23-08-2024, 02:12 PM
(Última modificación: 23-08-2024, 02:14 PM por Hayato Kiba.)
Tras aquella muestra de poder, Hayato, de todo corazón, deseaba que sus enemigos aceptasen la derrota. Mas, por segunda vez consecutiva, rechazaron su oferta. De una forma u otra, ambos habían acabado en el suelo, sin haber sido capaces de impactar un solo ataque sobre el mink. ¿Realmente creían que podían hacer algo contra él? Pues así debía ser, pues el alto se negó a hincar la rodilla y aceptar pagar por sus pecados. El marine se dispuso a dar un paso al frente comenzando a desenvainar su arma, pero antes de hacerlo, siguiendo a las palabras de aquel pirata, una ominosa aura se expandió atravesando su cuerpo como una ventisca en mitad del invierno. Por un momento, Hayato sintió miedo, un miedo visceral e innato en todos los seres vivos. Era la misma sensación que sentirías al ser acorralado por una bestia, por un monstruo que te mira sonriente y relamiéndose los labios, dispuesto a acabar contigo en cualquier momento. La mano que sostenía la katana comenzó a temblar, pero reafirmó su agarre con la contraria. Aquel poder… era Haoshoku. Eso significaba… que aquel pirata tenía el poder para convertirse en alguien peligroso. Por el momento, con el Kenbunshoku activado a su alrededor, podía sentir su aura y quedaba claro que todavía le quedaba mucho por delante para convertirse en alguien verdaderamente temible. Todavía podía evitarse una desgracia mayor, todavía podía erradicarse la ponzoña que iba a contaminar el lago. Al sentir la resolución fluir de su pecho, su mano dejó de temblar y desenfundó el arma mientras su compañero expulsaba de su nariz una sustancia extraña y generaba una pompa. El mink flexionó sus rodillas y blandió velozmente la hoja, que tomó de nuevo un color azabache, hacia el alto, cruzando su pecho desde abajo hacia arriba y seguidamente, con un rápido movimiento de muñeca, giró la espada para cortar de nuevo hacia abajo, dejando una X en el pecho de su enemigo postrado en el suelo apoyado sobre su codo. El hedor metálico de la sangre inundó las fosas nasales del canino, el cual finalizó el ataque doblando la pierna derecha y pasándola por encima de la rodilla contraria, flexionada, quedando esta apoyada sobre la otra. A la vez, colocó su mano izquierda ante su morro con el índice y corazón extendidos hacia el cielo y con los demás dedos contraídos.
—Awoooooof. —ladró el mink manteniendo su posición— No me complace tener que acabar con tu camino, rey, mis palabras son sinceras. —elevó su cabeza en dirección al pequeño, que se elevaba sobre la pompa que había creado y lo apuntó con la katana ensangrentada sostenida en su diestra— Asume tu derrota, no queda otra, o juro que mi próximo ataque acabará con la vida de tu rufián compañero. La elección queda en tu mano, pero déjame decirte que la vida, aunque cautivo te encuentres, sigue siendo vida, y ese es un destino mucho más clemente que la fría e inexorable muerte.
Con la sentencia emitida, Hayato esperó, sosteniendo la espada extendida hacia el joven elevado. Sus vidas, en sus manos. Él no era juez. Él no era verdugo. Él tan solo era una espada.
—Awoooooof. —ladró el mink manteniendo su posición— No me complace tener que acabar con tu camino, rey, mis palabras son sinceras. —elevó su cabeza en dirección al pequeño, que se elevaba sobre la pompa que había creado y lo apuntó con la katana ensangrentada sostenida en su diestra— Asume tu derrota, no queda otra, o juro que mi próximo ataque acabará con la vida de tu rufián compañero. La elección queda en tu mano, pero déjame decirte que la vida, aunque cautivo te encuentres, sigue siendo vida, y ese es un destino mucho más clemente que la fría e inexorable muerte.
Con la sentencia emitida, Hayato esperó, sosteniendo la espada extendida hacia el joven elevado. Sus vidas, en sus manos. Él no era juez. Él no era verdugo. Él tan solo era una espada.
Aclaraciones
Invasion
