Un amigo terrible // P.A. // Tema Invadible
#1
El sol ya no brillaba tanto como antes, comenzaba a apagarse y aún así iluminaba el césped que cubría cada centímetro de esa isla. Había recorrido muchos kilómetros, alejándose de donde se encontraba su hogar, así como de cualquier poblado que pudiera molestarlo. Necesitaba moverse, necesitaba poner en orden sus pensamientos, necesitaba calmarse y pensar en frío. Nunca conseguiría eso quedándose tirado en el suelo.

Había dado vueltas todo lo que pudo, alejándose de sonidos o personas, todo eso era indeseable, pues solo necesitaba escuchar una voz. “Planeas avanzar”. La voz de su maestro resonó en su cabeza, como si aún estuviera a su lado, pese a que ahora mismo se encontraba corriendo en soledad. - No, debo encontrarlos -. Respondió, como si fuera lo más normal del mundo hablar consigo mismo. “Ya aceptaste que la mejor situación es que estén muertos, y que la peor sería que los capturaran. Ya nombraste espadas en honor a ellos y ya decidiste que ibas a vengarlos, no puedes engañarme, lo que quieres es irte de la isla y seguir tu camino”.

Uker no respondió, se limitó a detenerse para observar alrededor. - Se llevaron consigo algunas cosas, necesito encontrarlas -. Una excusa, hacia sí mismo, al tiempo que fijaba otro destino y volvía a correr en una dirección contraria. Algo dentro de sí mismo le decía que podía encontrarlos, que tal vez estaban ahí fuera, que si alguien los capturó debía al menos saberlo, para tener conocimiento de a quien no enfrentarse. En el fondo, y aunque no le gustaba admitirlo, le preocupaba el estado de sus compañeros, le dolía su falta y el hecho de quedarse solo quemaba en sus venas como lo hizo el metal ardiente que marcó su omóplato derecho tantos años atrás.

Se había pasado ya más de medio día recorriendo la isla, intentando encontrarlos. Buscando excusas para seguir investigando y no avanzar, escuchando una y otra vez la supuesta voz de su maestro que su cabeza creó para no volverse loco. “Si me fuera ahora y ellos simplemente se hubieran quedado un tiempo en otro punto, sería lo mismo que traicionarlos. No puedo traicionar a nadie, necesito conseguir favores, no deberlos”, esa fue la excusa principal que usó cuando comenzó a correr en la madrugada, simplemente queriendo mantener esa falsa mentalidad de no relacionarse con más nadie.

Se detuvo por fin en uno de los finos arboles que aparecían de vez en cuando. Podía mantener su respiración tranquila pese a no haberse detenido antes, simplemente se recostó contra la madera y sacó de su bolsillo un pequeño cuadrado envuelto en hojas de maíz. Una barra de arroz, fácil de comer, con un envoltorio desechable, que terminó en su boca en poco tiempo. La única comida que había tenido, la única comida que necesitaba, el único momento que se tomó para calmarse nuevamente.

¿Dónde estaban? Era obvio que sus amigos ya no estaban en esa isla, por lo menos no sus espíritus, pero no tenía noticias de ellos ni de nadie más que pudiera hacerles daño. ¿Dónde estaban esas personas que los habrían podido derrotar? ¿Por qué no lo buscaban? ¿Por qué debía esperarlos más? Se quedó observando el horizonte, concentrándose, intentando encontrar movimiento a su alrededor usando el haki. Era una lástima que Eros no hubiera podido enseñarle más, era un alumno terrible…

Fue un amigo terrible.

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#2
Día 70 de Verano, Año 18.
Hora: 18:05.

