[EVENTO CAMBIO ZONA] A la caza de los sueños; Parte 1
#51
Sin duda estaba en terreno desconocido, y muchas cosas pasaban en simultáneo, incluso mucha gente agolpada también… Un poco agobiante… Pero algunas cosas no podían ser pasadas por alto… Robaban y atrapaban la atención de uno como ladrón en la noche.

Muchos allí presentes estaban leyendo el periódico, muchos se veían rudos, otros interesantes, pero nadie pasando realmente desapercibido y yo no podía ser menos, allí estaba, sentado en la roca, leyendo la copia que tenía a mano. Cualquiera podría notar lo que ocurría a simple vista, no se leer, pero los demás tampoco que lo sepan. Jake a mi lado hojeaba atento también aquel periódico al revés al que “leía” con semblante serio e interesante para no desencajar.

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Un enorme gordo en tanga, era lo único que podía romper la tensión de aquel lugar… —Saaape— dije asombrado bajando el periódico mirando al gordo entangado con una media sonrisa en mi rostro y mirando todo lo que se desencadenó… De pronto todo tembló, y se derrumbó un muro abriendo una gruta que dejaba más que lugar a la imaginación de que allí algo pasaba… —¿Viste eso Jake el gordo rompió la cueva jiajiajiajiajia— comenté con mi peludo a carcajadas para incorporarme rapidamente al ver que todo comenzaba a tomar movimiento, incluso el gordo, sin más preámbulo la gruta iluminada con esas antorchas llamaba… Y el gordo que había ido allí también, quería saber como se llamaba y también que deparaba aquel sitio finalmente…

Sin dudarlo tomé a Jake en la mochila como siempre con su cabeza fuera para poder mirar y sin dudarlo mucho me avalancé corriendo hacia la zona a la cual me adentré de un salto imponente a la par de un buen —Sapeeeee no pierdas de vista al gordo, Jake JIAJIAJIAJIA—

La hora de aventura había llegado finalmente.

Hora de aventura
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~Pensamiento~—Hablar—
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#52
El trueno retumbó contra las paredes de basalto y Kazuma abrió los ojos de golpe como quien despierta justo en el compás que esperaba. Dejó caer el periódico hecho papilla, se puso de pie sobre la roca y alzó ambos brazos hacia el techo de la cueva con los dedos temblando de emoción.

- Silencio por favor… - susurró aunque nadie hablaba con él - Que empieza el primer movimiento.

La pared se derrumbó provocando un fuerte estruendo, haciendo que los cánticos cesaran, los murmullos acallaran y todas las miradas se dirigieran hacia el mismo punto. Mientras los cascotes llovían y el polvo se arremolinaba, Kazuma dirigía el derrumbe como un maestro. Una mano marcando el crescendo del desastre, la otra dejando caer el último golpe seco cuando la roca más grande tocó el suelo.

- ¡Fortissimo! - Gritó, con un gallo agudo que un pirata cercano se tapó los oídos molesto. Carraspeó intentando disimular el desafine, se alisó el haori manchado y recuperó la compostura con una dignidad injustificada.

Echó a caminar hacia la gruta con la katana golpeándole la cadera, descalzo sobre los charcos y trozos de roca como quien pisa una alfombra roja. Extrañamente feliz en una situación en la que todos estaban alerta y atentos a cualquier cosa extraña que sucedía.

En el umbral de la gruta, con las llamas al fondo y el trueno retumbando a su espalda se detuvo un instante. Agarró el farol de su cinto, lo alzó frente a una de las llamas y asintió con solemnidad.

- Luz prestada por el destino, sí…¡esto es un momento histórico! - Se lo colgó de nuevo y extendió los brazos hacia el fondo de la gruta, como si el mundo entero fuera su orquesta. - ¡Que alguien me traiga un atril, voy a componer el final de esta tormenta!

Y tarareando una marcha triunfal que acababa de inventarse, Kazuma cruzó el umbral con la barbilla en alto, dirigiéndose con una mano danzando al viento, otra marcando las llamas, hacia donde quiera que ese camino le llevara.

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Sinfonía de Kazuma
KAZUMA AMEKAZE
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#53
Solo algunos de los muchos allí presentes parecieron atreverse a atravesar el agujero en el basalto para pasar a la gruta. Me encontraba alejada de las múltiples antorchas que, pobremente, eso sí, iluminaban el interior de aquella guarida. Mi voz fue la primera en romper el silencio después de la explosión, baja y suave.

—Pero si están todos medio acojonados —dije, haciendo un ademán hacia ellos, para que los demás viesen cómo la mayoría se había quedado fuera.

