras causan que mi cuerpo se estremezca. ¿Qué es lo que tengo que ver? Volamos y no soy capaz de reaccionar. Incluso cuando me suelta y mi cuerpo rueda por el suelo por el impulso, no soy capaz de hacer nada. El dolor de mi cabeza es tan intenso que se que no sería tan veloz como antes. Pero lo que me bloquea del todo es ver cómo Eros permanece estático en su sitio, como una estatua. Oigo la voz del marine y veo como mi capitán se desploma. 

El aire que había comenzado a llenar mis pulmones se congela. Busco con desesperación a Kiyoshi. El doctor no está en una situación mejor. Mis amigos han sido derrotados. Me levanto y corro dando tumbos hasta su posición. A medio camino, antes de llegar a Eros, mis piernas ceden. O tal vez es mi mente la que lo hace. De cualquier manera, mi cuerpo se desploma. Las rodillas frenan mi caída. Los brazos caen sobre el revés de mis manos. Mi cabeza es demasiado pesada. Mis ojos miran al cielo pero no puedo dejar de ver la imagen de mis compañeros en el suelo. La voluntad por seguir adelante se ha fugado de mi cuerpo. Sí alguien pudiera ver mis ojos, estoy seguro de que no tendrían vida.

Mi mente se ha convertido en un torrente de imágenes. Imágenes que van de Eros en el suelo a aquella borrachera de la playa. De Kiyoshi herido a mí fascinación por sus planes. Nos veo derrotados. Nos veo celebrando juntos. Veo cada una de nuestras batallas, de nuestras huidas, de nuestras victorias y de nuestras aventuras. Veo también a Uker, el último de mis amigos. El mismo al que ahora dejaríamos solo, cuando nuestros huesos fueran a parar a una celda o a una tumba. En todos mis recuerdos aparecían ellos. Los Sepultura se habían convertido en todo para mí. Ellos eran mi hogar. Los dioses no jugaban con mi mente, no sé burlaban de mi. Tan solo me daban un último regalo, me mostraban nuestros momentos juntos. Me mostraban lo que soy.

 
Vuelvo en mi para mirar a mis compañeros. Veo que uno de los marines se encuentra quitándole el rifle a Kiyoshi. Me lavento y corro hacia él con el puño en alto. Le lanzo un golpe a la mandíbula, pese a que se que posiblemente sea lo ultimo que haga. No puedo hacer otra cosa. Al fin se cual era mi lugar. Al fin se que es lo que soy.

—Yo soy sepultura.

Una afirmación que me define. Una frase que me liga a ellos sea donde sea que nos lleve el destino.



Antología
Emme's Codes

#23
"No eres nada," dijo Stroud junto a Kiyoshi, sujetando con furia la muñeca de Varo antes de que esta tuviese la oportunidad de impactar contra nada. Resistió la tentación de torcerla hasta romperla. Se acercó a la cara del hurón una vez más. "Dejaste de ser cualquier cosa en el momento en que tu camino se cruzó con el mío. Y que la Justicia se apiade de ti si crees que tienes la oportunidad de volver a ser algo alguna vez," masculló Stroud con imperceptible rabia, en aquel tono serio e inmutable que lo caracterizaba. "No volverás a ser."

Respiró hondo e hizo un ademán con la cabeza hacia Enji, observando su aura llameante,  púrpura y blanquecina. "Esto es lo  que pasa cuando se muestra clemencia. Comodoro, permiso para ejecutarlo," solicitó, ciñéndose al protocolo de la misma manera que se aferraba a la muñeca del pirata. Torció su boca con asco cuando escuchó la respuesta de su superior, pero no respondió nada. Contempló al comodoro de arriba a abajo. Saint Vangelis Enji no era débil, desde luego. Tampoco parecía ser corrupto, ni un rebelde, no era ninguno de esos el adjetivo adecuado. Era casi peor que todo aquello. Era blando.

La laxitud que la Marina había mostrado hasta aquel entonces era la causante directa de la situación en que se encontraba el mundo. La incapacidad de adoptar un papel proactivo, de eliminar la injusticia de raíz. Traición a la Justicia. Las aletas de sus fosas nasales se hincharon a medida que el aire salía a través de ellas con rabia contenida. Stroud podía ser muchas cosas, pero no era un insubordinado ni un amotinado, y no quedaba otra que acatar órdenes. Soltó con asco la muñeca del mink y caminó hasta Enji. Se colocó ambas manos tras la espalda, situándose junto a él y observando el mar, que se extendía en torno a la costa, y el Grand Line, interminable, en el horizonte, esperando a ver aparecer algún barco de la Marina en la lejanía tras la llamada de Enji. "Con el debido respeto, comodoro. No sé por qué se empeña en mostrar clemencia con esta escoria. Eros Focalor, Kiyoshi Maeda, Varo Ganchin. Sabe quiénes son, sabe qué han hecho. Sabe por qué cada uno de ellos tiene la recompensa que tiene. No merecen piedad. Merecen Justicia."

