17-08-2024, 01:59 AM
Con la puesta del sol cerniéndose lentamente sobre sus cabezas, los dos piratas se giraron, percatándose de la presencia del sereno Mink. En cuanto esto sucedió, Hayato exhaló un suspiro, concentrándose todavía más en su habilidad perceptiva hasta alcanzar el siguiente nivel de ella. Si bien en sus auras podía detectar que ambos estaban por debajo de de él, sobre todo el más bajo de ellos, no era alguien que se tomase el trabajo a la ligera. Y mucho menos cuando el propio Almirante Tucrow les había encomendado la misión a él y sus compañeros. Uno de ellos, el que desprendía el aroma de un mono, alzó la voz llamándolo de forma muy chabacana, demostrando carecer de cualquier tipo de clase y añadiendo con una terrible risa que era hora de la fiesta. Ese comentario lo hizo imaginarse al admirable Tucrow, el cual probablemente habría contestado con algo como “PARA FIESTA, LA QUE TE VA A DAR ESTA, BABY”, moviendo la cola alegremente al pensar en ello. Las orejas del mink se movieron como si de antenas se trataran en cuanto su compañero se mostró confundido ante la idea de una fiesta, no comprendiendo a lo que el otro se refería. Hayato se mantuvo meditativo, todavía no acababa de encontrar la esencia para sus palabras. Desde su punto de vista, las palabras eran algo que requería de concentración y meditación. Las palabras eran el alma del entendimiento, las que forjan el futuro con quienes nos rodeaban, un arte en sí mismo. Sin embargo, aquellos dos no parecían entenderlo. Uno, simplemente vulgar y carente de estilo, y el otro hablando sin parar lanzando preguntas al aire sobre la dolencia del apacible mink. Fuese como fuese, tras aquella breve conversación, casi unilateral, entre ambos, pudo percibir como sus voluntades se torcían propiciando una batalla. El bajo se situó a un metro a la izquierda del otro, alzando sus puños en posición de pelea. Ante aquel cambio en el ambiente, sus instintos primaron sobre lo demás.
—Electro. —habló finalmente el mink, a la vez que de su cuerpo comenzaban a surgir chispas eléctricas, cargándolo con una fuerza ancestral, erizando todo su pelaje y haciendo danzar las holgadas ropas sobre su cuerpo— Soru. —añadió tras sus anteriores palabras, casi al instante.
Con la empuñadura todavía sostenida con su mano derecha, Hayato se abalanzó a una velocidad vertiginosa hacia el hombre alto.
—Tenken. —alzó la voz de nuevo, sin un solo atisbo de variación en su tono, sereno como el rumor de un río.
Hayato, en un movimiento que, de haber podido ser visto, hubiese mostrado la habilidad de un experimentado espadachín formado en cientos de batallas, desenfundó a Hauru con el filo electrizado y bañado en un color oscuro como la misma noche, pasando la hoja de esta por el muslo derecho de su objetivo. El movimiento, certero a la vez que veloz, fue lo suficientemente preciso como para que el mink pasase por su lateral, finalizando el ataque a 5 metros por detrás de este. Como si de una revelación se tratara, al haber hundido la hoja en su enemigo, finalmente halló las palabras que tanto le había costado encontrar. Alzó la espada al cielo, todavía envuelta por ese murmullo eléctrico, colocando su mano izquierda ante su hocico, con los dedos extendidos y abiertos como un abanico.
—Vosotros, piratas, hacedores del mal, villanos que propician el fin de toda bondad habida y por haber. Os encontráis frente a The Paw, miembro de los aclamados y soberbios Zodiacool. —dijo de espaldas a ambos y manteniendo su noble pose con la katana alzada— Bajo la atenta mirada de mi señor, el Almirante Tucrow, me ha sido encomendada la ardua, pero justa, tarea de llevaros ante la inexpugnable ley. Abandonad toda la esperanza, aquellos que se opongan a ella. Rendíos ahora y mostraré clemencia. Awoooooof.
Tras sus palabras y el leve aullido lobuno, con la electricidad fluyendo por su cuerpo todavía, el mink bajó su izquierda hasta la funda y volvió a guardar en ella su espada con su diestra, en un movimiento delicado y sumamente sosegado. No deseaba pelear, aquellos jóvenes, tal vez, y solo tal vez, pudiesen ser reformados algún día y convertirse de nuevo en miembros de la sociedad.
—Electro. —habló finalmente el mink, a la vez que de su cuerpo comenzaban a surgir chispas eléctricas, cargándolo con una fuerza ancestral, erizando todo su pelaje y haciendo danzar las holgadas ropas sobre su cuerpo— Soru. —añadió tras sus anteriores palabras, casi al instante.
Con la empuñadura todavía sostenida con su mano derecha, Hayato se abalanzó a una velocidad vertiginosa hacia el hombre alto.
—Tenken. —alzó la voz de nuevo, sin un solo atisbo de variación en su tono, sereno como el rumor de un río.
Hayato, en un movimiento que, de haber podido ser visto, hubiese mostrado la habilidad de un experimentado espadachín formado en cientos de batallas, desenfundó a Hauru con el filo electrizado y bañado en un color oscuro como la misma noche, pasando la hoja de esta por el muslo derecho de su objetivo. El movimiento, certero a la vez que veloz, fue lo suficientemente preciso como para que el mink pasase por su lateral, finalizando el ataque a 5 metros por detrás de este. Como si de una revelación se tratara, al haber hundido la hoja en su enemigo, finalmente halló las palabras que tanto le había costado encontrar. Alzó la espada al cielo, todavía envuelta por ese murmullo eléctrico, colocando su mano izquierda ante su hocico, con los dedos extendidos y abiertos como un abanico.
—Vosotros, piratas, hacedores del mal, villanos que propician el fin de toda bondad habida y por haber. Os encontráis frente a The Paw, miembro de los aclamados y soberbios Zodiacool. —dijo de espaldas a ambos y manteniendo su noble pose con la katana alzada— Bajo la atenta mirada de mi señor, el Almirante Tucrow, me ha sido encomendada la ardua, pero justa, tarea de llevaros ante la inexpugnable ley. Abandonad toda la esperanza, aquellos que se opongan a ella. Rendíos ahora y mostraré clemencia. Awoooooof.
Tras sus palabras y el leve aullido lobuno, con la electricidad fluyendo por su cuerpo todavía, el mink bajó su izquierda hasta la funda y volvió a guardar en ella su espada con su diestra, en un movimiento delicado y sumamente sosegado. No deseaba pelear, aquellos jóvenes, tal vez, y solo tal vez, pudiesen ser reformados algún día y convertirse de nuevo en miembros de la sociedad.
Aclaraciones
Invasion