Resultaba decepcionante ver aquel vacilar en tantísimos de ellos. ¿Realmente era esa la valentía propia de quien pretendía unirse a una campaña de conquista del Grand Line, a un fulgurante ascenso hasta el One Piece? Arqueé una ceja, mientras, frente a mis ojos, solo un puñado de valientes parecían tomar la determinación suficiente como para pasar por encima de los restos despedazados de aquella falsa pared, mientras el resto se quedaba fuera, observando como un ejército de pusilánimes, bobalicones a los que solo les faltaba que les cayese un hilillo de baba a la espera de que otros tomasen lo que ellos decían haber venido a buscar.

El primero al que vi entrar fue otro Lunarian, que atravesó el umbral volando por los aires, seguido de alguna clase de Gran Oni, que irrumpió con determinación, como si entrase buscando algo. Aquella era una buena actitud, al menos, aunque parecían faltarle más luces que al camerino de Wewie Stonder. Los siguieron, acompañados de un desfile de nuevos curiosos ataviados de todos los colores, una joven pelirroja y una buccaneer de aspecto extrañamente aniñado. Tras ellos, que habían sido algunos de los más veloces (y que, dicho sea de paso, no habían vacilado), entraron varios grupos de malhechores del tres al cuarto, un discreto grupo de intimidantes criminales ataviados con capuchas y lo que parecía ser una tripulación enteramente formada por skypeans y brazos largos que acababan de desembarcar. Los fui observando de uno en uno, sin que mi mano, que reposaba sobre la empuñadura de mi arma, se relajase o se tensase. Entró también una joven pelirroja, cuyos volúmenes resultaban evidentes incluso bajo aquella luz penumbrosa y escasa, seguida de una oleada mayor en la que parecían convergir varias tripulaciones, medias tripulaciones y hasta pensionistas.

Miré a uno de mis compañeros al otro lado de la gruta, haciendo una sutil inclinación de cabeza, dándole a entender que espabilase. Había comenzado. Mi mirada volvió a mantenerse fija en todos los que iban entrando, echando el ocasional vistazo a los que se habían quedado fuera. ¿Eran realmente el tipo de pirata que uno querría en una expedición como la nuestra? Resultaba difícil responder, aunque no me correspondía a mí hacerlo en último término. Aquellos que se habían aventurado a entrar en la gruta tenían algo de madera, desde luego, pero no demostraban tener mucho cerebro. Los que se habían quedado fuera, por el contrario, eran unos cagaos. Vaya tesitura la nuestra.




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#54
Sabía exactamente qué estaba pensando Ann. Me lo podía imaginar, pero había pasado el suficiente tiempo junto a ella como para imaginarme por dónde iban los tiros. Los tiros, claro. Sonreí hacia mis adentros ante mi propia ocurrencia. Diablos, ya habían pasado años desde que Scorn había dejado de ser una fantasía entre cervezas (con limón y sin alcohol para mí) para pasar a ser aquel pequeño proyecto, de un pequeño sueño a un sueño mayor. Aquella siempre fue mi forma de pensar, que así se progresaba en la vida, entre ambición y ambición. Al fin y al cabo, el capitán había bautizado nuestra tripulación así por algo. Lo que iba a tener a cabo en aquel día era nada más y nada menos que el fruto de lo que habíamos meditado durante muchos días y, sobre todo, muchas noches, entre la luz de las velas y el humo de los bares, de una ciudad en otra, de una isla en otra, pero siempre con un objetivo en mente.

Me hallaba inmerso en mis pensamientos cuando el sutil gesto de Jellckama llamó mi atención, sacándome de mi sesión de nostalgia periódica. Arqueé las cejas, viendo cómo un gran mogollón comenzaba a hacerse sitio a través de la entrada de la gruta. Nuestra gruta había sido un auténtico regalo del cielo, los restos de alguna excavación que aquellos chalados habían llevado tiempo atrás allí mismo, en Kutsukku, en sus planes de montar un laboratorio de combate o una chorrada así. Creía recordar que hasta había salido en algún periódico cómo habían salido escaldados de aquello, suponía que tras haber intentado aprisionar a la gente equivocada.

El gran grupo había comenzado a avanzar desde la boca de la cueva, cuya entrada habíamos disimulado, al menos como habíamos podido, para revelar sola y únicamente en el momento adecuado. Oí cómo, entre los pasos que resonaban a lo largo de la gruta hasta mi posición, se colaba también el ruido del temporal en el exterior del fondeadero. Hasta podría haber jurado que oí los cascos de los barcos chocar entre sí. ¿Pero quién salía a navegar en un día como aquel, siendo aquel un sitio al que se podía acceder a pie? Novatos.

Aquel montón de gente, que empezaba a contarse por centenares, fue pasando hacia el interior de la gruta. —Atentos a nuestras indicaciones, por favor. El que se las salte va fuera. Id pasando, id pasando —dije con hastío, mientras hacía un movimiento circular repetitivo dándoles a entender que continuasen desplazándose hacia el fondo para no bloquear la entrada a los rezagados—. Cuidado con el suelo, que resbala. Señora, tápese, haga el favor.



