Weight of my pride | P.R. [Entrenamiento]
#1
Día 10 de Otoño, Año 18.
Hora: 14:11.

Justo como lo podría indicar la habilidad por la cual empezó a ser reconocido, Hasegawa Shin nunca podía permanecer quieto demasiado rato, algo bien sabido por la persona que lleva más tiempo a su lado desde que empezó aquella locura: Kael. 

El azabache lo ha visto durante años, incluso antes de Himari, sin establecerse en ninguna relación, siempre siendo el casanova que exteriormente aparenta. Tampoco fue demasiado constante con sus vínculos sociales por lo increíblemente difícil que resultaba acercarse emocionalmente a él.

Y por supuesto, dichas actitudes no sólo se centraban en amigos o sexo casual.

La inquietud abarca todos los aspectos de su vida, inclusive en los marcos disciplinarios. Omuyaga nunca ha visto al albino ser conformista al momento de dominar una nueva capacidad con la espada o en su defecto, mantenerse alegre o feliz durante demasiado rato si alguna práctica le salía justo como quería desde el segundo uno, inmerso en su perfeccionismo. Y con el tiempo, la obsesión con el arte de la katana se ha terminado desplazando a aquel poder que recibió como si fuese obra divina y por una simple coincidencia: La fruta del diablo.

Con esa velocidad endemoniada, era capaz de muchísimas cosas y otras tantas que quizás todavía no había contemplado, y es justamente esa idea la que lo termina empujando hacia el frente constantemente, una y otra vez hasta llevarse contra extremos que, de otra manera no alcanzaría, por ello en la mañana tuvo una conversación corta y funcional con su mejor amigo, donde le pedía una serie de entrenamientos...

Como en los viejos tiempos.

Con todo lo sucedido desde Kutsukku, no tuvieron muchas ocasiones de sentarse a hablar, y esperaba que volver a enfrentarse tras lo sucedido con los piratas Sepultura pudiese también ofrecer una ventana donde intercambiasen algunas palabras por fuera del formalismo marine. Además, Hasegawa todavía tenía en la cabeza la manera en que terminó asesinando a Uker, algo que le contó de manera inmediata al azabache, y que él ya entendía. En el fondo de su corazón existía la necesidad de volver a sentirse en completo control de su poder.

Por supuesto, esa manera de contenerse no aplicaría para sus enemigos, pero no significaba que no fuese algo que le naciera de sus deseos tras cargar con el peso de haber matado a una persona tan abruptamente.

Aquel día hacía un sol bastante particular. Cielo despejado, ni una nube a la vista, presentándose las primeras señales de que el verano había terminado, por ello Shin decidió quedar con su amigo en una zona "alejada" del barco, a quinientos metros exactos, encontrando aquella llanura con doscientos metros de radio sin árboles ni cosas raras en el suelo, sólo terreno plano, algo perfecto para enfrentamientos de frente con el único afán de calibrar capacidades sin demasiadas estrategias de por medio. Por supuesto que el Comandante llegó primero, con sus habilidades sería absurdo que en caso de desearlo no fuese siempre el más puntual, y eso hizo la espera algo atípico en las sensaciones del hombre.

Se ubicó exactamente en el centro de la llanura, con los doscientos metros rodeándolo, y extendió el Kenbunshoku Haki a esa misma distancia exacta, hasta que finalmente detectó la entrada de Kael y lo saludó como bien acostumbra. —¡Yõ, Kael! —sin apodos, muestra de los privilegios que carga consigo el soldado —Prometo que esta vez no quiero presumir nada. Ya sabes que lo de Uker sucedió porque fui con todo desde el segundo uno... —suspiró, quitándose la pesadez, más no se veía arrepentido, aunque era complicado contemplarlo sin verlo a los ojos, ocultos tras las gafas negras —Quiero verte pelear después de tanto tiempo, y poner a prueba mi control. Estuviste en el equipo que venció a Eros, Varoganchin y Kiyoshi, imagino que si te dejo espacios también podrías vencerme. —echó a reír, no a modo de burla, sino como... contemplando el progreso que hicieron ambos desde entonces.

