[Pasado][Fic] El peso que cargas
#1
La primera vez que estaba en alta mar. El olor a sal, el vaivén de la cubierta, los gritos de los marineros gestionando cada detalle del barco para ajustarse a la mar... Desde luego, una primera experiencia de navegación increíble.
Increíblemente desastrosa. Por alguna razón, no paraba de sentirme asqueado, fuera de mis sentidos y torpe. 
Los hombres dicen que es normal que en barco los neófitos se mareen, pero esto es por demás.
Por suerte, pisé tierra firme en una isla donde íbamos a abastecernos, isla Isshin. Los marineros me aconsejaron acercarme a Villa Shimotsuki, que pese a ser una villa de herreros, debía haber algún sitio para conseguir comida y bebida para el viaje.

La aldea era absurdamente pobre. Sus casas se veían humildes pero bien construidas, y las pocas personas que vi, vestían prendas tradicionales japonesas como hakamas y gi, como yo acostumbraba, y zõri en sus pies.
En unos momentos llegué a una edificación algo mayor que las demás. Resaltaba en la aldea por encima de las otras. Pensé que podía ser un mercado o un ayuntamiento donde preguntar, sin embargo, me quedé en la puerta, que en realidad era un portón enorme abierto, donde una decena de niños practicaban con un palo de madera como si fuera una espada.
Los muchachos se movían al son de la voz de un hombre, que marcaba los movimientos con tal magnitud de voz que podía escucharlo desde fuera.
- ¡Ichi !Ni¡ !San¡ !Shi! - Su voz retumbaba incluso en la calle principal mientras los niños se movían al unísono hacia adelante y hacia atrás, golpeando de manera vertical con el palo.

En ese momento, mientras me abstraía maravillado de la sincronía de los chicos, sentí como una espada de madera se ubicaba lentamente sobre mi nuez, amenazando si me movía. Giré ligeramente la cabeza para observar a su portador, un hombre calvo a excepción de una pequeña coleta tras su cabeza que me miraba con gesto serio.
- Sería adecuado que no te movieras, ladrón. - sentenció serio.
- ¿Ladrón? Acabo de llegar a la isla, ni siquiera sabría ni dónde robar. - respondí asombrado.
- No intentes engañarme. La descripción es clara. Fuerte y grande, más que un hombre promedio. - dijo escudriñándome de arriba a abajo - Eres el ladrón que lleva quitando comida a la aldea 2 meses. Como guardia de la ciudad, no te permitiré coger nada más.
No cabía en mí de asombro. Intenté levantar las manos lentamente para que viera que mis intenciones no son agresivas y de repente, escuchamos un grito ahogado y otro de un niño alejado. El guardia miró bruscamente y abandonó su idea, saliendo a correr sin soltar su espada de madera. No sabía por qué, pero, creí que debía acompañarle.
El hombre era extremadamente rápido, se deshizo de mí y solo pude seguir los gritos. Cuando llegué a la última esquina, me quedé observando. Un hombre enorme de unos 3 metros, fuerte, de complexión ruda, estaba golpeando a mi "captor" contra el suelo, sin poder defenderse mientras agarraba a un niño por todo el torso que intentaba golpearlo con uno de los palos de entrenamiento, ya que tenía ambos brazos libres.

No tuve que debatir. Salí de mi escondite y encaré al agresor. Que me miró y amenazó con violencia.
- ¡Si te acercas, lo aplasto contra el suelo! - exclamó el bandido.
Miré en guardia al hombre. Su mirada denotaba seguridad y maldad. Estaba seguro de que el chico iba a morir si daba un paso en falso. No sabía qué hacer, yo no estaba preparado para esto. Pero, sabía que tenía que hacer algo, no podía dejarlo a su suerte. El muchacho, sin embargo, se veía lleno de valor y todavía intentaba buscar un hueco. Cuando el hombre lo acercó a su cara ligeramente, el chico lanzó una estocada al ojo de su captor.
Esto causó que el bandido, por mera cuestión instintiva, soltara al niño y llevara ambas manos a su cara para tapar su ojo. Una reacción humana que, le iba a costar caro. Automáticamente, eché a correr hacia él, que seguía tambaleándose y posicionando mi pie izquierdo frente a él, cargué un golpe de puño con mi derecha que aterrizó directo al estómago del hombre. 

El impacto fue tal que el bandido cayó de rodillas, vomitando y sin apenas poder respirar.
Acto seguido, media villa acudió a la pelea, encontrando al bandido derrotado en el suelo. Tras llevárselo y atender al guardia, éste volvió a dirigirse a mí.
- Me equivoqué contigo. - dijo mientras otros hombres se congregaban a su lado - Dime, ¿qué buscabas en la aldea? ¿Cómo podemos pagarte?
- Solo necesito comida. Viajo buscando a unos piratas y solo hemos parado aquí a buscar provisiones. - Expliqué.
- Podemos arreglarlo. - dijo mirando y asintiendo a sus acompañantes, que se marcharon rápidamente. - Te llevaremos suministros para tu viaje al puerto donde hayas desembarcado. - continuó.
Asentí con una ligera reverencia de hombros y me dispuse a marchar. Pasando al lado del muchacho que con tanto valor hizo frente al ladrón, solo pude pensar en qué tipo de vivencias debió tener, que entrenamiento y que disciplina le llevó a hacer frente a tal monstruo. Que fuerza de voluntad, más allá de la física.
Al final, todo se trata del peso que cargas. Eso es lo que te curte. Eso es lo que te empuja.
[Imagen: Ri77Nf7.png]
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