15-07-2024, 08:56 PM
La cara de Garnet cuando se percató de quién era la deslumbrante mujer que se situaba frente a él tenía que ser un verdadero poema. La mezcla de emociones que sentía en su interior hacía que le fuera complicado asimilar que Ikirami, la persona a la que ha estado anhelando encontrar desde su adiós, su amada, estuviera allí mismo, a menos de un metro de distancia. Cuando la pelirroja con peluca le ordenó que se pusiera de rodillas y se disculpara por la estupidez que había cometido, el músico, como buen sumiso de su novia - y siendo claro conocedor de lo mal que había actuado - se puso de rodillas, tratando a Ikirami como "ama". En la cara de la marine, al escuchar al pirata decir asentir de esa forma, se dibujó una sonrisa de satisfacción que, Garnet, no fue capaz de ver al hundir su cabeza, inmediatamente en el suelo. Desplazando su mano con la que señalaba hacia el suelo a su otra cadera, murmuró que así le gustaba, llamándole buen chico. Para que mentir, el skypiean seguía con una sensación de miedo pero, no tanto por el hecho de aquella increíble presión que sintió hace unos instantes en su alma, sino por el mero pensamiento de poder perderla y, aún más, por obra de una de las muchas gilipolleces que cometía el pelirrojo, miedo que se incrementaba al sentir como su corazón danzaba de felicidad al escuchar la voz que tanto había añorado todo este tiempo, causando un agradable cosquilleo en su zona lumbar cuando el tono de su voz circulaba a través de su sistema auditivo.
Era por eso que, a pesar de lo orgulloso que era Garnet y de su carácter, a priori, indomable, decidió disculparse de todo corazón pues, si había algo que era aún más importante que su ego, eso era los seres a los que de verdad quería con toda su alma, estando Ikirami, por obvias razones, entre ese selecto grupo de personas. Comenzó a confesar su lamento, alegando que era todo un idiota y un cabeza hueca por actuar como lo había hecho hace escasos minutos, recibiendo -antes de que exhalara un suspiro- la gélida
afirmación de la pelirroja que, gustosamente, recibió. Después de que levantara su mirada del suelo, ansioso de posar su vista en sus radiantes y carmesíes luceros, siguió disculpándose, tanto por haber estropeado lo que podría haber sido un reencuentro de película como por ser un baboso sin ninguna clase de remedio, observando esta vez, como suspiraba de primera mano y enterneciendo la expresión de su rostro, causando que el pelirrojo se sonrojara en el acto. Era una pena que estuviera disfrazada, pues quería ver a su amada tal y como era ella. Pero es que era tan preciosa. Se atrevería a decir incluso que, desde que descubrió que la gótica se trataba de la mismísima Ikirami, le parecía incluso más atractiva, bella y sensual de lo que ya era cuando desconocía este dato. Seguidamente, al declarar como, a pesar de lo bobo que había sido, la seguía queriendo y que no había dejado de buscarla y llamar la atención lo máximo posible para que supiera de ella, ella también se ruborizó. Esas pequeñas señales parecían indicar que, de momento, las disculpas marchaban como la seda así que, con esto en mente, y dado que no podía aguantarse las ganas de tenerla entre sus brazos, fue cuando se levantó con lentitud hacia la marine, sin despegar su vista en ningún momento de perfecto e impoluto rostro que reflejaba un sentimiento de dulzura.
Toda la tensión que había y pudo haber, desapareció de manera abrupta cuando el músico, finalmente, la abrazó, sintiendo como el cuerpo de la mujer se relajaba por completo. Pero aún no podía cantar victoria pues, en su corazón, aún persistía ese miedo de que Iki no le hubiera perdonado del todo por haber coqueteado con una chica que no fuera ella -aunque si lo era-. Al mismo tiempo, pues, que le expresaba de todo corazón lo mucho que se alegraba de verla, de lo mucho que la quería y de lo mucho que le había echado de menos, notó en sus carnes aquel tacto que había soñado sentir día tras día y noche tras noche después de su despedida, posando su mano derecha por detrás de la cabeza del pirata y su izquierda en su hombro, notando como aferraba su camisa de corazones con intensidad. Sumado a esto, el notar la cabeza de su Iki entre su hombro y su cuello más el posterior susurro de su amado llamándole minino, causaba que todo el interior de Garnet se comenzara a derretir de amor, amor que no quería perder por nada del mundo.- ¿Qué sería del menda ahora sin ti? - Se cuestionaba, entre lamentos el músico. De esta forma, al borde de la lágrima y con el corazón a mil, finalizó diciendo que, si aún así, no quería volver a verle que lo entendería, obteniendo, ipso facto, una rotunda negación que hizo que apretara sus labios y respirara aliviado el músico.