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#55


Abrí el telón negro que se encontraba frente a mí, y que me había permitido permanecer invisible hasta aquel momento, haciéndolo a un lado. La andrajosa bandera de SCORN se plegó bajo mis dedos cubiertos de anillos, y, no sin dificultad, saqué primero mis piernas del agujero en la pared, y luego el resto del cuerpo. A medida que emergía de mi escondrijo, mis botas hicieron crujir el estrado de madera, cuyas tablas se resintieron bajo el considerable paso de mi cuerpo. El ron chapoteó en la botella que sujetaba en mi mano derecha. Las hebillas de las correas que llevaba al pecho y a la cintura y la vaina de mi sable tintinearon a medida que me incorporaba, alzándome ante la vista de todos antes de situarme, en unos pasos, en el centro del pequeño escenario, iluminado por la escasa luz de las antorchas.


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Mi ojo izquierdo fue de un lado a otro de la gruta, en silencio, viendo cómo todos los recién llegados se apelotonaban allí por centenares mientras evaluaba lo que los rumores eran capaces de hacer en aquellos mares. Los dedos de mi mano izquierda taborilearon sobre la empuñadura de The Tooth, mientras entornaba mi ojo en mi escrutinio sobre cada uno de los asistentes que se adentraban en la cueva. Mi atención pasó entonces a un poco más allá, hacia los que se habían quedado en el umbral. Esbocé una media sonrisa, consciente de que terminarían por entrar, aunque solo fuera por mera curiosidad. Si habían venido hasta aquel lugar, no iban a quedarse al margen ahora. Permanecí inmóvil sobre el centro del escenario durante algunos minutos, mientras la abundante multitud se asentaba a lo largo y ancho de la gruta, a excepción de mis dedos, que continuaban danzando rítmica y silenciosamente sobre el pomo de mi sable. La tormenta en el exterior arreciaba, sin duda.

No sería necesario mandarlos callar. Había llegado el momento.

—¡Fuera de aquí! Fuera de aquí quienes hayáis venido solo a cotillear —exclamé repentinamente, dirigiéndome a toda la audiencia y zarandeando la botella en mi mano en mi ímpetu—. ¡Fuera de aquí! Fuera de aquí quienes hayáis venido solo por ver de qué hablan los periódicos. Fuera de aquí... ¡Fuera de aquí quienes temáis al abismo! Fuera de aquí quienes tengáis miedo de mojaros en la tormenta, de sangrar en un abordaje, de perderlo todo en Impel Down o de dar con vuestros huesos en el fondo del mar.

Contuve mi lengua, observando con mordacidad a los allí presentes, mi mirada barriendo de un lado al otro de la cueva. Ahora que tenía la atención de todos, bajé mi tono, permitiendo que mi voz se volviese más grave y más rasposa. Entorné mi ojo izquierdo, incorporándome sobre mí mismo, mientras iba clavando mi mirada sobre cada uno de los asistentes.

—Fuera de aquí quien tema a los perros del Gobierno Mundial, y fuera de aquí quien esté dispuesto a trabajar algún día bajo sus órdenes. Escarneced a quien tenga miedo de abandonar sus sueños, y que se vaya fuera de aquí también —dije con particular rabia, tomándome un instante—. Hijos de la piratería, hermanos de las jolly rogers y progenitores del futuro, yo soy el que os ha hecho llamar hoy hasta aquí. Soy Berachiah P. Erastus, aunque hay quien me conoce como Goldtooth. Soy yo del que hablaban los rumores que habéis escuchado, y ahora también, parece, los periódicos.

Abrí mucho mi ojo izquierdo, inmóvil sobre el estrado, mi ojo izquierdo clavado sobre un miembro del público. Las antorchas a los lados de la gruta crepitaban, y las luces oscilaban en función del viento que entraba por la gran abertura a través de la cual habían accedido. Ann la había hecho demasiado ancha. Ya hablaría con ella en otro momento. Hice una sentida reverencia hacia el público.

—Os agradezco que hayáis venido. Lo que habéis oído es cierto: el plan es justo el que todo el mundo dice. Junto mis Scorn, voy a hacerme con el Grand Line y con el último y más grande de sus tesoros. Pero... eso es lo que todos pretendéis hacer, ¿verdad? —pregunté, sonriendo sutilmente y dejando un instante para que el público respondiese— Siete veces. Siete veces, ¿entendéis? Siete veces he intentado cruzar hacia el Grand Line, y siete veces he fracasado —dije, alzando un delgado y nudoso dedo índice derecho, el resto aún aferrados a la botella de ron—. Siete veces se ha interpuesto la Marina en mis planes de cruzar hacia el Cementerio de Piratas que a todos nos espera. ¡Bajbajbajbaj! Estoy hecho una pena —no pude evitar reírme entre toses, antes de recobrar la seriedad—. Pero sé que no soy el único. Escuchadme bien. Nuestros mares, nuestras islas se han convertido en el patio de recreo de los Almirantes. Las banderas negras caen con la misma rapidez a la que se alzan, y el Gobierno Mundial lo absorbe todo, incluso a los nuestros. La solución no es continuar como hasta ahora: debemos cambiar nuestro enfoque.

