20-10-2024, 12:52 PM
Esperé un ataque inminente por parte del rubio, lo cual no sucedió. Creía que aprovecharía mi momento de debilidad, no me sentía con todas mis facultades y por eso había optado por tomar una posición defensiva. Pero en su lugar, decidió aprovechar para responderme y tomarse un pequeño respiro, tal vez pensando en qué hacer ahora que se había quedado completamente solo. Sin embargo, no parecía preocuparle, ya que, como el mismo dijo, no era la primera vez que se quedaba solo. Aquello tan solo haría que la situación se alargase y que fuese más entretenida para mí. No he entendí del todo su comentario y cómo por culpa de un marine se había quedado solo, pero, a pesar de ello, él trabajaba para la Marina. No sabía si se trataba de una movida de venganza o qué, me había dejado con la curiosidad, pero tendría que quedarme con las ganas de saber más, es que no era el momento para hablar.
—Lo flipas. Eres todo un soldadito. Una pena que no estés en el bando correcto. Las cosas podrían haber sido diferentes y mucho más divertidas, pero qué se le va a hacer— le dije haciéndome la idea de que tendría que acabar con el cuanto antes aprovechando que se encontraba solo. A saber cuándo volvían los otros dos, si es que volvían, o si llegarían refuerzos. El rubio se puso en posición, imaginaba que para prepararse para su siguiente ataque o, tal vez, para estar listo y hacer frente al mío. En ese momento, vi de reojo cómo el gyojin salía del agua. No le quite la vista de encima al de la arena, así que no sabía que tramaba el cara pez, pero estaba preparada. Asumí que no se quedaría parado, y así fue. Saltó de forma veloz para venir a por mí, pero no le presté atención, totalmente confiada. Sentí dos impactos, uno en la pierna y otro en la cabeza. Me la había jugado una vez más confiando en la defensa que me había enseñado mi compañero Gol y que había activado cuando se metió en el agua. El golpe del pez podría haber sido tan potente que no me hubiese servido de nada. Sin embargo, corroboré que no eran rivales para mí.
Aún así, había que estar ciega para no ver que, a pesar de no contar con la fuerza necesaria, sí que tenían potencial. El gyojin había sido bastante inteligente con su movimiento, lo único que había impedido que me dañase como él pretendía era que me había adelantado para protegerme. Si no lo hubiese hecho, estaba bastante segura de que no habría podido esquivarlo, y mucho menos prestar al mismo tiempo atención al rubio, que estaría esperando su momento. Las medidas que había tomado para disfrutar de aquel enfrentamiento realmente lo estaban volviendo más interesante. Si mis compañeros se enterasen tal vez se enfadarían. Podría estar ya de camino a la base con ellos, pero, ¿dónde quedaría entonces la emoción? La chispa de la vida.
Tras su ataque, el gyojin se alejó varios metros. No había tenido la suerte de que abandonase a su compañero y encima soltó un chiste malísimo. Estaba completamente de acuerdo en la parte del marino fracasado rodeado de juegos de azar y mujerzuelas, pero no era necesario que se uniese al ejército revolucionario para ello, ya sabía que era algo que ocurría en sus propios cuarteles, para vergüenza de la institución. —Vas a tener que currarte más los chistes. Ese es demasiado realista —le dije a modo de consejo para que perfeccionase su técnica. No tardé en lanzarme a por él, ya que era el más cercano. Corrí con una sola pierna lo más rápido que pude en línea recta hacia él cuatro de los cinco metros que nos separaban y, al encontrarme a un solo metro, extendí mi pierna derecha para pegarle una patada en la boca del estómago y justo después devolverla a su posición original y quedarme frente a él plantada en el sitio para ver qué hacía. Casi sin querer había utilizado a pierna que dije que no necesitaría en este combate. Ups.
—Lo flipas. Eres todo un soldadito. Una pena que no estés en el bando correcto. Las cosas podrían haber sido diferentes y mucho más divertidas, pero qué se le va a hacer— le dije haciéndome la idea de que tendría que acabar con el cuanto antes aprovechando que se encontraba solo. A saber cuándo volvían los otros dos, si es que volvían, o si llegarían refuerzos. El rubio se puso en posición, imaginaba que para prepararse para su siguiente ataque o, tal vez, para estar listo y hacer frente al mío. En ese momento, vi de reojo cómo el gyojin salía del agua. No le quite la vista de encima al de la arena, así que no sabía que tramaba el cara pez, pero estaba preparada. Asumí que no se quedaría parado, y así fue. Saltó de forma veloz para venir a por mí, pero no le presté atención, totalmente confiada. Sentí dos impactos, uno en la pierna y otro en la cabeza. Me la había jugado una vez más confiando en la defensa que me había enseñado mi compañero Gol y que había activado cuando se metió en el agua. El golpe del pez podría haber sido tan potente que no me hubiese servido de nada. Sin embargo, corroboré que no eran rivales para mí.
Aún así, había que estar ciega para no ver que, a pesar de no contar con la fuerza necesaria, sí que tenían potencial. El gyojin había sido bastante inteligente con su movimiento, lo único que había impedido que me dañase como él pretendía era que me había adelantado para protegerme. Si no lo hubiese hecho, estaba bastante segura de que no habría podido esquivarlo, y mucho menos prestar al mismo tiempo atención al rubio, que estaría esperando su momento. Las medidas que había tomado para disfrutar de aquel enfrentamiento realmente lo estaban volviendo más interesante. Si mis compañeros se enterasen tal vez se enfadarían. Podría estar ya de camino a la base con ellos, pero, ¿dónde quedaría entonces la emoción? La chispa de la vida.
Tras su ataque, el gyojin se alejó varios metros. No había tenido la suerte de que abandonase a su compañero y encima soltó un chiste malísimo. Estaba completamente de acuerdo en la parte del marino fracasado rodeado de juegos de azar y mujerzuelas, pero no era necesario que se uniese al ejército revolucionario para ello, ya sabía que era algo que ocurría en sus propios cuarteles, para vergüenza de la institución. —Vas a tener que currarte más los chistes. Ese es demasiado realista —le dije a modo de consejo para que perfeccionase su técnica. No tardé en lanzarme a por él, ya que era el más cercano. Corrí con una sola pierna lo más rápido que pude en línea recta hacia él cuatro de los cinco metros que nos separaban y, al encontrarme a un solo metro, extendí mi pierna derecha para pegarle una patada en la boca del estómago y justo después devolverla a su posición original y quedarme frente a él plantada en el sitio para ver qué hacía. Casi sin querer había utilizado a pierna que dije que no necesitaría en este combate. Ups.
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