26-09-2024, 12:40 AM
Casi un mes había pasado desde aquel incidente en Ballywood en el que una quinceañera había sido abusada por un pirata. Incidente que tuve que solucionar por mis propios métodos y a mi manera, en mi día libre, ya que estaba rodeado de incompetentes. Ese incidente fue el detonante que provocó que me haya pasado estas últimas semanas encerrado en un barco, camino de no sé dónde, a hacer no sé qué. Mi órdago a mi superior había sido lanzado con todas las consecuencias, le había dejado claro que hiciese lo que quisiese conmigo y que me daba todo absolutamente igual, por eso cuando me llamó para tener esa última reunión, no escuché absolutamente nada de lo que tenía que decirme, ni le presté atención. Lo único que me había extrañado fue que en esos últimos momentos se dirigió a mí de una forma más sosegada y cordial, una pena que la relación por mi parte ya estuviese muerta. Estar relegado a un segundo plano, teniendo que limpiar siempre el cuartel, mientras sucedían cosas turbias con gente joven había sobrepasado mi límite.
Lo único que sabía es que tuvimos que atravesar el Red Port hacia el South Blue, de ahí atravesar el Calm Belt y entrar en el Grand Line. Era mi primera vez en este mar, del cual había oído cosas por parte de mi madre sobre que era un mar bastante más peligroso del que vivíamos, un mar en el que ver Akuma no Mi era más habitual y en el que había que estar más preparado para sobrevivir. La buena de Tainara, la única Marine que he llegado a respetar y querer en mi vida... a ella y a Leandro, el cual siempre se había portado bien con nosotros. Al contrario que el puto traidor de João, diez años habían pasado de aquella noche y yo sigo sin olvidar ni perdonar. Quizás la parte buena de todo es que me lo pueda encontrar en este mar y pueda por fin cobrar mi deuda.
Seguía divagando en mis pensamientos, acostado sobre una hamaca dentro del camarote vestido únicamente con el pantalón del uniforme de marine y las botas. Mucho tiempo había tenido para pensar sobre todos estos años y la vida en general en este viaje. Aunque si tanto parecía que molestaba en la Marina por mis métodos o por mi actitud, bien que podrían haber aprovechado para dejarme en Samba una vez que estábamos navegando por el South Blue. Quizás eso significaba que me querían para algo... o que querían utilizarme.
Alguien dio un par de golpes en la puerta de mi camarote y eso me hizo entender que ya habíamos llegado al destino. Bajé de la hamaca, me estiré, me puse la parte superior del uniforme de Marine sin abrochar y me coloqué la gorra. Otra vez había vuelto a perder el pañuelito azul del cuello, pero tampoco me preocupaba porque no me gustaba llevarlo, me hacía parecer imbécil. Cogí mi mochila, acoplé mi preciado skate a él y salí del camarote hacia la cubierta con toda la desgana del mundo. Mientras caminaba hacia los botes para desembarcar, uno de los Marines encargados empezó a hablarme de no sé ni qué, porque no le estaba escuchando. — Apolo esto, Apolo aquello, bla, bla, bla, mándale un último saludo al superior cuando llegues, dile que le den bien por el culo de mi parte y que a ver si deja de ser tan incompetente ¿me sigues?— hablé por encima del Marine sin al final enterarme de qué me quería decir. Quizás habría sido buena idea escucharle, pero al final, la vida es fluir. Y eso hacía yo, fluir a mi manera.
Salté hacia el bote y dejé mi mochila cerca — Buenas tardes y todo eso — le dije al par de Marines que remarían para acercarme a la costa de la isla, mientras me acomodaba en la parte trasera de la embarcación, tumbándome con las manos en la nuca, bajando la gorra para cubrirme del sol y cruzar las piernas buscando la postura más cómoda. No faltaría mucho para llegar al invierno y eso se iba notando en el ambiente, ya no hacía tanto calor pero al menos sí que hacía buen día. Minutos después por fin llegamos a tierra, así que tocaba descubrir cuál sería mi futuro.
Me levanté, cogí mi mochila desacoplando el skate y me la coloqué. — Hasta más ver, mis amigos. Pronto conoceréis las increíbles hazañas del todopoderoso e indomable Apolo Bahía ¡kakahaha! — dije a esos Marines que no conocía de nada, mientras me colocaba la gorra hacia atrás y me preparaba para salir del bote. Pegué un tremendo salto y me llevé el skate hacia la parte inferior de mis pies, tocaba por fin patinar un rato después de tanto tiempo encerrado... o ese habría sido el plan de no ser porque cuando toqué tierra, el skate se hundió en una especie de arena rosada. — … — Me quedé unos segundos en silencio viendo mi tabla enterrada a mis pies. Miré al cielo, luego al horizonte viendo cómo los marines volvían al barco y volví a ver hacia mis pies. Las emociones eran un motor para mi cuerpo, la desidia últimamente era mi musa. Me quité la gorra, peiné con mi mano derecha hacia atrás mi medio melena, la cual brillaba al sol, y me volví a colocar la gorra del revés. — Hora de improvisar, supongo — Bostecé sonoramente, cogí mi tabla y miré a mi alrededor mientras le quitaba la arena. La playa estaba vacía y lo único que llamaba la atención era una imagen femenina bien vestida, de la cual llamaban la atención tres atributos: un pelo rojizo y otros dos. Parecía que estaba comiendo algo bien tranquila, sólo esperaba que esta isla al menos estuviese más animada que esta playa.
