[Pasado] Un glorioso día de pesca
#21
Y aguantó. Se sumergieron los dos, volviendo a aquel mundo de fantasía bajo el océano. Al salir de la cueva, salieron al mar abierto y ahí si que sintió cierto recelo el Shimatsu, contemplando un oscuro azul negruzco que le perturbó durante segundos.

 No tardaron en salir, esta vez fue más rápido que la última vez, Kovashi apenas tuvo que aguantar la respiración, no como antes. Salieron en la orilla de la playa, ella como si nada y el peli blanco buscando aire desesperadamente. — ¡Qué locura! — Lanzó su cabello hacia atrás con un simple movimiento de cabeza. — Tenemos que volver hacerlo en algún momento — Le encantaba el mar, le encantaba ella y odiaría eternamente no poder volver a pisar el gran azul durante el resto de su vida, pero esa historia aún estaba por contar. — Estoy un poco desorientado, pero juraría que ahí delante está la entrada al pueblo, no estará muy lejos la taberna que quiero que veas — Salió del agua chapoteando, sin camisa, tan solo con un pantalón que comenzó a pesarle debido al agua.

—  Me molesta —  Dijo para después quitarse los pantalones y quedarse en cueros. Su miembro coleteaba cuál apéndice independiente. Sí, era grande y no era fácil dominarla. — ¿Compramos algo de ropa antes? —  Le preguntó a la mujer, mirándola fijamente. El desnudo para Kovashi no era un problema, obviamente su cuerpo le permitía lucir su físico, algo que no siempre fue así. Volvió a dar una vuelta para plantar sus ojos en el pueblo, nuevamente la cola rebotó contra los muslos. — ¡Vamos! —  Señaló cuál héroe, un villano. 

Par de pasos por la arena, algo escuchó. No vería nada hasta que bajara la vista. Una niña de unos dos años, con su cubito de arena, su pelo moreno, esos ojos almendrados ... Levantaría su tez, siendo golpeada por la imagen de semejante fuerza de la naturaleza, cayó desmayada al instante, fulminada. Kovashi alzó una ceja, no entendía nada, así que continuó su camino.
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#22
Por la reacción de Kovashi estaba claro que el viaje no le había resultado incómodo, de hecho le había gustado. Menos mal, parecía que el cuidado que Derya había puesto sirvió para algo.  Ambas cabezas encontraron el aire, y lo primero que dijo él fue que deberían volver a repetirlo alguna vez. Derya no pudo evitar sonreír, imaginando un segundo encuentro. Y eso que aún no había terminado este. — Me encantaría. — Entonces su cabeza giró, mirando hacia el pueblo. Él mismo admitió encontrarse un poco desubicado, pero parecía saber la dirección, más o menos. — Vamos, tengo ganas de verla ya. — Y se rió un poco mientras empezaba a seguirle fuera del agua, empezando a hacer pie y luego ya caminando sobre la arena.

Se dio cuenta de que había empezado a atardecer sutilmente. El cielo comenzaba a teñirse de naranja poco a poco, pronto las farolas del pueblo empezarían a encenderse. Era una hora del día preciosa, "hora dorada", la llamaban algunos por el tono dorado que adquiría todo. Derya estaba algo perdida en esos pensamientos, así que cuando volvió su atención a Kovashi la sorpresa fue tremenda. De repente ahí le vio. Fuera completamente del agua y como su madre le había traído al mismo, desnudo como un bebé. Ella también había salido ya, le tenía justo enfrente. Instintívamente se llevó las manos a la cara, tapándose los ojos con los dedos. De nuevo, el nerviosismo, los colores, el tartamudeo. — S...Sí, cla-claro. Yo... también necesitaría algo... — Al fin y al cabo ella solo tenía un bikini.