La búsqueda no cesaba, y a cada día transcurrido sin noticias volvía a crecer aquel impulso de alerta que prácticamente no lo dejaba descansar sin forzarse a tramos de sueño intermitente. Hasegawa ignoraba el esfuerzo acumulado y quizás por eso seguía rindiendo a su máximo nivel, impulso aprendido en su entrenamiento como marine y también, gracias a las secuelas que haber perdido a toda su gente a manos de piratas le dejaron en la mente. Sólo sobrevivió Kael aquel día, y había sido atacado por la tripulación de los Sepultura, en un momento donde no estaba presente.

Su collar ardía de sólo imaginarlo, obligándolo a estar listo para todo, reflejado claramente en su aprovisionamiento médico y la espada en la cintura.

Respetaba los momentos de alimentación y trataba de cumplir con las responsabilidades diarias que pertenecer a una División numerosa exigía, por eso su cuerpo seguía encontrando energía para quemar, Shin se aseguró de eso, porque si se encontraba a aquel peligroso espadachín al que vio combatir en Skypiea no le podía dejar una sola centésima de tiempo, era demasiado habilidoso, y ese mismo evento le demostró lo que un descuido mínimo le puede representar. Bartolomeow no era tan fuerte, en otras circunstancias era posible que su pelea contra él hubiese terminado tan pronto como fue atrapado.

Lo cierto es que no podía perdonar aquel ataque en los alrededores del Ford's Transit, y esa molestia alimentaba su espíritu.

Mismo que mantenía activo a ciento cincuenta metros a medida que caminaba gracias al Kenbunshoku Haki.

Sus ojos estaban fijos hacia el frente, ocultos tras sus gafas de sol, y a pesar de que los árboles eran finos, apareciendo de vez en cuando, la llanura a su alrededor le permitía observar movimientos o actividad a cierta distancia nada reprochable. Fue lo que le hizo alzar la ceja izquierda cuando tras un rato, divisó con la vista prácticamente al mismo tiempo que su kenbun la siluetas de un hombre recostado contra uno de esos árboles delgados, su obstáculo en el camino.

Detectó automáticamente el color especial de aquella aura, significativamente más intensa que la de los piratas que se había cruzado dos días antes y desde luego, mucho más amenazante que varias novedades que aquel poder recientemente adquirido le transmitió desde que aprendió su uso. Eso le hizo subir la guardia prácticamente de inmediato, guardando las gafas de sol en el interior de su chaqueta mientras se preparaba para avanzar desde el flanco derecho de aquel sujeto. —Dime que por fin ha llegado mi día de suerte... —lo último que pronunció antes de envolverse en su resplandor dorado y desaparecer de esa posición, buscando su velocidad máxima.

Su brillo había superado el del sol, el cual se estaba escondiendo en aquella tarde, desprendiendo un halo de luz violento que se sobreponía a la apariencia elemental ya de por sí resplandeciente de su cuerpo, sin embargo y a pesar de que desde aquel árbol donde residía el individuo de aura bermellón existía un radio de doscientos metros de pura llanura plana hasta encontrar el siguiente crecimiento de la naturaleza, permitiendo vistas privilegiadas hacia el horizonte, la velocidad a la cual recortó las distancias hacía casi imposible poder distinguirlo hasta que decidiera dejarse ver, trazando una parábola ascendente que lo elevó en el aire hasta completar ese pequeño vuelo fugaz, ubicándolo finalmente a veintidós metros de Uker, a quien no le había quitado la vista de encima, reconociéndolo en su aterrizaje. Las partículas que desprendía la pika hicieron de aquel instante uno ridículamente notorio por el estímulo visual, y mientras su cuerpo estaba levemente inclinado en dirección a Rackham, ambos brazos hacia atrás debido a la abrupta transición, su rostro se mantuvo perfectamente alineado con la presencia del pirata.

—¡Yõ, Uker!

La chaqueta oversized marine junto al uniforme lo identificaba a la perfección.

Desde el flanco derecho del pirata, y a esos veintidós metros, la sonrisa del albino era distinguible.

Así como los movimientos violentos de su luz, anunciando una ofensiva inminente.

