13-09-2024, 11:37 PM
[personajeinvalido=1266]
Abrí los ojos lentamente y con la mente en blanco. Estaba confusa, no recordaba nada. Tan solo sabía que me encontraba tirada en medio de una playa por el tacto de la arena bajo mi cuerpo y el sonido de las olas del mar. Estaba en Momoiro, y el primer pensamiento que me vino a la mente era que probablemente estuviese tomando el sol o de compras. Aquel lapsus duro poco. Rápidamente recordé que no estaba dedicando mi tiempo al ocio cuando había caído desmayada. Sasha, Jolyne y yo estábamos juntas y listas para entrenar cuando un mono degenerado nos atacó. Me incorporé bruscamente buscando a mis compañeras con la mirada. Sasha había quedado fuera de combate y, por lo visto, yo también. Jolyne se había quedado completamente sola frente a nuestro enemigo. A partir de ese punto no sabía lo que había pasado y no se me ocurría el motivo por el cual ese monstruo no nos había llevado con él o no había acabado con nuestras vidas.
Las tres estábamos en aquella playa, pero no había ni rastro del mono. Incluso si Jolyne había sido capaz de vencerle y protegernos, cosa que me extrañaba, al menos su cuerpo tendría que estar por aquí. Tampoco concebía que aquel tipo tan pesado se hubiese rendido y se largase sin más. Otra de las cosas que no recordaba era cómo había caído inconsciente. No tenía ninguna herida grave y no sentía demasiado dolor. Más o menos me encontraba bien, estaba convencida de que podía dar mucho más de mí y continuar peleando. Ese tío había tenía que haber hecho algo extraño. Sasha sí que había recibido varios golpes, pero de un primer vistazo, todavía sentada en la arena, pude comprobar que no estaba grave. Por el contrario, Jolyne sí, parecía tener heridas más profundas. Estaba sangrando bastante. Me puse en pie y me dirigí hacia la tiradora para evaluar de cerca sus heridas. Quería saber lo que había pasado, pero lo primero era que estuviesen a salvo.
—¿Estáis las dos bien? —les pregunté mientras me sacudía la arena antes de revisar las heridas de Jolyne. Una de ellas no dejaba de sangrar. Sasha, por su parte, parecía haber aguantado bastante bien los numerosos golpes que le había dado el macaco. Se había cebado con ella, pero no había conseguido causarle una hemorragia tan severa como la de Jolyne. Desde luego, era una joven bastante dura. Me sitúe junto a Jolyne mientras abría mi bolso para sacar mis kits médicos. —¿Se puede saber qué ha ocurrido aquí? Bueno, ya me lo contaréis. Creo que estamos todos en peligro. Tenemos que volver a los barcos y reagruparnos con los demás.
Saqué las vendas de uno de los botiquines para presionar con fuerza la herida del pecho de la tiradora y tratar de cortar la hemorragia. Recordé demasiado tarde que, tal vez, aquello le fuese a doler, pero tampoco había muchas más opciones. La parte positiva era que Jolyne todavía parecía tener fuerzas para aguantar, su tono de piel no era excesivamente pálido y se podía mantener en pie. —Puede que te duela, pero aguanta un momento. Tienes que ser fuerte como Sasha. Al llegar al barco te daré... un remedio natural— recordé a tiempo que Jolyne no bebía alcohol, así que ofrecerle una botella de ron como recompensa no iba a ser un buen incentivo. Si tenía la oportunidad le prepararía uno de esos tés que le gustaban a ella y le añadiría un chorrito del licor más fuerte que encontrase por el barco para que durmiese bien.
Tras cerrar la herida de Jolyne y comprobar que, tal y como imaginaba, Sasha se encontraba en condiciones para caminar, comenzamos a dirigirnos hacia los barcos. Si este tío había venido a por nosotras, no me extrañaba que los demás estuviesen en peligro, sobre todo teniendo en cuenta que el mono había desaparecido y no teníamos ni idea de a dónde se había podido dirigir. No éramos las que más recompensa teníamos, si era eso lo que buscaba, le iba a salir más rentable ir a por otros, como Yamamura. Lo que no dejaba de preocuparme era el motivo por el cual nos había dejado en la playa cuando ya prácticamente nos había derrotado.
Cuando llegásemos, lo primero que teníamos que hacer era comprobar quiénes se encontraban ahí y tratar de comunicarnos con los demás por den den mushi. Con mucha suerte, tan solo nosotras habríamos sido atacadas. Al comenzar a ver los barcos aceleré el paso para llegar cuanto antes. En el peor de los casos, no encontraríamos a nadie. La playa se encontraba casi en total oscuridad, no podía distinguir ninguna figura en ninguno de los barcos, pero escuché una voz que me resultó familiar. Era Kenzo, ese niño que había cogido Yamamura de a saber dónde y que ahora era también nuestro compañero. Se estaba aproximando a los barcos con Aspros. Al decir que se encontraban bien, imaginé que sería porque también habían sido atacados y habían pensado lo mismo que nosotras. Cuando pude verlos de cerca, quedó claro que acababan de salir de un enfrentamiento. Estaban muy magullados y sangrando. Aspros jamás iría con esas pintas si no fuese cuestión de vida o muerte.
—¿¡Pero cómo que estáis bien, niño!? —les grité al verles casi arrastrándose hacia nosotras y dejando tras de sí un pequeño reguero de sangre. Si ya tenían un pie en la tumba. —Tenemos que irnos ya. Sasha que vaya preparando su barco y Aspros el nuestro, si es que está en condiciones. Que Jolyne le ayude. Yo voy a ir curando a Kenzo y, si los demás no aparecen dentro de diez minutos, intentaremos comunicarnos con ellos. Vamos. A los barcos.
