18-07-2024, 01:41 PM
No pareció ofendida por mi sugerencia, aunque su respuesta era desesperanzadora. No sabía si tenía muy poca confianza en sí misma o esta siendo realista. No sabía nada sobre el tal Viktor, pero sí que había visto en acción a Sohem y debía ser un rival temible. Era muy probable que tuviese razón y que su arma no pudiese hacer nada contra esos dos. De momento no parecía que tuviesen intención de hacerle daño, ya habían tenido muchas oportunidades, pero su opinión podía cambiar en cualquier momento y, teniendo en cuenta lo impredecible que parecía Sohem, podría ser sin motivo aparente. Era imposible que viviese tranquila en aquella situación, pero parecía que no le quedaba más remedio. Se había resignado y creía que su única opción era confiar en ellos.
—Pues no estaría mal que buscases la manera de defenderte, tener un as bajo la manga —le dije terminando de esparcir la crema y devolviéndole el bote —. Seguro que ahora no quieren hacerte daño y puede que nunca quieran o tengan que hacerlo, pero siempre está bien tener una alternativa por si las cosas se tuercen. Si vas con dos tipos como ellos tienes que ponerte las pilas para no quedarte atrás, demostrarles lo que vales y que no se les pase por la mente la idea de desecharte —me callé de repente al darme cuenta de que, tal vez, estaba hablando de más. Los consejos de una extraña que ni siquiera la conocía no valían nada, pero no me gustaba la idea de que estuviese indefensa ante los cazadores y ante el mundo, en general. A pesar de su aspecto delicado y sus gestos gentiles, seguro que era una mujer inteligente y de armas tomar. No era necesario tener fuerza física para vencer en un combate. Con su arma y entrenamiento era más que suficiente para derrotar a cualquiera, pero eso requería un gran esfuerzo y trabajo constante.
—Seguro que aunque ahora no te veas capaz, podrías vencer a cualquiera de ellos si te lo propusieras —le dije para animarla. Tal vez aquellas palabras le hiciesen abrir los ojos. —Además… Si estuvieses en peligro podrías pedirme ayuda —dudé un poco antes de ofrecerme. Aunque se me diese bien calar a la gente y ella pareciese sincera, tenía por costumbre ser precavida y no confiarme del todo. Más aún teniendo en cuenta con quién se juntaba y cuál era su objetivo. Si algún día llegaba aquel momento ya pensaría si valía la pena arriesgarme, pero ahora no me sentía bien dejando a aquella chica tan amable con los otros dos. —Te puedo dar mi den den mushi. Si me llamas voy a pensar que estás intentando jugármela y, si es así, no dudaría en ir a por ti la primera. Es probable que no acuda porque no pueda o me huela algo raro. Aun así, puedes llamarme si lo necesitas.
Aquello no sería de mucho consuelo. El mundo era inmenso, las posibilidades de coincidir muy pocas y las de que confiase en ella muchas menos, pero, quién sabía.
—Pues no estaría mal que buscases la manera de defenderte, tener un as bajo la manga —le dije terminando de esparcir la crema y devolviéndole el bote —. Seguro que ahora no quieren hacerte daño y puede que nunca quieran o tengan que hacerlo, pero siempre está bien tener una alternativa por si las cosas se tuercen. Si vas con dos tipos como ellos tienes que ponerte las pilas para no quedarte atrás, demostrarles lo que vales y que no se les pase por la mente la idea de desecharte —me callé de repente al darme cuenta de que, tal vez, estaba hablando de más. Los consejos de una extraña que ni siquiera la conocía no valían nada, pero no me gustaba la idea de que estuviese indefensa ante los cazadores y ante el mundo, en general. A pesar de su aspecto delicado y sus gestos gentiles, seguro que era una mujer inteligente y de armas tomar. No era necesario tener fuerza física para vencer en un combate. Con su arma y entrenamiento era más que suficiente para derrotar a cualquiera, pero eso requería un gran esfuerzo y trabajo constante.
—Seguro que aunque ahora no te veas capaz, podrías vencer a cualquiera de ellos si te lo propusieras —le dije para animarla. Tal vez aquellas palabras le hiciesen abrir los ojos. —Además… Si estuvieses en peligro podrías pedirme ayuda —dudé un poco antes de ofrecerme. Aunque se me diese bien calar a la gente y ella pareciese sincera, tenía por costumbre ser precavida y no confiarme del todo. Más aún teniendo en cuenta con quién se juntaba y cuál era su objetivo. Si algún día llegaba aquel momento ya pensaría si valía la pena arriesgarme, pero ahora no me sentía bien dejando a aquella chica tan amable con los otros dos. —Te puedo dar mi den den mushi. Si me llamas voy a pensar que estás intentando jugármela y, si es así, no dudaría en ir a por ti la primera. Es probable que no acuda porque no pueda o me huela algo raro. Aun así, puedes llamarme si lo necesitas.
Aquello no sería de mucho consuelo. El mundo era inmenso, las posibilidades de coincidir muy pocas y las de que confiase en ella muchas menos, pero, quién sabía.
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