Derya juraría ante Dios si fuese preciso que no quería mirarle, pero la curiosidad le jugaba malas pasadas, ¡ella no quería!, que conste. Pero sin querer, separó un poco los dedos que cubrían los ojos y en el hueco entre ellos pudo verle. Verla. Enseguida apartó la mirada, "¿¡pero qué estás mirando!?" se dijo a sí misma en su cabeza como una loca. Pero es que no pudo evitarlo. Era la primera vez que veía a un hombre... desnudo al completo. La primera vez que veía ESO, en persona y en carne y hueso. Una gotita de sudor le recorrió la sien y no dejaba de mover las piernas, nerviosa pero paralizada por la vergüenza. Menos mal que Kovashi empezó a andar, señaló la dirección y se puso en marcha, dándole ahora la espalda a la joven gyojin a punto de desmayarse.

Menos mal, ahora ya no tenía aquel armatoste apuntándole a la cara y diciéndole "¡mírame, obsérvame, soy hermoso!". Aprovechó ese momento para que las palabras salieran de su boca sin más tartamudeos. Vio por el rabillo del ojo el pantalón tirado sobre la arena. — Aunque igual deberías taparte un poco... Llamaremos la atención... — Estaba hablando bajito, igual él ni la había escuchado, pero claro, imagínate que de repente se presentan delante de tu tienda un tio desnudo y una gyojin en bikini, ¿les atenderías? Pues igual no, y era entendible. Ahora que estaba de espaldas, estaba un poco más tranquila... Siguiéndole el paso con solemne obediencia. Joder, si también tenía el culo bonito. "¡Derya, por dios!", apartó la mirada y vio a una niña desmayada sobre la arena, "te entiendo tanto".
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#23
Kovashi no pudo obviar el rostro avergonzado de la mujer, ¿era por su desnudo? no era la primera vez que se topaba con gente sorprendida e incluso enfadada por verlo completamente sin ropa.
— En esta parte del mundo tenéis un gran complejo con el físico — Después, volvió a tomar sus pantalones y comenzaron a dirigirse al pueblo.

Una vez allí un abanico de posibilidades se abría ante ellos. "Waku waku" bar de entretenimiento recién abierto que estaba repleto de pueblerinos con sus familias. "Si vienes, nosotros volvemos" Cafetería. "La horda es la salida" una fantástica casa de prostitución que se había ganado un gran nombre. Y como esas muchas más.  De todos modos el espadachín estaba buscando una bastante concreta. Se fueron introduciendo en el pueblo directamente al centro, allí se toparía con las miradas de la gente, pues tenía el pantalón, pero por no tener no llevaba puesta ni camisa, ni zapatos y además su acompañante iba con pocas prendas de ropa, su piel era roja y joder, era un pescado.

Kovashi estiró el dedo señalando algo. "Gudwin, la comida es un lujo que te puedes permitir" unos neones iluminaban esa cabecera.
— ¡Ahí es! — Alzó la voz, contento a sabiendas de que pronto podría volver a beber. Lo necesitaba más que la comida e incluso que el sexo. Entró de golpe abriendo la puerta de un empujón. — ¡Ya estoy aquí! —  Volvió a levantar la voz.
— Ya tardabas en llegar, Kovashi —  De metro y media de altura, cabello grisáceo, una edad más cercana al origen del ser humano, Lady Cnow, la dueña del local, saludó sin mucha efusividad a nuestro protagonista. —  Supongo que has venido a pagar lo que debes ... — Hubo un pequeño silencio.
—  ¡Jajajajaja! — Avanzó hasta una mesa, tomando a Derya de la mano. — Primero sírvenos el licor mágico, luego hablamos. — Era un local de unos cien metros, bastante amplio, tenía alrededor de diez mesas repartidas con duras distancias para estar tranquilo mientras comes, además ese día, por suerte o por desgracia no había ni un alma, solo Lady Cnow y su guardaespaldas/camarero Naní.
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#24
Derya se alegró de que Kovashi volviera a ponerse los pantalones. Él lo achacó a un complejo con el físico. Aparentemente, él y el lugar de donde venía no tenían problemas con el exhibicionismo. Bueno, pues los raros eran ellos, ¿no? Pensaba Derya mientras se le iba pasando el rubor de la cara. Aunque al momento se sintió mal por pensar que fueran raros, sobre todo ella de entre todos los demás, no debería juzgar tan rápido las costumbres ajenas. Pero también era entendible, al fin y al cabo, la desnudez masculina le quedaba a Derya muy fuera de su experiencia.

