23-11-2024, 05:22 PM
La vida es una sucesión de putadas con pequeñas paradas para disfrutar, o por lo menos así ha sido la mía desde el día en el que Dios o lo que sea que forja nuestros designios decidió crearme y ponerme en esta fetua y asquerosa realidad que me asola a cada segundo.
Rapax apareció entre las brumas acompañando por su orgullosa pose y sus palabras insolentes, que no eran insolentes por maldad o soberbia, si no, por la ferviente seguridad que depositaba en si mismo. Era un tipo rudo para todo y hábil para la armas aunque su arma más poderosa fueran sus manos, en esencia era un tipo peculiar. No lo esperaba allí, había esbozados mis intenciones con la vaga palabra que me caracteriza, había desaparecido de sus vidas sin dejar rastro y había estado hundido en las profundidades de aquella ciudad sin hacer ruido, a la espera de una muerte segura, mejor dicho, de una muerte anunciada. Le observé sin mediar palabra, atónito en consecuencia a su aparición. Si el estaba allí, sería mucho más difícil mi muerte, pues mis posibilidades acababan de aumentar exponencialmente.
El muro explotó, los escombros saltaron, las piedras chillaron de dolor, el silencio se resquebrajó junto a la rocas y fruto de la hostilidad tranquila que había asolado a aquel muro un butrón apareció.
- Diablos - Dijo Nicolás sorprendido ante la brutalidad que había generado Rapax con un leve movimiento - Su puta madre -
Un tono de voz sereno e imperturbable acompaño a los últimas rocas que rechinaban y caían todavía. Sobre el juego de sombras que la niebla ocultaba, una figura grande e imponente empezó a esbozarse, era Ben. Solo su presencia curo una herida que el no había generado, sentí la confianza volver a mi ser, sentí como la energía y la fuerza de mi alma volvían de forma imperturbable como su tono de voz. Aquella misión suicida acaba de cambiar completamente, el lugar al que había ido a buscar mi muerte acababa de darme la vida. Con ellos dos todo había cambiado.
Entonces observé el interior, esperando movimiento, hombres llamando a las armas, celeridad, miedo, odio. Pero solo contestó el eco de la destrucción. Un gran portón descansaba frente a nosotros.
Sus metálicos engranajes chillaron en la noche y aquella basta puerta empezó a abrirse. Metafóricamente acababan de aceptar nuestro reto. Mis huestes: Rapax, un hombre que podría destrozar el mundo en su debido momento. Ben, un animal capaz de parar el mundo si lo quisiera. Debería estar a la altura de semejantes poderes si quería coman... ¿Comandarlos? ¿Yo? Los había dejado a su suerte en aquel peñasco, de echo faltaban 2. Seguramente abrían salido de la isla... Aunque nosotros, seríamos más que suficiente.
- Somos perdedores... - Contesté, sin darles ni si quiera la bienvenida. Al quedarse a mi lado habían aceptado aquel cometido, estaban listos para lo que se nos venía encima, la muerte de cualquiera de nosotros no sería culpa de ninguno, pues podrían haberse ido en cualquier momento - Nos hemos pasado la vida perdiendo - Proseguí - A nuestros familiares, nuestras casas, nuestras vidas... - Ni si quiera sabía que estaba diciendo - El mundo es un lugar de odio y nosotros somos sus pequeños vástagos, las bestias que han alimentado y criado - Mis dientes rechinaron - Pero hoy empieza nuestra remontada - Mi corazón redoblaba al ritmo de la guerra - Vamos a tumbar los cimientos de este mundo - Dije pasando al lado de Rapax - Vamos a parar este ciclo - Adelanté también a Ben - Y sobre el humo de la cenizas de todo lo que destruyamos - Entonces entré dentro de la fortificación - Forjaremos un mundo cruel para todos - Suspiré, la esperanza es para aquel que todavía no han perdido.
- Déjame Con el terremotos - Me dijo Nicolás - No quiero que me rompa por tu puta culpa - Aunque igual sería bueno que Nicolás muriera.
Entonces, la columna de humo que sostenía mi tronco empezó a chupar mi forma, poco a poco lo que quedaba de mi humanidad se perdió entre la neblina y convertido en una fina estilizada forma de humo serpenteé entre las cabezas de Rapax y Ben un par de veces sobre cada uno. La primera vez que pasé sobre Rapax le dejé caer a Nicolás.
- No lo rompas - Dije mientras seguía serpenteando entre ellos, mi voz nació del humo con un tono escalofriante. Seguí arremolinándome entre ellos. Acto seguido partí el humo que formaba aquella serpenteante forma en la que me había convertido, dejando a ambos rodeados por un halo de humo, ambos con una aureola semejante e idéntica, una aureola que pasaba bajo sus hombros y se cerraba completando el circulo sobre las cabezas - Avanzad - Terminé pronunciando.
