07-10-2024, 08:20 AM
(Última modificación: 07-10-2024, 08:22 AM por Fuguwu.
Razón: Agregar link a la guía 15. Guía Bélica Básica.
)
La capitán Ikirami se puso en pie, cruzándose de brazos y mordiéndose el labio nos echó una mirada a mí y al hippie rubio de arriba a abajo.
“Fuera ropa. Los dos. Ahora.” – ordenó. “Estamos en territorio Revolucionario, ¿no os han avisado? Fue lo primero que nos dijeron al enviarnos aquí, así que los uniformes quedan prohibidos durante nuestra estancia, ¿sabéis?” – concluyó.
Estas palabras me dejaron anonadado. No podía creer que no hubiera llegado a esta conclusión lógica por mi cuenta tras saber que estábamos en territorio Revolucionario. Supongo que mi urgencia por encontrar a la Capitán cegó mi cordura.
¿Era esta la razón por la que el hippie rubio no portaba el uniforme debidamente? Claro, eso tenía más sentido. Y yo que me apresure a tacharlo como hippie, el Marine rubio seguro tenía mucha mas experiencia que yo y por esto decidió portar así el uniforme. Además, que cerraba su atuendo con una patineta y unos guantes de box, no era fácil asumirle Marine, particularmente si se le ponía alado mío.
El Marine rubio era un maestro del disfraz, concluí.
“Podéis considerarme la segunda al mando.” – aseveró la Capitán. “Joe es el líder de la división, me ha mandado a recibiros antes de encontraros con él. Espero que nadie os haya visto con esas ropas…” – diciendo esto último en un murmuro – “Voy a avisar de que ya estáis aquí.”
El Marine rubio se presento como Apolo, leyenda del West Blue. Tome nota mental de buscar en los periódicos antiguos notas sobre el West Blue, seguro aparecía un par de veces Apolo.
Justo cuando iba a empezar a desnudarme (tal cual había ordenado la Capitán), una persona con piernas increíblemente largas se nos acercó saludando y haciéndonos una pregunta sin sentido. La respuesta tampoco tenía sentido y menos aun que se pusiera a reír escandalosamente. Nos habíamos topado con una persona o loca o peligrosa, posiblemente ambas. La Capitán Ikirami rio ligeramente, seguro por cordialidad.
Se presentó como Marcia, del ejército revolucionario, se ubicó a dos metros de la Capitán y nos dio dos opciones. Ninguna de las dos me pareció razonables en realidad, pero siendo un novato me mantuve al margen dejando contestar a la Capitán. Le dijo quien era y propuso que nos dejara ir por ser novatos a cambio de ella acompañarle a hablar con el jefe de los revolucionarios.
Esta acción de calma y valentía de la Capitán me conmovió. No nos conocía de nada y ya nos estaba protegiendo. Una de las razones por las que me uní a la Marina era justamente este espíritu de unión que existe en la organización. Estaba contento de haber sido asignado a la División 21, aunque mi felicidad fue breve ya que debía estar pendiente al enemigo que teníamos enfrente.
Apolo, en lo que yo estoy convencido que es parte de su plan ingenioso de pasar desapercibido como Marine, contesto con ligereza a Marcia y, tras comentar en un tono de desenfado que tenía pereza de pelear y le buscáramos en la taberna, procedió a realizar la proeza de desaparecer de nuestra vista.
La única conclusión a la que llegue era que Apolo estaba usando algún tipo de camuflaje. Decidido estaba, confiaría plenamente en la leyenda del West Blue y la Capitán.
Analizando la situación concluí que lo más apremiante era separarnos para realizar una formación triangular y así poder atacar desde varios ángulos en caso de ser necesario. Con un poco de suerte el combate no sería necesario, aunque a Marcia se le veía bastante confiada, sin embargo, confirmaría sus intenciones provocándole un poco.
“¿A eso llamas chiste Marcia? He escuchado a críos contar mejores.” – dije con voz energética mirando fijamente a Marcia. “Ahí te va uno propio ¿sabes que hace un ex-marine fracasado? Se crea su propia Marina, con juegos de azar y mujerzuelas, ‘ejercito revolucionario’ le llaman. ¡Gowowo wowowo!”