Se giró hacia Kael, manteniendo lo firme de su postura a la vez que comenzaba a desabrochar las correas de sus guantes de forma metódica, aflojando las correas y doblándolos con cuidado antes de guardarlos en el bolsillo de su pantalón. "Soldado Omuyaga, asegúrense de que no hagan ninguna otra gilipollez antes de que vengan a buscarlos. Y tenga su Den Den Mushi a mano, no me extrañaría que llamasen desde el cuartel para pedir detalles. Puede que la noticia levante algo de revuelo." Colocó su pipa Saltfin, apagada, entre sus dientes. Volvió a extender las mangas de su camisa, desdoblándolas sobre sus antebrazos con cuidado, y colocó sus manos nuevamente tras su espalda, mientras su pulso descendía progresivamente. "Disculpas, comodoro. No pretendía perder las formas," admitió mientras prendía el interior de su pipa y el humo comenzaba a salir, como si de una pequeña chimenea de madera se tratase. "Ha sido una gran actuación, por parte de todos. Sus desempeños han sido impecables, por cuanto he podido ver," dijo entre una gran bocanada de humo, haciendo un ademán también hacia el pelinegro Kael. Ahora solo quedaba esperar.



Off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 6153 + 0 = 6153
Energia: 2082 - 338 = 1744
Espiritu: 1584 - 68 = 1516
#24

En el momento en que terminó por tomar el fusil del pirata, pudo escuchar las palabras de su comandante hacia el enemigo. Desprovisto de todo sentido de la piedad y el honor por un rival vencido, aquel hombre dejó en claro que las vidas de esos caídos habían dejado de tener sentido para él. No hacía falta tener ningún ápice de compasión, ni tampoco ser una persona cruel o bondadosa para entender como se sentía. Aquellos hombres no aparecían en numerosos carteles de Se Busca por un simple y sencillo capricho. Una ingente cantidad de crímenes realizados por los mares desde los que procedían hasta este mismo lugar los habían llevado a ser desprovistos de todo derecho que pudieran llegar a poseer como seres humanos.

La marina no los protegían, los capturaban. Mercenarios sedientos de oro daban caza a hombres como ellos, buscando cortar sus cabezas para cobrar toda la recompensa que estos hijos del mal y la codicia tuvieran sobre sus hombros. El joven Nanashi tenía muchísimo que demostrar ante el mundo, pero con su actitud dejaba a la vista mucho más que eso. No buscaba vanagloriarse frente al soldado, ni mucho menos frente a su capitán. Él sólo hacía resaltar lo que verdaderamente pensaba y lo que sentía. Ese rubio no pudo dejarlo más claro en ese momento. Para él, los piratas y los revolucionarios...

Eran el cáncer de este mundo.

Y eso era justo el tipo de persona que buscaba encontrar en él...

El líder de la división frenaba su furia, haciéndole obedecer una orden que a todos los niveles no deseaba agradecer. A diferencia del de menor rango, parecía saber esconder peor las emociones, al menos, cuando de combate llegaba a tratarse. No sabía cuál de los dos era más fuerte, una disputa que quedaría pendiente para otro día, una partida de ajedrez que había convertido piezas negras en blancas, dando paso a otras fichas inesperadas en el tablero.

Por suerte, él lo tenía todo para que fuese observado, estudiado, analizado...y comprendido para su misión.

Fue cuando escondió el fusil del tirador que vió en los ojos del Mink su tristeza, ¿o tal vez era rabia? Quizás la impotencia de saber que no podía hacer nada más para evitar el destino que les esperaba a continuación. Ponerse en su piel en un pensamiento fugaz habría sido bastante estúpido, pues ellos mismos habían decidido su destino en el momento que decidieron oponerse a las leyes del gobierno, pero incluso él sabía la rabia que debía de carcomerle por dentro al pensar en ser el único que queda en pie...y no poder hacer nada para salvar a sus amigos. 

El comandante soltó su muñeca, dejándolo en responsabilidad de aquel que poseía menor rango, y mayor facilidad para transportarlos hacia cualquier parte, pidiéndole que mantuviera el Den Den Mushi a mano, y eso terminó por hacerle recordar a Mini Kael que aquello ya se había terminado.

