14-11-2024, 10:28 AM
Por primera vez en mi vida no tenía ánimos de estar en el mar.
Tras el ataque de Marcia y recuperar la consciencia, un grupo de la marina me había informado que debíamos abandonar la Momoiro inmediatamente. Una pena, no había pasado ni una tarde en aquella isla de tonos rosados – y no la mejor de mis tardes, a decir verdad – cuando ya había que dejarla atrás. Tras la paliza que me había puesto Marcia he de reconocer que tampoco me apetecía quedarme mucho tiempo en Momoiro rodeado de otros integrantes del ejercito revolucionario. Como se suele decir en la isla Gyojin, “no es sabio jugar en la boca del monstruo marino”.
Si tan solo hubiera hecho caso a aquel dicho no me encontraría aquí. Aquella bendita ballena no me hubiera alejado dentro de sus fauces miles de kilómetros lejos de mi lugar de origen, no hubiera conocido al buen Zanators ni a mi maestro Ershot Spardal y no hubiera aprendido a defenderme. Estaba claro que aún me quedaba mucho por mejorar, pero todo este viaje es necesario para lograr mi objetivo, recuperar a Fugowo.
El barco de la marina en el que nos transportábamos era impresionante. Dado que en este viajaba una de las grandes fuerzas de la marina, los Zodiacool, no era para esperar menos. Había tenido la suerte de conseguir un camarote propio, posiblemente por el aumento de rango que había conseguido a contramaestre, en el cual había pasado gran parte del viaje deliberando.
Nada de lo que había pasado aquel día en Momoiro tenía sentido. En realidad una cosa sí que lo tenía, el ataque de los revolucionarios. Según me habían informado, la División 21 había pasado mucho tiempo en la isla y se les habían sumado los Zodiacool, por lo que era lógico que los revolucionarios no nos dejaran acampar a nuestras anchas. Lo que no tenía sentido es todo lo que había pasado tras mi llegada, y era cuando menos preocupante.
¿Por qué me habían ascendido de rango incluso tras perder la batalla?
¿Por qué la Capitán Ikirami no había movido un músculo incluso cuando le ataque de pleno Marcia?
¿Por qué los ataques de Marcia dolían mucho más que cualquier otro golpe que había experimentado antes?
Cierto es que Marcia llevaba punteras durante el combate y esto le había agregado cierto poder extra a sus patadas, pero no era la razón principal, estaba seguro. Sin embargo, era una buena lección (y espero que no la única) que me llevaba de este combate inesperado, todo daño extra cuenta en batalla. Por esta razón, una de las cosas que hice durante mi estancia en el barco de los Zodiacool fue el ir a la armería y conseguirme unos guantes de metal para potenciar el impacto de mis golpes, ajustándolos de tal forma que las púas de mis nudillos asomaran ligeramente para que no me resultaran incomodos y que cualquier ataque viera sumado el daño causado por las puas en mis nudillos junto con el metal de los guantes.
La Division 21, del héroe Joe, perdía 2 integrantes senior (la Capitán Ikirami y un tal Sephirot) y obtenía 3 nuevos integrantes (de nombres James, Apolo y Fuguwu) de los cuales al menos yo no parecía estar a la altura de los retos que nos deparaba el futuro.
¿Era este el momento correcto de reasignar integrantes en la división?
Aunque agradecía haber sido reasignado a la división del héroe de la marina, y el asenso de rango, no me sentía merecedor de ambas situaciones ni podía portar con orgullo el nuevo cargo. Al menos no hasta que me demostrara a mi mismo que lo valía. Aquella fatídica tarde, tumbado en la arena rosa, había perdido mi orgullo como guerrero pero estaba dispuesto a recuperarlo a como diera lugar.
Los días pasaron en el mar sin lograr llegar a encontrar respuesta a ninguna de mis preguntas cuando nos avisaron que la siguiente isla ya se avistaba a la lejanía, la isla Chika. Subí a cubierta con una ligera emoción la cual se vio rápidamente desaparecida a causa de la situación enfrente nuestra.
Por primera vez en mi vida no tenía ánimos de estar en el mar.
El océano que nos rodeaba se había tornado sumamente oscuro y el mar parecía muy agitado. Utilizando un catalejo pude observar como la costa de la isla a la que nos acercábamos estaba llena de basura y lo que parecían ser residuos tóxicos y la atmosfera daba la sensación de que no nos daría una grata bienvenida.
Devolví el catalejo a su dueño, y me puse a recorrer la cubierta del barco en busca de alguna cara familiar – ojalá el genio y maestro del disfraz, Apolo, este igual en la División 21, parecía que se estaba presentando con la Capitan Ikirami aquella tarde en Momoiro – o de algún otro integrante de la nueva división a la que ahora pertenezco, idealmente el Comodoro Joe o quizás aquellos grandes combatientes que lograron vencer a su adversario en Momoiro, ambos sonaban ser increíbles combatientes y quizás tendrían un consejo para cómo mejorar mis ataques o cómo enfocar mi entrenamiento.
