22-10-2024, 11:01 PM
El discurso del rubio era enternecedor, pero no me convencía en absoluto. Estaba claro que en cualquier bando había gente de todo tipo, pero aquellos que decidían pertenecer a un grupo opresor, por muy simpáticos que fuesen o por mucho bien que se creyesen que hacían, eran unos necios, como poco. A estas alturas de la película, ninguno íbamos a cambiar de opinión respecto a nuestras convicciones. Tan solo nos quedaba confiar en nuestras convicciones y acatar órdenes. La que a mí me habían dado era muy concreta y ya estaba tardando demasiado en ejecutarla. No sabía cómo les iría a mis compañeros, seguramente bien porque en esta división de marines parecían unos peleles. También podía ser que yo hubiese tenido la mala suerte de toparme con los novatos. De cualquier manera, fallar no era una opción.
Al girarme para atacar al gyojin creí que sería una buena opción. El otro, a pesar de tener un poder impresionante, especialmente en el terreno en el que nos encontrábamos, parecía reacio a utilizarlo a lo grande. Tal vez todavía no era consciente de lo que podía ser capaz. En cambio, el pez estaba especialmente beligerante. Me convencí de que mi decisión era la correcta, ahora que lo tenía de frente no pensaba parar hasta dejarle tirado en la arena. Sin embargo, en seguida me percaté de mi error cuando escuché la voz del rubio cerca de mí, a mi espalda. No pude ni girarme para ver qué estaba tramando, directamente sentí su golpe y lo aguanté. Ya lo conocía, era el mismo de antes, el que había conseguido reducir mi velocidad. Este juego ya no me gustaba y, para colmo, el cara pez aprovechó para reírse. No pensaba dejar ni que acabase su burla ni que el rubio tuviese la oportunidad de darme otro golpe. Me agaché apoyando ambas piernas en el suelo y giré para hacer un barrido en círculo golpeándoles en sus muslos con mi pierna derecha imbuida en haki.
La intención era tirarles al suelo y volver a obtener ventaja, pero ya no sabía qué esperar de ellos. Aquella posición no me convenía en absoluto, así que tras dar la vuelta ligeramente agachada pegué un salto de cinco metros hacia mi lado izquierdo, el más alejado del mar, para tomar algo de distancia y tratar de procesar lo que había ocurrido. Aquellos dos marinuchos casi me fastidian pero bien, aunque realmente había sido mi culpa por tratar de alargar la situación. Me habían pillado por sorpresa por última vez. —¡Lo flipas! Mira que eres rencoroso rubito. Se acabó ser buena onda.
Al girarme para atacar al gyojin creí que sería una buena opción. El otro, a pesar de tener un poder impresionante, especialmente en el terreno en el que nos encontrábamos, parecía reacio a utilizarlo a lo grande. Tal vez todavía no era consciente de lo que podía ser capaz. En cambio, el pez estaba especialmente beligerante. Me convencí de que mi decisión era la correcta, ahora que lo tenía de frente no pensaba parar hasta dejarle tirado en la arena. Sin embargo, en seguida me percaté de mi error cuando escuché la voz del rubio cerca de mí, a mi espalda. No pude ni girarme para ver qué estaba tramando, directamente sentí su golpe y lo aguanté. Ya lo conocía, era el mismo de antes, el que había conseguido reducir mi velocidad. Este juego ya no me gustaba y, para colmo, el cara pez aprovechó para reírse. No pensaba dejar ni que acabase su burla ni que el rubio tuviese la oportunidad de darme otro golpe. Me agaché apoyando ambas piernas en el suelo y giré para hacer un barrido en círculo golpeándoles en sus muslos con mi pierna derecha imbuida en haki.
La intención era tirarles al suelo y volver a obtener ventaja, pero ya no sabía qué esperar de ellos. Aquella posición no me convenía en absoluto, así que tras dar la vuelta ligeramente agachada pegué un salto de cinco metros hacia mi lado izquierdo, el más alejado del mar, para tomar algo de distancia y tratar de procesar lo que había ocurrido. Aquellos dos marinuchos casi me fastidian pero bien, aunque realmente había sido mi culpa por tratar de alargar la situación. Me habían pillado por sorpresa por última vez. —¡Lo flipas! Mira que eres rencoroso rubito. Se acabó ser buena onda.
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