05-11-2024, 02:20 PM
(Última modificación: 05-11-2024, 02:39 PM por Gol D. Ick.)
De su boca salía sangre a borbotones, parecía que el puñetazo había impactado en su cuerpo como una bala de cañón. Por lo que sabía los Marines también usaban las mismas Artes Marciales que usaban los pirados del Gobierno Mundial… ¿por qué motivo no usó el Tekkai para paliar, aunque fuera un poco, mi golpe? Y si lo había usado, era el Tekkai más ridículo contra el que me había enfrentado en toda mi vida… o quizá no lo dominaba. Como fuera, aquel impacto lo dejó tocado, y se le podía ver jadeando y dolorido.
Siempre he pensado que la fortaleza de alguien viene de su mente, y no de su cuerpo. El acero del espíritu es más duradero que el físico, pero en su caso, parecía que ni eso podía aguantar un golpe como el mío. No era un hombre de hierro, al menos no de la manera que yo había esperado. Su rostro estaba demacrado y mostraba una mueca de dolor que revelaba más debilidad de la que un Marine debería mostrar. Pero no me fiaba, aún quedaba un rastro de duda en mi cabeza.
Él había sido entrenado para resistir, para pelear hasta el final, y aunque ahora estaba en una posición desfavorable, no podía subestimarlo. Todos los Marines, por más idiotas que fueran, tenían algo en común: nunca se rendían. Había algo más que rabia en su mirada, algo que indicaba que no había llegado hasta allí solo para ser derribado por un golpe. Era la determinación de un auténtico…
Uso el arma más efectiva que podía haber usado contra alguien como yo, la palabra. Mientras se transformaba de nuevo en aquella serpiente y finalizó aquella conversación con una frase que encendió una bombilla en mi cabeza: “La gente, cualquier vida, está por encima de unos ideales, sean cuales sean, Gol... Es lo único que necesitas saber”. Cerré los ojos, confiado, y desactivé mi Haki de Observación, sonreí y, haciendo la garra del dragón en ambas manos, las llevé a la cadera para prepararme para el ataque que seguramente me hiciera.
Como era de esperar no pasó demasiado tiempo hasta que noté como su puño impactaba contra mi rostro. Aquel golpe fue tan poderoso y estaba tan cargado de rabia que por poco no me hizo vomitar, me encontraba mareado, aturdido en general, pero debía dar este último golpe. Mientras su puño seguía en mi cara, imbuí mis dos brazos en Haki de Armadura y los estiré hacia su cintura. Dije que el anterior ataque era el último, me equivoqué, este Marine era mucho más poderoso de lo que parecía. Esto era el golpe definitivo del Ejército Revolucionario, que impactaría en su cintura generando un dolor genuinamente fuerte. Ni siquiera mis manos entraron en contacto con su cuerpo, no hacía falta, este golpe atacaba a las esperanzas del que estuviera delante. Estaba claro que no íbamos a llegar a un acuerdo, pero sería una pena matarlo en este mismo instante. Si sobrevivía a esto nos volveríamos a ver, tenía la sensación de que había plantado una pequeña semilla de duda que, si seguía pensando por si mismo, tal y como me había estado demostrando, crecería hasta germinar en el primer Marine honesto. En un auténtico Héroe.
Tras intercambiar los golpes me separé un par de pasos de él y le lancé una moneda a “sus pies”. Aquella moneda, que se generó de mi ombligo, era distinta. En la cara estaba mi rostro perfecto y dorado, rodeado por las siguientes palabras: “Gol D. Ick, Golden Freedom”. Y por la parte de la cruz había una serie de números.
-Esta es una moneda de edición limitada “Golden Freedom”. Úsala cuando la necesites. -dije mientras caminaba hacia el barril que sostenía aquel Den Den Mushi. -Me equivoqué contigo Joe, mereces la pena. -dije con sinceridad. -Ve a ver a tus amigos, yo me reuniré con los míos y os iréis de aquí ya mismo. -continué mientras recogía el Den Den Mushi del barril. -La próxima vez que nos veamos será la última.