En un momento llegaron al pueblo. Vio como Kovashi estaba buscando con la mirada el local donde quería llevarla. Derya no tenía ninguna pista de cómo era, ni del nombre, ni dónde estaba, así que estaba ahí, buscando también con los ojos, pero sin saber lo que buscaba realmente. Aunque fue una ocasión muy buena para analizar en general que ofrecía aquel pueblo. Parecía tener locales bastante variados, cafeterías, bares, también vio alguna tienda de fruta pero que ya estaba cerrada debido a que empezaba a anochecer... Se podía apreciar que llegada la noche, el pueblo tenía cierto ambiente. Finalmente, Kovashi señaló un lugar con el dedo, se trataba de un local con neones en el nombre.

El hombre se adelantó a ella, abriendo la puerta de par en par y adentrándose sin ningún pudor, como quién entraba a su casa. De hecho, le recibieron como tal. Igual ya llevaba tiempo viviendo allí, por eso conocía tan bien la zona y a la gente. Derya le siguió. — ¡Buenas! — Saludó también. Era de mala educación no hacerlo. El buen rollo era palpable, hasta que la mujer, una anciana, aparentemente la dueña del local, dio a entender algún problemilla con los pagos. Se provocó un pequeño silencio, pero Kovashi lo rompió enseguida con una gran risa. Derya sonrió, ignorando el momento incómodo que acababan de pasar.

Kovashi la tomó de la mano y ambos se dirigieron al interior, habiendo ya pedido bebidas para los dos. Fueron a parar a una mesa que estaba contra la pared, así que en lugar de sillas normales, tenía sofá alrededor donde sentarse cómodamente. Derya escogió sitio, palpando la suavidad de los cojines. Su larga cola sobresalía por el extremo del sofá, era lo suficientemente flexible para no molestar. — La verdad es que es precioso. — Dijo mientras observaba sus alrededores. La decoración de las paredes, las lámparas del techo que caían con cristalitos colgando, las ventanas amplias... Podía entender porqué quería llevarla a ese lugar en concreto. Rápidamente, apareció el camarero para dejar ambas bebidas sobre la mesa. A Derya le cayó una gotita de sudor frío por la sien. Llevaba tan TAN mal beber... Le daba un poco de miedo acabar fatal y hacer el ridículo, y a la vez quería desmelenarse y pasárselo bien. Sentimientos encontrados, en el que al final ganó la diversión. Tenía que dejarse fluir más, y es lo que estaba decidida a hacer. Ya estaba bien de pensar tanto las cosas.
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#25
-Por fin- La felicidad invadió el cuerpo del peli blanco, que tomó la jarra con la diestra y se la metió entera de un solo trago. Qué sensación, es que te cubría por completo, las penas se iban, las alegrías venían, no tenía nada negativo que decir del alcohol, dios le libre.
— Abuela, pon dos triples Xl y varias jarras de cerveza buena — Ni la miró, tan solo levantó la mano para hacer su encargo. — Más que por la estética — Se limpió la boca, manchada un poco de su tan preciado elexir. — Es por el alchol y la comida, son los mejores del East blue — Mentira, bueno a medias. Le quedaba mucho por ver en el east, pero de momento si era cierto que esa taberna se llevaba la palma.

— ¿No te gusta? — No pudo obviar que la mujer no se bebía la suya. No todo el mundo era tan fan de las bebidas alcohólicas como ovashi, era consciente, aunque le molestara un poco. Para Kovashi hasta los niños deberían beber, ¿como dejarlos fuera de esta fantástica experiencia? Era casi un crimen. La última vez que estuvo en ese local fue con su jefe Cargo, ¿qué sería de él?
— Aquí tenéis — De mala gana dejó todo lo pedido, tres jarras muy grandes de cerveza y un surtido de diez chupitos Xl
— Gracias, vieja
— De nada, de nada ... — Se fue.