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#3
Una respuesta por fin llegó, algo que aclararía las dudas que se venían formando desde que sus amigos habían desaparecido, y llegó a sus cercanías como un rayo de luz.

Apenas pudo detectarlo con su Haki, cuando su rostro giró para verlo ya tenía a ese hombre cerca. Uniforme blanco, destello de luz que su cuerpo desprendía tras su movimiento, esos cabellos blancos y ojos celestes que cualquiera que estuviera en los últimos juegos de Zarutsuki podría reconocer. - Hasegawa -. Lo había visto pelear, al menos lo poco que él y el grandote habían hecho antes de ser detenidos por el Emperador de la Isla del Cielo. Era rápido, lo suficiente para no ser visto, y aún así decidía presentarse ante él. - ¿La marina no me considera peligroso? Supongo que tiene sentido -.

Se habían animado a atacarlo antes siquiera de poner un pie en Little Garden, y de esa situación solo salió vivo por caprichos del destino. Que lo buscaran ahora no era una sorpresa, incluso si había dejado de aparecer en los periódicos hace bastante tiempo.

Se separó del árbol, al mismo tiempo que tomaba una de sus katanas, específicamente la que poseía la soga blanca. La espada no hizo más que elevarse, apuntando con su filo a quien se había acercado al pirata, mientras que él lo observaba, sin perderlo de vista. Era obvio para cualquiera que los viera lo que estaba a punto de pasar, y aún así podía sentirse más tranquilo que otra veces, incluso teniendo enfrente a un perro imbécil.

¿Qué más le quedaba? Ya no tenía un grupo al que volver, ya no tenía a sus hermanos, ya no tenía a su maestro, ya no tenía a su hermana ni a sus padres. La marina le había arrebatado todo, incluso aquello que juraron defender, ¿por qué sería diferente en esta ocasión?

- ¿Qué esperas, perro del gobierno? -

Si debía perder, que así sea. De igual manera, estaba destinado a perder aquello preciado para él.

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#4
La respuesta no se hizo esperar, aunque a penas y llegó a escuchar esas primeras palabras en donde su saludo seco manifestó el evidente reconocimiento, sumado al apunte en referencia a la marina y lo peligroso que llegaban a considerar al propio Rackham. Eso no le importaba a Hasegawa, en ese preciso instante sólo tenía una prioridad, y era dejar incapacitado a aquel pirata, atando todos los cabos sueltos en referencia a los Sepultura, ya desarticulados a esas alturas del partido.

Por ello, no le concedió espacio de absolutamente nada, mucho menos a poder tomar una postura que fuese peligrosa partiendo del soporte que le brindaba aquel árbol. Tan pronto como quiso moverse, Shin avanzó siete metros a toda marcha quedando a quince del contrario, y desde el cuerpo del albino estalló una esfera de luz que cambió por completo la iluminación de aquel sector de la llanura, desatando luces color púrpura que llegaban a ser devastadoras en su extensión, abarcando quince metros de radio completos, suficiente para alcanzar a Uker y también, llevarse consigo la prueba de que aquel árbol donde reposó en libertad por última vez existió.

El poder liberado era la cúspide de sus habilidades en ese preciso instante, mucho más rápido que cualquiera de sus técnicas mostradas con anterioridad y también, una escala por encima en destructividad. Tan pronto como impactó contra el espadachín, envió su cuerpo a volar en línea recta un total de quince metros adicionales, derribándolo en el acto e incrementando la distancia entre ambos hasta los treinta metros totales, que fueron recorridos con la violencia abrupta a la que el espectáculo de luces violáceas alcanzó a aquel criminal.

