[Pasado] Un glorioso día de pesca
#11
Su voz acariciaba, como cuando llega una ventisca en verano, levantando el buen olor de la ropa recién lavada que está tendida. Como un gilipollas sonreí, mostrando un pequeño colmillo, solía pasarme al sonreír de lado. — Hace tiempo que no veo un gyojin —  Respondió, mirando hacia el agujero de donde salía la luz y entraba el sol. — Pero he aprendido rápido que no están bien vistos en cualquier mar,  ¿no te parece curioso? que lo más seguro es que tú desees sentirte como uno de los mios por un día y yo como uno de los tuyos —  Reí, no sabía si era cierto, al decir que ella quería sentirse humana, no me refería a literalmente humana, sino a la tranquilidad de no llamar la atención.

A mí me aburría mucho la gente así, me encantaban los tonos que salían de la norma. Mi forma de vestir muchas veces era la respuesta a esto. — Yo mataría por poder vivir bajo el mar, debe ser interesantísimo —  La miré de nuevo de manera intensa. — ¿Podéis hablar con otros animales marinos? es una leyenda que se decía cuando era pequeño —  Me estaba divirtiendo la conversación, se entonaba nutritiva para mí, poder descifrar ciertas cosas de una especie tan interesante.

Pronto se acabaría la tranquilidad al escuchar un fuerte golpe. Como un petardo, al colarse el sonido en la zona hueca que era la cueva resonó muchísimo más fuerte. Mi respuesta innata fue agarrar a la hembra por el brazo y abrazarla por si algo se le venía abajo, era puro instinto. — Lo siento —  Fue lo único que pude decir al ver que el sonido ya había pasado y la estaba sujetando con fuerza contra mi pecho. Sentí su humeda piel junto a la mía que en contra parte era más aspera y caliente. Me flipaba que fuera de color rojo o que tuviera diferentes señas de identidad como podía ser una cola, branquias, era como un niño en un parque de atracciones, pero estas sensaciones tenía que refrenarlas. 

También me estaba poniendo un poco cachondo.
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#12
Qué sonrisa tan bonita tenía. Aún no se podía creer la suerte que estaba teniendo. No pudo evitar sonreír también. Aunque enseguida sintió un poco de vergüenza. Sabía que a la mayoría de la gente no le gustaban esos dientes tan afilados, que daban miedo, o incluso asco. Intentó disimular ese acto de esconderse para que no se diera cuenta, pero la verdad es que la gyojin no era muy sutil. - Sí... Quiero decir, me encanta como soy, me encanta dormir bajo el agua y me encanta nadar a tanta velocidad que ningún otro pez pueda igualarme. - Se la notaba entusiasmada mientras decía esas palabras, emocionada. - Pero a veces, cuando intentan cazarte con un arpón... No es tan divertido. - Sonrió de nuevo, pero sin enseñar los dientes.

Quizás había muchos humanos que deseaban experimentar lo que era ser un gyojin como ella, pero era la primera vez que se lo decían. De nuevo se sonrojó. Ojalá la iluminación tenue no lo hiciera tan evidente. Sus miradas la intimidaban muchísimo. - Bueno, en los gyojins es raro. Cuando ocurre solo es con una especie de pez, no con todos, pero- - un gran estruendo interrumpió la conversación. Igual no había sido tan fuerte, pero en aquella cueva marina retumbó de tal manera que pareció mucho más intenso. Derya dio un pequeño bote del susto, sin embargo, la reacción de su contrario fue abrazarla con fuerza contra su pecho.

Cerró los ojos. Estaba tan caliente, la sensación fue tan reconfortante. Era como abrazar una intensa y acogedora hoguera. - No pidas perdón... - Elevó las manos, llevándolas también junto a su pecho. Podía notar con la palma de la zurda como el corazón de aquel hombre iba más rápido de lo normal. Igual no tanto como el de ella, pero así era. Ambos estaban sintiendo lo mismo, estaban compenetrados. Le miró a los ojos, aunque enseguida le subieron los colores de nuevo y a esa distancia tan corta el nerviosismo era mucho mayor. La respiración se entrecortaba y movía la cola ligeramente de un lado a otro, muestra de un deje nervioso.