—Entonces ataca. Ya. —abrió los brazos a la altura de su cintura, invitándolo —Vamos a divertirnos. —durante fracciones de segundos, vio en él al niño serio que corría en su dirección usando una espada de madera. Bendita nostalgia.

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#2
¿Cuánto hace que aquellos dos amigos de la infancia, tan unidos por el destino y los hilos de una manipulación, no se enfrentan en un duelo por simple demostración de sus capacidades? Cuando Shin le propuso aquel entrenamiento, los pensamientos de los viejos tiempos, las batallas con la espada que ahora ninguno de los dos utilizaba en combate, las derrotas en las que una vez peleaba sin darlo todo, y en otras ni siquiera con todo su potencial podía vencerlo, uno a uno recobraron espacio en su mente, y le devolvieron a una realidad que no se sabía había escapado hasta que le golpeó como un cubo de agua fría.

Ambos compañeros habían evolucionado desde su salida del South Blue, tomando caminos muy distintos el uno del otro hasta que, finalmente, incluso uno de ellos, sin pretenderlo, había sido llamado para una misión que, seguramente, lo mantendría dentro de la marina, pero lejos de su misma institución al mismo tiempo, para siempre.

Kael respira hondo, preparándose para el combate con todo lo que buenamente tuvo a su disposición. La luz de la que está conformada el cuerpo de su amigo es toda una molestia, pero gracias a lo aprendido por el actual líder de la división 50, quizás en este momento no esté todo perdido. Como mínimo, podría llegar a considerarse un enfrentamiento justo.

Llegó hasta el lugar después que él, algo que por alguna razón siempre terminaba ocurriendo, al mismo tiempo que era una de esas pocas veces en las que se dejaba ver a la hora. Una ironía de su comportamiento que con el tiempo llegó a conseguir acostumbrarse.

Fue apenas un momento en el que sus ojos se posaron en su amigo que Mini Kael entró en acción. Tomaría en sus manos el fusil extraviado a uno de aquellos miembros de la sepultura, considerando que al haber sido el ganador de la prueba de tiro en Skypiea tendría una mejor calidad, mientras dejaba uno distinto cargado en el suelo, uno más frecuente, por si tenía que recurrir a él más adelante.

Se plantó frente a su amigo a una distancia de diecisiete metros exactos. No esperaba sacarle rendimiento alguno a enfrentarlo a una larga distancia que podría cerrar con su absurda velocidad en cuestión de meros instantes, algo que había conseguido aprender incluso con las velocidades de su comodoro y el comandante Nanashi. Si ellos eran estúpidamente rápidos, como mínimo, Shin debía de serlo el doble.

Y entonces…se colocó la máscara de la alegría.

—¡Yõ, Shin!—Aquella no era su forma habitual de saludarle. Ni una sola vez lo había llamado de esa forma que él utilizaba, a menos que estuviera bromeando, pero ahora ambos compañeros de vida estaban a solas.

Esa sensación que comenzó a recorrer su pecho le hizo volver a sentirse como un joven de quince años con el kimono, sus respectivas getas en los pies, y la brisa del patio en la antigua vivienda de los Hasegawa donde solían entrenar. No tenía ningún boken en sus manos, pero las sentía ocupadas como si así lo estuviera sosteniendo. Los guantes afilados del ex-capitán de los sepultura se cerraron antes incluso de escuchar a  su mejor amigo como le propuso la idea de atacar primero. Esa era su única oportunidad, el único momento que tendría para decantar la balanza a su favor, porque si él iba con todo desde el principio…perdería antes de comenzar la batalla.

—imagino que si te dejo espacios también podrías vencerme.

—Nunca antes he conseguido vencerte, y eso la marina lo sabe. Por eso ahora eres comandante y yo sigo siendo soldado raso. No es que me queje; al menos me dejan formar parte de esta división.

“Al fin y al cabo, ahora tengo un nuevo cometido. Uno que me permite protegerte.”

Su pequeño yo estaba ultimando preparativos apuntando directamente a su amigo con el fusil, cubriendo la bala de su interior con el poder de su propia voluntad, anteponiendose a las fuerzas de la naturaleza. Los guantes y punteras que el albino podían observar aún no habían tomado una postura en guardia, y eso, sumado a que hasta la fecha él no le había llegado a observar utilizando un fusil con sus particulares habilidades, le serviría para darle, por primera vez, una única ventaja con el factor sorpresa.

