15-08-2024, 04:22 PM
Cita:"El cuartel general de la marina, alertados por los regimientos de la Marina en Momoiro, han recibido un informe peliagudo: Tras un año desaparecidos, la banda de los Alas Negras y los Shogun Gari se han unido en una sola bandera. Han sido acorralados por la División 21, que los ha perseguido por todo este tiempo y clama por refuerzos al considerar que no podrían realizar una operación eficaz dada la condición de la isla y sus diezmadas tropas... y el Almirante Tucrow ha recibido el mensaje, y ha decidido moverse"
Con las órdenes claras y concisas que el Almirante les había dado, Hayato avanzó por las calles del reino con extrema parsimonia y su mano derecha apoyada en la empuñadura de su fiel arma, que reposaba junto al lado izquierdo de su cadera. Los olores, los sonidos y las vibraciones del emplazamiento no eran muy distintos de lo que podría esperar de un lugar como aquel. El sol en su cenit comenzaba a descender en el firmamento. Pese a no poder verlo, el mink sentía la inclinación de los rayos incidiendo en su pelaje. Suspiró, frenando un momento en un callejón y elevando la cabeza para, a continuación, olfatear el aire. El olor de la comida invadió sus fosas nasales, recordándole que aquel día todavía no había comido. Emprendió de nuevo su camino, sacando de su bolsillo una tira de carne que se llevó a la boca. Al verlo por la calle, la mayoría de la gente se apartaba de su camino. “Miedo, inseguridad, sorpresa, curiosidad…” pensaba el marine en su paseo. Por suerte, para ellos, no eran la presa que buscaba aquel día. Las órdenes eran las que eran, y su objetivo allí no eran los revolucionarios que se escondían entre el gentío, sino un grupo de piratas que tras un tiempo volvía a la acción. El problema, pero, era dar con ellos entre la multitud, por ello había recurrido a un truco de perro viejo, o de perro a secas.
No había sido complicado dar con la embarcación de los piratas, el cual a su llegada se encontraba vacío. Se mantuvo en las cercanías hasta dar con un rastro mediante su agudo olfato, el cual conducía desde el barco hacia el interior del bosque. Era un olor ligeramente agrio, como el de alguien que no se ducha demasiado a menudo y hace mucho deporte, y llevaba consigo también el aroma del salitre. Atravesó el bosque con una facilidad asombrosa para alguien de su condición, saliendo finalmente a la propia ciudad. El rastro iba hasta un puesto dentro del mercado al que se dirigió sin rozar siquiera a nadie pese a la gran multitud y su tamaño. Sobre el mostrador, percibía el olor del metal y del cuero, asumiendo que se trataba de armas y confirmando ese hecho cuando el dueño, con una voz más aguda de la que la naturaleza le había dado, lo instó a comprar alguna de sus katanas. Hayato frunció el ceño al percatarse de ello, más molesto por el tendedero que vendía a piratas que por otra cosa. Se quedó cerca de dos minutos quieto frente al puesto, planteándose llamar la atención del hombre para escarmentar su conducta, llevándose varias miradas de la gente por estar plantado ahí en medio. Pero, finalmente, sacudió la cabeza y volvió a andar persiguiendo el rastro del pirata. Lo siguió hasta un puesto de helados, en el que el aroma agrio se mezcló con el dulzor de la piña y el malvavisco, lo cual le pareció un horror culinario, el pirata tenía muy mal gusto, y tras seguir su paseo por la avenida, percibió un nuevo olor junto al primero. “Productos estéticos, olor a mono y… “, se paró un momento para aspirar por la nariz en profundidad, “el olor salado de la bruma marina, acompañado de unas notas secas y terrosas de la madera… Un barco.”, finalizó en su mente. O bien se trataba de un marinero, o, lo que esperaba, se trataba de otro de los piratas.
Ahora, con un paso más enérgico, aunque sosegado igualmente, pues él nunca corría, siguió su olfato a través de la calle hasta llegar a una dónde la gente parecía haber casi desaparecido. Percibió, a escasos 50 metros, a cuatro personas en total. Una de ellas parecía estar en un estado de somnolencia, con un aura prácticamente inexistente, otra, presuntamente en una segunda planta, sus emociones daban vueltas y parecía alterado, como cuando los suyos hacían una fiesta, probablemente borracho y tampoco parecía una amenaza. Finalmente, dos personas que avanzaban de espaldas a él y el alto de los dos preguntaba al más bajo sobre la razón por la que quería ser capitán. El viento soplaba ligeramente en su dirección, permitiéndole comprobar que la esencia que seguía pertenecía a aquellos dos y sus auras no parecían las de unos civiles cualquiera. Con un suspiro y la empuñadura sostenida, como siempre, por su mano derecha, avanzó en su dirección a la vez que el menudo hablaba sobre Triana, Yojimbo y su ambición por ser el mejor pirata de todos. Aquellas palabras no escapaban de su agudo oído, y eran sentencia suficiente para pagar por sus crímenes. Estaba calmado, aquello no era más que un trabajo para él, pero se mantuvo a exactamente 15 metros por detrás de ellos, meditando sobre las palabras que pronunciar. “Ustedes, piratas sin alma, cuyas promesas son mentiras… No, no me convence… Ustedes, los piratas, sombras de la noche sin ley, con las manos manchadas de sangre y codicia… Tampoco.”, se debatía internamente el mink, tamborileando los dedos sobre la empuñadura.
Aclaraciones
Invasion
