10-08-2023, 12:59 AM
Ante mi aburrida mirada, tasando las particularidades de cada ente que se encontraba en la sala, escudriñando a los capaces y desestimando a la carroña básica de la que se compone la mayor parte de la materia mundana, surgió un hombre curioso. Este empequeñecía a la sala, lo que provocaba una cómica imagen de juguete que no encaja en esta casa de muñecas que era la estancia central del Barolé.
Incluso yo no pude evitar sonreír durante unos instantes por formular esa imagen en mi mente, la cual desestimé ante un análisis más exhaustivo de dicho ser, al fin y al cabo, era algo heredado desde la más tierna infancia… bendito tesoro.
El curioso sujeto que se había sentado a mi proximidad, tenía las características que podían identificarlo quizá como un gigante, pero no encontraba en él la cabeza abultada de estos, los miembros torpes y lentos andares, o el gesto bobalicón y casi inocente con el que balbucean esas experiencias a las que ellos denominan sus gestas.
Era notablemente más pequeño que estos, y en cierto modo podía pensar en algún tipo de hibridación con un humano, algo que me repugna, pero presto rechacé dicha idea. La complexión equilibrada, aunque potente del hombre, sumado a una mirada perspicaz y sus rasgos que recordaban a las leyendas que había estudiado de joven, disparaban ante mí una realidad novedosa.
¿Es acaso esto un Oni?
Es cierto que en nuestra sociedad se habla de ellos constantemente, pero es una de las razas menos frecuentes, puede que casi legendaria en las tierras bañadas por el East Blue. Sin duda, podrían ser unos esclavos de una gama premium, pero quizá también tremendamente incontrolables. Que casualidad más interesante ¿No?
Despertándome de mi viva ensoñación en la cual los negocios despertaban al depredador que hay en mí y, pausando la focalización mental que estaba naciendo y volviendo a mi usual estoicidad, el individuo de pelo argénteo me ofreció conversación y unirme a su mesa.
De tal forma una suerte de resonancia debió nacer en ese momento de análisis, pues tal cual yo había posado mis procesos mentales sobre dicha persona, esta había centrado su atención en mí, probablemente obviando el usual camuflaje que proporcionaba la marabunta del gentío.
- “Por supuesto, pareces un sujeto interesante… ¿Un Oni tal vez?”- respondí ligeramente ocioso. Los ámbitos sociales recreativos no eran mi mayor divertimento, mas no podía dejar de reconocer que uno acaba haciéndose a ello en un negocio como el mío.
Tranquilamente, tomé mi copa por la parte superior con la mano derecha y me situé de un movimiento elegante, quizá algo altivo, al asiento que se situaba frente al caballero.
- “No me tomes a mal, pero no encontramos muchos de los vuestros en estas tierras y para variar, pareces ser uno de los pocos con una mirada que arde con una auténtica llama de pasión real” – continué sin dejar espacio a respuesta a la anterior pregunta y señalando tenuemente con un grácil gesto de mi mano izquierda al grupo situado a nuestra derecha, ahora detrás de mí.
La situación había cambiado, y ahora la pérfida mancha oceánica que oscilaba alrededor del hombre obeso a la que las leyes me obligarían a reconocer como igual, la gyojin fútilmente seductora, jugueteaba con una piruleta que se llevaba a la boca y dejaba entrever unas piezas dentales incisivas y una lengua de un tono purpúreo. No pude evitar mirar de manera despectiva, casi inquisitiva en un duelo de miradas que apenas duró un segundo y del cual fui vencedor.
Aunque estaba acostumbrado a tratar con el material piscícola, no era estúpido. No quería un altercado en un lugar tan desprovisto de seguridad como era este enclave, aunque he de reconocer que en momentos así probablemente le hubiera cruzado la cara por dirigirme esa mirada juguetona.
El negocio de los esclavos sexuales está bien, pero es mucho menos lucrativo que la logística de operativos especializados en contra de su propia voluntad, una bonita manera de llamar a los trabajadores que morían en su jornada laboral no remunerada.
Unos segundos después, mientas esperaba la respuesta de mi nuevo y masivo acompañante al tiempo que volvía a dirigir la mirada hacia él, el proyecto de banda pirata que tenía ahora más a la derecha comenzó a escupir canciones, insultos y demás bazofia barata que ellos llamaban música.
