16-08-2024, 01:33 PM
Fruncí el ceño ante cada intervención de Jolyne. Seguramente se había ganado su puesto de tesorera al azar, estaba más que claro que no tenía ni idea de gestionar el dinero. Ahora que éramos más, tal vez podríamos sustituirla por otra persona. Ni siquiera era consciente de la cantidad de dinero que habíamos perdido y su única idea fue deshacernos de las monedas, como si no valiesen absolutamente nada. Un desastre. Por lo menos aceptó mi entrenamiento a modo de juego, aunque cambiando la norma más divertida. De igual manera, podría resultar un entrenamiento interesante y cumplía con su objetivo principal.
Antes de que pudiésemos empezar, apareció un tipo de lo más extraño y ridículo pegando gritos de manera escandalosa. Parecía una especie de mono. Me giré para mirarle con cara de pocos amigos. No pensaba aguantar que un imbécil nos arruinase el día. No entendía ni la mitad de lo que decía, solo me quedó claro que era o se llamaba “The hand” y que formaba parte de algún grupo que él llamaba “Zodiacool”. También nos avisó de que su intención era venir a por nosotras, así que probablemente se tratase de un cazarrecompensas o un marine. Estaba aquí por orden de su superior, Admiral Tucrow. ¿Quería decir Almirante? Si era así, la marina debía revisar a quiénes estaba contratando. El nombre me resultaba algo familiar, aunque no sabía de qué. No importaba, si lo que pretendía era detenernos o matarnos, no me contendría, fuera quien fuese. Como si venía el propio Almirante en persona.
Jolyne no tardó en reaccionar. Las intenciones de aquel sujeto estaban claras y ella era el blanco más fácil si no tomaba ventaja. Era consciente de sus debilidades, pero también sabía aprovechar muy bien sus habilidades. Comenzó a correr para alejarse mientras se transformaba en aquella cosa asquerosa y enorme a la que llamaba camaleón. Era lo mejor que podía hacer, así no tendríamos que preocuparnos por ella y nos sería de ayuda desde la distancia. Por mi parte, no le quité el ojo de encima a aquel mono asqueroso. No parecía llevar ningún arma encima, aunque no podíamos confiarnos. No me fiaba para nada de sus extrañas pintas.
Desenvainé mis dos katanas para defenderme con ellas colocándolas en cruz frente a mí y comencé a desplazarme ligeramente en diagonal hacia su lado derecho para tratar de situarme junto a él a 6 metros. Sasha era bastante impulsiva, no sabía cómo reaccionaría, pero confiaría en ella y, sobre todo, en su brutal fuerza y determinación. Éramos tres contra uno, pero este uno, a pesar de sus pintas de payaso, podía darnos alguna sorpresa. —Date el piro si no quieres que te mate a hostias.
Antes de que pudiésemos empezar, apareció un tipo de lo más extraño y ridículo pegando gritos de manera escandalosa. Parecía una especie de mono. Me giré para mirarle con cara de pocos amigos. No pensaba aguantar que un imbécil nos arruinase el día. No entendía ni la mitad de lo que decía, solo me quedó claro que era o se llamaba “The hand” y que formaba parte de algún grupo que él llamaba “Zodiacool”. También nos avisó de que su intención era venir a por nosotras, así que probablemente se tratase de un cazarrecompensas o un marine. Estaba aquí por orden de su superior, Admiral Tucrow. ¿Quería decir Almirante? Si era así, la marina debía revisar a quiénes estaba contratando. El nombre me resultaba algo familiar, aunque no sabía de qué. No importaba, si lo que pretendía era detenernos o matarnos, no me contendría, fuera quien fuese. Como si venía el propio Almirante en persona.
Jolyne no tardó en reaccionar. Las intenciones de aquel sujeto estaban claras y ella era el blanco más fácil si no tomaba ventaja. Era consciente de sus debilidades, pero también sabía aprovechar muy bien sus habilidades. Comenzó a correr para alejarse mientras se transformaba en aquella cosa asquerosa y enorme a la que llamaba camaleón. Era lo mejor que podía hacer, así no tendríamos que preocuparnos por ella y nos sería de ayuda desde la distancia. Por mi parte, no le quité el ojo de encima a aquel mono asqueroso. No parecía llevar ningún arma encima, aunque no podíamos confiarnos. No me fiaba para nada de sus extrañas pintas.
Desenvainé mis dos katanas para defenderme con ellas colocándolas en cruz frente a mí y comencé a desplazarme ligeramente en diagonal hacia su lado derecho para tratar de situarme junto a él a 6 metros. Sasha era bastante impulsiva, no sabía cómo reaccionaría, pero confiaría en ella y, sobre todo, en su brutal fuerza y determinación. Éramos tres contra uno, pero este uno, a pesar de sus pintas de payaso, podía darnos alguna sorpresa. —Date el piro si no quieres que te mate a hostias.
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