Lejos de querer dejar al pirata por su insensatez, Ikirami declaró que no quería pasar más tiempo sin tenerle a su lado, llamándole minino por tercera vez y haciendo que, por un segundo, Garnet abriera los ojos como platos.- ¿Minino...? Mierda...- Pensó el pirata al darse cuenta que su novia no tenía ni idea de lo que había pasado con su fruta y que, para su desgracia y, sabiendo lo que le gustaba, ya no contaba con ella. Esta línea de pensamiento, sin embargo, se vio interrumpida cuando escuchó de los labios de su mujer decirle que le amaba demasiado, más que nada en el mundo y que le había echado de menos cada instante. Las lágrimas que amenazaban con salir con anterioridad lo hacían ahora pero de felicidad, al escuchar como los sentimientos de la marina hacia él no habían cambiado en absoluto. Al decir la pelirroja que no había parado de pensar en él y que no soportaba la idea de no volver a verlo, situó su mano derecha en la parte trasera de su cabeza, entrelazando sus dedos en los cabellos de la peluca que portaba y, al mismo tiempo que ella lo hacía, aferrándola con más fuerza entre sus brazos. Cuando dijo que era un idiota, pero que era su idiota, asintió en silencio, con un par de lágrimas bajando por sus mejillas. Su corazón amenazaba con salir ardiendo por combustión espontánea en cualquier momento.
La bella pelirroja con peluca, entonces, posó la mano que tenía en el pelo de Garnet en su mejilla, haciendo lo mismo con la contraria, situándola en la otra, alejándose lo suficiente para que ambos rostros quedaran frente a frente, declarando que ella, a su amor, le perdonaba todo, causando que el músico exhalara un suspiro lleno de amor y admiración hacia su novia.- Este sandwich de idiota te ama, Iki... Gracias por ser tan increíble, eres la mejor ¿es o no es?- Agradeció el skypiean, diciendo lo primero en referencia a las anteriores palabras de la marine y como, ahora, su cara estaba entre las dos manos de Ikirami, como si de un sandwich se tratara.
Con todo aquel malentendido y metedura de pata esclarecido y perdonado, Garnet ahora no podía dejar de observar con admiración y de cerca la preciosa faz de la mujer que amaba, recorriendo con sus ojos cada célula de la piel de su cara hasta llegar a sus pintados labios. El mero hecho de volver a poder degustar y deleitarse con su sabor y textura hizo que el pirata se mordiera el suyo inferior. No sabía cuánto había estado realmente sin sentir la presencia de Ikirami, pero tan sólo sabía que se le había hecho una eternidad y que no podía estar más tiempo sentir sus labios con los suyos. Como si de dos imanes en perfecta atracción se trataran, Garnet, lentamente, buscando disfrutar del momento, acercaba su boca a la de la marine, al mismo tiempo que ella lo hacía hacia él. El primer beso, después de tanto tiempo, fue uno lleno de dulzura, del más puro de los amores, un beso que gritaba a los cuatro vientos "te quiero" y "te echado de menos". Las manos, que sostenían las mejillas del músico, pasaron a situarse por detrás del cuello de Garnet, rodeándolo. Del mismo modo, la mano que el ex-minino tenía en la cabeza de su amada, la descendió hasta llegar a su cuello, acariciándolo con intensidad por la parte que no tenía el choker puesto. De esta forma, sintió como sus besos, ahora, pasaban a exclamar "te deseo" y "he echado de menos el roce de tu cuerpo". Ikirami, entonces y con complejo de koala, se quedó colgando de Garnet tras dar un salto y cruzar sus piernas alrededor de la cintura del músico. Por instinto, y para ayudar al apoyo de la marine, la mano que tenía aún puesta sobre la cadera, la descendió hasta situarla en sus glúteos, protegidos por esa capa de látex negro que resultaba gustoso al tacto. El pelirrojo sentía como algo se comenzaba a encender en su interior, una pasión que no sentía desde la última vez que la vio. Sus pulsaciones se aceleraban, y con ello el ritmo de sus besos y de sus lenguas danzando. Ardía en deseos de volver a hacerlo con la mujer a la que amaba, a tal punto que le daba igual si lo hacían ahí en el suelo, en mitad de la primera planta. Pero tampoco se había olvidado que, para Garnet, habían quedado cosas pendientes.- Iki...- Intentó comunicar, despegando sus labios de los de su novia, pero sin éxito, al volver a unirse a ellos, como si de un hechizo se tratara.