Sin darle respiro, y cuando volvió a detectarlo en el suelo tras la culminación de su primera ofensiva, apoyándose en el Kenbunshoku Haki para ubicarlo una vez quieto, avanzó trece metros en otra parábola ascendente, aunque por el movimiento que se elevó cuatro metros recorrió un total de dieciséis para completar aquella transición, envuelto en el aura de luz característico de su arsenal a esas alturas. Se aseguró de recortar las distancias hasta tener a Rackham derribado a diecisiete metros de su posición, y en una secuencia frenética, todo al mismo ritmo que le permitía su fruta del Diablo, apuntó con sus dos brazos extendidos al pirata en el suelo, liberando los dedos índice y corazón de sendas manos en dirección al torso del contrario. Desde las cuatro yemas emergieron dos partículas concentradas de su luz, nuevamente dorada, que no tardaron en volver a impactar a Uker tras recortar la distancia que los separaba abruptamente, finalizando así aquella secuencia de movimientos.

—Quédate en el suelo, pirata. Tus compañeros siguen con vida, quizás vuelvas a verlos en la misma celda si te rindes ahora. —si se levantaba, volvería a enviarlo a volar con el mismo frenetismo que ya le había mostrado, estaba más que preparado para eso a medida que volvía a bajar los brazos, prestando atención a cada mínimo movimiento del último Sepultura libre. Incluso en instantes así, recordaba los errores cometidos contra Flint, y mucho más importante aún, la manera en que quedó expuesto ante dos miembros de los Hanu Mahana al confiarse contra Curok Odail.

No iba a permitirse ese tipo de fracasos nuevamente, mucho menos contra un espadachín de la categoría de Rackham Uker.

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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3696 + 0 = 3696
Energia: 4893 - 2406 = 2487
Espiritu: 1930 - 220 = 1710
#5
No pudo reaccionar a nada.

En solo un parpadeo algo explotó a su lado, generando daño suficiente para aturdirlo e incluso mandarlo a volar a gran velocidad. Como siempre, los bendecidos por el destino lo superaban en todo, no era una sorpresa, siempre se iban a encargar de arruinar su vida sin importar cuánto intentara librarse de su propia maldición.

Eros le habría dicho que él no era más que un topo, pero incluso el Focalor había conseguido vencerlo sin esfuerzo varias veces. Nunca había podido ganar por su cuenta, siempre había tenido que recurrir a los demás, incluso en la batalla contra Sakana. Nunca había podido superar a sus compañeros de tripulación, perdió de forma lamentable en los juegos de Skypeia y luego sólo pudo brillar por errores de su oponente. ¿Cómo podría ganar? Él no había conseguido esos poderes divinos, él no había conseguido esa fuerza, tuvo que luchar contra el mundo cada día de su vida y nunca se volvió más fácil.

Cuando su mente comenzaba a aclararse al menos un poco, otro ataque llegó a él. El dolor en su pecho se hizo evidente, haciendo imposible que no soltara un quejido de dolor. Conseguía hacer mucho daño a gran velocidad, era una molestia increible.

Le habló, sus palabras llegaron al pirata, pero estas no fueron tomadas en cuenta. Sus amigos se habrían rendido así de fácil? No, seguramente no, el tonto de Kiyoshi habría insultado hasta su último aliento y no habría nada que Eros no haría por defenderlos.

Su cabeza se alzó, su cuerpo temblaba mientras se reincorporaba del pasto y su mano sostenía aún con fuerza la katana. Podía sentirlos, esos agarres que lo obligaban a rendirse, que lo llamaban a acompañar a aquellos que una vez perdió, pero no los encontraría si agachaba la cabeza ahora. Escupió sobre el césped a su lado, bastante sangre, la suficiente para ser preocupante, pero sus ojos se mantuvieron fijos en el marine.

Un perro del gobierno, con el poder suficiente para matarlo y aún así se tomaba el tiempo para intentar conseguir que Uker se rindiera sin más. Los odiaba, detestaba tener que ser un saco de boxeo para esos hombre nuevamente, pero ahora ya no había nadie que pudiera salvarlo.

