08-09-2023, 01:53 PM
Mujeres, niños, ancianos, incluso animales ... Todos pasaban por el hueco creado por Kovashi, que a su vez se iba ampliando, pues el espadachín iba luchando con los marines. En una de estas uno de ellos disparo muy cerca, aumentando el pánico. La bala le rozó el brazo. Movilizó la katana, atravesándole el pecho de un katanazo. Aprovechando el propio movimiento logró cortar por las rodillas a otros dos que estaban cerca, cayendo tres marines más.
— Podría estar así todo el día. — Era una frase típica de Kovashi. Un niño de cabeza prominente le miraba de cerca. Kova dibujaba una estatura cercana a los dos metros, lleno de tatuajes, su figura se iluminaba por los fogonazos de los rayos e impresionaba más porque le caía sangre por todas partes. — Ves con tu madre, niño. — El muchacho se levantó del suelo, agachó el torso en forma de gratitud ... Pero, de manera oriental, como lo hacían sus paisanos. Eso fue sorprendente. — Anata wa tokubetsuna kodomodesu. Ima sugu ikimashou, karera wa anata o matteimasu. — Contento se marchó. Aquello le sacó nuevamente una sonrisa a Kovashi. Agradecía el respeto, eso conllevaba educación, honor, palabra, toda la base estructural que debía sostener la forma de ser de cualquier hombre decente.
Continuó descendiendo, estaba en una colina que daba al puerto, al fin. Llegó con un total de veinte personas, algunas habían quedado en el camino, pero la mayoría estaban ahí, con Kovashi. Uno de los civiles señaló a lo lejos.
— ¡Es la gyojin! — Todos juntaron miradas. Salía del agua, reventando la madera y llevándose a marines con ella. — ¡Buala! — Dijo otro niño. — Es superfuerte ... — Miró a Kovashi.
— Yo más. — No hubo respuesta.
Ayudándose unos a otros fueron descendiendo. Un grupo de tres marines se le abalanzaron encima, Kovashi fue el último en bajar topándose con ellos. Dejó la katana en el suelo, agachó el torso y colocó ambas manos en el terreno humedo. Un total de cuatro cubos del tamaño de cabezas salieron despedidos hacia los marines. Eran tres marines y cuatro cubos. Uno golpeó a uno de ellos en el estómago, elevándolo en el aire unos siete metros hasta que lo dejó caer. Otros dos aplastaron de cuajo la cabeza del siguiente y los dos últimos fueron un poco más originales. Se elevaron para caer de repente y con fuerza sobre ambos pies. Aquel tipo liberó un grito de dolor.
— Cállate. — Le susurró. Levantó de nuevo el cuerpo, colocándose erguido. — Bueno, mejor no, no te calles. — Ansioso el marine intentaba agarrar las rocas cuadradas para despegarla de sus pies, pero no podía. Estaba inmóvil, con una espada en mano que soltó al mínimo contacto de dolor.
— ¿QUE COÑO OS PASA? — Kovashi le miró extrañado.
— ¿A que te refieres? eso tendría que decírtelo yo a ti. ¿De verdad? ¿No dejarlos ir al puerto? por un momento pensé que era imposible que hicierais eso, pero mira tú ...
— ¿Que te crees que está pasando? yo me alisté para ayudar a gente como esta, no pienso dejar que les suceda nada ... — Comenzó a sollozar. — Pero esta isla está ... — Parecía querer decir algo, pero no lo soltaba. Kovashi se acercó hasta el, medía casi dos metros, frente al hombrecillo sembraba una gigantesca sombra. Hubo un instante de silencio. El Shimatsu lo rompió. Clavó su katana en el muslo derecho del tipo, que volvió a gritar, naturalmente.
— Ahora necesito que me digas lo que has estado a punto de decirme. — Levantó su hierro, pasando la hoja por la lengua. — No tengo prisa ...
Medía un metro setenta, con gafas que ya había perdido minutos atrás. Probablemente, pesaría sesenta y pocos kilos. Su cara iba acorde con su físico, con su energía, era un medio hombre que estaba a punto de de hablar. El miedo, el dolor ... Eso convencía a cualquiera y funcionaba mucho mejor en hombres así.