Al terminar mi chiste, doy un salto hacia atrás de 13 metros para quedar 5 metros a la orilla del mar llegando a tocar con mis pies la arena mojada por el ir y venir de las olas.
“Fuera ropa. Los dos. Ahora.” – ordenó. “Estamos en territorio Revolucionario, ¿no os han avisado? Fue lo primero que nos dijeron al enviarnos aquí, así que los uniformes quedan prohibidos durante nuestra estancia, ¿sabéis?” – concluyó.
Estas palabras me dejaron anonadado. No podía creer que no hubiera llegado a esta conclusión lógica por mi cuenta tras saber que estábamos en territorio Revolucionario. Supongo que mi urgencia por encontrar a la Capitán cegó mi cordura.
¿Era esta la razón por la que el hippie rubio no portaba el uniforme debidamente? Claro, eso tenía más sentido. Y yo que me apresure a tacharlo como hippie, el Marine rubio seguro tenía mucha mas experiencia que yo y por esto decidió portar así el uniforme. Además, que cerraba su atuendo con una patineta y unos guantes de box, no era fácil asumirle Marine, particularmente si se le ponía alado mío.
El Marine rubio era un maestro del disfraz, concluí.
“Podéis considerarme la segunda al mando.” – aseveró la Capitán. “Joe es el líder de la división, me ha mandado a recibiros antes de encontraros con él. Espero que nadie os haya visto con esas ropas…” – diciendo esto último en un murmuro – “Voy a avisar de que ya estáis aquí.”
El Marine rubio se presento como Apolo, leyenda del West Blue. Tome nota mental de buscar en los periódicos antiguos notas sobre el West Blue, seguro aparecía un par de veces Apolo.
Justo cuando iba a empezar a desnudarme (tal cual había ordenado la Capitán), una persona con piernas increíblemente largas se nos acercó saludando y haciéndonos una pregunta sin sentido. La respuesta tampoco tenía sentido y menos aun que se pusiera a reír escandalosamente. Nos habíamos topado con una persona o loca o peligrosa, posiblemente ambas. La Capitán Ikirami rio ligeramente, seguro por cordialidad.
Se presentó como Marcia, del ejército revolucionario, se ubicó a dos metros de la Capitán y nos dio dos opciones. Ninguna de las dos me pareció razonables en realidad, pero siendo un novato me mantuve al margen dejando contestar a la Capitán. Le dijo quien era y propuso que nos dejara ir por ser novatos a cambio de ella acompañarle a hablar con el jefe de los revolucionarios.
Esta acción de calma y valentía de la Capitán me conmovió. No nos conocía de nada y ya nos estaba protegiendo. Una de las razones por las que me uní a la Marina era justamente este espíritu de unión que existe en la organización. Estaba contento de haber sido asignado a la División 21, aunque mi felicidad fue breve ya que debía estar pendiente al enemigo que teníamos enfrente.
Apolo, en lo que yo estoy convencido que es parte de su plan ingenioso de pasar desapercibido como Marine, contesto con ligereza a Marcia y, tras comentar en un tono de desenfado que tenía pereza de pelear y le buscáramos en la taberna, procedió a realizar la proeza de desaparecer de nuestra vista.
La única conclusión a la que llegue era que Apolo estaba usando algún tipo de camuflaje. Decidido estaba, confiaría plenamente en la leyenda del West Blue y la Capitán.
Analizando la situación concluí que lo más apremiante era separarnos para realizar una formación triangular y así poder atacar desde varios ángulos en caso de ser necesario. Con un poco de suerte el combate no sería necesario, aunque a Marcia se le veía bastante confiada, sin embargo, confirmaría sus intenciones provocándole un poco.
“¿A eso llamas chiste Marcia? He escuchado a críos contar mejores.” – dije con voz energética mirando fijamente a Marcia. “Ahí te va uno propio ¿sabes que hace un ex-marine fracasado? Se crea su propia Marina, con juegos de azar y mujerzuelas, ‘ejercito revolucionario’ le llaman. ¡Gowowo wowowo!”
Al terminar mi chiste, doy un salto hacia atrás de 13 metros para quedar 5 metros a la orilla del mar llegando a tocar con mis pies la arena mojada por el ir y venir de las olas.
Resumen
Karmas Aplicables
Bélico
Inventario

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