- Como si confiara en un idiota del gobierno -

Ni siquiera él mismo.

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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 5834 - 4844 = 990
Energia: 5328 + 0 = 5328
Espiritu: 1738 + 0 = 1738
#6

Ignoró las sugerencias, el incentivo a quedarse quieto a cambio de reencontrarse con sus amigos en prisión si tan sólo se rendía y aceptaba que aquel era el final de su camino por las buenas. En los orbes cerúleos del marine se forjaba la figura de un espadachín asombroso caído por su poder, aquel regalo del diablo que también había torcido el rumbo que lo obligaron tomar desde su crianza, pero que supo abrazar a medida que iba creciendo, entendiendo que aquella habilidad le pertenecía.

Pronto, como si el mundo se hubiese ralentizado a mini fotogramas, sintió el envaine de su katana arder contra la cintura, al mismo tiempo que el collar le generaba una sensación similar a la asfixia. Su pasado volvía, producía ecos a su alrededor en esa fracción de segundo, donde identificaba a la perfección la decisión que estaba tomando aquel pirata, y por ende, la acción que iba a desencadenar desde su lado.

Lo vio claramente, esos instantes en donde creía que hizo lo suficiente para vencer a Curok Odail y lo siguiente que recordaba era despertarse en el interior de una fortaleza, cuidado por una versión diminuta de su mejor amigo y preocupando a toda la División que eventualmente terminaría liderando. Volvió a sentir la espada en su lumbar que lo venció aquel día, la desesperación de ver la vida de su amada apagarse mientras la sangre salpicaba su propio rostro, y su mano... no podía alcanzarla. Recordó el rostro de Kael, las tumbas de quienes prometieron acompañarlo, y la promesa que hizo sosteniendo la espada que juró llevar a lo más alto.

¿Entonces qué era esa sensación tan desagradable?

Aquel tipo era demasiado peligroso, no podía darle ningún margen a reaccionar o recomponerse, por sus compañeros. Kuroshiro apareció inmediatamente frente a él, como si fuese un fantasma intentando afirmar la voluntad de protegerlos que había decidido sostener en sus manos, y aún así, ese vacío en su pecho seguía vigente, porque mientras las imágenes a su alrededor vivían y morían en ese micro instante donde detectó el ademán de ponerse de pie en Rackham, escuchaba los sonidos de su batalla junto a aquel yakuza en contra del buccaneer gigante y la mujer que llegó a alzarse con la victoria en la prueba del Coloso. Era como si hubiese aceptado al tenerlo enfrente que una parte de él había perdido contra Uker, como si aquel niño que pasó a adolescente y luego a adulto formado desde el arte de la espada hubiese quedado muy por detrás del nivel que aquel sujeto supo presentar ante los ojos del cielo. Y de cierta forma, mancillaba un poco su orgullo, porque no podía hacer nada contra eso.

Fue él quien tomó la decisión de sostener la luz que el destino puso en su rumbo y llevarla hasta lo más alto. Fue él quien sintió alegría de rebelarse contra las doctrinas insanas de su padre, sonriente en su amargura. Y fue él quien decidió abandonar la espada que cargaba como una estúpida costumbre incluso en aquel momento cuando descubrió el potencial de la fruta del diablo. En eso se diferenciaban sus caminos, quizás, y en eso también se unían hasta aquella desastrosa conclusión, en donde dos fuerzas enemigas se enfrentaban hasta que las vidas enteras de un bando cambiaban para siempre... o simplemente concluían.

—Te lo advertí...

Su voz sonó cansada, como si repentinamente hubiese recordado todo el tiempo que sacrificó rastreando a aquel sujeto. Lo pronunció tan pronto como entendió que su espíritu no se rendiría, y que seguía alzándose ferozmente contra lo que intentaba hacerle entender. No registró el estado en el que se encontraba, porque lo imaginaba aturdido tras la técnica que arrojó en su contra, sólo supo que en aquel preciso instante el fantasma del Wotan que lo venció en Kutsukku convirtió la cautela en necesidad de asegurar la derrota contraria, y por eso volvió a liberar desde el centro de su torso una explosión súbita de luz que abarcó todo a su alrededor en un radio de cuarenta metros.