- Me llamo Derya. - Susurró. No hacía falta hablar alto, estaban tan cerca que podía escucharse todo lo que el contrario hiciese. - ¿Y tú? - Se mordió el labio. No quería que la soltase, no quería que la soltase nunca. Y le daba miedo, porque sabía que en el momento que oyera su nombre, sería real.
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#13
—  Mi nombre es Kovashi Shimatsu —  Respondí casi sin dar espacio entre la pregunta y mi contestación. —  Derya ... —  Miré su rostro, su cabello, el perfil que tenía tan encantador cuando se avergonzaba. ¿Por qué a los hombres solían atraerles las mujeres inocentes? era un pensamiento recurrente cuando me encontraba a alguna como ella. Poco tenía que ver con la indefensión, era una gyojin y bastante grande, de un sopapo podía volar a cualquiera, pero su físico y su cuerpo no iban acorde al canon de belleza de las mujeres, por lo menos humanas, que marcaban la tendencia. — Se os intenta cazar porque sois valiosos —  Llegaba tarde la respuesta, pero la tenía en la mente —  Sois un producto en esta parte del mundo, es algo que tenéis que valorar y sobre todo asumir —  Duras declaraciones, pero ciertas. No solía andarme con chiquilladas cuando se hablaba de los tratos que ofrecía la vida real. — Yo he estado en lugares donde dominaban otras especies, por ejemplo los mink —  Suspiré.

—   Y para ellos yo solo era comida, con suerte, en muchas ocasiones se creían que no sabía ni hablar —  Sacudí mi cabello, dejando que este cayera sobre mi cara, estaba mojado, no se sostenía el tupé. — Pero no los juzgue, cambié la situación para que me vieran capaz, en ningún momento les hice ver que estaban actuando mal. Ante otras culturas uno es invitado, hay que aceptarlas por muy crueles que sean con uno mismo. —  Saqué del interior de mi camisa una petaca, la desenrosqué y le metí un trago. Después se la ofrecí amistosamente a Derya. —  Eso o mandarlos a tomar por el culo, pero vaya, yo comprendí que ellos no eran el problema, ese venía de mucho más arriba, de una estructura de poder sistémico. — 

Ya me estaba metiendo en temas que me estiraban la lengua, dios, como odiaba hacer eso sin haberlo meditado antes. —  En fin, perdona por la chapa —  Estiré las piernas. Rara vez podía estarme quieto. —  Me cuesta poco soltar la lengua.
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#14
Mis labios se quedaron esperando un beso que no llegó. Estábamos tan cerca, tan unidos, yo podía sentir su respiración y él la mía. En cualquier película, ahora sería el momento perfecto. Pero yo no iba a dar el primer paso, eso estaba más que claro. Me relamí el labio inferior y volví a ocultar mis dientes serrados tras una sonrisa. Tenía que salir de él. Igual es que en el aspecto romántico soy una anticuada, o demasiado clásica, o incluso romántica, pero estas cosas se supone que las hace el hombre, ¿o no? Y la verdad es que tratándose de mi primer beso, no quería que fuera forzado o que después se generase un ambiente raro que incomodase a ambos. Yo quería, y parecía que él también, pero como no estoy segura, pues es mejor esperar.

Entonces comenzó a contarme un poco sobre lo que había pasado en su vida en relación a otras razas, centrándose concretamente en los minks. Se ve que estuvo un tiempo viviendo con ellos y con eso, valorando sus costumbres y su cultura. Cada frase que soltaba se me hacía interesante, me quedaba embobada mirando sus gestos faciales: cómo achinaba un poco los ojos cuando se concentraba, cómo elevaba las cejas cuando hablaba con seguridad, cómo dejaba escapar pequeños suspiros al acabar una frase. No podía hacer más que sonreír mientras le escuchaba hablar desde el corazón. Dirigió su mano hacia el interior de su camisa para sacar de algún bolsillo una petaca, desenrroscarla y dar un trago. Luego me la ofreció a mí. No acostumbraba a beber alcohol, podría contar con los dedos de una mano las veces que lo he hecho: cuando tenía 15, que me puse malísima con unos amigos y se me quitaron las ganas de volver a beber siendo menor; cuando cumplí los 18, que ya me creía mayor y capaz de soportarlo -no fue así-; y una última vez cuando estuve... en ese lugar, y me obligaron a ello. El problema es que no se controlar hasta cuando parar, y con muy poco ya me emborracho.

