09-08-2023, 10:06 PM
(Última modificación: 10-08-2023, 02:08 AM por Terence Blackmore.
Razón: Añadir fecha completa.
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12:43 Día 310 del año 10, Invierno.
Barolé (situado en algún punto del East Blue)
Removí ligeramente la copa con el agitador con el que había venido, un suculento cóctel construido a base de ginebra, fruta de la pasión y algún tipo de agregado de hierbas amargas, que atenuaban levemente el increíble dulzor que desprendía el combinado inicialmente.
El Barolé era un local tremendamente interesante, pues se juntaban personajes de lo más insólito.
Un grupo, situado a la izquierda de la sala, estaba formado por soldados de algún cuartel de la Marina cercano, quizá cuatro o cinco de ellos, que no podían evitar ocultar su nerviosismo novato al estar rodeados de maleantes y aparentemente indefensos. ¿Quizá venían de camino de regresar de alguna misión insulsa?
Por el otro lado de la sala, encontré la mirada insinuante de una mujer que hubiera sido bella, de no ser porque sus rasgos homínidos eran manchados por una piel verdosa decorada por unas escamas tornasoladas a sendos lados de sus orejas, y su pelo yacía lacio por el lateral derecho de su cabeza. Sus manos acabadas en algo parecido a ligeras garras, tenían una particular membrana entre sus dedos. Le acompañaba un hombre calvo y descuidado, prieto, pero alto, quizá algo entrado en edad.
“¿Qué hace una muchacha gyojin sin una cadena al cuello?”- musité en voz baja mientras daba un sorbo a la copa, y esta dejaba caer dos gotas que por poco no mancharon mi camisa de satén de tono blanco, decorada por un lazo negruzco que continuaba la armonía de color de mis ropas, compuestas también por un pantalón de corte recto también negro, y unos zapatos castaño oscuro rematados por espuelas en forma de estrella de cinco puntas y pequeñas dimensiones.
Rememoré por unos instantes lo útiles que eran para tareas de transporte logístico por medio acuático, pues desde mi infancia había contemplado como los compradores de esclavos los utilizaban para mover grandes conjuntos de material a través de los mares.
Finalmente, había otro grupo, piratas quizás, lo que provocó que desdeñara durante unos instantes el ferviente asco por la demihumana.
Estos eran bulliciosos, alcoholizados ligeramente, hablando a viva voz de sus hazañas y riéndose, pero no llegaban a ser molestos para el resto de la sala, mas sí para mí parecer. No pongo en duda que los piratas sean unos buenos clientes, pero a veces eran…problemáticos.
No tenía mucho más que hacer allí que observar a la fauna, pues mi contacto ya se había ido y había cerrado otro negocio provechoso para la familia Blackmore.