Entonces se generó bajo mis pies una tabla de oro puro que me impulsó como un cohete hasta la otra punta de aquella kilométrica calle. Era hora de irnos, esperaba de corazón que tanto Marcia como Schierke estuvieran bien, o la venganza e tornaría en algo personal.
Siempre he pensado que la fortaleza de alguien viene de su mente, y no de su cuerpo. El acero del espíritu es más duradero que el físico, pero en su caso, parecía que ni eso podía aguantar un golpe como el mío. No era un hombre de hierro, al menos no de la manera que yo había esperado. Su rostro estaba demacrado y mostraba una mueca de dolor que revelaba más debilidad de la que un Marine debería mostrar. Pero no me fiaba, aún quedaba un rastro de duda en mi cabeza.
Él había sido entrenado para resistir, para pelear hasta el final, y aunque ahora estaba en una posición desfavorable, no podía subestimarlo. Todos los Marines, por más idiotas que fueran, tenían algo en común: nunca se rendían. Había algo más que rabia en su mirada, algo que indicaba que no había llegado hasta allí solo para ser derribado por un golpe. Era la determinación de un auténtico…
Uso el arma más efectiva que podía haber usado contra alguien como yo, la palabra. Mientras se transformaba de nuevo en aquella serpiente y finalizó aquella conversación con una frase que encendió una bombilla en mi cabeza: “La gente, cualquier vida, está por encima de unos ideales, sean cuales sean, Gol... Es lo único que necesitas saber”. Cerré los ojos, confiado, y desactivé mi Haki de Observación, sonreí y, haciendo la garra del dragón en ambas manos, las llevé a la cadera para prepararme para el ataque que seguramente me hiciera.
Como era de esperar no pasó demasiado tiempo hasta que noté como su puño impactaba contra mi rostro. Aquel golpe fue tan poderoso y estaba tan cargado de rabia que por poco no me hizo vomitar, me encontraba mareado, aturdido en general, pero debía dar este último golpe. Mientras su puño seguía en mi cara, imbuí mis dos brazos en Haki de Armadura y los estiré hacia su cintura. Dije que el anterior ataque era el último, me equivoqué, este Marine era mucho más poderoso de lo que parecía. Esto era el golpe definitivo del Ejército Revolucionario, que impactaría en su cintura generando un dolor genuinamente fuerte. Ni siquiera mis manos entraron en contacto con su cuerpo, no hacía falta, este golpe atacaba a las esperanzas del que estuviera delante. Estaba claro que no íbamos a llegar a un acuerdo, pero sería una pena matarlo en este mismo instante. Si sobrevivía a esto nos volveríamos a ver, tenía la sensación de que había plantado una pequeña semilla de duda que, si seguía pensando por si mismo, tal y como me había estado demostrando, crecería hasta germinar en el primer Marine honesto. En un auténtico Héroe.
Tras intercambiar los golpes me separé un par de pasos de él y le lancé una moneda a “sus pies”. Aquella moneda, que se generó de mi ombligo, era distinta. En la cara estaba mi rostro perfecto y dorado, rodeado por las siguientes palabras: “Gol D. Ick, Golden Freedom”. Y por la parte de la cruz había una serie de números.
-Esta es una moneda de edición limitada “Golden Freedom”. Úsala cuando la necesites. -dije mientras caminaba hacia el barril que sostenía aquel Den Den Mushi. -Me equivoqué contigo Joe, mereces la pena. -dije con sinceridad. -Ve a ver a tus amigos, yo me reuniré con los míos y os iréis de aquí ya mismo. -continué mientras recogía el Den Den Mushi del barril. -La próxima vez que nos veamos será la última.
Entonces se generó bajo mis pies una tabla de oro puro que me impulsó como un cohete hasta la otra punta de aquella kilométrica calle. Era hora de irnos, esperaba de corazón que tanto Marcia como Schierke estuvieran bien, o la venganza e tornaría en algo personal.
Resumen
Fruta y técnicas activas
Técnicas y aclaraciones
Inventario
Invasion