Pero no iba a rechazárselo, así que agarré la petaca y le di un trago también, un poco más corto que el de él. Era fuerte, no sabía distinguir qué era en concreto, pero no pude contener un pequeño escalofrío que sacudió todo mi cuerpo. Qué vergüenza. - Lo siento, es que no suelo beber mucho. - Reí, un poco nerviosa y avergonzada por aquella reacción. - Qué fuerte. - Susurré, mientras le devolvía la petaca y volvía a reírme. Continué escuchándole, tenía una voz dura, llena de una masculinidad y hombría que no podía evitar sentirme atraída por cada cosa que me contaba. El pobre se disculpó, pensándose que me estaba aburriendo, cuando la verdad es que podría seguir escuchándole hablar de cualquier cosa durante horas. - No te preocupes. - Y sonreí. - Me gusta oírte. - Que poco me costó ser sincera, aunque enseguida noté como mis mejillas se volvían aún más rojas.

- Nunca he tratado con un mink. - Me sinceré, igual alguien puede pensar que por estar en condiciones parecidas, somos dos razas super amigas. - Pero creo que para ellos es más sencillo acostumbrarse a otras culturas, o al menos convivir con ellas y viceversa. - Él se había abierto, y pensé que ahora era mi turno. - Me explico, los gyojins vivimos tan apartados del mundo. Nos encontramos en una isla remota, hundida bajo kilómetros de océano, a la que es prácticamente imposible acceder por cuestiones físicas pero también es muy difícil salir. Hay miedo, tanto de salir como de que entren. Vivimos encerrados por nosotros mismos. La gente allí no conoce lo que es un árbol, no lo han visto nunca, ni el sol, ni las nubes, no saben qué se siente cuando la brisa te pega en la cara. - Estaba empezando a soltarme demasiado, pero no podía parar ahora. - Lo que quiero decir es que, esa es nuestra cultura: quedarnos encerrados, proteger nuestro hogar, y que no entre nada de fuera que pueda alterar eso. Pero no es lo correcto. No puede ser que los niños gyojin tengan miedo desde tan pequeños a descubrir algo tan maravilloso como es el exterior. Hay culturas que hay que cambiarlas. Por eso estoy aquí, intentando aportar un granito de arena, para luego volver un día con ellos y abrirles los ojos, decirles que tenemos que cambiar, salir, relacionarnos con los demás. Sino, nunca nos verán como si fueramos normales. - Creí que me había expresado bien. Me había puesto igual demasiado intensita, pero al fin y al cabo estaba hablando de mi motivación, de mi gente. O igual es que el alcohol me hacía efecto más rápido de lo que pensaba. Le miré, tenía ganas de ver cual era su respuesta y esperaba no haberle aburrido o que le pareciese una tontería.
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#15
Su cuerpo vibró al dar el trago, eso me hizo reír mucho, tanto que dejé caer mi espalda hacia atrás, enroscando parte de mi cabello en la arena. Me repuse rápidamente para guardar la petaca, no sin antes darle un último trago. Me estaba quedando sin alcohol ya, tenía que ir a comprar en algún lugar cercano, no podía pasar mucho tiempo sin consumir, no porque tuviera una adicción ... Es, bueno, es que tenía sed. Carraspeé un poco la voz.