Comprendo que arengar es un valor interesante para motivar a tus trabajadores, y que recrear un sentimiento de pertenencia a un grupo refuerza la dedicación hacia algún tipo de tarea concreta, pero lejos de resultar una motivación esta imagen era casi ridícula.
Mientras pensaba en todo ello, mi mano derecha posó finalmente la copa vacía que transportaba casi inconscientemente desde mis labios perfectos, al tiempo que volvía al plano temporal que había obviado por la focalización que había realizado sobre la situación del establecimiento.
- “¿Qué te ha traído por el aburrido, tranquilo y en ocasiones hasta repetitivo East Blue?” - espeté de manera ciertamente adusta aún de manera inconsciente, pero tomando forma de una pregunta que, si bien parecía simple, podía dar lugar y ofrecimiento a una gran conversación entre dos seres que ciertamente, salvábamos la capacidad mental media de aquel lugar, pues no hacía falta más que mirar la afilada expresión del cano para entrever una ágil mente detrás de una corpulenta figura.
Pronto, el grupo de miembros de la Marina, comenzó a envalentonarse y a hablar más alto, quizá motivados por el volumen ascendente de la sala, o producto de una baja supervivencia fruto de sus valores vocacionales. Quizá pronto habría jarana, pero aún era pronto para vaticinar un movimiento gregario tan dramático que traería funestas consecuencias para todos.
Las paredes crujían producto del potencial revuelo, como si de un quejido anticipado se tratara, pero también acusando un gran desgaste derivado de la humedad a la que la madera llevaba sometiéndose durante tiempo.
El suelo se sumaba al canon del resto de elementos del restaurante, pues incluso calzado era fácil notar el tacto áspero de una superficie de madera desgastada aún bien trabajada.
El personal no daba ni un minuto de tregua al ajetreo, pues llevaban bebidas y comida a todos los comensales a una velocidad pasmosa.
De pronto, sentí como un escalofrío rápido recorría mi espalda. ¿Cuánto tiempo tardarían los dos grupos contrarios en enzarzarse en una discusión?
Claramente, era solo cuestión de la necesidad básica del ser humano de erigirse como un alfa entre la muchedumbre que le apoya. Ridículo.
Incluso yo no pude evitar sonreír durante unos instantes por formular esa imagen en mi mente, la cual desestimé ante un análisis más exhaustivo de dicho ser, al fin y al cabo, era algo heredado desde la más tierna infancia… bendito tesoro.
El curioso sujeto que se había sentado a mi proximidad, tenía las características que podían identificarlo quizá como un gigante, pero no encontraba en él la cabeza abultada de estos, los miembros torpes y lentos andares, o el gesto bobalicón y casi inocente con el que balbucean esas experiencias a las que ellos denominan sus gestas.
Era notablemente más pequeño que estos, y en cierto modo podía pensar en algún tipo de hibridación con un humano, algo que me repugna, pero presto rechacé dicha idea. La complexión equilibrada, aunque potente del hombre, sumado a una mirada perspicaz y sus rasgos que recordaban a las leyendas que había estudiado de joven, disparaban ante mí una realidad novedosa.
¿Es acaso esto un Oni?
Es cierto que en nuestra sociedad se habla de ellos constantemente, pero es una de las razas menos frecuentes, puede que casi legendaria en las tierras bañadas por el East Blue. Sin duda, podrían ser unos esclavos de una gama premium, pero quizá también tremendamente incontrolables. Que casualidad más interesante ¿No?
Despertándome de mi viva ensoñación en la cual los negocios despertaban al depredador que hay en mí y, pausando la focalización mental que estaba naciendo y volviendo a mi usual estoicidad, el individuo de pelo argénteo me ofreció conversación y unirme a su mesa.
De tal forma una suerte de resonancia debió nacer en ese momento de análisis, pues tal cual yo había posado mis procesos mentales sobre dicha persona, esta había centrado su atención en mí, probablemente obviando el usual camuflaje que proporcionaba la marabunta del gentío.