Tras el ataque de Marcia y recuperar la consciencia, un grupo de la marina me había informado que debíamos abandonar la Momoiro inmediatamente. Una pena, no había pasado ni una tarde en aquella isla de tonos rosados – y no la mejor de mis tardes, a decir verdad – cuando ya había que dejarla atrás. Tras la paliza que me había puesto Marcia he de reconocer que tampoco me apetecía quedarme mucho tiempo en Momoiro rodeado de otros integrantes del ejercito revolucionario. Como se suele decir en la isla Gyojin, “no es sabio jugar en la boca del monstruo marino”.
Si tan solo hubiera hecho caso a aquel dicho no me encontraría aquí. Aquella bendita ballena no me hubiera alejado dentro de sus fauces miles de kilómetros lejos de mi lugar de origen, no hubiera conocido al buen Zanators ni a mi maestro Ershot Spardal y no hubiera aprendido a defenderme. Estaba claro que aún me quedaba mucho por mejorar, pero todo este viaje es necesario para lograr mi objetivo, recuperar a Fugowo.
El barco de la marina en el que nos transportábamos era impresionante. Dado que en este viajaba una de las grandes fuerzas de la marina, los Zodiacool, no era para esperar menos. Había tenido la suerte de conseguir un camarote propio, posiblemente por el aumento de rango que había conseguido a contramaestre, en el cual había pasado gran parte del viaje deliberando.
Nada de lo que había pasado aquel día en Momoiro tenía sentido. En realidad una cosa sí que lo tenía, el ataque de los revolucionarios. Según me habían informado, la División 21 había pasado mucho tiempo en la isla y se les habían sumado los Zodiacool, por lo que era lógico que los revolucionarios no nos dejaran acampar a nuestras anchas. Lo que no tenía sentido es todo lo que había pasado tras mi llegada, y era cuando menos preocupante.
¿Por qué me habían ascendido de rango incluso tras perder la batalla?
¿Por qué la Capitán Ikirami no había movido un músculo incluso cuando le ataque de pleno Marcia?
¿Por qué los ataques de Marcia dolían mucho más que cualquier otro golpe que había experimentado antes?
Cierto es que Marcia llevaba punteras durante el combate y esto le había agregado cierto poder extra a sus patadas, pero no era la razón principal, estaba seguro. Sin embargo, era una buena lección (y espero que no la única) que me llevaba de este combate inesperado, todo daño extra cuenta en batalla. Por esta razón, una de las cosas que hice durante mi estancia en el barco de los Zodiacool fue el ir a la armería y conseguirme unos guantes de metal para potenciar el impacto de mis golpes, ajustándolos de tal forma que las púas de mis nudillos asomaran ligeramente para que no me resultaran incomodos y que cualquier ataque viera sumado el daño causado por las puas en mis nudillos junto con el metal de los guantes.
La Division 21, del héroe Joe, perdía 2 integrantes senior (la Capitán Ikirami y un tal Sephirot) y obtenía 3 nuevos integrantes (de nombres James, Apolo y Fuguwu) de los cuales al menos yo no parecía estar a la altura de los retos que nos deparaba el futuro.
¿Era este el momento correcto de reasignar integrantes en la división?
Aunque agradecía haber sido reasignado a la división del héroe de la marina, y el asenso de rango, no me sentía merecedor de ambas situaciones ni podía portar con orgullo el nuevo cargo. Al menos no hasta que me demostrara a mi mismo que lo valía. Aquella fatídica tarde, tumbado en la arena rosa, había perdido mi orgullo como guerrero pero estaba dispuesto a recuperarlo a como diera lugar.
Los días pasaron en el mar sin lograr llegar a encontrar respuesta a ninguna de mis preguntas cuando nos avisaron que la siguiente isla ya se avistaba a la lejanía, la isla Chika. Subí a cubierta con una ligera emoción la cual se vio rápidamente desaparecida a causa de la situación enfrente nuestra.
Por primera vez en mi vida no tenía ánimos de estar en el mar.
El océano que nos rodeaba se había tornado sumamente oscuro y el mar parecía muy agitado. Utilizando un catalejo pude observar como la costa de la isla a la que nos acercábamos estaba llena de basura y lo que parecían ser residuos tóxicos y la atmosfera daba la sensación de que no nos daría una grata bienvenida.
Devolví el catalejo a su dueño, y me puse a recorrer la cubierta del barco en busca de alguna cara familiar – ojalá el genio y maestro del disfraz, Apolo, este igual en la División 21, parecía que se estaba presentando con la Capitan Ikirami aquella tarde en Momoiro – o de algún otro integrante de la nueva división a la que ahora pertenezco, idealmente el Comodoro Joe o quizás aquellos grandes combatientes que lograron vencer a su adversario en Momoiro, ambos sonaban ser increíbles combatientes y quizás tendrían un consejo para cómo mejorar mis ataques o cómo enfocar mi entrenamiento.
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