—  Es puro ron del East Blue JAJAJAJA —  Me reía fuerte, era consciente, pero yo era como era, no tenía que dar explicaciones por nada y ya te digo, querido lector, que eso es un rasgo que jamás perderé.  Sonreí al escuchar lo que decía, nuestras opiniones diferían, pero no por eso quería decir que no me gustara escuchar como la expresaba . En la confrontación de ideas surgían los grandes descubrimientos para uno mismo, lo tenía más que mascado eso. — Eso que me cuentas es una lástima —  Respondí sinceramente, aunque preparándome para contrarrestar su opinión. —  Aunque no creo que sea culpa vuestra, si os tenéis que esconder es por que alguien os amenaza, habéis forjado una cultura entorno a que otra os ha opacado históricamente —  No hacía falta mencionar a los humanos o a los mal nacidos tenryuubito — Una cultura se desarrolla en cualquier lugar donde sus gentes se adaptan, eso es bonito y hay que valorarlo —  Volví a estirar los pies. Me costaba quedarme quieto al cien por cien, daba igual donde estuviera.

— ¿Crees que es cultura el miedo del niño que no quiere abandonar la isla gyojin? yo creo que cultura es cuando vuelve a casa con su familia. El miedo puede convertirse en parte fundamental de una civilización hasta inyectarse en la historia de razas enteras, pero es miedo, el miedo se vence, se aplasta, se derrota —  Me estaba viniendo tan arriba que le di un golpe al suelo con la mano plana. —  No puedes creer que el miedo sea parte de tu cultura, el miedo tan solo es una mancha que no os deja crecer, nada más —  Mi defensa acérrima de las culturas que se generaban por todo el mundo estaban basadas en historias que no eran personales, se debían a mil cuentos que había escuchado desde mi niñez

Les debía un respeto y les tenía una admiración cultivada por decenas de años.
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#16
Su risa me resultó contagiosa y enseguida me vi envuelta con él. Quizás la mia no fue tan fuerte, porque me daba un poco de vergüenza, pero, ¿no crees que es especial la primera vez que oyes la risa de alguien? Me pareció muy bonita. Estaba embriagada, pero no por el ron, sino por esa calidez, esa cercanía. Poco a poco me iba sintiendo más cómoda, abriéndome más, estaba empezando a sacar más de mi personalidad. Él también había dejado de halagarme tanto como al principio, y ya no estabamos tan cerca físicamente, así que en parte estaba más tranquila. Era reconfortante, porque sentirse continuamente nerviosa y sonrojada no me agradaba del todo, me sentía tonta, como una adolescente experimentando el primer amor. Realmente eso es lo que pasaba, pero joder, que fuera taaaan evidente no me hacía mucha gracia. Y por otro lado me costaba pensar en otra cosa que no fuera fundirnos juntos y derretirme entre esos fuertes brazos. Qué difícil es todo.

Sus palabras me hicieron reflexionar. Tenía razón. También era parte de lo que yo misma había dicho, pero más resumido y con mejores palabras, yo sentía que había divagado demasiado en mi discurso. - Fue parte de nuestra cultura mucho tiempo. Pero estoy de acuerdo, tenemos que cambiar y los demás nos tendrán que aceptar, a la fuerza si es necesario. - Asentía ligeramente con la cabeza, con decisión. Luego le miré. No me di cuenta, pero había fruncido el ceño ligeramente, como si estuviera enfadada. No era el caso, pero se trataba de un tema tan personal que al final es difícil que no se te reflejase en los gestos faciales. Cuando me di cuenta relajé las cejas y suspiré para acabar finalmente con una sonrisa.

- ¿Sabes? Nunca había conocido a nadie como tú. - Sin percatarme, me había quedado con la mirada perdida, mirando sus labios. Pero solo tardé unos pocos segundos en desviar la mirada, hacia su pecho. - ¿Bebemos más? - Sonreí, con cierta picardía en el rostro. - Y si no te importa que te pregunte... ¿De dónde vienes tú? ¿Cómo era aquello? - Igual no le gustaba que le preguntasen sobre ello. Hay personas que para ellos es un tema sensible, a mí misma me pasaba con ciertos momentos de mi vida. Así que esperé, deseando no haberle molestado.
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#17
Kovashi no era estúpido, es más, había temas en los que se le podría considerar especialmente espabilado, uno de ellos era el cortejo, la relación con las féminas. Había notado desde hacía un rato las miradas furtivas de Derya.
— Si quieres que te responda a eso, creo que efectivamente tendremos que beber un poco más —  El tono animado solía hacer que los demás se sintieran atrapados. — ¿Que te parece si vamos a buscar algo de beber? Hay un local cerca del puerto que sirven buena bebida y una comida decente, yo te invito. Aunque tendrás que ayudarme a salir, dudo que pueda aguantar tanto tiempo bajo el agua a la velocidad a la que puedo ir —  A quien no le podía resultar agradable Kovashi, es que se sabía todos los juegos. Ya vendrían los problemas al pagar, por qué de dinero no iba muy boyante, nunca lo iba.

