Por alguna razón que no terminaba de comprender los tigueres no reaccionaban después de su ataque. Ambos se habían quedado estáticos en sus posiciones, mirándome como me recomponía. El exceso de Skoomah mi sistema estaba comenzando a hacer mella en mis capacidades neurales y mi resistencia se había reducido considerablemente, por lo que tenía que terminar este trabajo tan rápido como pudiera. Era consciente de que llegaba a este punto, posiblemente terminara como mi madre: cocinado a fuego lento por los alas negras, pero al menos este tiguere iba a demostrar de que estaban hechos los fokin Zodiacool. Tras incorporarme utilizando el apoyo sobre mi rodilla, aproveché el movimiento de zancada hacia el frente para cargar una patada desde la línea de mi cadera y tras extender mi rodilla con potencia apunté con el empeine hacia la cabeza del capitán alado Yojimbo. Aún sentía los efectos de la pesadez que no terminaba de comprender, pero eso no impidió que mi ataque impactara con éxito a pesar de mi debilitado estado, usando toda la fuerza que me quedaba para ello.
Una onda de corte nació de mi empeine y viajó rabuda y veloz hacia la cara del capital lunarian, concretamente hasta su ojo izquierdo, dejando un corte vertical en este que lo atravesaba desde el pómulo hasta el nacimiento de su larga cabellera. Fue entonces que aprovechando el gesto recorrí los metros que nos separaban y tras ubicarme justo delante de él con ambos puños cargados al lado de mi cadera, lancé dos golpes hacia su vientre. Mi puño derecho salió disparado desde mi cadera, rotando ciento ochenta grados en dirección a la mandíbula del capitán, que se encontraba mentalmente en algún lugar distante y ajeno a la realidad de su integridad mandibular. — Los tigueres ya saben que soy puro fuego... ¡Bring that fayah and... CHECK IT OUT, LOOSERS! — exclamé mientras miraba hacia el atormentado capitán, que debía estar retorciéndose por el dolor acumulado tanto como yo mismo por el cansancio.
Una onda de corte nació de mi empeine y viajó rabuda y veloz hacia la cara del capital lunarian, concretamente hasta su ojo izquierdo, dejando un corte vertical en este que lo atravesaba desde el pómulo hasta el nacimiento de su larga cabellera. Fue entonces que aprovechando el gesto recorrí los metros que nos separaban y tras ubicarme justo delante de él con ambos puños cargados al lado de mi cadera, lancé dos golpes hacia su vientre. Mi puño derecho salió disparado desde mi cadera, rotando ciento ochenta grados en dirección a la mandíbula del capitán, que se encontraba mentalmente en algún lugar distante y ajeno a la realidad de su integridad mandibular. — Los tigueres ya saben que soy puro fuego... ¡Bring that fayah and... CHECK IT OUT, LOOSERS! — exclamé mientras miraba hacia el atormentado capitán, que debía estar retorciéndose por el dolor acumulado tanto como yo mismo por el cansancio.
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