— Dios mío ... — Empezó a llorar. Kovashi aún tenía la katana clavada en su pierna. La movía, hundiéndola más, abriendo la herida. — YA ESTÁ, PARA POR FAVOR, HABLARÉ, LO JURO ... Hablaré ... — En seguida, Kovashi frenó. El tipo estaba a punto de desfallecer.
— Habla ...
— Hay un pirata que se llama Durin Kili. — Mira tú la sorpresa. — En el east blue lo conocen como Mano de piedra Durin.
— Sí, me quiere sonar.
— Ese hombre nos tiene en la palma de su mano, los barcos que ves de la marina son todos de su propiedad. Yuwdech fue puesto como encargado de las comunicaciones hace un mes, justo un día después de la llegada de Durin ... Él es quien nos da las órdenes desde ese fatídico día. — El mundo era un pañuelo. ¿Entonces aquel mecanismo de defensa que consistía en dejar a los civiles tirados, era por el enano pirata? — Nadie conocía al interino Yuwdech, pero él es quien da las órdenes ... — Escupió a un costado, entre lágrimas, aunque algo más calmado.
— Comprendo. — Respondió. Arrancó la katana rápidamente de su pierna, liberó también los pies de aquel marine de los cubos, que se deshicieron al instante.
— Que es lo que comprendes ... — Estaba en el suelo, de rodillas, sin poder levantar siquiera la vista.
— La situación, ¿qué va a ser? — Se volvió hacia el puerto, los civiles habían llegado a donde estaba Derya, allí la mujer podría ayudarlos. — Sois tan decadentes, si fuera alguien importante ... Pero ¿Durin, mano de piedra? hace unos días le dimos una lección que tardará en olvidar. ¿Te has visto? has tardado cinco segundos en cantar, al mínimo dolor. Es ridículo. — Alcanzó un par de pasos, dispuesto a bajar la colina.
— ¡Espera! — Intentaba levantarse a duras penas. — ¿Qué vais a hacer?
— Ayudar a la gente. — Blandió su arma, limpiándola de sangre, gracias en parte a la fuerte lluvia. — Para eso están los revolucionarios. — Sentenció.
El era un hombre de frases grandilocuentes, de escenas cinematográficas, actuaba para la gente, eso ayudaba a la manipulación, algo que se le daba de lujo. Pero en este caso si que había quedado muy solida la frase. Hasta el marine se quedó acongojado, se podría decir que ilusionado ... Ese mismo lema lo podría haber repetido el perfectamente, pero quien lo estaba haciendo era justo el perfil de persona de la que le tocaba tener en frente en una guerra. Los pies de Kovashi se deslizaron pendiente abajo, hasta llegar a la entrada del puerto. Allí estaban los barcos, siguiendo el camino de madera se podría ver a Derya, rodeada ya de civiles que le pedían ayuda. Como el cabalgar de unos potros salvajes, pero acompasados, una milicia llegó. Se aventuró por la entrada del puerto (entendiendo entrada al pie que da paso al camino de madera que a su vez da con el inicio del puerto y sus barcos).
— Por órdenes superiores, quedan ustedes arrestados. — Quién habló era más grande que los otros cuatro que tenía detrás, aunque estéticamente vestían completamente igual. Menos el vocal, el resto portaba un rifle en mano, apuntando.
— Órdenes superiores, casi parece que te lo ha pedido el todopoderoso. — Mientras se daba este encuentro, una poderosa alarma empezó a sonar no muy lejos de allí. Se trataba del cuartel marine, ¿habían llegado ya el dúo de osos? o pudiera ser que la situación con el aguacero se estaba descontrolando, tanto que ahora sí que sí vieran aquello como una amenaza real. — Eso no suena muy bien. —
—¡Que te calles, escoria! — Se le vía desesperado, como un pollo sin cabeza.
— Está feo que hables de esa manera a la mano derecha de Mano de piedra "Durin", pequeño amigo. — El rostro de un humano descomponiéndose, es el disfraz que adoptó el grupo de marines. — Lo pasaré por alto debido a la catástrofe natural que estáis viviendo, no debe ser fácil.
— Pero ... ¿Por qué está ayudando a los civiles? — Su tono de voz ya era diferente - Así que en mayor o menos medida todos en esta base saben lo de Durin, interesante -
— ¿Tengo que darte explicaciones?