Con firmeza, y con un movimiento más rápido de lo que cualquiera hubiese esperado de un viejo como yo, desenvainé The Tooth y lo clavé con firmeza en el suelo de madera en un gesto de determinación, tras lo que su maltrecha hoja dejó escapar un chirriante zumbido metálico que se apagó progresivamente. No había venido a jugar ni a perder el tiempo de nadie.

—El mundo va a cambiar, y nosotros dirigiremos ese cambio. Lo que os propongo no es que os convirtáis en mis subordinados, ni que arriéis todos mi bandera —dije con gravedad, haciendo un ademán con mi botella hacia la bandera que reposaba detrás de mí, sobre la pared de roca—. Kutsukku nos verá hoy forjar la mayor confederación pirata que se haya visto, de igual a igual. Nos abalanzaremos sobre el Grand Line y abrumaremos en número a cualquiera que considere buena idea ponerse en nuestro camino, y forzaremos nuestra marcha más allá del Nuevo Mundo... hasta el final.

Miré a los presentes en silencio.

—¿Quién está conmigo?





Información
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#56
Poco a poco todos fueron entrando a aquel lugar, suerte que los hijos de la libertad se mostraron con la misma gana que Hanma y no dudaron ni un segundo en entrar en aquella cueva. No se podría decir lo mismo de todos los presentes en aquella cueva ya que algunos parecían niños asustados por un mero derrumbe. Hanma seria de los primeros en entrar en aquel lugar, pudiendo ver como dos presencias se hacían ver entre las antorchas de un lugar mucho mas abierto en el interior de aquella cueva. ¿Personas nuevas con las que medirse? Al contrario que muchos de los presentes en aquel lugar aquellos destilaban un aura distinta, mas tranquila, mas controlada y mas en cierta manera autoritaria. Como si todos los allí presentes estuvieran bajo su control, dominio y mandato. Era obvio que pensaran así, habían lanzado una llamada y todos habían acudido, como poco se encontraban en cierta posición de poder. Hanma buscaría con sus ojos a su grupo, si es que pudiera llamarse así, si aquello se volvía una trampa o una batalla campal quería tenerlos cerca. -Si yo quisiera realizar una encerrona la haría en un sitio así, si es que yo hiciera ese tipo de cosas... estad atentos.-

Hanma simplemente se cruzaria de brazos esperando sea lo que fuese que fuera a pasar en aquel lugar. Y no tardó en hacerse.

Una persona entraria en aquel lugar y ocuparía el escenario principal tras la bandera de "Scorn". Su sola presencia hizo que Hanma apretara levemente mas su mentón, años recibiendo palizas y enfrentando enemigos le habían dado la capacidad de notar las capacidades de una persona con algo mas de facilidad que una persona corriente. ¿Qué tenia pinta de putero borracho? Si. Pero aquel tipo no era un don nadie. Y eso se hacia notar con las palabras que dijo, alegando que se marcharan todos los que solamente habían venido por circunstancias menores, filtrando a los presentes para convocar únicamente a aquellos que realmente querían formar parte de lo que se iba a fraguar alli, una alianza, una confederación que arrasaría con todo el Grand Line y con los supuestos lideres actuales del mismo. Sin embargo habia algo que le resultaba extraño, todo lo de arrasar y demás estaba bien, contaba con su aprobación, pero ... ¿siete veces? ¿en serio?. Una sonrisa socarrona salió entre los labios de Hanma. -Soy partidiario de arrasar con todo a su paso, sobre todo si son marines. Pero ... ¿siete veces?- una de sus cejas se alzaría, no le importaba ser escuchado por el mismo, el cual era probable debido a que se habia acercado al escenario principal al haber llegado de los primeros o cualquiera de sus ayudantes -Con confederación pirata o no, siete veces son muchas. ¿Qué será ahora diferente?- luego sonreiría de una forma un tanto mas grotesca -Aunque la oportunidad de que aun asi salga mal y poder arrancar la espina dorsal a quien ose frenarnos tampoco me disgusta- terminaría finalmente.

La cocina del ogro
[Imagen: AL4aO9R.jpeg]
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#57
Las palabras de Hanma sobre tener cuidado y estar atentos fueron la llamada de atención necesaria para Vesper, sin embargo el coyote ya desde hace rato seguía con el oido bien alerta y atento a todo lo que pudiera ser util como información para sus amigos, por lo que tranquilo comentó al gran oni -Tranquilo Hanm Hanm, todo estará bien... somos grandes fuertes y guapos, nada podrá con nosotros grandote- 

El estruendo de la caida del telón y los pasos sobre las maderas viejas y el inconfundible sonido de una botella de licor abriendose captaron la atención de Vesper mientras prestaba atención al viejo y maltrecho pirata que se posicionaba sobre el escenario.

