[Presente relativo] Bajo el sol de Kyodaina
#56
Intenté escapar, no fue posible.- Soy imbécil - pensé. Apunté mi katana hacia el cielo, opacado por aquella cúpula dorada y la pinché y con un suave movimiento corté la mantequilla, generando una abertura. Un leve haz de luz salió en consecuencia.

- Oh, vaya - Dije mientras mis palabras retumban contra los pegajosos y acolchados muros de mi prisión. Le hablé a la bruma y la bruma obedeció. Una fina hilera de humo empezó a salir de aquella rendija que había generado, mientras en el interior de aquella cúpula mi forma se perdía entre grises motivos formando una nube que poco a poco iba devorando mi silueta. El humo bailó saliendo como si de una fuga de gas se tratara, entonces generé mi cabeza, la imagen era macabra, solo mi cabeza conectada al interior de aquel recipiente mientras el humo escapaba de ella, poco a poco liberándome inevitablemente de mi captura . Miré al peliblanco tirado en el suelo y al enorme Oni parado en sobre la arena de la playa en pie. Miré a Ben mientras recorría el perímetro y sobrevolaba a mis enemigos como una serpiente de humo con una cabeza humana y con cuernos, cuándo digo que soy un demonio no es una fantasía, es que lo soy. Me sorprendió la utilidad del mink, además, me agradaba en sobremanera su tono invariable, nunca parecía sobrepasado por la situación y se había acoplado bastante bien a mis designios.

- Hmm - Asentí desde mi forma serpientica mientras me paraba al lado de él, el humo fue recomponiéndose poco mientras la totalidad de mi cuerpo se formaba a su lado, en escasos segundos volvía convertirme en mi forma natural. No parecían moverse, Ben los había parado en seco. Era una habilidad temible, mis cabellos se erizaron solo de pensar en todas las personas que podría dejar a mi merced sin posibilidad de contrataque, quizá fuera el momento de brindarle una enhorabuena, pero yo no soy ese tipo de capitán, aquel sonido gutural debería de valerle por ahora. 

Mi katana y Nicolás habían atravesado también aquella cúpula gracias a la abertura que había generado con mi corte. Pensé en acabar con sus vidas en aquel momento.

- Quédatelos... - La voz de Nicolás se escuchó como un susurro, parecía que su tono estaba cambiando, no reconocía aquellas notas en su estridente voz - Ya has ganado... -

En cierto modo tenía razón... Pero... Habían matado a Zarek. Oprimí con fuerza la katana, las venas de mi mano se hincharon y en mi antebrazo empezó a verse una maraña de músculos fibrosos y rotos, fruto de un arduo entrenamiento con la katana. 
Pero la idea de tener a aquel individuo que había conseguido encerrarme y al otro que podía destruir el terreno como si fueran ramas secas, era demasiado tentadora. 

- Necesitas soldados... - La voz susurrante de Nicolás enredaba mis pensamientos. Ellos son soldados. Observé con pasividad a ambos sujetos, cuerpos definidos y musculosos, entrenados para el combate, en realidad eran soldados. Apreté los dientes que fuerza. Yo quería matarlos. Debían morir.

- No existe vencedor... - Caminé al lado de ben con mi katana apuntando hacía el suelo, su mellada hoja no estaba satisfecha, ansiaba más sangre, generar más dolor, el humo que se arremolinaba en mi interior pedía que aquella playa se sumiera en un duelo. Su filo negro opacaba la luz que la iluminaba, incluso la misma luz parecía postrarse ante la hoja del luto. Mis pasos me hicieron avanzar 5 metros, caminé con la tranquilidad que lo haría un verdugo. Me paré a la altura de la garganta de aquel ser, el último en tocar a Zarek, el que lo había utilizado como un mono de trapo. La locura acariciaba mi mente como una amante lujuriosa, con dedos suaves y un aliento embriagador, me invitaba a caminar el sendero de la destrucción, el todo por el nada, parecía decirme "El precio de una vida se paga con otra". Con unos ojos totalmente vacíos y sin expresión, aquel ser que habita dentro de mi, que no es otro si no yo, movió el filo de la espada y apuntó con ella la garganta amoratada del inmóvil humano, su punta pendía sobre su cuello, sujete ahora, por mis dos manos, las cuales se juntaban sobre su mango, anteponiéndose una sobre la otra. Unas leves gotas de la sangre de Eaa gotearon sobre su garganta, la cuál seguía presente, pero opaca por el oscuro metal que forma mi hoja, parecía que mi espada lloraba con sangre la pérdida de otra vida más que se había encontrado con mi sendero de caos y destrucción.  A sabiendas de que estaba a punto de negarme a mi mismo 2 preciadas piezas del puzzle que debía montar terminé la frase antes de emitir el golpe con el que atravesaría su garganta - Sino Ashura - 



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RE: [Presente relativo] Bajo el sol de Kyodaina - por Ashura - 04-09-2024, 12:20 AM

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