01-09-2024, 06:07 AM
(Última modificación: 01-09-2024, 06:08 AM por Kazuya Kazehaya.)
Al darme cuenta de la muerte de Eaa no sentí lastima ni nada muy especial pero de cierta manera me sentí extraño al verla allí tirada, algo que no me había ocurrido con el resto de cuerpos que había visto anteriormente, quizá porque era mujer, quien sabe. Debido a la incomodidad de esa vista retiré la mirada de su cuerpo y observé los alrededores.
— Nunca habría imaginado un lugar como este —pensé al ver la densa vegetación que apenas permitia que se filtrara un rayo de sol. Las hojas de los arboles formaban una especie de techo sobre mi cabeza.
Definitivamente el aire dentro de la selva era distinto al aire en la playa, algo nuevo para mi sistema respiratorio. Dentro de aquella selva aire era húmedo y caliente, con un aroma a tierra mojada y hojas en descomposición. Al poner mis manos sobre la tierra también me di cuenta que el suelo era blando y húmedo en lugar de arenoso y seco. Los sonidos también eran nuevos, el canto de distintas aves, el zumbido de los insectos y ruidos lejanos desconocidos que creaban una sinfonía natural.
Al alzar la vista, me encuentro con unos insectos enormes que me observaban con ojos compuestos, que poseían alas transparentes y cuerpos brillantes, los insectos parecían tener una especie de trompa y estar oliendo algo en mi dirección. Al verlos detenidamente sentí un escalofrío recorrer mi espalda producto de la mirada de aquellos insectos. Me dio un poco de grima y algo me decía que era a mí a quien estaban oliendo a la distancia.
Alcé mi brazo y efectivamente mi nariz sintió un olor del que no me había percatado, quizá porque debajo del agua los olores corporales no resaltaban demasiado debido a la cantidad de sustancias disueltas en el mar. Mi sudor se me mezclaba con el olor a pescado y a mar.
El olor que desprendía mi cuerpo atrajo a los insectos hacia mí, la sorpresa no me permitió activar mi fruta por lo que me limité a cortar en dos a todos los insectos con la lanza. Al atacarlos perdí el equilibrio por culpa de mi cola y caí de espaldas.
Al caer esperé el golpe contra el suelo duro, húmedo y frio; pero, aunque caí en algo frio, no era duro sino blando. Estando en decúbito supino sobre aquella “superficie blanda” mi rostro se puso pálido y luego colorado al comprender lo que pasaba.
—Mierda… Eaa… El cuerpo de Eaa… —pensé mientras hice el esfuerzo de levantarme apoyando mis manos en algo mucho suave.
Al girar la vista observé algo que me dejo impactado, tan impactado que no me percaté que el punto de apoyo que había usado era uno de los senos de la pelirroja.
— ¿Qué demo…? —dije a medias, en voz alta, para luego tragar grueso. Algo extraño estaba ocurriéndole al cuerpo de la pelirroja.
— Nunca habría imaginado un lugar como este —pensé al ver la densa vegetación que apenas permitia que se filtrara un rayo de sol. Las hojas de los arboles formaban una especie de techo sobre mi cabeza.
Definitivamente el aire dentro de la selva era distinto al aire en la playa, algo nuevo para mi sistema respiratorio. Dentro de aquella selva aire era húmedo y caliente, con un aroma a tierra mojada y hojas en descomposición. Al poner mis manos sobre la tierra también me di cuenta que el suelo era blando y húmedo en lugar de arenoso y seco. Los sonidos también eran nuevos, el canto de distintas aves, el zumbido de los insectos y ruidos lejanos desconocidos que creaban una sinfonía natural.
Al alzar la vista, me encuentro con unos insectos enormes que me observaban con ojos compuestos, que poseían alas transparentes y cuerpos brillantes, los insectos parecían tener una especie de trompa y estar oliendo algo en mi dirección. Al verlos detenidamente sentí un escalofrío recorrer mi espalda producto de la mirada de aquellos insectos. Me dio un poco de grima y algo me decía que era a mí a quien estaban oliendo a la distancia.
Alcé mi brazo y efectivamente mi nariz sintió un olor del que no me había percatado, quizá porque debajo del agua los olores corporales no resaltaban demasiado debido a la cantidad de sustancias disueltas en el mar. Mi sudor se me mezclaba con el olor a pescado y a mar.
El olor que desprendía mi cuerpo atrajo a los insectos hacia mí, la sorpresa no me permitió activar mi fruta por lo que me limité a cortar en dos a todos los insectos con la lanza. Al atacarlos perdí el equilibrio por culpa de mi cola y caí de espaldas.
Al caer esperé el golpe contra el suelo duro, húmedo y frio; pero, aunque caí en algo frio, no era duro sino blando. Estando en decúbito supino sobre aquella “superficie blanda” mi rostro se puso pálido y luego colorado al comprender lo que pasaba.
—Mierda… Eaa… El cuerpo de Eaa… —pensé mientras hice el esfuerzo de levantarme apoyando mis manos en algo mucho suave.
Al girar la vista observé algo que me dejo impactado, tan impactado que no me percaté que el punto de apoyo que había usado era uno de los senos de la pelirroja.
— ¿Qué demo…? —dije a medias, en voz alta, para luego tragar grueso. Algo extraño estaba ocurriéndole al cuerpo de la pelirroja.
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