El hombre daría un salto. Se quitó la arena de la ropa, al estar mojado se volvía pegajosa, aunque no sabía muy bien por qué, ya que pronto tendrían que pasar de nuevo bajo el mar para poder salir hacia la isla. Le estiró las manos para ayudarla a levantar. En realidad era un gesto tan estúpido, la mujer podría haberse levantado solo con la ayuda de su cola; sin embargo, estaba intrínseco el cariño en aquello. 

Cada paso estaba medido.

— Cómo te gustan los hombres, Derya, tengo curiosidad —  Preguntó de sopetón. Era inocente, seguro que no esperaba algo tan directo, eso le ocasionaba gracia al Shimatsu, irla poniendo en aprietos. Lo bueno es que la conversación se estaba tornando entre graciosa, interesante e incluso un poco picona, eso ayudaba a destensar el posible ambiente hostil que una pregunta de aquella índole podría atraer.
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#18
No pude evitar reír ante su respuesta. Oh, eso iba a acabar fatal. No sé beber y tengo cero autocontrol cuando estoy borracha, pero qué coño, me apetecía pasármelo bien y desmelenarme un poco por una vez. Mencionó un local cercano en el que al parecer servían buena bebida. Tendré que fiarme de él, porque siendo sincera, me conozco mejor los alrededores de la isla por debajo del agua que por la superficie, la cual casi no he pisado. — Me parece genial. — Respondí sonriendo.

Empezó a ponerse en pie, y enseguida tendió ambas manos y agarró las mías para ayudarme a hacer lo mismo. Qué considerado era, parecía como si continuamente estuviera pensando en cómo hacerme sentir mejor o ponerme las cosas más fáciles. Aunque esa sensación fue totalmente aniquilada por culpa de su siguiente pregunta. Igual sin quererlo, pero me había puesto claramente en tensión. De nuevo sonrojada y de nuevo nerviosa. ¿Qué se supone que tengo que responder a eso? ¿"Cómo tú, por favor abrazáme entre tus fuertes brazos"? Obviamente no. Y tampoco es que fuese realmente cierto, porque, bueno, él me estaba gustando un poco, pero no se si me atrevería a generalizar y a marcar un prototipo. También me habían gustado otros chicos que no se parecían a él. Joder, ¿por qué era todo tan confuso y difícil siempre? Tartamudeé un poco, balbuceé como una tonta y miré de forma nerviosa a todos lados menos a su cara. — Pues... yo... a ver... — Venga ya, Derya, di algo, aunque sea ambiguo. — F-fuertes. Me gustan fuertes. Supongo... — Bueno, eso era mejor que no decir nada, ¿no? Además era verdad. — Y altos. — Siempre solía tener ese problema cuando me fijaba en algún chico, pues yo soy bastante alta para los humanos, así que no puedo estar con alguien más bajito que yo. — Y... que estén abiertos a cosas nuevas. — Estaba claro que muchas veces la razón por la que nunca llegaba a tener nada con nadie se debía a mi aspecto. Les daba miedo, o asco, o yuyu, como quieras llamarlo, pero siempre había una excusa. O todo lo contrario y se trataba de un puto fetichista raro, cosa que tampoco quiero, gracias.