- Hay tantas cosas que...- Un segundo intento.- Tantas cosas que el menda te tiene que contar...- Y ahí iba el tercero. Parecía que ya lo tenía pero no podía luchar contra la pasión que sentía hacia esa mujer.- Pffff, pero ya te contaré...- Dijo resoplando al notar como la temperatura seguía creciendo en él, dejándose caer, seguidamente, hacia delante con lentitud, con cuidado de no hacer daño a Ikirami de forma que quedarían tumbados en el suelo con Garnet por encima.- Ni te coscas de lo que he esperado por esto, Iki...- Siguió diciendo entre besos pasando ahora a morderle, con cierta dificultad por el choker, su cuello. Levantó su cara, entonces, para mirarla con detenimiento.- Eso sí... ¿Puedes quitarte la peluca por esta vez? El menda quiere hacerlo con la "verdadera" Iki, al menos esta primera vez, ¿es o no es?- Confesó sus ganas de verla tal y como ella era, la mujer de la que se había enamorado realmente. Quería volver a ver su perfecto y sedoso cabello pelirrojo. Tras eso, volvió a acercar sus labios a los suyos para seguir besándolos con intensidad. Menos mal que en aquella tienda no había encargados... O eso creía Garnet.
En pleno acto, una presencia apareció tras la misma puerta de la que apareció Iki. Una mole de músculos, de perfectamente dos metros de alto y piel morena de la que, a pesar de su llamativa corpulencia, Garnet no se percató en absoluto, pues estaba demasiado concentrado en lo suyo.- ¡My beautiful lady! ¡My beauty! ¿Where te has metido?- Dijo alguien misterioso a ojos del músico segundos antes de que presenciara lo que estaba ocurriendo en la primera planta de su tienda.- ¡OH MY GOOOOD!- Exclamó, abriendo los ojos por completo y llevándose ambas manos a su boca y juntando todos sus dedos y, observando al músico encima de la marine enrollándose. Y no sólo eso, también vio como varios maniquíes y roperos estaban fuera de lugar.- ¿WHAT in the WORLD ha ocurrido HERE?- Se preguntó el mastodóntico dependiente, con sus manos aún puestas delante de su boca. El grito llamó por completo la atención de Garnet, quién, repentinamente, ante la existencia de espectadores, paró, irguiendo su tronco superior y mirando en dirección de la que provenía la voz.- Hostia puta, ¡vaya bicho!- Pensó, sorprendido el músico y para nada avergonzado de que lo acabaran de pillar dándose el lote con Ikirami.- Ey... ¿Qué hay, tronco?... Bueno, o tronca, puejeje...- Saludó con pachorra, levantando, levemente, su mano derecha a modo de saludo.
Era por eso que, a pesar de lo orgulloso que era Garnet y de su carácter, a priori, indomable, decidió disculparse de todo corazón pues, si había algo que era aún más importante que su ego, eso era los seres a los que de verdad quería con toda su alma, estando Ikirami, por obvias razones, entre ese selecto grupo de personas. Comenzó a confesar su lamento, alegando que era todo un idiota y un cabeza hueca por actuar como lo había hecho hace escasos minutos, recibiendo -antes de que exhalara un suspiro- la gélida
afirmación de la pelirroja que, gustosamente, recibió. Después de que levantara su mirada del suelo, ansioso de posar su vista en sus radiantes y carmesíes luceros, siguió disculpándose, tanto por haber estropeado lo que podría haber sido un reencuentro de película como por ser un baboso sin ninguna clase de remedio, observando esta vez, como suspiraba de primera mano y enterneciendo la expresión de su rostro, causando que el pelirrojo se sonrojara en el acto. Era una pena que estuviera disfrazada, pues quería ver a su amada tal y como era ella. Pero es que era tan preciosa. Se atrevería a decir incluso que, desde que descubrió que la gótica se trataba de la mismísima Ikirami, le parecía incluso más atractiva, bella y sensual de lo que ya era cuando desconocía este dato. Seguidamente, al declarar como, a pesar de lo bobo que había sido, la seguía queriendo y que no había dejado de buscarla y llamar la atención lo máximo posible para que supiera de ella, ella también se ruborizó. Esas pequeñas señales parecían indicar que, de momento, las disculpas marchaban como la seda así que, con esto en mente, y dado que no podía aguantarse las ganas de tenerla entre sus brazos, fue cuando se levantó con lentitud hacia la marine, sin despegar su vista en ningún momento de perfecto e impoluto rostro que reflejaba un sentimiento de dulzura.