Rapax apareció entre las brumas acompañando por su orgullosa pose y sus palabras insolentes, que no eran insolentes por maldad o soberbia, si no, por la ferviente seguridad que depositaba en si mismo. Era un tipo rudo para todo y hábil para la armas aunque su arma más poderosa fueran sus manos, en esencia era un tipo peculiar. No lo esperaba allí, había esbozados mis intenciones con la vaga palabra que me caracteriza, había desaparecido de sus vidas sin dejar rastro y había estado hundido en las profundidades de aquella ciudad sin hacer ruido, a la espera de una muerte segura, mejor dicho, de una muerte anunciada. Le observé sin mediar palabra, atónito en consecuencia a su aparición. Si el estaba allí, sería mucho más difícil mi muerte, pues mis posibilidades acababan de aumentar exponencialmente.
El muro explotó, los escombros saltaron, las piedras chillaron de dolor, el silencio se resquebrajó junto a la rocas y fruto de la hostilidad tranquila que había asolado a aquel muro un butrón apareció.
- Diablos - Dijo Nicolás sorprendido ante la brutalidad que había generado Rapax con un leve movimiento - Su puta madre -
Un tono de voz sereno e imperturbable acompaño a los últimas rocas que rechinaban y caían todavía. Sobre el juego de sombras que la niebla ocultaba, una figura grande e imponente empezó a esbozarse, era Ben. Solo su presencia curo una herida que el no había generado, sentí la confianza volver a mi ser, sentí como la energía y la fuerza de mi alma volvían de forma imperturbable como su tono de voz. Aquella misión suicida acaba de cambiar completamente, el lugar al que había ido a buscar mi muerte acababa de darme la vida. Con ellos dos todo había cambiado.
Entonces observé el interior, esperando movimiento, hombres llamando a las armas, celeridad, miedo, odio. Pero solo contestó el eco de la destrucción. Un gran portón descansaba frente a nosotros.
Sus metálicos engranajes chillaron en la noche y aquella basta puerta empezó a abrirse. Metafóricamente acababan de aceptar nuestro reto. Mis huestes: Rapax, un hombre que podría destrozar el mundo en su debido momento. Ben, un animal capaz de parar el mundo si lo quisiera. Debería estar a la altura de semejantes poderes si quería coman... ¿Comandarlos? ¿Yo? Los había dejado a su suerte en aquel peñasco, de echo faltaban 2. Seguramente abrían salido de la isla... Aunque nosotros, seríamos más que suficiente.
- Somos perdedores... - Contesté, sin darles ni si quiera la bienvenida. Al quedarse a mi lado habían aceptado aquel cometido, estaban listos para lo que se nos venía encima, la muerte de cualquiera de nosotros no sería culpa de ninguno, pues podrían haberse ido en cualquier momento - Nos hemos pasado la vida perdiendo - Proseguí - A nuestros familiares, nuestras casas, nuestras vidas... - Ni si quiera sabía que estaba diciendo - El mundo es un lugar de odio y nosotros somos sus pequeños vástagos, las bestias que han alimentado y criado - Mis dientes rechinaron - Pero hoy empieza nuestra remontada - Mi corazón redoblaba al ritmo de la guerra - Vamos a tumbar los cimientos de este mundo - Dije pasando al lado de Rapax - Vamos a parar este ciclo - Adelanté también a Ben - Y sobre el humo de la cenizas de todo lo que destruyamos - Entonces entré dentro de la fortificación - Forjaremos un mundo cruel para todos - Suspiré, la esperanza es para aquel que todavía no han perdido.
- Déjame Con el terremotos - Me dijo Nicolás - No quiero que me rompa por tu puta culpa - Aunque igual sería bueno que Nicolás muriera.
Entonces, la columna de humo que sostenía mi tronco empezó a chupar mi forma, poco a poco lo que quedaba de mi humanidad se perdió entre la neblina y convertido en una fina estilizada forma de humo serpenteé entre las cabezas de Rapax y Ben un par de veces sobre cada uno. La primera vez que pasé sobre Rapax le dejé caer a Nicolás.
- No lo rompas - Dije mientras seguía serpenteando entre ellos, mi voz nació del humo con un tono escalofriante. Seguí arremolinándome entre ellos. Acto seguido partí el humo que formaba aquella serpenteante forma en la que me había convertido, dejando a ambos rodeados por un halo de humo, ambos con una aureola semejante e idéntica, una aureola que pasaba bajo sus hombros y se cerraba completando el circulo sobre las cabezas - Avanzad - Terminé pronunciando.
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