—Entonces ataca. Ya.

El ojo del azabache se abrió en una ventana especializada para centrar el disparo, y tan pronto como lo vió, centró el tiro a la boca del estómago, buscando disparar en donde quería creer que tenía una ínfima mayor posibilidad de acertar, si conseguía que este no se diera cuenta de lo que se estaba por venir.

El disparo recorrió el cielo sin emitir sonido alguno, producto de los poderes de su fruta, viajando en dirección al albino mientras este, para su conciencia limpia o no, terminaba de pronunciar sus últimas palabras antes de aquel duelo.

—Vamos a divertirnos.

—¿Qué te ha parecido eso? ¿Imaginaste alguna vez que los dos nos convertiríamos en tiradores? Si nos vieran ahora nuestros jóvenes yo, seguramente se enfadarían por desperdiciar todos sus esfuerzos entrenando.—Podía no jugar limpio, meter pequeñas estratagemas incluso en sus más inocentes ataques, pero al final…eso era algo que incluso él tenía que conocer.

Kael, al final del día, también era una persona competitiva, pero de alguna forma, disfrutaba de perder contra su amigo, porque no era otra persona que él, la única persona que le queda.

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#3
'¡Yō, Shin!'

Lo tomó desprevenido, pero inmediatamente recordó todas las veces en donde fuera de una camaradería laboral, Kael se dejaba llevar por el cariño de una amistad que se impuso a diversas tragedias y muchos años en el tiempo, devolviéndole una sonrisa algo más amplia que las típicas en sus gestos, y por ende, más sincera.

También identificó los nuevos accesorios que portaba en la batalla, aunque no tuvo tiempo de cuestionar si fueron artefactos requisados a los enemigos recientemente vencidos en batalla, la tripulación Sepultura, o en su defecto resultó en alguna maña inventora de la División Treinta, puesta a disposición del Soldado Raso para mejorar sus capacidades físicas. Ese único detalle le hizo dudar sobre cómo iba a atacar en el primer cruce de ofensivas, movimiento que le iba a permitir conectar sin recurrir a sus típicas predicciones o anticipaciones vía rebasar en velocidad a los contrincantes por mera curiosidad de las nuevas habilidades obtenidas por su mejor amigo. Quería ver qué podía hacer con esa Akuma a la hora de luchar, pues ante Curok Odail el azabache fue claramente superado, y ya habían pasado sus respectivas estaciones desde entonces.

Le contestó brevemente, indicando que jamás había logrado vencerlo y que eso se reflejó en los rangos que tenían dentro de la institución militar marine, sin embargo, esos curiosos y extraños poderes le habían enseñado que no se podía subestimar a absolutamente nadie en el vasto mundo que navegaban, representando debilidad tal y como le dijo en la breve conversación que sostuvieron antes de salir a rastrear a Rackham Uker.

Omuyaga se reflejó en las gafas del albino, así como también la manera en que su ojo derecho abrió una compuerta. ¿Eso era la alteración del aura que percibió con su Kenbunshoku momentos atrás? En circunstancias normales, se habría movido tan pronto como detectó la irregular hostilidad que aquel poder espiritual le advertía, pero prefirió llegar al fondo del asunto y entender la habilidad del moreno, siendo que, en conjunto con su invitación, repentinamente sintió un impacto perforante que abrió la camisa de su uniforme a la altura de la boca del estómago, produciendo de inmediato un sangrado notorio mientras perdía la estabilidad del cuerpo, cayendo derribado.

Fue como si todo pasase a cámara lenta durante la caída, pues le cayeron un millar de recuerdos como si fuesen una cascada, y en ninguno podía rememorar un impacto tan certero por parte de su mejor amigo en algún entrenamiento. Tal y como describió, si le daba el margen suficiente, se había convertido en un hombre capaz de vencerlo.


Sin embargo, todavía estaba en un nivel diferente gracias a sus poderes.