— Yo ... Eh ... Bueno, no. — Bajó la mirada, frustrado. Kovashi caminó lentamente hacia ellos, algo que les hizo alzar las armas del nerviosismo. — ¡Bajad las armas! — Gritó el principal, los demás obedecieron.
— Mata a ese. — Acercó su sibilina lengua a la oreja del líder. Este se alejó un paso, sudando como un loco.
— ¿Q-uee? — Miró a su compañero, que también estaba acojonado. — Como podría ... No ... ¡Jamás! — Se volvió, sacando un arma de su bolsillo y colocando la misma en la frente de Kovashi.
— Jajaja, casi lo haces, lo has pensado. Vaya escoria.
— ¡Mentira! nunca le pondría un dedo encima a uno de los míos y menos si me lo pide una sucia rata como tú, pirata. — Pirata, no era la primera vez que se lo llamaban, actuaba como uno muchas veces, no se les podía culpar por la confusión. El hilo de la mentira fue estirado a tal punto que había topado con el orgullo. Duro enemigo el orgullo propio.
Fueron segundos, segundos que apartaron la vista de un objetivo potencialmente peligroso. Kovashi golpeó el pecho del jefe, haciéndolo chocar contra los otros como si bolos fueran. Era una clara incorrección posicional el no llevar mínimo un metro de distancia de tu compañero, eso lo enseña hasta en las mafias, de las que el peli blanco sabía tanto. Clavó sin compasión alguna su hoja en el pecho del cabecilla. Los demás se arrastraron, anonadados. Kovashi no fue a por ellos, estaba bien, que se fueran, que hablaran de él, que su leyenda fluyera. Dejó que se escaparan. Arrancó de nuevo la katana del cuerpo de otro hombre más, no sin antes limpiarla en el propio ropaje del marine. Tras eso, llegó donde estaba Derya. Los civiles que estaban en la parte más alejada de la gyojin (pues hacían un círculo a su alrededor) son lo que contemplaron la muerte del marine a manos de Kovashi. Y aunque fuera por ellos (que en el fondo no tanto) sentían cierto recelo a aceptar aquellas maniobras tan sanguinarias. No se les podía culpar.
— Podría estar así todo el día. — Era una frase típica de Kovashi. Un niño de cabeza prominente le miraba de cerca. Kova dibujaba una estatura cercana a los dos metros, lleno de tatuajes, su figura se iluminaba por los fogonazos de los rayos e impresionaba más porque le caía sangre por todas partes. — Ves con tu madre, niño. — El muchacho se levantó del suelo, agachó el torso en forma de gratitud ... Pero, de manera oriental, como lo hacían sus paisanos. Eso fue sorprendente. — Anata wa tokubetsuna kodomodesu. Ima sugu ikimashou, karera wa anata o matteimasu. — Contento se marchó. Aquello le sacó nuevamente una sonrisa a Kovashi. Agradecía el respeto, eso conllevaba educación, honor, palabra, toda la base estructural que debía sostener la forma de ser de cualquier hombre decente.
Continuó descendiendo, estaba en una colina que daba al puerto, al fin. Llegó con un total de veinte personas, algunas habían quedado en el camino, pero la mayoría estaban ahí, con Kovashi. Uno de los civiles señaló a lo lejos.
— ¡Es la gyojin! — Todos juntaron miradas. Salía del agua, reventando la madera y llevándose a marines con ella. — ¡Buala! — Dijo otro niño. — Es superfuerte ... — Miró a Kovashi.
— Yo más. — No hubo respuesta.
Ayudándose unos a otros fueron descendiendo. Un grupo de tres marines se le abalanzaron encima, Kovashi fue el último en bajar topándose con ellos. Dejó la katana en el suelo, agachó el torso y colocó ambas manos en el terreno humedo. Un total de cuatro cubos del tamaño de cabezas salieron despedidos hacia los marines. Eran tres marines y cuatro cubos. Uno golpeó a uno de ellos en el estómago, elevándolo en el aire unos siete metros hasta que lo dejó caer. Otros dos aplastaron de cuajo la cabeza del siguiente y los dos últimos fueron un poco más originales. Se elevaron para caer de repente y con fuerza sobre ambos pies. Aquel tipo liberó un grito de dolor.