Toda la tensión que había y pudo haber, desapareció de manera abrupta cuando el músico, finalmente, la abrazó, sintiendo como el cuerpo de la mujer se relajaba por completo. Pero aún no podía cantar victoria pues, en su corazón, aún persistía ese miedo de que Iki no le hubiera perdonado del todo por haber coqueteado con una chica que no fuera ella -aunque si lo era-. Al mismo tiempo, pues, que le expresaba de todo corazón lo mucho que se alegraba de verla, de lo mucho que la quería y de lo mucho que le había echado de menos, notó en sus carnes aquel tacto que había soñado sentir día tras día y noche tras noche después de su despedida, posando su mano derecha por detrás de la cabeza del pirata y su izquierda en su hombro, notando como aferraba su camisa de corazones con intensidad. Sumado a esto, el notar la cabeza de su Iki entre su hombro y su cuello más el posterior susurro de su amado llamándole minino, causaba que todo el interior de Garnet se comenzara a derretir de amor, amor que no quería perder por nada del mundo.- ¿Qué sería del menda ahora sin ti? - Se cuestionaba, entre lamentos el músico. De esta forma, al borde de la lágrima y con el corazón a mil, finalizó diciendo que, si aún así, no quería volver a verle que lo entendería, obteniendo, ipso facto, una rotunda negación que hizo que apretara sus labios y respirara aliviado el músico.
Lejos de querer dejar al pirata por su insensatez, Ikirami declaró que no quería pasar más tiempo sin tenerle a su lado, llamándole minino por tercera vez y haciendo que, por un segundo, Garnet abriera los ojos como platos.- ¿Minino...? Mierda...- Pensó el pirata al darse cuenta que su novia no tenía ni idea de lo que había pasado con su fruta y que, para su desgracia y, sabiendo lo que le gustaba, ya no contaba con ella. Esta línea de pensamiento, sin embargo, se vio interrumpida cuando escuchó de los labios de su mujer decirle que le amaba demasiado, más que nada en el mundo y que le había echado de menos cada instante. Las lágrimas que amenazaban con salir con anterioridad lo hacían ahora pero de felicidad, al escuchar como los sentimientos de la marina hacia él no habían cambiado en absoluto. Al decir la pelirroja que no había parado de pensar en él y que no soportaba la idea de no volver a verlo, situó su mano derecha en la parte trasera de su cabeza, entrelazando sus dedos en los cabellos de la peluca que portaba y, al mismo tiempo que ella lo hacía, aferrándola con más fuerza entre sus brazos. Cuando dijo que era un idiota, pero que era su idiota, asintió en silencio, con un par de lágrimas bajando por sus mejillas. Su corazón amenazaba con salir ardiendo por combustión espontánea en cualquier momento.
La bella pelirroja con peluca, entonces, posó la mano que tenía en el pelo de Garnet en su mejilla, haciendo lo mismo con la contraria, situándola en la otra, alejándose lo suficiente para que ambos rostros quedaran frente a frente, declarando que ella, a su amor, le perdonaba todo, causando que el músico exhalara un suspiro lleno de amor y admiración hacia su novia.- Este sandwich de idiota te ama, Iki... Gracias por ser tan increíble, eres la mejor ¿es o no es?- Agradeció el skypiean, diciendo lo primero en referencia a las anteriores palabras de la marine y como, ahora, su cara estaba entre las dos manos de Ikirami, como si de un sandwich se tratara.