Cayó, y tan pronto como se sintió en el suelo... reaccionó. Mientras Omuyaga hablaba, indicando el esfuerzo malgastado de sus versiones más jóvenes, el soldado sólo podría haber sentido el peligro inminente mediante el cambio de iluminación súbito en el área, pasando de su luz dorada característica al púrpura distinguible de su propia aura, generando un tipo de sombras únicas desde su ubicación a un ritmo tan frenético que ni percibiendo la variación habria podido reaccionar, porque al instante en que Kael terminó de hablar, se generó una brutal explosión de treinta metros de radio utilizando a Hasegawa como núcleo, su físico transformado en el elemento, que atrapó de manera inequívoca a su compañero de división en el susodicho margen, mandándolo a volar un total de diez metros completamente desarmado, porque en el punto de impacto al recibir semejante ofensiva todo lo que guardaba en su interior salió expulsado, alejándolo esos diez metros de su armamento.

Automáticamente comenzó a levantarse, dándose cuenta de que el azabache también había sido derribado, con la diferencia de que se encontraba aturdido por la potencia de su técnica. Shin, sereno y tranquilo, calculó a la distancia de veintisiete metros que los separaba los daños que su amigo había recibido, identificando que podía continuar con el combate, y ya levantado, envuelto en su Akuma, se movió de inmediato hacia el punto de impacto, donde los rifles y las municiones habían quedado desparramadas. Desde ahí, aún sangrando, sacó del bolso a la altura de su lumbar uno de sus botiquines y utilizando desinfectantes y vendas, tras romper y abrir esa zona, empezó a tratar la herida, reduciendo el sangrado y revitalizando su aguante para el resto del entrenamiento.

—Justo como dije. Te has vuelto fuerte, amigo mío. —sus ojos cerúleos brillaban con fuerza, completamente convertido en su elemento, manteniendo activo el Kenbunshoku. —Con esa técnica vencí a Uker. —le permitiría recomponerse, eso estaba claro —¿Qué harás ahora? ¿No crees que sería mejor tener algunas de estas armas a distancia por fuera para evitar quedar en una situación como esta? —cuestionó, ladeando la cabeza —Aunque comparto lo que dijiste, cada palabra. Con la diferencia de que... —una breve pausa, donde su mano izquierda quedó a la altura de su rostro, acomodándose las gafas poco antes de decidir quitárselas y lanzarlas a un lado. Su pose de orgullo.

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—Mi viejo yo estaría orgulloso de lo poderoso que me he vuelto.

El round dos se aproximaba, a diez metros de su mejor amigo.

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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3696 - 1331 = 2365
Energia: 4893 - 1244 = 3649
Espiritu: 1930 - 320 = 1610
#4
Kael sabía que en cuanto su amigo contraatacase no lo vería venir, que su velocidad de respuesta no era suficiente en contra de un humano normal con una capacidad ofensiva como la de Enji o la de Stroud, y que por lo mismo tampoco sería capaz de reaccionar ante una velocidad artificial absurda.

Pero lo que no se esperaba, es que lo hiciese de esa manera.

Como si el mismo sujeto fuese una bomba, se hizo estallar ahí mismo en el suelo, una respuesta de protección que desconoce si él mismo ha gestionado, o si era un sistema de defensa proporcionado por lo desproporcionado de su fruta del diablo. ¿Se había comido una Akuma legendaria, o es que él era un prodigio con el uso de la misma?

A quién queríamos engañar. Muy seguramente, eran las dos cosas al mismo tiempo.

El azabache salió completamente despedido en el aire por la bomba de luz que su amigo había utilizado, una oleada de dolor que hasta ahora jamás había sentido invadió por completo su cuerpo. Ningún ataque hasta la fecha desde que comenzó su viaje por todo el mundo le había causado tanto dolor como lo había hecho ese ataque. Este era el poder que Shin había alcanzado, y que le había permitido matar a Uker

—Joder…—Retorciéndose de dolor, su cuerpo no respondía adecuadamente. La última vez que se sintió tan mal fue ante una ofensiva producida por Curok, sabiéndose ahora fallecido por consecuencias que el marine consideraba desconocidas. Estaba confundido, desorientado por el ataque insensible. ¿Cómo la luz podía hacerle tantísimo daño? ¿Había dejado su piel más morena a causa de ese ataque? Probablemente tendría que tener cuidado para asegurarse de no obtener lunares ni arrugas una vez hubiesen terminado.