Apagó la grabación del Den Den Mushi Visual en la ventana de su ojo izquierdo tras enfundar el antiguo fusil de Choi. Aún no entendía bien qué debía hacer con la información allí obtenida, pero sin duda, quedaría con una copia del mismo si tenía la capacidad para ello, pudiendo analizar todo lo que en ese lugar había sucedido, y tomarlo como experiencia para el futuro. Tenía que bajar las escaleras de su propio cuerpo mientras decidía, pues sabía que a las puertas de la fortaleza, tendría que recibir invitados a encarcelar.

Al mismo tiempo, Kael se acercó hasta Varo a pesar de saber que buscaría golpearlo una vez más. Antes de ofrecerle una oportunidad para hacerlo, agarró al mink por las muñecas, inmovilizándolo hasta dejarlo tumbado en el suelo, con las manos detrás de la espalda.

—No me lo pongas más difícil, o esta será la última vez que veas a tus compañeros.—Aquellas palabras no buscaron sonar como una amenaza para el hurón, sino una advertencia clara sobre lo que podría suceder. Su comandante podría tomar como excusa un intento de escape u obstrucción a la justicia como justificación para acabar con su vida, o la del resto de aquella tripulación. Entregarlos con vida era una orden, y él se limitaba a cumplirla de la forma más sencilla que pudiera.—Si quieres llegar consciente junto al resto de los tuyos hasta Impel Down, baja los brazos. Esto ya ha terminado para vosotros. Los refuerzos ya vienen de camino.—pero no podía esperar una respuesta.

En aquel momento se limitó a hacer lo que debía, y sujetando ambas muñecas con el agarre de su zurda, utilizó la diestra para comenzar a cachearlo, teniendo de nuevo que buscar todo lo que pudiera llevar consigo, confiscándolo en el acto donde no lo pudiera llegar a alcanzar.

Era un único hombre para encarcelar a tres, una situación compleja, si no fuera porque ninguno de ellos debía de estar en suficientes condiciones como para actuar. Abrió la compuerta de su mano diestra, y en contra de la voluntad del aún consciente pirata, le hizo disminuir su tamaño hasta una centésima parte de quién era, atrapándolo en el interior hasta conseguir cerrar el puño, siendo recibido por la pequeña copia de sí mismo, con el fusil enemigo en la mano. Era la mejor forma de que los tres se mantuvieran con vida, pues ninguno de ellos podría escapar de ese lugar.

Hizo exactamente el mismo procedimiento con el tirador. Al parecer, a pesar de seguir tumbado en el suelo completamente derrotado, también parecía seguir consciente, una prueba más de la capacidad que tenían sus superiores para derribar a los enemigos sin provocarles heridas fatales.

"No puedo dejar de pensar que son unos monstruos". Pero ese no era momento para reflexionar sobre ello.

Despojado de todo cuanto tuviera consigo, el pirata uniformado galardonado como mejor tirador de los cielos fue enviado de la misma manera al interior de la fortaleza, llevándolo junto a la compañía de las dos personas que ya se encontraban allí, hasta que finalmente, un minuto después como máximo, terminase por llegar el inconsciente Eros, dejándolos en el mismo lugar, bajo la vigilancia del mismo guardia. No les haría moverse de la entrada, puesto que debía entregarlos con presteza en cuanto llegasen para transportarlos, y el camino por aquellos pasillos era mucho más largo de lo que podría llegar a aparentar.

—No os preguntaré donde está vuestro compañero Uker. Imagino que preferiríais morir antes que vender a un compañero, y no tengo tiempo para sacaros información.—Comentó con su tono de voz normal, sin darle mayor importancia.—Aquí dentro yo tengo todo el control, así que quedaos ahí y no os mováis. No seré tan implacable como mi comandante, pero os aseguro que tampoco soy compasivo como mi Comodoro. Mi orden es manteneros con vida. Nada más.

The End
[Imagen: jGxJg3p.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4971 + 0 = 4971
Energia: 3502 - 363 = 3139
Espiritu: 1677 + 0 = 1677
#25
El fin daba comienzo.

Tres personas en el suelo, derrotadas. Tres personas de pie, victoriosas. Un grupo se consolida y otro desaparece. Los planes, las expectativas, los sueños; todo se apaga, y de la estela de humo que brota en su último aliento nace la chispa que alimenta un fuego ajeno. Un fuego destructivo, un fuego paciente, y un fuego… ¿tibio? ¿blando?

