16-09-2024, 11:45 PM
(Última modificación: 16-09-2024, 11:50 PM por Carmilla Von Nackt.)
No debía de quedarles mucho para llegar a su nuevo destino. Hacía unos días que habían dejado atrás Báltigo y el viaje, por lo general, había transcurrido con bastante calma. Los días habían sido maravillosos, con un sol de otoño que le había permitido tomar el sol sin achicharrarse ni sudar de una forma horrible y con una brisa fresca que le acompañaba en las mañanas como aquella, las que pasaba en su camarote dedicándose a una de las cosas que más le gustaba: pintar. Y además en bragas. Si bien no había podido traer consigo todos los materiales que le hubiese gustado, al menos tenía lo básico para salir del paso. En cuanto llegasen a un sitio civilizado compraría un buen caballete y más variedad de colores y pinceles. Aquel día se había decantado por un paisaje, una ciudad costera con edificios blancos y azules y un mar resplandeciente. Carmilla era una persona excéntrica, pero en los momentos en los que se concentraba en plasmar lo que veía en su mente se la veía muy serena. Además, poder hacerlo con la ropa justa la hacía sentirse libre.
— Et voilá! — Exclamó dando unas últimas pinceladas a uno de los pequeños edificios de su cuadro. No siempre imaginaba paisajes, también disfrutaba creando obras abstractas o haciendo retratos, todo dependía de la inspiración del momento.
No era consciente del tiempo que llevaba allí metida, pero quizás iba siendo el momento de salir en busca del resto. Disfrutaba de su tiempo en soledad, pero prefería mil veces más estar acompañada de aquel interesante grupo. Aunque fuese trabajo, la relación que tenían sus compañeros iba un paso más allá y ella nunca había tenido algo así, su vida siempre había sido solitaria.
Abandonó el camarote después de ponerse algo de ropa y se dirigió hacia la cubierta, donde siempre solía haber alguien asegurándose de que todo estaba en orden allí arriba. Nada. No había ni un alma. El mar estaba en calma, así que supuso que el resto habrían seguido con sus cosas en otro lado. BRRRBRRRRGBRBG. Se puso una mano en la barriga, que rugía como si llevase días sin comer. ¿Qué hora era? Se había despertado tarde y como no quería perder la inspiración mañanera, se había olvidado por completo de desayunar algo. Se dirigió hacia la cocina y allí se encontró a Viktor y a Chloe quien, casi seguro, andaba preparando algo para todos. Ella era la que se encargaba de la comida y, la verdad, Carmilla estaba encantada. A ella se le daba fatal cocinar.
— Buenos...¿días? No sé qué hora es jiajiajia — Dijo con una risita despreocupada mientras entraba en la estancia y se sentaba en una de las sillas, apoyando el codo en la mesa y la barbilla en la palma de su mano — Estás haciendo la comida ¿a que si? — Le preguntó a Chloe mientras echaba un vistazo en su dirección, intentando averiguar el plato del día.
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