Empujó a la existencia misma como si quisiera alejar cualquier tipo de peligro, intentando deshacerse de la amargura, del pesar y de su pasado. Empujó con la suficiente fortaleza como para que lo rodease un vacío tan profundo tras darse cuenta de que volvió a dejar de sentir la presencia del contrario, pero esta vez no volvía a detectarlo. Respiró, y tras entender que a setenta y seis metros se hallaba aquel cuerpo magullado otra vez, aparentemente sin vida, comenzó a avanzar unos pocos metros a pie, listo para seguir peleando, esperando de alguna forma que vuelva a levantarse. —Este es el momento de volver a pensarlo, no habrá otra oportunidad. —pero nada. Sólo silencio.

O todo el silencio externo que era posible.

En su cabeza, seguía escuchando esos gritos.

De la única vida que quiso salvar...

...y no pudo.

La rueda volvía a girar.

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Vitalidad: 3696 + 0 = 3696
Energia: 2487 - 847 = 1640
Espiritu: 1710 - 110 = 1600
#7
Ya nada importaba. Un solo ataque más fue suficiente para arrebatarle lo único que le quedaba.

El brillo de sus ojos comenzó a apagarse, el dolor se esfumaba y dejaba paso a una sensación fría, que comenzó a ocupar todo su cuerpo increíblemente rápido. ¿De qué había servido? Nada hubiera sido diferente si él moría aquella noche que su pueblo fue arrasado, nada hubiera cambiado si él siguiera siendo golpeado por bandidos y marines en aquella isla del North Blue. ¿De qué sirvieron tantos años de entrenamiento? Tanta preparación, meditación, aprendizaje y maduración solo para terminar exactamente igual que su familia.

¿Podría verlos ahora? No, seguramente no, no debía existir nada después de la vida que tenían en ese mundo. Incluso si algo como el paraíso existía, él había cometido suficientes actos atroces como para no merecerlo.

Ya daba igual, ese mundo no lo recordaría, cualquier logro que alguien pudiera atribuirle se perdería con el tiempo. No fue más que un pirata débil, uno cuya suerte nunca apareció, uno cuya vida terminaba en ese mismo punto, tan solo como había deseado estarlo por muchos años.

Se podría arrepentir de muchas cosas en sus momentos finales, pero tampoco serviría de nada. Nadie lo escucharía, nadie estaría a su lado, nadie llevaría la historia de Rackham Uker así como él mismo llevó la de sus padres, su hermana y su maestro.

Ese mono de mierda se saldría con la suya, esos marines que ocupaban el mundo como una plaga también. Si sus compañeros seguían vivos, como había dicho el peliblanco, seguro sufrirían en prisión hasta el fin de sus días, sus hermanos no tendrían noticias de él, no pudo encontrar a su abuelo y ya no le quedaba familia.

Familia.

Un rostro cruzó por su mente, el de una mujer de cabellos naranjas que había conocido en Skypeia. ¿Quién podría haber adivinado que encontraría algo de su propia sangre en otra parte del mundo? Le recordaba a su pequeña hermana, a aquella hermana que podría haber vivido y crecido si la muerte no hubiera tocado su puerta, tal vez por eso ella se cruzó por su mente.

“Dijiste que mi muerte sería un espejo de mi vida, maestro. Supongo que no te equivocaste”


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Vitalidad: 990 - 1513 = -523
Energia: 5328 + 0 = 5328
Espiritu: 1738 + 0 = 1738
#8
No estaba en sus planes, pero lo terminó conociendo. La violencia que los sueños heredados de Himari podían imponer en aquellos que se atrevían a levantarse frente a su camino, o el de sus amigos. La manera en que la hipervigilancia que lo tenía tan alterado desde Kutsukku presionaba hasta terminar apagando el brillo en los ojos de otra persona, porque incluso aunque el precio por su cabeza era tan alto, aún había algo importante en aquel cuerpo.