— Esto te va a gustar seguro — Tomó uno de los chupitos, de color negro profundo, de un sorbo para dentro. No le duraban nada.
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#26
Kovashi se fijó en que las dudas de la joven estaban haciendo que aún no se bebiera su copa, así que antes de reforzar aún más aquella impresión, agarró su vaso y se lo bebió de un trago. Era tan amargo, tan caliente, sentía como la garganta le ardía. Frunció los ojos con fuerza mientras intentaba que aquella sensación se le pasase un poco. Enseguida rompió a reír, no se podía creer lo que acababa de hacer, era una copa grandecita y había podido con ella de una tajada. Nunca es tarde para descubrir cosas nuevas de una misma, ¿no? Sabía que mañana se arrepentiría de eso, pero le daba igual.

— Un poco fuerte, ¿no? — No quería decir que no le gustaba, pero es verdad que era difícil de tragar. Tenías que estar muy acostumbrado para poder soportar esos niveles de alcohol sin que la piel se te pusiera de gallina. Entonces llegó la anciana dueña del local y les dejó sobre la mesa lo que Kovashi se había atrevido a pedir para ambos. Cuando Derya vio la cantidad de chupitos que esperaban sobre la mesa, más las tres cervezas grandes, sintió que estaba mirando al abismo, y que éste le estaba devolviendo la mirada. Tuvo una visión del futuro, mañana le dolería la cabeza como nunca. Era como si su cerebro no dejase de decir que no, no y no, pero su cuerpo decía sí, sí, por favor, dame más.

Observó con ojos atentos como el peliblanco se metía entre pecho y espalda uno de esos chupitos sin apenas pestañear. Daba la impresión de que aquello era como beber agua para él. Se acercó uno de los chupitos ella también, lo agarró con la zurda y observó, impresionada, aquel color oscuro, negro como los mares más profundos. Kovashi le había dicho que le iba a gustar seguro, así que sería verdad, ¿no? Tenía que confiar en él, sobre todo cuando ya habían llegado hasta aquí. No podía echarse atrás. Así que antes de que su lentitud volviese a levantar dudas, se llevó el pequeño vasito a los labios y bebió de nuevo de un solo trago.

Un escalofrío volvió a recorrer su cuerpo, esta vez fue menor, porque lo controló un poco más que aquel que le dio en la cueva submarina. Dejó el vasito sobre la mesa con fuerza y del rebote cayó hacia atrás en el sofá, chocando con el hombro y brazo izquierdo de Kovashi. Por un momento, era como si se acurrucara con él. — Está... un poco dulce. — Era el regustillo final que dejaba aquel chupito, lo suficientemente dulce como para que pudiera apetecerle beberse otro. — ¡Me gusta! — Sentenció su valoración con una sonrisa y le miró. De nuevo estaban tan cerca. Pero ya no se ponía nerviosa, estaba contenta, feliz, la voz de su cabeza se había ido callando cada vez más con cada gotita nueva de alcohol que entraba en su cuerpo y ahora ya no era casi ni siquiera un murmullo. — Ahora que estamos aquí... ¿me contarías más de ti? — Era una especie de promesa que hicieron en la cueva, que Kovashi necesitaría alcohol para contarle su vida. Derya no quería presionar, solo estaba genuinamente intrigada, cualquier cosa le bastaría para contentarse. Se acomodó en su pecho, perdiendo su mirada en aquellos tatuajes que recorrían su torso y se alargaban hasta sus brazos. Eran tan estéticos, le quedaban tan bien, y además eran unos dibujos preciosos.
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#27
Ante el trago de Derya, Kovashi respondía con otro. Normalmente más grandes, con más ansia, con una técnica muy contrastada. El uso de la muñeca era un arte para meterse alcohol hasta por las venas. Ambos mostraban sonrisas de estar pasándoselo bien, eso reafirmaba y con creces en Kovashi que la bebida podía mejorar cualquier situación de la vida, por muy buena o mala que sea, siempre daba un repunte positivo, que impresionante forma de ver la vida, la virgen.