Consiguió a duras penas escuchar las palabras de su amigo, entendiendo solo por ese método lo que estaba sucediendo, recobrando las ideas. Mini Kael había desaparecido. Ahora tenía sus dos ojos en su sitio, y todas las armas habían salido despedidas desde las ventanas de su cabeza hacia el exterior, quedándose esparcidas en el suelo, allá desde donde había salido despedido.

Sus guantes y sus punteras aún seguían puestas en sus extremidades, herramientas de combate que no le servían en absoluto, pues ese estilo de combate no le servía de forma defensiva contra un enemigo como él, y apenas tendría la capacidad de hacerle frente con su ofensiva, siendo este capaz de esquivarlo por completo con el más mínimo de sus esfuerzos.

—Es una idea que me estaba planteando.—Comentó finalmente, tratando de esa forma de recobrar la compostura.—Pero de momento estoy usando las capacidades de mi akuma para afinar mi puntería. Cuando ya tenga algo más de práctica de tiro…quizás pueda aumentar mis capacidades utilizando dos fusiles a la vez.

No era una mala idea, pero era un entrenamiento a largo plazo que desde luego aún requeriría de bastante esfuerzo y mucho, mucho tiempo.

Aún así, no por haber sido derribado se daría por vencido. Se levantó del suelo tan rápidamente como su cuerpo le permitía, sabiendo que, como todas aquellas otras veces en las que aquel boken de su amigo le derribaba, le daría el espacio suficiente como para levantarse. Normalmente le ofrecía su mano para levantarse, pero por alguna razón, no se había querido acercar lo suficiente como para hacerlo esta vez.

Saltó en dirección hacia su rival en aquel entrenamiento. Lo primero que debía hacer si quería seguir aquel combate, era recuperar su armamento, pues de otra forma no podrían seguir haciendo gala de sus capacidades más “trabajadas” en el combate. Esta vez, intentando continuar con su práctica del uso del haki, llevó su Bushoshoku hasta su mano derecha mientras aún seguía en el aire, acercándose mientras reforzaba su cuerpo. Sabía que iba a fallar, que seguramente lo esquivaría con tan solo dar un par de pasos hacia atrás sin tan siquiera utilizar su fruta, pues Kael era especialmente lento, pero aún así, trataría de probar la fuerza de sus manos con esas garras nuevas, comprobando si el peligro del capitán de los sepultura era concebido por sus propias capacidades, o si en parte esas armas tenían algo que ver en todo eso, enfocando en un golpe en el brazo izquierdo del contrario, evitando cualquier posible herida peligrosa.

—Empiezo a pensar que no tengo mala puntería, pero te agradecería que me dejes hacer algo de tiro al blanco con un velocista como tú en lugar de intentar arañarte con esto, que para algo estoy practicando. Mis músculos están más enfocados en aguantar golpes, no en golpear con fuerza bruta. Para eso mejor tienes a Stroud o Enji, la verdad.— Sólo con Hasegawa se atrevería a dejar de lado los formalismos, y aún así, tampoco era frecuente que lo viese comportarse de esa forma tan extraña e informal respecto a su persona habitual. Omuyaga estaba, de alguna forma, soltando un poco en aquel momento donde nadie más podría interrumpirlos, porque era su amigo.

Tomaría ambos fusiles del suelo. El de apariencia más comercial lo dejaría entre sus manos, mientras que el perfeccionado para pruebas de tiro sería reducido en tamaño hasta poder entrar de nuevo por la misma ventana por la que había salido. No le tomaría mucho comprobar que los cargadores seguían en su sitio, y que por lo mismo, aquel pequeño duelo en el que ya estaba demostrado que su amigo se estaba dejando podría continuar una vez más.

No era lo que el de cabellera negra deseaba que ocurriera, pero al menos, podría demostrarle que, de alguna forma, él había mejorado en sus capacidades.