Vida.

Y él se la arrebató.

Mientras se acercaba a aquel cuerpo, aún con Koshin activa y el Kenbunshoku midiendo peligros en los alrededores de manera obsesiva, lo fue entendiendo. Eso le hizo cerrar los puños con fuerza, presionar sus dientes hasta que comenzaron a doler, tensionando la mandíbula inherentemente, hasta finalmente arrugar la nariz a modo de desprecio consigo mismo. ¿Pero qué otra cosa podía hacer? Aquellos piratas fueron a buscar a sus compañeros cuando podrían haber evitado el conflicto pasando de largo, y de no ser por la rápida reacción que tuvieron Enji, Stroud y Kael, quién sabe qué muertes estaría lamentando en aquel instante.

Lo observó a un costado, y luego desvió la mirada, casi que dándole la espalda, desactivando tanto el haki como su fruta. Rebuscó entre el interior de su ropaje el Den Den Mushi, marcando inmediatamente el de la central marine más cercana, intentando ser breve y conciso respecto a la información, porque había que comunicarla muy a su pesar, dispuesto a aceptar cualquier tipo de juicio en referencia a la conclusión de aquel fatídico día. —Comandante Hasegawa Shin. Enfrenté al pirata Rackham Uker, está muerto. —frío, como si quisiera escupir esas palabras de su boca y olvidarse de la acción.

Entonces lo entendió, volviendo a observar lo que quedaba de aquel sujeto. Dados los detalles a la marina, necesitaba a alguien, y a pesar de que estaba dispuesto a hacer equipo con Enji, más no obedecerlo, o que respetaba el temple de Stroud, la nobleza de Juan y claro, la nueva feminidad de Akira, sólo podía pensar en dos personas para pedir apoyo inmediato con aquella situación, intentando no enfrentarse a ese hecho en soledad. Porque en el fondo siempre intentaba respetar la vida, y aunque no lo demuestre, ese día lo acompañaría como recordatorio de las consecuencias que tiene su lucha.

Pensó en Nyra, pero terminó llamando a Kael, y tan pronto como contestó, cumpliendo su palabra de estar atento a los resultados de sus incursiones, le comunicó exactamente lo mismo que al cuartel. —Se terminó. —sólo que mucho más breve y sincero, instante donde negó con la cabeza, intentando no presionar de más el caracol. —Encontré a Uker. Yo lo... —una pausa, ¿iba a pronunciar esa palabra? No es que le dolía, sólo le repugnaba la sensación de tener las manos manchadas de sangre incluso y si no lo estaban de manera literal, imaginando que quizás no sería la última vez y que, ante personas como Kuroshiro, era mejor que sea él quien ocupe ese lugar. —Está muerto, Kael. Necesito decirte exactamente donde estoy, y que vengas. —dedicó una última mirada a Uker, aunque debería quedarse custodiando ese cuerpo hasta la llegada de su amigo, a quien le dio las indicaciones exactas. —Luego hablamos. No llegó a alcanzarme, yo estoy bien. —confirmó, suspirando al final, y terminando la llamada de manera abrupta.

En algún momento encontraría la forma de entender quién era aquel tipo en vida, y si se lo merecía, lo honraría de alguna forma. Se negaba a que la memoria física que quedaba de su existencia en aquel mundo salvaje sea mancillada por la falta de respeto que los mortales podían brindar.

Ese encuentro sólo reforzaba la idea de cielo que deseaba, todos pudiesen ver.

Porque en esa utopía, la violencia ya no sería necesaria.

En esa utopía, la rueda no existía.

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