03-09-2024, 12:40 PM
En su posición extraña de sentadilla, el sabueso prestaba atención a sus dos enemigos, apuntando con su arma al que levitaba sobre él. A esas alturas ya debían comprender con claridad su situación, o eso esperaba él, de nuevo. Tumbado en el suelo, el alto se quejó, dirigiendo su voz hacia el marine para preguntarle si dejaría en paz al joven si se entregaba.
—… —se mantuvo el mink en silencio, meditando sobre lo que implicaba aquello.
Por un lado, uno de ellos pagaría por sus crímenes y sería llevado ante la justicia, pero por el otro quedaría uno libre. No era una opción válida, por desgracia. Y menos cuando se trataba de tan solo un crío. Para el perruno, capturar al joven era hacer lo mejor para el chaval, por muy mal que pudiese sonar. Tal vez podrían ser más permisivos y reformarlo para reincorporarlo a la sociedad. Incluso, pensó, tratándose de un usuario, podría aspirar a convertirse en un marine y que sus crímenes fuesen arrojados al olvido. Podría tener un gran futuro… Mientras cavilaba sobre la situación, el joven le gritó a su compañero, que si él se iba, él iría con él. El perro suspiró, y, algo que escapó a su percepción sucedió, haciendo estallar la bola que flotaba por encima de él. El niño se precipitó hacia él, directo hacia su espada, e intentó desviarla. En cuanto sintió la mano posarse sobre su espada, rotó sobre si mismo deshaciendo su pose y dio un paso alejando tanto el arma como su cuerpo un metro, acortando la distancia hacia su enemigo tumbado en el suelo, quedando ahora a un metro de él. El chaval se estampó de bocas contra el suelo frente a él al no encontrar nada más con lo que impactar. En ese momento, Hayato blandió la hoja de su katana en un veloz movimiento, a la vez que su arma se envolvía en un color negro. Impactó su hoja directamente en la espalda del chico frente a él en el suelo, repitiendo el ataque que hacía unos momentos había sufrido su compañero y dejando en su espalda una X marcada en ella. Envainó la katana y dio una vuelta de trescientos sesenta grados, llevando su diestra al centro del pecho, cogiendo entre sus dedos su kimono y llevándolo hacia afuera para abrirlo ligeramente hacia la derecha. Apoyó la mano izquierda en su cadera del mismo lado y flexionó las rodillas ligeramente.
—Se acabó, awoooooof. —sentenció el marine alzando el hocico al cielo, donde la luna asomaba ya en el cielo— La huelo… —murmuró el mink casi para si mismo— Siento que la jornada llega a su fin, al igual que vuestros días de fechorías. Lamentablemente, y muy a mi pesar, no puedo permitir dejaros a ninguno en libertad. La órdenes son absolutas, y en algún futuro lo agradeceréis. Decidme, ¿podéis verla en lo alto? —preguntó retóricamente acompañando la pregunta con un suspiro— Su luz de plata baña ahora este reino impío. Esquiva mi mirada cada noche, pero la siento. ¿Bañará también la piel de mis compañeros en su lucha contra vuestros compinches? Me pregunto como les…
Las orejas del can se irguieron en un instante a la vez que su cola se extendía, tensa. Volvió a una posición serena, apoyando la mano derecha sobre la empuñadura de su arma. Levantó el labio superior a la vez que un gutural gruñido surgía de su garganta, dejando entrever su dentadura blanca ligeramente por un instante. ¿Era posible aquello que notaba? La presencia de varios de sus compañeros había desaparecido por completo, se habían extinguido como pequeñas cerillas en mitad de un vendaval. En completo silencio, recuperando su imperturbable expresión, Hayato emprendió la marcha hacia su derecha, dejando atrás a ambos piratas. Sus pasos eran sosegados y el silencio de la calle hacía que no se escuchara más que el repiqueteo de sus geta de madera sobre los adoquines.
—La parca ha acudido hoy a Momoiro. Su hoja ya ha dictado sentencia de muerte… —dijo el mink alejándose a paso lento— pero no la vuestra. Sanad vuestras heridas, buscad cobijo en la noche. Vuestra carne volverá a probar mi hoja… mas no hoy.
Hayato se dirigió hacia una de las calles laterales, frenando un momento antes, como si quisiera mirar hacia ambos, a pesar de no poder hacerlo.
—Luna en lo alto,
sombras llevan la muerte,
silencio eterno… —finalizó antes de desaparecer tras la esquina.
Tras haber dejado a sus enemigos atrás y haberse alejado a través de uno de los callejones, Hayato metió la mano izquierda en su bolsillo, buscando cuidadosamente un utensilio que no había esperado tener que usar. En ella, ahora reposaba lo que parecía una gruesa bara rojiza del tamaño de una botella de vino, que tenía en un extremo lo que parecía un botón en color blanco. Elevó la mano en dirección a las estrellas y accionó el botón. Un fogonazo, que de haber mantenido su visión, lo hubiera cegado, surgió de la punta inferior del utensilio y, como un géiser, la parte superior salió despedida a lo alto. Cuando dicha punta llegó a alcanzar los 200 metros de altura, dejando tras de sí una línea de humo blanco, esta estalló en pedazos como si de un fuego artificial se tratase, dejando una marca en forma de pata canina que iluminó el cielo nocturno de la ciudad, visible desde cualquier punto de la isla, como si de una constelación se tratase, y acompañada de un fuerte estruendo por la explosión. Después de lanzar la bengala, aceleró su paso con un destino muy claro en mente.
