09-08-2023, 11:32 PM
Había oído historias acerca del Barolé en boca de mi maestro, Cromp. Era un restaurante afamado en todo el East Blue, donde se reunían los mejores productos de todo el mar, y en ocasiones de otros mares. Ciertamente no era barato para mi bolsillo, pero era una experiencia por la que merecía la pena gastar dinero, y más aún, un lugar interesante rodeado de todo tipo de personas.
- Es mi presentación en el mundo, aquí puedo encontrarme gente de todo el mundo e ideologías, poder, y quizá incluso altos cargos – Pensé conteniendo una sonrisa de emoción a duras penas.
Mihasy se había quedado atrás, él necesitaba tomarse un tiempo antes de entrar al restaurante, lleno hasta arriba de todo tipo de personas que podrían alterarle con facilidad si no se mentalizaba antes. No puedo culparle, ya que yo mismo he sufrido esa sensación en varias ocasiones.
Antes de entrar estuve contemplando el gran navío desde fuera, el nivel de detalles en ese gran barco era muy bueno. Justo en la parte frontal se podía ver tallado la cabeza de un pez con cuernos. Debo admitir que me hizo gracia pensar que era un pez semioni, como yo.
Finalmente entré y nada más entrar me sentí aliviado. El lugar era tan grande como parecía desde fuera, podía moverme sin ningún problema con mi estatura, algo que muchas veces me produce inconvenientes. Pero muy pronto mis pensamientos se desviaron al resto de la clientela, ya que muchos se habían girado a mirarme, supongo que por mi tamaño.
- Aún no termino de acostumbrarme a esto – Pensé para mis adentros mostrando una sonrisa amable.
- No me miren así, el pez de fuera también tiene cuernos – Dije en voz alta para tratar de relajar el ambiente. Aunque a mi pesar, mi voz pareció amedrentarles más que causarles gracia. Solo unas pocas personas habían reaccionado con humor.
Fue en ese momento donde me percaté que en el lado izquierdo se encontraba un grupo de marines. Desvié la mirada con una sonrisa y me senté en una mesa libre contemplando un poco el tipo de clientela que había a mi alrededor. Los piratas eran del montón al parecer, borrachos y armando escándalo. Eso me favorecía, no es que quisiera ocultarme, pero tampoco me siento cómodo siendo el centro de atención en estas circunstancias.
No muy lejos pude observar a una mujer gyojin, toda una sorpresa para mí, ya que era la primera que veía en toda mi vida. Estuve observándola unos segundos hasta que caí en lo incómodo que podría resultarle eso. Yo mismo acababa de tener la vista de todos hace unos minutos y no me gustó nada. Sin embargo su acompañante me llamó la atención durante unos instantes, algo no olía bien ahí, o yo era demasiado prejuicioso.
Pasaron unos minutos y ya tenía mi bebida en la mesa, una mezcla refrescante con sabor a piña bastante dulce para mi gusto. Lo cierto es que me había provocado un poco de apetito, así que pedí un poco de pescado para comer, acompañado de unas patatas guisadas y salsa marina de la casa. De solo pensarlo se me hacía la boca agua.
En ese momento mi mirada se posó sobre un joven con tez blanca y cabellos negros, aunque llegaba a vislumbrar algunas canas en su pelo. Tenía un rostro bastante perfilado, pero lo que más llamaba mi atención era que su mirada no podía estar quieta. Literalmente estaba analizando a todas las personas en el sitio, y como no podía ser de otra manera, también a mí mismo.
- Este no es un tipo cualquiera – Estuve pensando mientras estudiaba su vestimenta y su forma de moverse. – No creo que sea alguien común.
Mientras pensaba en esto, me preguntaba también cuándo diantres vendría Mihasy. No iba a esperarle para comer, pero a este paso para cuando entrase a comer me dará hambre verlo comer a él.
Y ahí estaba de nuevo la mirada del chico. Supongo que no habrá visto muchos como yo, y desde luego le generaré curiosidad. Pero él a mí también me la generaba. Hay que tener un mínimo de seguridad y confianza para estar comiendo sólo en un sitio si no es por necesidad, y desde luego él no parecía necesitado por lo poco que pude deducir. Si a esto le acompañamos su incesante análisis, era seguro que no se trataba de alguien normal y corriente.