Con todo aquel malentendido y metedura de pata esclarecido y perdonado, Garnet ahora no podía dejar de observar con admiración y de cerca la preciosa faz de la mujer que amaba, recorriendo con sus ojos cada célula de la piel de su cara hasta llegar a sus pintados labios. El mero hecho de volver a poder degustar y deleitarse con su sabor y textura hizo que el pirata se mordiera el suyo inferior. No sabía cuánto había estado realmente sin sentir la presencia de Ikirami, pero tan sólo sabía que se le había hecho una eternidad y que no podía estar más tiempo sentir sus labios con los suyos. Como si de dos imanes en perfecta atracción se trataran, Garnet, lentamente, buscando disfrutar del momento, acercaba su boca a la de la marine, al mismo tiempo que ella lo hacía hacia él. El primer beso, después de tanto tiempo, fue uno lleno de dulzura, del más puro de los amores, un beso que gritaba a los cuatro vientos "te quiero" y "te echado de menos". Las manos, que sostenían las mejillas del músico, pasaron a situarse por detrás del cuello de Garnet, rodeándolo. Del mismo modo, la mano que el ex-minino tenía en la cabeza de su amada, la descendió hasta llegar a su cuello, acariciándolo con intensidad por la parte que no tenía el choker puesto. De esta forma, sintió como sus besos, ahora, pasaban a exclamar "te deseo" y "he echado de menos el roce de tu cuerpo". Ikirami, entonces y con complejo de koala, se quedó colgando de Garnet tras dar un salto y cruzar sus piernas alrededor de la cintura del músico. Por instinto, y para ayudar al apoyo de la marine, la mano que tenía aún puesta sobre la cadera, la descendió hasta situarla en sus glúteos, protegidos por esa capa de látex negro que resultaba gustoso al tacto. El pelirrojo sentía como algo se comenzaba a encender en su interior, una pasión que no sentía desde la última vez que la vio. Sus pulsaciones se aceleraban, y con ello el ritmo de sus besos y de sus lenguas danzando. Ardía en deseos de volver a hacerlo con la mujer a la que amaba, a tal punto que le daba igual si lo hacían ahí en el suelo, en mitad de la primera planta. Pero tampoco se había olvidado que, para Garnet, habían quedado cosas pendientes.- Iki...- Intentó comunicar, despegando sus labios de los de su novia, pero sin éxito, al volver a unirse a ellos, como si de un hechizo se tratara.- Hay tantas cosas que...- Un segundo intento.- Tantas cosas que el menda te tiene que contar...- Y ahí iba el tercero. Parecía que ya lo tenía pero no podía luchar contra la pasión que sentía hacia esa mujer.- Pffff, pero ya te contaré...- Dijo resoplando al notar como la temperatura seguía creciendo en él, dejándose caer, seguidamente, hacia delante con lentitud, con cuidado de no hacer daño a Ikirami de forma que quedarían tumbados en el suelo con Garnet por encima.- Ni te coscas de lo que he esperado por esto, Iki...- Siguió diciendo entre besos pasando ahora a morderle, con cierta dificultad por el choker, su cuello. Levantó su cara, entonces, para mirarla con detenimiento.- Eso sí... ¿Puedes quitarte la peluca por esta vez? El menda quiere hacerlo con la "verdadera" Iki, al menos esta primera vez, ¿es o no es?- Confesó sus ganas de verla tal y como ella era, la mujer de la que se había enamorado realmente. Quería volver a ver su perfecto y sedoso cabello pelirrojo. Tras eso, volvió a acercar sus labios a los suyos para seguir besándolos con intensidad. Menos mal que en aquella tienda no había encargados... O eso creía Garnet.
En pleno acto, una presencia apareció tras la misma puerta de la que apareció Iki. Una mole de músculos, de perfectamente dos metros de alto y piel morena de la que, a pesar de su llamativa corpulencia, Garnet no se percató en absoluto, pues estaba demasiado concentrado en lo suyo.- ¡My beautiful lady! ¡My beauty! ¿Where te has metido?- Dijo alguien misterioso a ojos del músico segundos antes de que presenciara lo que estaba ocurriendo en la primera planta de su tienda.- ¡OH MY GOOOOD!- Exclamó, abriendo los ojos por completo y llevándose ambas manos a su boca y juntando todos sus dedos y, observando al músico encima de la marine enrollándose. Y no sólo eso, también vio como varios maniquíes y roperos estaban fuera de lugar.- ¿WHAT in the WORLD ha ocurrido HERE?- Se preguntó el mastodóntico dependiente, con sus manos aún puestas delante de su boca. El grito llamó por completo la atención de Garnet, quién, repentinamente, ante la existencia de espectadores, paró, irguiendo su tronco superior y mirando en dirección de la que provenía la voz.- Hostia puta, ¡vaya bicho!- Pensó, sorprendido el músico y para nada avergonzado de que lo acabaran de pillar dándose el lote con Ikirami.- Ey... ¿Qué hay, tronco?... Bueno, o tronca, puejeje...- Saludó con pachorra, levantando, levemente, su mano derecha a modo de saludo.
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![[Imagen: Tb4Z3O3.png]](https://imgur.com/Tb4Z3O3.png)
