[AutoT1] Donde menos te los esperas
#1
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Leyenda


Día 22 – Otoño – Año 11
 
-          Uaaaau, es increíble.

Cuando las vi desde lejos ya me parecieron grandes pero de cerca, eran colosales. Efectivamente eso había sido un pueblo de gigantes, casas de entre veinte y veinticinco metros se alzaban ante mí. Me sentía extraña. Normalmente todo es más pequeño que yo en espacios civilizados porque en su mayor parte son lugares habitados y creados por humanos. Aquí yo soy la pequeña, no pude evitar sonreír.

Aterricé en la plaza del pueblo y nada más mis pies contactaron el suelo, Fenrir descendió por mi cuerpo para reptar hacia quién sabe dónde, pero parecía tener ganas de investigar. Creo que a ella también le gusta, hakikiki. Me adentré un poco el pueblo y todo era enorme, las calles, la plaza, las casas y cualquier cosa que mi vista alcanzara a percibir. La sensación de pequeñez me abrumaba y me hacía sentir vulnerable a la par que emocionada.

Quería explorar ese increíble lugar. Me acerqué hasta una pequeña casa de veinte metros de alto e intenté empujar lo que parecía la puerta delantera. No se movió ni un milímetro. A las buenas o a las malas. Postré mi saco en el suelo, agarré mi hacha con las dos manos y la impulsé contra una esquina del portón, consiguiendo un tajo. De una patada acabó de ceder y pude adentrarme en la casa. ¡Hakikiki! – reí mientras observaba a mi alrededor levantando la mirada – ¡Esto es genial! Había escuchado sobre gigantes, evidentemente, pero nunca había ni visto a uno ni mucho menos uno de sus pueblos. La habitación principal era una cocina-comedor con una gran chimenea medio derruida en el centro de la pared opuesta a la entrada. Esta gente debía usar árboles enteros como troncos. Lancé el saco encima de la mesa. Me acerqué a la zona de cocina e inspeccioné un cajón que me llegaba a la altura de los ojos. Tiré con fuerza con las dos manos y me puse de puntillas para observar su interior. Había cubiertos, saqué una cuchara que tuve que aguantar con fuerza con una mano porque era pesada y tenía el tamaño de mi brazo. Solté una carcajada. Avisté una habitación a mi derecha, cuya puerta empujé y esta sí cedió y reveló lo que en su mejor momento debió haber sido un dormitorio. Una vieja estructura metálica parecía indicar que tiempo ha fue algo parecido a una cama gigante. Elevé mi vuelo para observarlo desde encima. Enorme. Ladeé la cabeza y vi un agujero que ya no podía resguardar la intimidad que un dormitorio requiere. Quizás era una ventana. Aquí hubo un gigante que miró a través tal y como yo hago ahora.

-          Bogger, no me gusta repetirme. Veinte mil berries y cerramos el trato.

Rápidamente descendí para no ser vista desde el exterior. Hay alguien en la plaza, ¿no se supone que está abandonado? Abrí los ojos con fuerza y bajé de la cama. ¡Fenrir! – grité susurrando – ¡Fenrir! No me jodas. – ¡Fe…! – La serpiente apareció por la puerta exterior. ¡No me asustes, joder! – grité en susurros mientras me acercaba a ella. Trepó rápidamente por mi cuerpo hasta rodear mi cuello y cogí mi saco. Salí por la grieta que acababa de hacer en la puerta principal, alcé el vuelo con sigilo y aterricé en el techo de la casa. Repté hasta la pared más cercana al tipo que oí y asomé la cabeza para ver cuál era la situación y volví a cubrirme apresuradamente. Son seis. Un grupo de cuatro y uno de dos. El grupo de cuatro vestía con ropas rasgadas, pañuelos en la cabeza y cintura e iban armados con espadas y dagas. Piratas. El grupo de dos llevaban el mismo uniforme y una espada envainada cada uno. ¿Marines?