Lo único que sabía es que tuvimos que atravesar el Red Port hacia el South Blue, de ahí atravesar el Calm Belt y entrar en el Grand Line. Era mi primera vez en este mar, del cual había oído cosas por parte de mi madre sobre que era un mar bastante más peligroso del que vivíamos, un mar en el que ver Akuma no Mi era más habitual y en el que había que estar más preparado para sobrevivir. La buena de Tainara, la única Marine que he llegado a respetar y querer en mi vida... a ella y a Leandro, el cual siempre se había portado bien con nosotros. Al contrario que el puto traidor de João, diez años habían pasado de aquella noche y yo sigo sin olvidar ni perdonar. Quizás la parte buena de todo es que me lo pueda encontrar en este mar y pueda por fin cobrar mi deuda.
Seguía divagando en mis pensamientos, acostado sobre una hamaca dentro del camarote vestido únicamente con el pantalón del uniforme de marine y las botas. Mucho tiempo había tenido para pensar sobre todos estos años y la vida en general en este viaje. Aunque si tanto parecía que molestaba en la Marina por mis métodos o por mi actitud, bien que podrían haber aprovechado para dejarme en Samba una vez que estábamos navegando por el South Blue. Quizás eso significaba que me querían para algo... o que querían utilizarme.
Alguien dio un par de golpes en la puerta de mi camarote y eso me hizo entender que ya habíamos llegado al destino. Bajé de la hamaca, me estiré, me puse la parte superior del uniforme de Marine sin abrochar y me coloqué la gorra. Otra vez había vuelto a perder el pañuelito azul del cuello, pero tampoco me preocupaba porque no me gustaba llevarlo, me hacía parecer imbécil. Cogí mi mochila, acoplé mi preciado skate a él y salí del camarote hacia la cubierta con toda la desgana del mundo. Mientras caminaba hacia los botes para desembarcar, uno de los Marines encargados empezó a hablarme de no sé ni qué, porque no le estaba escuchando. — Apolo esto, Apolo aquello, bla, bla, bla, mándale un último saludo al superior cuando llegues, dile que le den bien por el culo de mi parte y que a ver si deja de ser tan incompetente ¿me sigues?— hablé por encima del Marine sin al final enterarme de qué me quería decir. Quizás habría sido buena idea escucharle, pero al final, la vida es fluir. Y eso hacía yo, fluir a mi manera.
Salté hacia el bote y dejé mi mochila cerca — Buenas tardes y todo eso — le dije al par de Marines que remarían para acercarme a la costa de la isla, mientras me acomodaba en la parte trasera de la embarcación, tumbándome con las manos en la nuca, bajando la gorra para cubrirme del sol y cruzar las piernas buscando la postura más cómoda. No faltaría mucho para llegar al invierno y eso se iba notando en el ambiente, ya no hacía tanto calor pero al menos sí que hacía buen día. Minutos después por fin llegamos a tierra, así que tocaba descubrir cuál sería mi futuro.
Me levanté, cogí mi mochila desacoplando el skate y me la coloqué. — Hasta más ver, mis amigos. Pronto conoceréis las increíbles hazañas del todopoderoso e indomable Apolo Bahía ¡kakahaha! — dije a esos Marines que no conocía de nada, mientras me colocaba la gorra hacia atrás y me preparaba para salir del bote. Pegué un tremendo salto y me llevé el skate hacia la parte inferior de mis pies, tocaba por fin patinar un rato después de tanto tiempo encerrado... o ese habría sido el plan de no ser porque cuando toqué tierra, el skate se hundió en una especie de arena rosada. — … — Me quedé unos segundos en silencio viendo mi tabla enterrada a mis pies. Miré al cielo, luego al horizonte viendo cómo los marines volvían al barco y volví a ver hacia mis pies. Las emociones eran un motor para mi cuerpo, la desidia últimamente era mi musa. Me quité la gorra, peiné con mi mano derecha hacia atrás mi medio melena, la cual brillaba al sol, y me volví a colocar la gorra del revés. — Hora de improvisar, supongo — Bostecé sonoramente, cogí mi tabla y miré a mi alrededor mientras le quitaba la arena. La playa estaba vacía y lo único que llamaba la atención era una imagen femenina bien vestida, de la cual llamaban la atención tres atributos: un pelo rojizo y otros dos. Parecía que estaba comiendo algo bien tranquila, sólo esperaba que esta isla al menos estuviese más animada que esta playa.
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