— Es dulce porque comprimen al extremo la uva blanca, la mezclan con pequeños toques de miel y después la dejan añejando un tiempo, es un lujo poder beber esto aquí, encima es barato porque estos pueblerinos estúpidos no saben apreciarlo. — Otro trago.  Kovashi dejó su katana tirada en el suelo sin mucho amor, como si le diese cero valor. Le molestaba y cuando lo hacía la soltaba en cualquier lugar, menudo espadachín.

— No sé qué puedo contarte de mi vida, mujer. — Tercer chupito. Ese rascó la fosa sin fondo del Shimatsu, carraspeó. —  Vengo de unas islas muy lejos de aquí, situadas en el Nuevo Mundo, llevo tan solo tres años en modo nómada. —  Sonrió vagamente, con un claro matiz de bajona. —  Y no sé qué más contarte. —  Otro trago. —  Nos hemos quedado casi sin chupitos. —  Cuál mecánica de robot, levantó la mano, aunque lo impresionante de eso fue la rápida reacción de la abuelilla, que apareció de la nada con otra tanda de seis chupitos nuevos.

Le conocían, muy bien además.
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#28
Derya escuchaba a hablar a Kovashi completamente embelesada. No entendía mucho, no sabía nada sobre cómo se hacía el alcohol, y además empezaba a sentirse atontada. Pero lo que decía era lo de menos, a ella le importaba el momento, el calor de su cuerpo contra el de ella, sus estilizados gestos y su atractiva voz. El resto del mundo desaparecía. Intentaba seguirle el ritmo con los chupitos, pero era bastante complicado. El vicio y el tranquillo que le había pillado Kovashi era difícil de igualar. Él bebió el tercero y ella igual. Estaba empezando a notar cómo el calor del alcohol subía por su pecho. Poco a poco se iba acostumbrando y dejaba de sentir tantos escalofríos, pero sabía que estaba justo en el límite. Sabía que si seguía bebiendo, ya no sería consciente de sus actos.

Escuchó la escueta historia de la vida de Kovashi. Sabía que tenía que haber más, que no le estaba contando todo. Pero lo entendió. Ella tampoco le había contado casi nada de la suya, después de todo, y sus cicatrices contaban también parte de su historia. Derya supo que no debería haber sido sencilla, así que era mejor no ahondar demasiado. Ella entendía lo que era ahorrarse detalles escabrosos. Aún así, lo poco que le contó, le llamó suficiente la atención. — ¡El Nuevo Mundo! — Bebió otro chupito, igual que él. Efectivamente, había rebasado el límite del control. — Me encantaría ir allí alguna vez... Dicen que cada isla es única y especial. — Cuando parecía que iban a quedarse sin bebida, enseguida apareció la señora para traerles más. Dios mio, cómo se iba a arrepentir la mañana siguiente. — Seguro que son preciosas, tus islas... — La lengua se le resbalaba entre los dientes. — ¿Cuánto más vamos a beber? A este ritmo... — Soltó una pequeña risita. A ratos estaba enérgica sobre el sofá, y a ratos parecía que se escurría en su asiento, era un manojo de nervios y borracha era impredecible y un poco caótica.

Cogió un chupito más y se lo acercó a Kovashi, dejándolo frente suya. — Te propongo un juego. — Esbozó una sonrisa juguetona. — Verdad o reto. Empiezo yo, quiero reto, y si no lo hago tengo que beber. — Se quedó pensativa unos segundos. — ¿O era el revés, si lo hago bien es cuando bebo? Bueno, da igual, como sea. Vamos allá. — Su mirada hacia Kovashi era intensa, ahora mismo estaba lo suficientemente bebida como para que no le diese miedo hacer nada.
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#29
El alcohol para alguien como Kovashi era ... Un elixir, no lo bebía para alejarse del mundo real, olvidar penas o sentirse mejor, simplemente bebía, era un hombre y los hombres bebían cosas duras, así le habían enseñado y así llevaba aquello a cabo. — Bueno, no viajé mucho por allí, tan solo permanecía en el territorio de mi familia, que sí son islas muy bonitas, con sus cosas buenas y malas, pero no la añoro mucho, estoy feliz estando aquí, contigo, en un mar tan tranquilo como este. —  Volvió a beber. Ese golpe duro en la garganta que tanto parecía estar molestando a Derya (como era normal) animaba al Shimatsu, que sentía una relajación al instante. Como al que le pone duro que le peguen, igual, el ardor le gustaba, ese pequeño escozor ... — Tú puedes beber lo que quieras guapa, nadie ha puesto aquí unas reglas. Además, yo solo quería que lo probaras, es cosa tuya lo de ir bebiendo sin parar jajajajaja. —  Reía.