-          Estamos en Korossassu, Tucci, a nadie le importa esta puta isla. Deja tu complejo de marine frustrado. ¿Crees que puedo soltarte veinte mil por este pueblo de mierda?
-          Aparte de mostrar tu holgada ordinariez también haces lo propio en cuanto a ignorancia.
-          Háblame fácil, Tucci, no me toques los cojones.
-          Ese pueblo tiene un puerto que conecta con Ilisia y Kano. En Ilisia hay minas de piedras preciosas y en Kano hay un emperador que vive en un palacio. ¿Entiendes qué significa eso?
-          ¿Que debería irme a Ilisia a hacer tratos con los guardias de allí? – dijo mientras soltó una carcajada que fue acompañada por toda su tripulación.
 
¿Tratos? Pst, marines corruptos haciendo tratos con piratas repulsivos. Qué sorpresa.
 
-          No, maldito estúpido. Significa que estás ante un lugar sin la vigilancia de los pudientes Ilisia y Kano pero que comercia con ellos. Para que un cabeza hueca como tú lo entienda: dinero sin vigilar.
-          Bueno señor guardia, ¿quién está siendo ordinario ahora? – dijo mientras volvió a reír con todos sus camaradas.
 
Me asomé un segundo. El que habla es el de rojo, debe ser el capitán. Menuda panda de imbéciles.
 
-          Este es el trato, Bogger. Si estoy ocupado contando dinero y decidiendo en qué fulana de Murkhold me lo gasto, no tendré tiempo de avisar a la Marina cuando empieces a saquear y asesinar a tu antojo. Haz cuanto te plazca, mi indiferencia no puede ser mayor. No tendrás dificultades, son unos salvajes esos de Cobo. No uses su puerto, ven por este de Yasu y nadie sabrá quiénes sois. Tu única dificultad puede ser mi aviso a la Marina, que no tiene por qué pasar pero necesito estar… ocupado, si me comprendes.
 
Un fuerte ruido estalló cuando mis pies golpearon el suelo.
 
-          ¡¿Pero qué cojones?!
-          ¡Capitán!
 
-          Marines bastardos y una banda de piratas asquerosos siendo amiguitos. Mira tú por dónde.
-          ¿Quién diablos eres?
-          ¡Já! Marines… no son marines, son guardias de puerto.
-          Ni a marines llegáis, ya me jodería no llegar ni al nivel de la mierda.
-          No te metas Lunarian, esto no te incumbe.
-          Toda injusticia me incumbe.
-          Bueno, bueno. Vamos a tranquilizarnos todos reina, déjame que te-
-          Cierra la boca, desgraciado de mierda. – al pirata le cambió la cara. – Vamos a recoger datos de la situación. Uno, mi hacha debe pesar lo que tu tripulación entera. Dos, mi serpiente tiene hambre. – Fenrir alzó su cabeza incorporando su mitad anterior con un movimiento sinusoidal mientras siseaba – Tres, el asco que os tengo es infinito y cuatro, me está entrando una mala hostia considerable.
-          Tranquila, tranquila. Lo pillamos. ¿Qué quieres? ¿Dinero? Tengo berries – dijo el capitán, nervioso y amedrado por su discurso.
-          Quiero que os vayáis todos a tomar por culo de aquí, dejéis vuestras armas y os saquéis de vuestras estúpidas cabezas tocar al pueblo de humanos. No mira ¿sabes qué? Buena idea, dadme vuestro dinero y cualquier objeto de valor o utilidad que llevéis encima – dije mientras me acercaba lentamente hacia ellos – De todos. – añadí, mirando a los guardias.
 
El pirata más feo que he visto en mi vida tragó saliva y dijo: - ¿Vamos a pelear?
 
-          Mide cuatro metros, gilipollas. – el capitán hizo una señal con la cabeza y su tripulación empezó a dejar las armas en un montículo, junto con bolsas y demás pertenencias.
 
-          Quédatelo todo, aquí tienes ¿eh? No hay ningún problema. Puedes quedarte a este también si quieres – soltó una risita nerviosa mientras empujaba al tipo de la cara rara.
 
