07-09-2023, 02:27 PM
Decisiones.
Hay quien decide si comprar una casa o no. Qué trabajo quiere realizar. Si quiere mermelada de fresa o melocotón. Yo, por mi parte, no sabía si reír o llorar.
Lo que el pequeño marine nos proponía era, a fin de cuentas, lo mismo que hacemos pero, sin llevarme el mérito de hacerlo. A mí no me importa trabajar en la sombra, pero, qué cojones, si hago algo bien, quiero que sepas que es mío. No me he pasado años aprendiendo a romper huesos para que le den el mérito a un marine recién llegado. Ni a un puto almirante. Sohem mostró su disconformidad con su formalidad habitual: cagándose en las palabras del interlocutor de turno. Todo antes de decir que pasaba olímpicamente de la cerveza. Hubiera jurado que habíamos bebido esto en algún lugar barato en alguna ocasión… delirios, quizá.
La cosa se había puesto, como poco, tensa. Y mientras Sohem contestaba al pelirrojo, yo miraba al otro marine con cara de circunstancia. Finalmente, y con la sentencia de Sohem mandando a paseo a la dupla de marines, apoyé mis manos sobre las rodillas lentamente, echando mi peso hacia delante y con un leve impulso me puse de pie. Tras un paso que me acercara a la posición del pelirrojo, flexioné mi cadera, agachándome lentamente hacia él, colocando mi cara muy cerca de ellos. Tras una pequeña inspiración de control, advertí:
- Ya he contado diez. - dije con sorna, dibujando una media sonrisa en mi cara. Tras esto, volví a colocarme erguido y cogí la jarra de Sohem con la mano izquierda para llevarla a la barra. - Volveré. - sentencié con tono solemne.
Caminé a la barra a cambiar la dichosa bebida del enmascarado y, de paso, pedir una ensalada, no pude evitar fijarme en un grupo de ancianos jugando a algún tipo de juego de mesa. Apoyado de nuevo en la barra y tras solicitar el cambio, me quedé apoyado en ella mirando a aquellos caballeros jugar alegremente con sus bebidas. Por alguna razón, me llamaba poderosamente la atención. Quizá me recordaba a la ternura de mi hogar.
Quizá.
Quizá.