— Cállate. — Le susurró. Levantó de nuevo el cuerpo, colocándose erguido. — Bueno, mejor no, no te calles. — Ansioso el marine intentaba agarrar las rocas cuadradas para despegarla de sus pies, pero no podía. Estaba inmóvil, con una espada en mano que soltó al mínimo contacto de dolor.
— ¿QUE COÑO OS PASA? — Kovashi le miró extrañado.
— ¿A que te refieres? eso tendría que decírtelo yo a ti. ¿De verdad? ¿No dejarlos ir al puerto? por un momento pensé que era imposible que hicierais eso, pero mira tú ...
— ¿Que te crees que está pasando? yo me alisté para ayudar a gente como esta, no pienso dejar que les suceda nada ... — Comenzó a sollozar. — Pero esta isla está ... — Parecía querer decir algo, pero no lo soltaba. Kovashi se acercó hasta el, medía casi dos metros, frente al hombrecillo sembraba una gigantesca sombra. Hubo un instante de silencio. El Shimatsu lo rompió. Clavó su katana en el muslo derecho del tipo, que volvió a gritar, naturalmente.
— Ahora necesito que me digas lo que has estado a punto de decirme. — Levantó su hierro, pasando la hoja por la lengua. — No tengo prisa ...
Medía un metro setenta, con gafas que ya había perdido minutos atrás. Probablemente, pesaría sesenta y pocos kilos. Su cara iba acorde con su físico, con su energía, era un medio hombre que estaba a punto de de hablar. El miedo, el dolor ... Eso convencía a cualquiera y funcionaba mucho mejor en hombres así.
— Dios mío ... — Empezó a llorar. Kovashi aún tenía la katana clavada en su pierna. La movía, hundiéndola más, abriendo la herida. — YA ESTÁ, PARA POR FAVOR, HABLARÉ, LO JURO ... Hablaré ... — En seguida, Kovashi frenó. El tipo estaba a punto de desfallecer.
— Habla ...
— Hay un pirata que se llama Durin Kili. — Mira tú la sorpresa. — En el east blue lo conocen como Mano de piedra Durin.
— Sí, me quiere sonar.
— Ese hombre nos tiene en la palma de su mano, los barcos que ves de la marina son todos de su propiedad. Yuwdech fue puesto como encargado de las comunicaciones hace un mes, justo un día después de la llegada de Durin ... Él es quien nos da las órdenes desde ese fatídico día. — El mundo era un pañuelo. ¿Entonces aquel mecanismo de defensa que consistía en dejar a los civiles tirados, era por el enano pirata? — Nadie conocía al interino Yuwdech, pero él es quien da las órdenes ... — Escupió a un costado, entre lágrimas, aunque algo más calmado.
— Comprendo. — Respondió. Arrancó la katana rápidamente de su pierna, liberó también los pies de aquel marine de los cubos, que se deshicieron al instante.
— Que es lo que comprendes ... — Estaba en el suelo, de rodillas, sin poder levantar siquiera la vista.
— La situación, ¿qué va a ser? — Se volvió hacia el puerto, los civiles habían llegado a donde estaba Derya, allí la mujer podría ayudarlos. — Sois tan decadentes, si fuera alguien importante ... Pero ¿Durin, mano de piedra? hace unos días le dimos una lección que tardará en olvidar. ¿Te has visto? has tardado cinco segundos en cantar, al mínimo dolor. Es ridículo. — Alcanzó un par de pasos, dispuesto a bajar la colina.
— ¡Espera! — Intentaba levantarse a duras penas. — ¿Qué vais a hacer?
— Ayudar a la gente. — Blandió su arma, limpiándola de sangre, gracias en parte a la fuerte lluvia. — Para eso están los revolucionarios. — Sentenció.
El era un hombre de frases grandilocuentes, de escenas cinematográficas, actuaba para la gente, eso ayudaba a la manipulación, algo que se le daba de lujo. Pero en este caso si que había quedado muy solida la frase. Hasta el marine se quedó acongojado, se podría decir que ilusionado ... Ese mismo lema lo podría haber repetido el perfectamente, pero quien lo estaba haciendo era justo el perfil de persona de la que le tocaba tener en frente en una guerra. Los pies de Kovashi se deslizaron pendiente abajo, hasta llegar a la entrada del puerto. Allí estaban los barcos, siguiendo el camino de madera se podría ver a Derya, rodeada ya de civiles que le pedían ayuda. Como el cabalgar de unos potros salvajes, pero acompasados, una milicia llegó. Se aventuró por la entrada del puerto (entendiendo entrada al pie que da paso al camino de madera que a su vez da con el inicio del puerto y sus barcos).