-          Trato hecho – dije mientras balanceaba el brazo que sujetaba el arma hacia atrás. Cuando la gravedad contradijo mi movimiento y volvió a su punto inicial, agarré el hacha con las dos manos y seguí su impulso dando un paso hacia adelante hasta proferir un corte hacia arriba desde el torso hasta el mentón del capitán. - Aborrezco a los traidores.
 
-          ¡Hija de puta! – dijo otro subordinado mientras saltaba hacia mí. No tuve tiempo de esquivarlo y me dio una patada en la tíbia. Hice una mueca de dolor que terminó en sonrisa.
-          ¡Voy a empalarte, zorra! - dijo mientras se orientaba de nuevo hacia el montículo de cosas para agarrar una espada. Me dio tiempo a rotar sobre mi propio eje y agarrar mi hacha con las dos manos y cortar así al esbirro. Gritaba de dolor mientras caía encima del montículo y la sangre manchaba su camisa.
 
-          ¡Lunarian! – giré mi cabeza y vi a los dos casi-marines apuntándome con ambas espadas. – Será mejor que pares tu espectáculo de salvadora de la justicia. Esto termina aquí.
 
Abrí mis alas de repente y ambos guardias hicieron un paso atrás mientras se les escapaba un gemido, atemorizados.
 
-          Eres despreciable. No soporto a los de tu calaña.
 
Corrí dos pasos hacia adelante y cargué el golpe, el guardia parlanchín lo esquivó y el segundo lo bloqueó. Tiene más fuerza de la que esperaba. Cedí en fuerza y roté el hacha de manera que la punta del mango impactó contundentemente en la barbilla del tipo. Oí su mandíbula crujir y su garganta chillar. Giré sobre mi misma para tomar impulso para cortarle el vientre que sangró abundantemente en seguida. Busqué con la mirada al último de mis objetivos mientras vi su espada caer y cómo se ponía de rodillas.

-          ¡Porfavor! Por favor Lunarian, déjame ir y no contaré nada, nadie sabrá nada sobre esto, pero deja que me vaya.
 
En tres pasos me acerqué y coloqué el filo del hacha en su cuello.
-          ¿Hubieras dejado que se fueran los humanos indefensos del pueblo?
Noté como el hacha osciló ligeramente por la deglución nerviosa del guardia.
 
-          Los hubieras dejado ir ¿antes o después de vendérselos a las ratas?
 
-          ¿Crees que les estaba vendiendo realmente? Esos piratas llevaban unas semanas husmeando la zona, sólo quería usurparles sus bienes para impedir sus fechorías. Estaba a punto de avisar a la Marina, jeje…
 
Ladeé la cabeza ligeramente un par de veces.
 
-          Quién vive como un perro, muere como un perro. – Y el hacha corrió. Le sujeté del pelo para observar cómo tosía sangre y ésta le brollaba de su cuello sin cesar. Notaba las gotas manchando mi rostro y borbotones impregnando mi pecho. La mirada se le perdió y lo empujé con asco.
 
Cuando miré a mi alrededor caí en la cuenta. Faltan dos. ¡Fenrir!  Corrí hacia el montículo de trastos, empujé con la pierna al cuerpo sin vida y busqué la bolsa de dinero. Volé hasta el techo y guardé la bolsa en el saco.
 
Emprendí el vuelo a toda velocidad hasta el pueblo de Cobo y estuve vigilándolo durante tres días desde el bosque. Los dos inútiles no aparecieron por allí. Al cuarto día bajé al mercado y vendí las hierbas que preparé al puesto de fruta y verdura. Me gustó saber que tienen un alcalde elegido democráticamente y parece que les va bien, así que le expliqué al mercader cómo usar las medicinales y los venenos. Me largo al bosque a estar tranquila. Estos estúpidos se defienden con poco más que arcos y flechas. Y ni siquiera le ponen veneno de amanita a las flechas cuando están rodeados de un bosque repleto de venenosas, la estupidez tiene un límite. Les tendré un ojo echado a estos tontos confiados.
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#2
Aventura Tier 1 Autonarrada Completada



Cita:Obtienes:
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