Tras escucharlo las ideas llegaron a la mente de Vesper y había que reconocerle una cosa al viejo y es que sabía cómo conseguir que lo escucharan, no todos los días uno se encontraba con un pirata que admitía, botella en mano y con sable en la otra, haber fracasado siete veces en su intento de alcanzar el Grand Line. Aunque eso sí tenía su mérito, juntar a tantas personas para escucharlo hablar y encima presentarse con esa actitud teatral, el tipo sabía lo que hacía.

Algo en la actitud de aquel viejo pirata, le recordó a Vesper a su cuidador y padre Charlo, esa actitud cabrona y su claro cinismo frente a las convenciones sociales eran lo que el trovador quería conseguir, esa convicción de poder enfrentar a los mares y pese a las derrotas seguir levantandose, fue entonces que le contestó sin pena o pudor alguno al viejo, aunque sí con un respeto envidiable.

-Siete veces, ¿eh? ¡Nyejejeje! Maldita sea viejo o eres el hombre más terco de estos mares o el más idealista, aunque supongo que después de tantos años, uno termina aprendiendo darse cuenta que muchas veces ni siquiera vale la pena seguir luchando, si hay un sueño de por medio, ¿no?- //Vesper se acomodaria el kanabo a su costado del cinturón y sacaría su laúd para dar un rasgueó entusiasmado y observaría a Goldtooth con una sonrisa ladeada inspeccionando su silueta con una especie de admiración muda y curiosidad latente//. -Hace falta tenerlos bien puestos para levantarse ocho veces cuando el mar te ha mandado al fondo siete, te respeto viejo-.

Fue así como se dirigió hacia Hanma y hacia toda la tripulación de Los Hijos de la Libertad y comentó a sus compañeros, -No sé ustedes, pero yo prefiero ayudar a un viejo testarudo que todavía persigue sus sueños y como dijo mi querido y siempre bien ponderado Hanma arrasar con unos cuantos marines cobardes que solo saben hablar de libertad y se la pasan sobajando las voluntades de los demás...No digo que debamos entregarle nuestra lealtad, pero una confederación... No suena mal...-

Así, que sin pensarlo volvió a dar otro rasgueo a su laúd mientras jugueteaba con las cuerdas despreocupado y emocionado mirando a Mika su capitana y compañera en dueto artístico -Mikita mi capitana adorada y bella, qué dices, ¿ayudamos al buen hombre a conseguir su libertad? Nyejejejeje-


Paranoias de Vesper
CONTINUARÁ...


[Imagen: VJzjPcg.png]



Vesper_Nero
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#58
No dudar puede ser una virtud, pero también una desventaja. Mika, ingenua, soñadora, novata, solo va hacia adelante. Cuando ve el nuevo espacio custodiado por dos individuos que se encuentran cada uno en un costado, toma de las manos, agachándose por supuesto, a Eele y Pucca, comenzando a apurar el paso y obligándolos a ellos a seguir junto a ella. — ¡Vamos, bobis, a primera fila! — Pues aunque son de los primeros en llegar, muy pronto comienza a ingresar mucha gente. Se detiene recién cuando logra reunirse tanto con Hanma y Vesper. No se preocupa por Road y Puchero, pues gracias a su ventaja de moverse en las alturas, de seguro los tienen vigilados. — De acuerdo, Hanma, estaré atenta. — Su voz ya no suena tan alegre, sino que intenta adoptar un tono de seriedad que, francamente, no le pega. Con el Oni está pasando algo similar que con Pucca. Los considera más astutos, por lo que toma sus comentarios en serio e intenta aprender para ser una buena capitana. Muy juguetona puede ser, pero, en el fondo, se toma muy en serio su posición dentro de la tripulación.

Se pone un poco nerviosa ante tanta gente reunida. No es que a una artista como ella le incomoden las multitudes, lo que pasa es que desearía estar ella frente a todos y no ser solo una más. ¿Qué tantos problemas daría si toma el sitio del tipo de los anillos y comienza a cantar? Por ahora, decide controlarse, adoptando una postura erguida y claramente forzada, como si fuese un soldado o algo así. No está del todo suelta, como siempre.

Comienza el discurso de Berachiah y podemos aceptar que, para Mika, sabe hablar, pues ha cautivado su atención. Es como que, con cada palabra que transmite, en ella emerge un sentimiento de querer lanzarse a la aventura que le propone. Eso sí, hay una frase en particular que la descoloca.