— ¿Te puedo preguntar lo mismo? — Estaba empezando, poco a poco, a ser algo más confiada. Podía darme cuenta de que él estaba jugando conmigo, le gustaba verme nerviosa, porque mis reacciones eran más que evidentes, así que intenté luchar contra ello un poco, intentando parecer que yo también jugaba a lo mismo. Aunque en el fondo no era verdad. — Y si me gusta tu respuesta, te ayudaré a salir de aquí nadando, pero sino, tendrás que nadar tú solito. — Me acerqué a su cara mientras hablaba, bajando el tono de mi voz y mordiendome el labio, con cuidado de no hacerme sangre, lo cual era difícil porque estaba tensa como una percha, roja como un tomate y me temblaban las manos. No podía ni creerme lo que le acababa de decir, por unos segundos me arrepentí tremendamente de haber dicho esa frase, pero llevaba cocinandose dentro de mi ya un buen rato unas ganas irrefrenables de ser más directa.
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#19
¿Era eso una amenaza? Kovashi no gustaba de amenazas, aunque en este contexto entraban sin problemas. — Eres muy peligrosa ... — Le susurré mientras me aproximaba. Los pies del Shimatsu quedaron frente a los suyos, casi pisándose los dedos. La humedad de la frente, entrando en contacto con la del otro, Kovashi no lo dudó y se lanzó a darle un beso mientras la sujetaba por las caderas. Con un brazo la rodeó por el trasero, acercándola ligeramente hasta el. — Lo estabas deseando —  Dijo con ironía. Lo cierto es que era verdad, aunque él también lo deseaba. — Espero que esto sirva para que puedas sacarme de aquí, no sé que más puedo darte —  La tensión sexual se estaba palpando, eso podía estallar por cualquier lado.

El perfil de hombre que daba Derya estaba claramente sacado del suyo propio, estaba describiéndolo, eso era una puerta clara de "usted tiene permitido entrar en este lugar" y así fue. Tras un largo periodo casi sin respirar, el varón se aparta. — No se a que sabes, pero me gusta, es diferente —  Sonríe. — Que te parece si nos vamos de aquí de una vez, me apetece beber algo, ¿a ti no? —  Se estaba muriendo de sed, mucho. Empezaron a secársele los labios, no tardaría en pelarse la piel de estos, el efecto era inmediato, no beber alcohol tenía una reacción bastante bestia para Kovashi. Se volvió a separar, dando algun que otro salto, hasta que al final el mismo saltó al agua de cabeza, sumergiéndose varios metros. Apareció a los pocos segundos mostrando solo la frente, luego los ojos y finalmente la nariz. Burbujeó, como llamándola.

Lo cierto es que si no fuera por ella, le costaría un poco salir de la cueva. Se había quitado en mitad del salto su camisa, ya hecha trozos. Esta flotó junto con él a un costado, iría sin apenas ropa y que más da. Eso sí, ahora brillaban mucho más sus tatuajes. Los dos pectorales, costados, espalda, piernas hasta las rodillas, todo estaba repleto de tatuajes, mujeres orientales con katanas, símbolos. Era todo un arte generacional, pasado de familiar en familiar, sí, pero con ciertos toques personales. Durante un tiempo los ocultó porque pensaba que daban una imagen del que no era la correcta, pero después de un tiempo, tras el accidente de su cicatriz insignia, casi que potenciaba la misma. Era un juego con dos caminos claros, el que puedes tomar o el que no tienes más remedio ... La mayoría toma el que quiere, pero unos pocos desafortunados tan solo caminan donde les es permitido. Los tatuajes llegaban justo hasta sus manos, inundando sus dedos. En cada dedo portaba un pétalo, salvo en uno, donde se podía ver una palabra que significaba un terrible recuerdo. - ¿Tendrá alguno ella? no lo parece - Eran pensamientos relativamente estúpidos, pues la fémina no utilizaba mucha ropa que se diga, era fácil contemplar que no portaba tinta sobre su bonito cuerpo de pescao.
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#20
Derya seguía arrepintiéndose y arrepintiéndose de haber dicho eso. Era fácil tomárselo a malas. Sus palabras le erizaron, ¿había hecho bien? Los nervios se la estaban comiendo por dentro, aquella expectación, los segundos antes de la explosión. Él se iba acercando, poco a poco, hasta que sus frentes casi se tocaron. Derya respiró profundamente intentando relajar sus nervios, pero era imposible. La espera la estaba matando y entonces... sucedió. Lo que llevaba deseando desde que le escuchó hablar claramente por primera vez. Ocurrió como tenía que ocurrir, era un momento tan precioso. Desde que llegaron allí, se había estado cocinando a fuego lento ese instante. Era algo mágico. Derya sintió que había merecido la pena esperar veinticuatro años para esa experiencia. Los fuertes brazos de Kovashi la abrazaron, por las caderas y más abajo. Ella, al ver este gesto, se aferró también a él, llevando sus manos hacia sus hombros, acariciándolos y dejándose totalmente a su merced. Aún tenía algo de miedo, de que se notara su inexperiencia, que pensara que era una joven inocente o necia. Pero rápidamente descartó ese pensamiento, ambos fluyeron en aquel beso como si llevaran besándose toda la vida, como si ambos se conocieran con anterioridad perfectamente, como si en otra vida ya hubiesen sido amantes. O quizás solo se lo estaba imaginando Derya. Daba igual, era perfecto, justo como lo había imaginado.