—… —se mantuvo el mink en silencio, meditando sobre lo que implicaba aquello.
Por un lado, uno de ellos pagaría por sus crímenes y sería llevado ante la justicia, pero por el otro quedaría uno libre. No era una opción válida, por desgracia. Y menos cuando se trataba de tan solo un crío. Para el perruno, capturar al joven era hacer lo mejor para el chaval, por muy mal que pudiese sonar. Tal vez podrían ser más permisivos y reformarlo para reincorporarlo a la sociedad. Incluso, pensó, tratándose de un usuario, podría aspirar a convertirse en un marine y que sus crímenes fuesen arrojados al olvido. Podría tener un gran futuro… Mientras cavilaba sobre la situación, el joven le gritó a su compañero, que si él se iba, él iría con él. El perro suspiró, y, algo que escapó a su percepción sucedió, haciendo estallar la bola que flotaba por encima de él. El niño se precipitó hacia él, directo hacia su espada, e intentó desviarla. En cuanto sintió la mano posarse sobre su espada, rotó sobre si mismo deshaciendo su pose y dio un paso alejando tanto el arma como su cuerpo un metro, acortando la distancia hacia su enemigo tumbado en el suelo, quedando ahora a un metro de él. El chaval se estampó de bocas contra el suelo frente a él al no encontrar nada más con lo que impactar. En ese momento, Hayato blandió la hoja de su katana en un veloz movimiento, a la vez que su arma se envolvía en un color negro. Impactó su hoja directamente en la espalda del chico frente a él en el suelo, repitiendo el ataque que hacía unos momentos había sufrido su compañero y dejando en su espalda una X marcada en ella. Envainó la katana y dio una vuelta de trescientos sesenta grados, llevando su diestra al centro del pecho, cogiendo entre sus dedos su kimono y llevándolo hacia afuera para abrirlo ligeramente hacia la derecha. Apoyó la mano izquierda en su cadera del mismo lado y flexionó las rodillas ligeramente.
—Se acabó, awoooooof. —sentenció el marine alzando el hocico al cielo, donde la luna asomaba ya en el cielo— La huelo… —murmuró el mink casi para si mismo— Siento que la jornada llega a su fin, al igual que vuestros días de fechorías. Lamentablemente, y muy a mi pesar, no puedo permitir dejaros a ninguno en libertad. La órdenes son absolutas, y en algún futuro lo agradeceréis. Decidme, ¿podéis verla en lo alto? —preguntó retóricamente acompañando la pregunta con un suspiro— Su luz de plata baña ahora este reino impío. Esquiva mi mirada cada noche, pero la siento. ¿Bañará también la piel de mis compañeros en su lucha contra vuestros compinches? Me pregunto como les…
Las orejas del can se irguieron en un instante a la vez que su cola se extendía, tensa. Volvió a una posición serena, apoyando la mano derecha sobre la empuñadura de su arma. Levantó el labio superior a la vez que un gutural gruñido surgía de su garganta, dejando entrever su dentadura blanca ligeramente por un instante. ¿Era posible aquello que notaba? La presencia de varios de sus compañeros había desaparecido por completo, se habían extinguido como pequeñas cerillas en mitad de un vendaval. En completo silencio, recuperando su imperturbable expresión, Hayato emprendió la marcha hacia su derecha, dejando atrás a ambos piratas. Sus pasos eran sosegados y el silencio de la calle hacía que no se escuchara más que el repiqueteo de sus geta de madera sobre los adoquines.
—La parca ha acudido hoy a Momoiro. Su hoja ya ha dictado sentencia de muerte… —dijo el mink alejándose a paso lento— pero no la vuestra. Sanad vuestras heridas, buscad cobijo en la noche. Vuestra carne volverá a probar mi hoja… mas no hoy.
Hayato se dirigió hacia una de las calles laterales, frenando un momento antes, como si quisiera mirar hacia ambos, a pesar de no poder hacerlo.
—Luna en lo alto,
sombras llevan la muerte,
silencio eterno… —finalizó antes de desaparecer tras la esquina.
Tras haber dejado a sus enemigos atrás y haberse alejado a través de uno de los callejones, Hayato metió la mano izquierda en su bolsillo, buscando cuidadosamente un utensilio que no había esperado tener que usar. En ella, ahora reposaba lo que parecía una gruesa bara rojiza del tamaño de una botella de vino, que tenía en un extremo lo que parecía un botón en color blanco. Elevó la mano en dirección a las estrellas y accionó el botón. Un fogonazo, que de haber mantenido su visión, lo hubiera cegado, surgió de la punta inferior del utensilio y, como un géiser, la parte superior salió despedida a lo alto. Cuando dicha punta llegó a alcanzar los 200 metros de altura, dejando tras de sí una línea de humo blanco, esta estalló en pedazos como si de un fuego artificial se tratase, dejando una marca en forma de pata canina que iluminó el cielo nocturno de la ciudad, visible desde cualquier punto de la isla, como si de una constelación se tratase, y acompañada de un fuerte estruendo por la explosión. Después de lanzar la bengala, aceleró su paso con un destino muy claro en mente.
Aclaraciones
Invasion