— ¿Acaso está mal temer abandonar nuestros sueños? Yo no quiero abandonar el mío. Tampoco quiero que mis amigos abandonen los suyos. Mmm… Quizás yo estoy entendiendo mal… Pero si le pregunto a Pucca, todos estos piratas creerán que soy una bobi y se reirán. Mejor fingiré que estoy de acuerdo con todo. Sí, eso es lo mejor. — Es largo el diálogo mental que tiene consigo misma, pero, en la realidad, solo transcurren un par de segundos. Eso sí, este plan la ha hecho animarse, por lo que vuelve a sonreír con naturalidad y pone los brazos en jarra.

Tanto Hanma como Vesper hablan luego de escuchar al hombre que comanda la reunión. Y hay cierto diálogo del Oni que Mika, en primera fila, no puede obviar. Es una pregunta que le hace a Berachiah, pero, curiosonamente, es la buccaneer quien contesta. — ¡Será diferente porque los Hijos de la Libertad estamos aquí, Hanma! — Al mismo tiempo que sus palabras, toma a Furia Carmesí desde su espalda y la apoya en el piso, movimiento similar al que hizo el moreno con su espada. Es la punta del mango la que se apoya en tierra, permitiendo que el filo quede arriba, acompañado de la bandera de su tripulación que yace ahí, elevándose frente al pirata que los convoca. Es una declaración de intenciones. Aclaremos también que, el arma es más alta que Mika, por lo que la bandera llega incluso por encima de su cabeza, y debido a su altura, puede ser visible para gran parte de los presentes.

Quiere que todos la vean.

Y que no la olviden.

Luego, le regala una sonrisa a Vesper, quien la interpela directamente. — ¡Por supuesto, bobi! ¡Toda persona que quiera ser libre en este mar y disfrutar de aventuras será nuestro amigo! — Está bien parada, saca pecho, tiene la espalda recta, se muestra muy orgullosa de sí misma, tanto en físico como en personalidad. Ya no duda como antes, sino que es ella misma, la de siempre. — ¡Vamos al Grand Line, bobis!

El que abre este spoiler es bobi
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#59
Avancé tras el grupo de piratas, viendo como el gigante se iba al otro lado de la cueva a ver algo mientras cargaba a sus dos amigas. Tenía la sensación de haber visto antes dicho comportamiento, pero no sabía si era algo cultural de aquella raza o es que de verdad era el gigante que había conocido y cuyo cabello también era similar. En cualquiera de los casos, lo mejor era no pensarlo demasiado. Y más por que si era el que había conocido podíamos estar todos en problemas, o más bien él. Por supuesto no sería por mí, yo jamás desvelaría quién era, pero bueno, tenía que centrarme en lo que tenía por delante.

Su otra compañera se había quitado la ropa mientras avanzaba dejando al descubierto tremendo cuerpo. Se acercaba al mío, pero por supuesto no llegaba a alcanzar mi belleza. Le dejaría disfrutar de estos minutos de gloría, había visto charcos por doquier y no quería terminar cayendo en alguno. Sin poder nadar y sin saber que profundidad tenían podía significar mi muerte, por que no creía que ninguno de aquellos piratas me fuera ayudar a excepción de Vesper. Y aunque lo había conocido él tampoco podía nadar, así que estaría jodida. Había dos personas en aquella cueva, un hombre y una mujer, cada uno en una parte de la misma. Por su disposición podían controlar todos los ángulos de aquella cueva. Menos el escenario cubierto por un telón negro, seguramente donde estuviera quien había montado todo aquello.

Viendo los charcos, y la posición de todos, decidí que el mejor sitio para quedarme sería cerca de una gran piedra, o mejor encima. Además me daba seguridad tener a la pirata aquella a mi izquierda. Se me había mojado un poco la ropa y esa piedra sería perfecta para dejarla secando en lo que comenzaba todo aquello. Me quité la ropa, quedando en ropa interior y con las dagas, la seguridad era importante, otro motivo para elegir la piedra. Además de que se me vería bien, y seguramente las comparaciones serían odiosas, y aunque al pirata que estaba en la entrada le molestara, el podía hacerlo también. O podía secarme el la ropa si gustaba. También me daba una buena linea visual sobre la tarima del frente.Desde allí, haciendo un cálculo mental aproximado por la distancia que había recorrido, creía poder llegar a casi cualquier parte de la sala con mis poderes del diablo. Envenenar a los presentes no me serviría de nada ahora mismo, y menos con lo débil que era el veneno, pero era un dato a tener en cuenta en caso de peligro. La disuasión podía ser más efectiva que algunas cosas y saberse envenenados podía cambiar las percepciones. Y más si no se conocía los efectos y potencia del veneno.