Los ojos de Derya eran de un verde profundo, ampliado por varias ondulaciones la mar de extrañas. O la veías muy guapa o como un monstruo, no había más salidas, concretamente Kovashi creía que era un encanto, por suerte. Propuso un juego, uno que el borrachín de Kovashi no entendió muy bien. — ¿Quiere decir que yo te tengo que sugerir un reto? —  Se sacó los pelos blancos de la cara, mandándolos hacia atrás, reformando de nuevo su tupé. - ¿Me está fallando mi sexto sentido?- No paraba de mirarle el cabello, rubio, acabado en puntas azules. Desde el primer momento Kovashi suponía haber identificado que se trataba de un rubio falso, de pote, pero ¿y si era natural? como cambiaría el juego aquello. No quiso pensar en eso, negó con la cabeza mientras seguía escuchando a la fémina.

Terminar un atractivo natural por qué nivel de rubio tenía, eso era un pensamiento absurdo, no deseaba que acabara aquello así. Que podría pasar, pues aunque no es definitivo, Kovashi solo terminaba la noche con mujeres de cabello dorado, por mucho que tonteara con otras hembras de distintos colores.
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#30
El alcohol hacía que hablase más rápido y sin pensar, no se dio cuenta de que no había explicado bien lo que proponía. La vergüenza la asoló por un momento, pero enseguida soltó una risita y se le pasó. — Tienes razón, no me he explicado muy bien. — Le salió el instinto de agarrarse otro chupito, pero se controló, quería reservárselo para el juego. Pensaba que igual él ya lo conocía, ya que parecía muy acostumbrado al alcohol. Pero era mejor así, un juego siempre resulta más divertido cuando es la primera vez. Ni siquiera Derya había jugado nunca, lo conocía por unos amigos suyos, pero como no soporta bien la bebida ella no participaba.

— Sí, si yo elijo reto, tu me propones uno. Si no lo hago, entonces tengo que beber lo que tú digas. — Se esforzó en hablar un poco más despacio y centrarse en explicarse con claridad. — Y cuando se elige verdad, la otra persona tiene que hacer una pregunta, y obviamente debe ser respondida con sinceridad. Eso o negarte a responder, pero no se puede mentir. — Se sintió satisfecha con su aclaración. Se había sentado de tal forma que a pesar de estar a su lado, le miraba de frente, así que estaba casi de espaldas a la mesa. — La gente suele decir que elegir verdad es lo más fácil... pero no sé yo, si te preguntan una tontería sí, pero la gente normalmente es una cabrona. —

Había empezado a jugar con un mechón de pelo entre los dedos. Era algo que solía hacer cuando estaba tranquila. El rubio era un color que le gustaba mucho, porque era fácil de combinarlo con casi todos y acompañaba perfectamente a los demás. Podía ponerse las puntas de color azul, rosa, verde, rojo... todos los colores le quedaban bien al rubio. Notaba que Kovashi le miraba de vez en cuando el pelo, Derya pudo notar que le gustaba, no era necesario que lo dijera en voz alta. Así que se lo echó hacia delante, cayéndole por el pecho. Si podía presumir de él, lo haría. — ¿Empezamos? Si quieres puedes ser tú el primero. — Y sonrió, esperando que le pareciera buena idea.
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