Enjo dio un vistazo rápido a cada uno de los tres integrantes originales de los Piratas de la Sepultura. A todos ellos los había visto, más cerca o más lejos, durante los Juegos del Soberano en Skypiea. Reconocía sus rostros del periódico y los carteles de búsqueda y captura. Sabía sus nombres y sus apellidos. Sabía que, como él, habían cantado y bebido en las gradas del estadio de Zarutsuki. ¿Y qué más sabía? ¿Qué otra información tenía? ¿Cuáles habían sido sus crímenes? ¿Sus pecados? Los vio en el suelo, paralizados o inertes. Vio las lágrimas cayendo por el rostro de un hombre que sonreía. Sintió la desesperación del último en pie, La Epidemia, jugándose la vida en tratar de ayudar a sus amigos aún sabiendo que todo había terminado.

Camaradas sufriendo y luchando el uno por el otro. Más allá de los colores y la bandera, podía entender eso. Podía respetarlo.

Era el fin del camino que habían escogido.

El veneno terminó de desprenderse de su cuerpo y la silueta semi-desnuda del comodoro volvió a ser visible. La cicatriz en su costado derecho picaba y tenía una pequeña quemazón en el pecho, cosa del disparo recibido de Kael, pero fuera de eso estaba ileso. Solo un poco cansado después del despliegue que se vieron obligados a llevar a cabo de un momento a otro.

—Huh, que pereza… —masculló.

Se agachó y recuperó del suelo su chaquetón, el cual palpó con la mano para quitarle tierra de encima antes de volver a acomodarlo sobre sus hombros. El ritmo de su latido se normalizaba a la vez que la adrenalina caía, reducida a un leve cosquilleo detrás de la nuca y en la punta de los dedos. Se rascó el cuello como le era costumbre y vicio, al tiempo que Stroud le daba alcance y Kael empezaba la requisa.

“(...)No merecen piedad. Merecen Justicia”, dictaminó el comandante. Enji levantó una ceja al escucharlo. Dejó de rascarse, dejó de mirar en dirección a la playa y entre labios dejó escapar una cruda y gutural risa.

—¿Y qué es la justicia para ti, Stroud? ¿Tu puño enterrado en el pecho de un tipo inconsciente? Shihaha… —cuestionó—. Porque menudo ejemplo le das a los niños, eh.

La ironía de que lo dijera el marine nudista, que era a la vez un noble mundial, por poco provoca una epifanía generalizada en todo Long Ring Long Island. Enji escupió una gota de veneno al suelo y se limpió los labios con el dorso de la mano antes de girarse y encarar a los dos marines que lo acompañaban.

—Tu opinión —dijo, su mirada puesta en ojos de Stroud—, guárdatela para cuando la pida o cuando “Comandante” esté por encima de “Comodoro”, ¿sí? Pelearon bien, ganamos, se terminó. Esa es mi órden y, como buenos marineritos, así la van a acatar. Así funciona mi división —sentenció, serio, para, después de unos segundos en silencio, perder la pelea interna y soltar un bostezo que rompió por completo su gesto parco—. Ah, dios, yo que esperaba dormir un rato después de entrenar. ¡Eh, Omuyaga! ¿Cómo carajos haces desaparecer a estos tipos? ¿Te los metes en el culo o qué? —Y toda esa tensión se perdió mientras pasaba a un lado de Stroud, dándole una palmada en el hombro, y se dirigía a Kael moviendo sugerentemente las cejas—. ¿Puedo entrar yo? ¡Shihahahaha!

Los Piratas de la Sepultura habían caído.

Off final
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4666 + 0 = 4666
Energia: 3095 - 392 = 2703
Espiritu: 2026 + 0 = 2026
#26
Vaya, me han hecho volver aquí, pero por otro motivo, así que no me voy a molestar. Vamos con eso.

✓
Invasión Finalizada


Valoracion Enji

— Calidad del rol: 1,75

— Personaje: 2

— Estrategia: 2

— Rolear acorde a las guías: 1,75

— Total: 7,5


Enji obtiene (Por Kiyoshi)

— Puntos Mugiwara: 63

— Reputación: 125+5+10=140




Enji obtiene (Por Eros)

— Puntos Mugiwara: 63

— Reputación: 125+5+10=140




Valoracion Stroud

— Calidad del rol: 2

— Personaje: 2

— Estrategia: 2

— Rolear acorde a las guias: 1,75

— Total: 7,75


Stroud obtiene (Por Varo)

— Puntos Mugiwara: 65

— Reputación: 125+5 = 130


Stroud obtiene (Por Eros)

— Puntos Mugiwara: 65

— Reputación: 125+5 = 130


Valoracion Kael

— Calidad del rol: 1

— Personaje: 2

— Estrategia: 2

— Rolear acorde a las guías: 1,75

— Total: 6,75


Kael obtiene (Por Eros)

— Puntos Mugiwara: 56

— Reputación: 125-5-10=110

STAFF DE NAKAMA NO MI
SAQUEO


Para los Marines-ERRATA


Para los participantes


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