De repente la cortina negra se abrió dejando ver a un hombre, con diferentes taras, pero que parecía más seguro de sí mismo que cualquiera de los presentes. Se podía oír aún la tormenta exterior, que debía ser cada vez más fuerte. Aunque dejé de oírla cuando el pirata comenzó con su discurso. Había algo en él que hacía casi imposible cortarle, no sabría decir qué era, pero ahí estaba. Me contuve, manteniéndome tranquila apoyada en la roca. Por mucho que insistiera en decir que se fuera todo el mundo, estaba seguro que la inmensa mayoría, de acuerdo o no con él, no se iba a marchar. Decir que lo había intentado siete veces no sé si era lo mejor si buscabas subordinados, aliados y demás, pero sí que dejaba clara una cosa, su fuerza de voluntad, su deseo de llegar al otro lado, y, por supuesto su determinación inquebrantable.

Ya había llegado hasta allí, no era momento de echarme atrás. No podía hacerlo. Si quería ser capaz de seguir mis sueños, de llegar a lo que siempre había querido, aunque fuera de algo diferente al sueño inicial, no podía dar marcha atrás. No haría muchas de las cosas que se esperaban de mí en aquella confederación, varias de las veces que exhortó a irse a gente lo habría tenido que hacer, pero allí seguía. El Grand Line era la única oportunidad para crecer y avanzar, para poder desarrollarme y cumplir con mis metas. Aunque me estaba dando cuenta de una cosa, quizás tendría que encontrar a gente con mis mismos ideales, tal como estaba haciendo el tal Berachiah. Varios grupos de piratas asintieron, a pesar de que algunos plantearon en alto mis pensamientos sobre las siete veces, en especial Verper, con el coincidía en su apreciación sobre el pirata. Mi reacción fue asentir con la cabeza de forma aprobatoria a la oferta. Me vestiría antes de ponernos en marcha a cualquier parte, rezando por que la ropa se hubiera secado auqnue fuera un poco.


Nostacosas
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#60
Las largas orejas de Vixen se agitaron al descubrir un gato suelto entre los Wanga. Bueno, un chico de pelo blanco con una máscara felina que no le sonaba de nada y que, hasta hacía un momento, había estado fingiendo conocer las canciones de la tripulación. ¡Pero qué cojones! ¿De dónde había salido aquel chamaco? Divertida con el descubrimiento, se acercó por detrás y apoyó las manos sobre la máscara.

—Ay, pero mira qué lindo el minino que se nos ha colado. ¿Tú eres de los nuestros o te has apuntado por tu cuenta al concierto, mi niño?—pregunté, asomándome por encima de él con una sonrisa de oreja a oreja—. Porque cantar, lo que se dice cantar, como que no es lo tuyo. Andas un poquito perdidito, ¿eh? Pero tranquilo, que esto queda entre tú y yo… al menos por ahora, kishishishi.


Afuera, la tormenta ya aporreaba la costa sin ninguna educación: truenos rabiosos en el horizonte, los cascos de los barcos dándose de ostias contra los cascos vecinos. Fue entonces cuando la peña se abalanzó hacia la gruta, cual rebaño de estúpidos corderitos, todos con unas prisas de cojones por demostrar quién la tenía más grande. Vi no tenía una mierda que demostrarle a nadie, ¿o es que aquellos gilipollas no sabían que los mejores manjares se cocinan a fuego lento? Sus pensamientos se fueron al carajo cuando apareció aquella pelirroja, luciendo un escote que la hizo olvidar dónde coño estaba. La mujer las saludó llamándolas «reinas» y «encantadoras doncellas», pero la coneja ya tenía la mirada clavada bastante más abajo de su cara. Entrecerró los ojos, asomó la puntita de la lengua y sonrió con una expresión de auténtica marrana.


—Ay, mi madre... ¡Pero qué dos monumentos tienes ahí, guapetona! Kishishishi. —Se inclinó un poquito para contemplarlos mejor, sin el menor pudor—. Oye, ¿y tú no tendrás frío? Porque con este temporal esas dos pobres criaturas van a necesitar abrigo. Alcé las manos con los dedos abiertos, haciendo el amago de acercarlas al pecho de aquel ángel y entonces levanté la vista hacia ella.


Vixen apoyó juguetonamente las manos sobre su pecho y abrió los ojos como platos. Las mejillas se le encendieron y las orejas se le irguieron de golpe, mientras una sonrisa de retrasada le ocupaba media cara.

—¡AY, PERO QUÉ COSITAS MÁS LINDAS, COÑO! —exclamó, hablándole directamente al escote—. ¿Cómo están mis dos niñas preciosas? ¿Las están tratando bien? ¿Comen suficiente? Antes de tener tiempo a pensar si aquel movimiento iba a provocar que aquella chica me asesinara por faltosa, le planté un besito suave en uno de los mameyes de la tía, con una sonrisa de lo más traviesa.