Abrí los ojos lentamente y con la mente en blanco. Estaba confusa, no recordaba nada. Tan solo sabía que me encontraba tirada en medio de una playa por el tacto de la arena bajo mi cuerpo y el sonido de las olas del mar. Estaba en Momoiro, y el primer pensamiento que me vino a la mente era que probablemente estuviese tomando el sol o de compras. Aquel lapsus duro poco. Rápidamente recordé que no estaba dedicando mi tiempo al ocio cuando había caído desmayada. Sasha, Jolyne y yo estábamos juntas y listas para entrenar cuando un mono degenerado nos atacó. Me incorporé bruscamente buscando a mis compañeras con la mirada. Sasha había quedado fuera de combate y, por lo visto, yo también. Jolyne se había quedado completamente sola frente a nuestro enemigo. A partir de ese punto no sabía lo que había pasado y no se me ocurría el motivo por el cual ese monstruo no nos había llevado con él o no había acabado con nuestras vidas.
Las tres estábamos en aquella playa, pero no había ni rastro del mono. Incluso si Jolyne había sido capaz de vencerle y protegernos, cosa que me extrañaba, al menos su cuerpo tendría que estar por aquí. Tampoco concebía que aquel tipo tan pesado se hubiese rendido y se largase sin más. Otra de las cosas que no recordaba era cómo había caído inconsciente. No tenía ninguna herida grave y no sentía demasiado dolor. Más o menos me encontraba bien, estaba convencida de que podía dar mucho más de mí y continuar peleando. Ese tío había tenía que haber hecho algo extraño. Sasha sí que había recibido varios golpes, pero de un primer vistazo, todavía sentada en la arena, pude comprobar que no estaba grave. Por el contrario, Jolyne sí, parecía tener heridas más profundas. Estaba sangrando bastante. Me puse en pie y me dirigí hacia la tiradora para evaluar de cerca sus heridas. Quería saber lo que había pasado, pero lo primero era que estuviesen a salvo.
—¿Estáis las dos bien? —les pregunté mientras me sacudía la arena antes de revisar las heridas de Jolyne. Una de ellas no dejaba de sangrar. Sasha, por su parte, parecía haber aguantado bastante bien los numerosos golpes que le había dado el macaco. Se había cebado con ella, pero no había conseguido causarle una hemorragia tan severa como la de Jolyne. Desde luego, era una joven bastante dura. Me sitúe junto a Jolyne mientras abría mi bolso para sacar mis kits médicos. —¿Se puede saber qué ha ocurrido aquí? Bueno, ya me lo contaréis. Creo que estamos todos en peligro. Tenemos que volver a los barcos y reagruparnos con los demás.
Saqué las vendas de uno de los botiquines para presionar con fuerza la herida del pecho de la tiradora y tratar de cortar la hemorragia. Recordé demasiado tarde que, tal vez, aquello le fuese a doler, pero tampoco había muchas más opciones. La parte positiva era que Jolyne todavía parecía tener fuerzas para aguantar, su tono de piel no era excesivamente pálido y se podía mantener en pie. —Puede que te duela, pero aguanta un momento. Tienes que ser fuerte como Sasha. Al llegar al barco te daré... un remedio natural— recordé a tiempo que Jolyne no bebía alcohol, así que ofrecerle una botella de ron como recompensa no iba a ser un buen incentivo. Si tenía la oportunidad le prepararía uno de esos tés que le gustaban a ella y le añadiría un chorrito del licor más fuerte que encontrase por el barco para que durmiese bien.
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Un tiempo después
Tras cerrar la herida de Jolyne y comprobar que, tal y como imaginaba, Sasha se encontraba en condiciones para caminar, comenzamos a dirigirnos hacia los barcos. Si este tío había venido a por nosotras, no me extrañaba que los demás estuviesen en peligro, sobre todo teniendo en cuenta que el mono había desaparecido y no teníamos ni idea de a dónde se había podido dirigir. No éramos las que más recompensa teníamos, si era eso lo que buscaba, le iba a salir más rentable ir a por otros, como Yamamura. Lo que no dejaba de preocuparme era el motivo por el cual nos había dejado en la playa cuando ya prácticamente nos había derrotado.
Cuando llegásemos, lo primero que teníamos que hacer era comprobar quiénes se encontraban ahí y tratar de comunicarnos con los demás por den den mushi. Con mucha suerte, tan solo nosotras habríamos sido atacadas. Al comenzar a ver los barcos aceleré el paso para llegar cuanto antes. En el peor de los casos, no encontraríamos a nadie. La playa se encontraba casi en total oscuridad, no podía distinguir ninguna figura en ninguno de los barcos, pero escuché una voz que me resultó familiar. Era Kenzo, ese niño que había cogido Yamamura de a saber dónde y que ahora era también nuestro compañero. Se estaba aproximando a los barcos con Aspros. Al decir que se encontraban bien, imaginé que sería porque también habían sido atacados y habían pensado lo mismo que nosotras. Cuando pude verlos de cerca, quedó claro que acababan de salir de un enfrentamiento. Estaban muy magullados y sangrando. Aspros jamás iría con esas pintas si no fuese cuestión de vida o muerte.
—¿¡Pero cómo que estáis bien, niño!? —les grité al verles casi arrastrándose hacia nosotras y dejando tras de sí un pequeño reguero de sangre. Si ya tenían un pie en la tumba. —Tenemos que irnos ya. Sasha que vaya preparando su barco y Aspros el nuestro, si es que está en condiciones. Que Jolyne le ayude. Yo voy a ir curando a Kenzo y, si los demás no aparecen dentro de diez minutos, intentaremos comunicarnos con ellos. Vamos. A los barcos.
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Gasto y daño
Inventario
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