— Por órdenes superiores, quedan ustedes arrestados. — Quién habló era más grande que los otros cuatro que tenía detrás, aunque estéticamente vestían completamente igual. Menos el vocal, el resto portaba un rifle en mano, apuntando.
— Órdenes superiores, casi parece que te lo ha pedido el todopoderoso. — Mientras se daba este encuentro, una poderosa alarma empezó a sonar no muy lejos de allí. Se trataba del cuartel marine, ¿habían llegado ya el dúo de osos? o pudiera ser que la situación con el aguacero se estaba descontrolando, tanto que ahora sí que sí vieran aquello como una amenaza real. — Eso no suena muy bien. —
—¡Que te calles, escoria! — Se le vía desesperado, como un pollo sin cabeza.
— Está feo que hables de esa manera a la mano derecha de Mano de piedra "Durin", pequeño amigo. — El rostro de un humano descomponiéndose, es el disfraz que adoptó el grupo de marines. — Lo pasaré por alto debido a la catástrofe natural que estáis viviendo, no debe ser fácil.
— Pero ... ¿Por qué está ayudando a los civiles? — Su tono de voz ya era diferente - Así que en mayor o menos medida todos en esta base saben lo de Durin, interesante -
— ¿Tengo que darte explicaciones?
— Yo ... Eh ... Bueno, no. — Bajó la mirada, frustrado. Kovashi caminó lentamente hacia ellos, algo que les hizo alzar las armas del nerviosismo. — ¡Bajad las armas! — Gritó el principal, los demás obedecieron.
— Mata a ese. — Acercó su sibilina lengua a la oreja del líder. Este se alejó un paso, sudando como un loco.
— ¿Q-uee? — Miró a su compañero, que también estaba acojonado. — Como podría ... No ... ¡Jamás! — Se volvió, sacando un arma de su bolsillo y colocando la misma en la frente de Kovashi.
— Jajaja, casi lo haces, lo has pensado. Vaya escoria.
— ¡Mentira! nunca le pondría un dedo encima a uno de los míos y menos si me lo pide una sucia rata como tú, pirata. — Pirata, no era la primera vez que se lo llamaban, actuaba como uno muchas veces, no se les podía culpar por la confusión. El hilo de la mentira fue estirado a tal punto que había topado con el orgullo. Duro enemigo el orgullo propio.
Fueron segundos, segundos que apartaron la vista de un objetivo potencialmente peligroso. Kovashi golpeó el pecho del jefe, haciéndolo chocar contra los otros como si bolos fueran. Era una clara incorrección posicional el no llevar mínimo un metro de distancia de tu compañero, eso lo enseña hasta en las mafias, de las que el peli blanco sabía tanto. Clavó sin compasión alguna su hoja en el pecho del cabecilla. Los demás se arrastraron, anonadados. Kovashi no fue a por ellos, estaba bien, que se fueran, que hablaran de él, que su leyenda fluyera. Dejó que se escaparan. Arrancó de nuevo la katana del cuerpo de otro hombre más, no sin antes limpiarla en el propio ropaje del marine. Tras eso, llegó donde estaba Derya. Los civiles que estaban en la parte más alejada de la gyojin (pues hacían un círculo a su alrededor) son lo que contemplaron la muerte del marine a manos de Kovashi. Y aunque fuera por ellos (que en el fondo no tanto) sentían cierto recelo a aceptar aquellas maniobras tan sanguinarias. No se les podía culpar.
Cita:-Contador de Kovashi
Npc derrotados: 14 marines
Npc muertos: 7 marines
Total de civiles muertos (no por Kovashi, en general): 12
Energía: 450 - 40 (10 cada cubo) = 410
"Anata wa tokubetsuna kodomodesu. Ima sugu ikimashou, karera wa anata o matteimasu" (Eres un niño especial. Vete ahora, te están esperando)