—Ay perdona, se me ha ido la educación a tomar por culo. Encantada de conocerte. Y que conste que te estaba escuchando, ¿eh? Lo de las doncellas y todo eso. Lo que pasa es que me has puesto delante dos razones muy gordas para distraerme.

La tía le pareció un amor de señorita. No todos los días una desconocida la llamaba reina con tanto cariño. Y qué coño, Vixen tampoco pensaba olvidarse de aquella pelirroja tan fácilmente. Con la cantidad de gilipollas que había por allí, daba gusto encontrarse con alguien así. El problema venía pegado detrás: un escolta pelirrojo, con su sonrisita impecable y una reverencia de camarero de hotel caro. A Vixen se le borró la sonrisa de golpe. Se quedó mirándolo con cara de pocos amigos, sin molestarse siquiera en devolverle el saludo, hasta que el tío pasó de largo. Ni una puta palabra le dedicó. A ver si con un poco de suerte el tío pillaba la indirecta.

—Menos reverencias, Zanahorio —mascullé para mi—. Que a este paso vas a acabar besando el suelo.

Magnus aprovechó que Vixen estaba de buen humor para dedicarle un poema sobre su contoneo y sus muslos. El señorito no se conformó con soltar cuatro rimas: se lo recitó entero, con una seriedad que daba hasta vergüenza ajena. Y lo peor era que al desgraciado se le daba bien. Vi lo escuchó con los brazos cruzados y una ceja arqueada, aguantándose la risa hasta que terminó.

—Pinga, Magnus. Eso casi ha sido cultura —dijo, señalándolo con el dedo—. El poema me lo quedo, que una tiene su corazoncito. Pero la próxima vez que me recites algo mientras me miras el culo, por lo menos disimula, coño, que me vas a poner colorada.


Le dio un manotazo cariñoso en las nalgas de esos que podían dejarle el culo dormido a cualquiera menos a aquel armario. Qué remedio, el cabrón se había currado el poema y hasta le había sacado una sonrisa. Un punto para el grandullón.

Centella, a su lado, seguía por algún sitio del Nirvana. La caída de antes la había dejado sentada en el barro, con la mirada perdida y la cara roja como un tomate. La pobre estaba tan ida que quizás no se había enterado del besito que Vixen acababa de plantarle a la exhibicionista en una teta. Mejor así, porque a lo mejor se habría cortado un poquito de haber tenido a Casquito pendiente.

La feria empezó a dirigirse hacia la gruta y Vixen avanzó chapoteando entre los charcos hasta adentrarse unos cinco metros tierra adentro. Allí se acomodó junto a la pared izquierda, a pocos pasos del tipo pelo arcoíris que andaba repartiendo órdenes como si fuese un sargento de la Marina. Vi lo repasó de arriba abajo con una ceja arqueada. No sabía qué coño se había creído aquel tío, pero de entrada no le hizo ninguna gracia. Y entonces llegó el plato fuerte. Berrinchu Pito Erectus, «Gulpoop», o como se llamase, subió al estrado del fondo de la gruta. Desde donde estaba Vixen, a unos cincuenta metros, apenas y distinguía su figura y los destellos dorados de su dentadura, aunque lo escuchaba perfectamente. El tipo soltó un discurso contra el Gobierno Mundial, habló de sus siete intentos fallidos de alcanzar el Grand Line y propuso formar en Kutsukku una gran confederación pirata. Finalmente, desenvainó el sable y lanzó su desafío a los presentes.

A su alrededor, algunos asentían entusiasmados y otros parecían aburridos hasta los cojones. Vixen, en cambio, escuchaba con atención. Había algo que no le cuadraba. ¿Cómo coño podía un pirata con siete fracasos a sus espaldas permitirse semejante montaje? Gulpoop no le daba precisamente la impresión de ser el cerebro de la operación. Tenía labia, sí, pero a sus ojos no pasaba de ser el payaso al que habían puesto a dar la función. ¿Quién coño pagaba el circo? Su mirada se desvió hacia la mujer de pelo blanco que permanecía a mitad de la gruta, con una mano sobre el arma. Tampoco sabía qué pintaba allí, pero le despertaba curiosidad.

Lo de formar una confederación pirata podía sonar muy bonito, pero Vixen ya tenía un capitán al que seguir y una tripulación con la que compartía sueños mucho más grandes que los de aquel bocazas con dentadura de lujo. Confiaba en los suyos, en lo que habían construido juntos y en todo lo que todavía les quedaba por conseguir. ¿Y ahora iba a comprometerse con un mindundi del que no sabía una puta mierda? Ni de coña. Tampoco pensaba descartarlo todo sin conocer mejor el asunto, porque quizá hubiese algo interesante detrás de tanta palabrería. Se cruzó de brazos y permaneció en silencio, observando el estrado con una ceja ligeramente arqueada. De momento, prefería escuchar y averiguar quién llevaba realmente las riendas de aquel tinglado.



Bolsillo Táctico
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