Sus palabras le hicieron reír. — ¡Calla! — Dijo bromeando, mientras se reía y se llevaba las manos a las mejillas de la vergüenza. Claro que lo deseaba, pero él también, ¿no? Sino no lo hubiera hecho en primer lugar. Le tenía aún tan cerca. — Realmente te iba a sacar de todas formas, ¿sabes? No soy una secuestradora. — Volvió a reírse ligeramente. Hacía mucho tiempo que no lo pasaba tan bien genuinamente. Aquello era como un soplo de aire fresco. Al final fue él quién se aparto un poco. — Sí, me lo imaginaba. — Después de todo, ella era bastante diferente. Sonrió, igual que él. — Me apetece muchísimo. — El buen rollo que había era increíble. Durante unos momentos Derya reflexionó sobre sí misma. Esta situación se había dado lugar, en parte, gracias a que había decidido, por cinco segundos, dejar de ser tan miedosa. ¿No tendría que sacar una lectura de todo eso? Sí, que tenía que ser más atrevida. Era algo fácil de decir, claramente, luego al momento de la verdad es todo muy diferente.

Le siguió con la mirada y observó cómo se zambulló en el agua. Se asomó a medias y empezó a hacer burbujitas con la boca sumergida. Derya entendió su llamamiento y acudió enseguida, haciendo lo mismo que él. Sacó la cabeza al aire, al lado suya, y por un momento se fijó en cómo su camisa flotaba en la superficie del mar. Solo pensar que ahora estaba con el pecho descubierto volvía a ponerla roja. Derya había pensado que con la barrera del beso rota, dejaría de avergonzarse tan rápido por cualquier cosa, pero no era así. Aún quedaban muchas barreras físicas para que eso pasara. — ¿Sabes? En isla Gyojin tenemos una tecnología para que los humanos puedan respirar bajo el agua, por un tiempo limitado, pero ahora nos vendría genial. — Sonrió. — Relajate... respira hondo... — Intentó guiar su respiración para que no llegase a la superficie y a la isla demasiado corto de oxígeno. — Y aguanta. — Indicó finalmente. Al momento de decirlo, se sumergió en el agua y con la mano de Kovashi agarrada, le hundió a él también.

Ambos, liderados por Derya, comenzaron a cruzar aquel túnel rocoso que les había conducido al claro. Era largo, aunque por suerte no demasiado estrecho, así que cabían sin problema. La mujer nadaba con bastante velocidad, pero con cuidado de no ser demasiada pues no quería que el viaje fuera incómodo para su acompañante. Salieron del túnel y le miró, parecía que disfrutaba del agua, pero era consciente de que no tenía el mismo aguante que ella, así que sin divagarse ni entretenerse en la travesía, le llevó a la superficie. Pero no en cualquier lugar, sino que trató de dejarle cerca de una playa que les llevaría al pueblo sin problemas. Se aseguró de que su cabeza había salido del agua y salió ella también. — ¿Bien? — Le preguntó genuinamente preocupada, deseando que el viaje no le hubiera resultado incómodo.
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