- Estoy esperando a alguien, pero creo que tardará un poco en llegar. ¿Te apetece unirte a mi mesa y conversar? Así dejamos más mesas para los clientes que vayan llegando. – Le dije con una gran sonrisa para transmitirle más confianza.
- Es mi presentación en el mundo, aquí puedo encontrarme gente de todo el mundo e ideologías, poder, y quizá incluso altos cargos – Pensé conteniendo una sonrisa de emoción a duras penas.
Mihasy se había quedado atrás, él necesitaba tomarse un tiempo antes de entrar al restaurante, lleno hasta arriba de todo tipo de personas que podrían alterarle con facilidad si no se mentalizaba antes. No puedo culparle, ya que yo mismo he sufrido esa sensación en varias ocasiones.
Antes de entrar estuve contemplando el gran navío desde fuera, el nivel de detalles en ese gran barco era muy bueno. Justo en la parte frontal se podía ver tallado la cabeza de un pez con cuernos. Debo admitir que me hizo gracia pensar que era un pez semioni, como yo.
Finalmente entré y nada más entrar me sentí aliviado. El lugar era tan grande como parecía desde fuera, podía moverme sin ningún problema con mi estatura, algo que muchas veces me produce inconvenientes. Pero muy pronto mis pensamientos se desviaron al resto de la clientela, ya que muchos se habían girado a mirarme, supongo que por mi tamaño.
- Aún no termino de acostumbrarme a esto – Pensé para mis adentros mostrando una sonrisa amable.
- No me miren así, el pez de fuera también tiene cuernos – Dije en voz alta para tratar de relajar el ambiente. Aunque a mi pesar, mi voz pareció amedrentarles más que causarles gracia. Solo unas pocas personas habían reaccionado con humor.
Fue en ese momento donde me percaté que en el lado izquierdo se encontraba un grupo de marines. Desvié la mirada con una sonrisa y me senté en una mesa libre contemplando un poco el tipo de clientela que había a mi alrededor. Los piratas eran del montón al parecer, borrachos y armando escándalo. Eso me favorecía, no es que quisiera ocultarme, pero tampoco me siento cómodo siendo el centro de atención en estas circunstancias.
No muy lejos pude observar a una mujer gyojin, toda una sorpresa para mí, ya que era la primera que veía en toda mi vida. Estuve observándola unos segundos hasta que caí en lo incómodo que podría resultarle eso. Yo mismo acababa de tener la vista de todos hace unos minutos y no me gustó nada. Sin embargo su acompañante me llamó la atención durante unos instantes, algo no olía bien ahí, o yo era demasiado prejuicioso.
Pasaron unos minutos y ya tenía mi bebida en la mesa, una mezcla refrescante con sabor a piña bastante dulce para mi gusto. Lo cierto es que me había provocado un poco de apetito, así que pedí un poco de pescado para comer, acompañado de unas patatas guisadas y salsa marina de la casa. De solo pensarlo se me hacía la boca agua.
En ese momento mi mirada se posó sobre un joven con tez blanca y cabellos negros, aunque llegaba a vislumbrar algunas canas en su pelo. Tenía un rostro bastante perfilado, pero lo que más llamaba mi atención era que su mirada no podía estar quieta. Literalmente estaba analizando a todas las personas en el sitio, y como no podía ser de otra manera, también a mí mismo.
- Este no es un tipo cualquiera – Estuve pensando mientras estudiaba su vestimenta y su forma de moverse. – No creo que sea alguien común.
Mientras pensaba en esto, me preguntaba también cuándo diantres vendría Mihasy. No iba a esperarle para comer, pero a este paso para cuando entrase a comer me dará hambre verlo comer a él.
Y ahí estaba de nuevo la mirada del chico. Supongo que no habrá visto muchos como yo, y desde luego le generaré curiosidad. Pero él a mí también me la generaba. Hay que tener un mínimo de seguridad y confianza para estar comiendo sólo en un sitio si no es por necesidad, y desde luego él no parecía necesitado por lo poco que pude deducir. Si a esto le acompañamos su incesante análisis, era seguro que no se trataba de alguien normal y corriente.
- Estoy esperando a alguien, pero creo que tardará un poco en llegar. ¿Te apetece unirte a mi mesa y conversar? Así dejamos más mesas para los clientes que vayan llegando. – Le dije con una gran sonrisa para transmitirle más confianza.