—Perdón por tardar tanto. Es la primera vez que alguien consigue hacerme tanto daño. No me estoy quejando, yo te he metido un tiro en el estómago y no has dicho ni una palabra.—Aunque era obvio que le había hecho daño por la forma en que se aplicaba el botiquín—. pero reconozco que no sabía que si me pegaban tan fuerte y salía volando de esa forma podían salir disparadas las armas que guardo dentro. Menos mal que no me he traído un gran arsenal.—Pequeños detalles de información con los que sin duda, desde ese momento tendría que tener más cuidado. Esa absurda velocidad con la que le había mandado a volar hasta hacer que se estrellase contra el suelo no era algo que le apetecería volver a repetir.—¿Por dónde íbamos?—Comentó mientras Mini Kael buscaba con la mirilla de su arma a su amigo, apuntando a su pierna mientras el haki llegaba hasta el arma.—Ah, sí.

El disparo del fusil de tamaño reducido salió en búsqueda de su compañero, mientras que a su vez, Kael tomó aquel cargado con munición explosiva para continuar con el apuntado una segunda vez si comprobaba que ese primer disparo había sido efectivo, comprobando que no podía utilizar aún su haki tantas veces seguidas de una forma tan veloz. No le estaba haciendo un daño inmenso con aquella explosión, pues el Santo Vangelis había aguantado perfectamente ese mismo disparo sin apenas inmutarse, y sabía que, en ambos casos, estaba siendo bastante suave.

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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 5209 - 2128 = 3081
Energia: 5668 - 446 = 5222
Espiritu: 1696 + 0 = 1696
#5
Lo primero que llamó la atención del Comandante, fue que Omuyaga había entendido desde otra perspectiva las palabras anteriores, en donde le cuestionaba su estrategia actual considerando el resultado súbito del primer intercambio, prácticamente obligándolo a soltar todo el armamento que guardaba en aquella ventana hacia su cabeza, el interior de una fortaleza en la cual tras ser derrotado por Curok Odail reposó en completa protección de su amigo. —Eso no es... —iba a añadir, aunque volvió a callar, interpretando que tendría otra posibilidad de demostrárselo dentro de aquel pequeño entrenamiento.

Tan pronto como cerró su línea de pensamientos pudo observar a la perfección los siguientes movimientos del Soldado Raso, quien desplegó un salto abrupto en su dirección. Shin asumió de inmediato que la idea no era conectarle el golpe que ideaba debido a la velocidad tan previsible de la arremetida, y la opción más obvia era intentar alejarlo del punto donde soltó sus armas para recuperarlas y optar otra vez por los disparos que, de cierta forma, ya habían mostrado un nivel óptimo de efectividad en su contra.

Hasegawa entonces tomó una decisión, y fue activar Koshin mientras esquivaba con el poder de su fruta del diablo y un desvío lateral del torso la diestra del azabache. Lo dejó pasar de largo, reubicándose con un rápido fogonazo de luz a quince metros de su oponente, en un movimiento hacia el frente, mismo punto donde había caído Kael tras Murasaki, escuchando en ese punto exacto las palabras que pronunciaba. —Hay una diferencia. —levantó ambos dedos índice a la altura de su mentón en respuesta, antes de que el contrario levantase los rifles —A Enji y Stroud querría vencerlos con todo desde el segundo uno. Contigo quiero ver tu desempeño en combate. —confesó finalmente, no desmeritando a Omuyaga ni enalteciendo el valor militar del tenryuubito o Nanashi, sólo era su instinto competitivo, porque estaba clara la diferencia numérica en relación a enfrentamientos entre los dos mejores amigos, sin embargo, con el otro albino y el rubio no existía una inclinación histórica hacia su terreno.

Entonces observó y reaccionó al marine intentando armarse otra vez, lo hizo a una velocidad a la que pudo anticiparse sin muchos problemas y fue así como, mientras los destellos lumínicos emergían con fuerza de su cuerpo, apuntó los dedos índice a la altura de su rostro uno a cada brazo de Kael, sumándole a esa combinación increíblemente rápida los dedos corazón y pulgar extendidos, lanzando dos esferas de luz desde las yemas que recortaron la distancia de quince metros que los separaba en menos de lo que dura un parpadeo, impactando en su amigo de toda la vida y volviendo a desarmarlo mientras Hasegawa retrocedía quince metros adicionales, dejándolos a una distancia final de treinta, aún en su rango de doscientos metros del Kenbunshoku.