- “Por supuesto, pareces un sujeto interesante… ¿Un Oni tal vez?”- respondí ligeramente ocioso. Los ámbitos sociales recreativos no eran mi mayor divertimento, mas no podía dejar de reconocer que uno acaba haciéndose a ello en un negocio como el mío.
Tranquilamente, tomé mi copa por la parte superior con la mano derecha y me situé de un movimiento elegante, quizá algo altivo, al asiento que se situaba frente al caballero.
- “No me tomes a mal, pero no encontramos muchos de los vuestros en estas tierras y para variar, pareces ser uno de los pocos con una mirada que arde con una auténtica llama de pasión real” – continué sin dejar espacio a respuesta a la anterior pregunta y señalando tenuemente con un grácil gesto de mi mano izquierda al grupo situado a nuestra derecha, ahora detrás de mí.
La situación había cambiado, y ahora la pérfida mancha oceánica que oscilaba alrededor del hombre obeso a la que las leyes me obligarían a reconocer como igual, la gyojin fútilmente seductora, jugueteaba con una piruleta que se llevaba a la boca y dejaba entrever unas piezas dentales incisivas y una lengua de un tono purpúreo. No pude evitar mirar de manera despectiva, casi inquisitiva en un duelo de miradas que apenas duró un segundo y del cual fui vencedor.
Aunque estaba acostumbrado a tratar con el material piscícola, no era estúpido. No quería un altercado en un lugar tan desprovisto de seguridad como era este enclave, aunque he de reconocer que en momentos así probablemente le hubiera cruzado la cara por dirigirme esa mirada juguetona.
El negocio de los esclavos sexuales está bien, pero es mucho menos lucrativo que la logística de operativos especializados en contra de su propia voluntad, una bonita manera de llamar a los trabajadores que morían en su jornada laboral no remunerada.
Unos segundos después, mientas esperaba la respuesta de mi nuevo y masivo acompañante al tiempo que volvía a dirigir la mirada hacia él, el proyecto de banda pirata que tenía ahora más a la derecha comenzó a escupir canciones, insultos y demás bazofia barata que ellos llamaban música.
Comprendo que arengar es un valor interesante para motivar a tus trabajadores, y que recrear un sentimiento de pertenencia a un grupo refuerza la dedicación hacia algún tipo de tarea concreta, pero lejos de resultar una motivación esta imagen era casi ridícula.
Mientras pensaba en todo ello, mi mano derecha posó finalmente la copa vacía que transportaba casi inconscientemente desde mis labios perfectos, al tiempo que volvía al plano temporal que había obviado por la focalización que había realizado sobre la situación del establecimiento.
- “¿Qué te ha traído por el aburrido, tranquilo y en ocasiones hasta repetitivo East Blue?” - espeté de manera ciertamente adusta aún de manera inconsciente, pero tomando forma de una pregunta que, si bien parecía simple, podía dar lugar y ofrecimiento a una gran conversación entre dos seres que ciertamente, salvábamos la capacidad mental media de aquel lugar, pues no hacía falta más que mirar la afilada expresión del cano para entrever una ágil mente detrás de una corpulenta figura.
Pronto, el grupo de miembros de la Marina, comenzó a envalentonarse y a hablar más alto, quizá motivados por el volumen ascendente de la sala, o producto de una baja supervivencia fruto de sus valores vocacionales. Quizá pronto habría jarana, pero aún era pronto para vaticinar un movimiento gregario tan dramático que traería funestas consecuencias para todos.
Las paredes crujían producto del potencial revuelo, como si de un quejido anticipado se tratara, pero también acusando un gran desgaste derivado de la humedad a la que la madera llevaba sometiéndose durante tiempo.
El suelo se sumaba al canon del resto de elementos del restaurante, pues incluso calzado era fácil notar el tacto áspero de una superficie de madera desgastada aún bien trabajada.
El personal no daba ni un minuto de tregua al ajetreo, pues llevaban bebidas y comida a todos los comensales a una velocidad pasmosa.
De pronto, sentí como un escalofrío rápido recorría mi espalda. ¿Cuánto tiempo tardarían los dos grupos contrarios en enzarzarse en una discusión?
Claramente, era solo cuestión de la necesidad básica del ser humano de erigirse como un alfa entre la muchedumbre que le apoya. Ridículo.