—No te lo dejaré tan fácil esta vez... —indicó, con una sonrisa, alzando la voz lo suficiente para ser escuchado por el azabache en esa silenciosa llanura —A lo que iba con mi punto de antes, es a que tengas armas preparadas en el cuerpo para poder introducirlas a la fortaleza si te vuelve a pasar algo como lo de hoy. Si pierdes tu arsenal interno, absorbes pistolas o rifles que lleves por fuera y vuelves a estar armado. —propuso, con ambos brazos a los costados de su cuerpo —Pero... ¿qué sabré yo? Tú eres el experto en tu poder. —terminó asintiendo varias veces, remarcando lo evidente, y es que no podría decirle mejor que él como manejar esa dichosa habilidad, aunque desde su perspectiva aquello que había propuesto tuviese todo el sentido del mundo.

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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2365 - 50 = 2315
Energia: 3649 - 640 = 3009
Espiritu: 1610 - 160 = 1450
#6
Así que quería ver las capacidades de Enji y Stroud con fuerza desde el minuto uno, ¿eh? Lo cierto es que para Kael, después de mucho tiempo aprendió que su punto fuerte no era el estado de combate. Él no tenía esa capacidad abusiva de un combatiente para estar en el frente de batalla y acometer contra sus rivales en un combate justo. No era un símbolo de luz y esperanza que sirviera para enaltecer a sus hombres y servirles de esperanza, no…

En Skypiea pudo darse cuenta de que su camino era uno muy distinto, pero eso no le hacía peor persona, no. Él debía buscar su destino, y el gobierno mundial le ofreció uno en bandeja justo cuando más lo buscaba.

Casi como si ellos lo hubiesen planeado todo desde el principio.

No obstante, había ocasiones en las que había que hacer frente a aquello en lo que uno no es tan versátil, y su amigo era uno de esos muros que no conseguía superar por más veces que se enfrentara al mismo. Ahora, con el poder de la fruta que lo convierte en un hombre hecho de luz, sin ninguna duda tendría aún un mayor inconveniente para siquiera poder tratar de igualarlo. Kael había ganado destreza con las armas, sí, pero eso no importaba cuando la velocidad de los ataques del rival era irrefrenable para todo el mundo.

Al intentar levantar sus armas, su amigo lo desarmó con un par de ataques en sus brazos, causándole de nuevo un inmenso dolor en cada uno de ellos, haciéndole sufrir con bastante sufrimiento. Nunca se había encontrado en una situación en la que estuviese tan herido, y al mismo tiempo ninguna parte de su cuerpo tuviese un hueso roto o siquiera una pequeña hemorragia o quemadura. La forma de hacer daño de aquella fruta le llegaba hasta la cabeza, pero no podía soportarlo mucho más. ¿Cómo podía defenderse alguien de algo así?

—Eres un incordio, pero tus habilidades te van a permitir ir lejos.—Comentó mientras con la fuerza que aún le restaba en el cuerpo tomaba las armas del suelo para repetir el proceso, aprovechando que parecía estar tomando distancia del azabache.

Tan rápido como las tuvo en sus manos, comenzó a desplazarse para intentar tomar él también algo de distancia, alejándose cinco metros en diagonal en una parábola suficiente como para, esperaba, los ataques de su compañero no llegasen a impactarle directamente si se mantenía a esa distancia e iban en línea recta.

Las armas cargadas, mini Kael al frente del combate, tomando el arma en sus manos mientras el de tamaño real utilizaba el otro arma y sus guantes como una protección improvisada de su rostro, único lugar desde el que podía atacar a su compañero y hacerle mínimamente algo.

Observándole a través de la mirilla de su arma y a través de una de las ventanas de su fortaleza interna, dispararía una vez más a su amigo, sabiendo que a estas alturas ya no podría impactarle ni un solo tiro, pero que aún así debía esforzarse por lograrlo, al menos para seguir practicando su haki rompiendo esa distancia de 35 metros con un disparo invisible.

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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3081 - 1978 = 1103
Energia: 5222 - 322 = 4900
Espiritu: 1696 + 0 = 1696


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