10-09-2023, 01:14 AM
Derya pudo ver a lo lejos la característica melena blanca de Kovashi. Iba a dirigirse hacia él, cuando vio como un grupo de civiles se acercaban corriendo hacia su posición. Algunos se quedaron asombrados ante la fuerza y espectacular entrada de la gyojin, pero otros estaban demasiado centrados en buscar un refugio. Entonces Derya comprendió que tenía que priorizar que aquella gente estuviera bien y a salvo. Kovashi ya había demostrado de sobra que sabía arreglárselas solo, además habían quedado en hacerse con un barco, ¿no?
— ¡Todos a los barcos, venga! — Había varios muelles con un par de barcos más, aparte del primero que vio Derya. Actuó casi como de guía, ayudando a todo el mundo a entrar a los barcos, y a la vez, impidiéndoles que entrasen en el primero. Aparte de que no era necesario, pues los barcos eran lo suficientemente grandes como para acoger a aquellos civiles sin problemas, Derya necesitaría uno libre, para ella y su grupo. — ¡Quieto todo el mundo! — Un valiente raso apuntó a la rubia con su fusil. Hablaba como alguien con muchas agallas, sin embargo, Derya pudo ver que los brazos le temblaban, quizás de los nervios, o quizás de la euforia. Los civiles se quedaron quietos, atemorizados ante la presencia del arma de fuego. La gyojin sonrió. — Venga ya, no vas a disparar eres un jodido co- — ¡PUM! Pues sí, sí que había disparado, el muy cabrón. Por suerte o por desgracia, el pulso le bailaba tanto que en vez de acertar y darle a Derya, la bala rozó el hombro de una muchacha que tenía cerca. La pobre cayó al suelo, dolorida y sangrando. Derya, que no había apartado los ojos de aquel marine pudo notar en sus ojos el arrepentimiento por haber herido a alguien injustamente. El chaval quedó tan aturdido y desconcertado por lo ocurrido, que se quedó en blanco unos segundos, como sin creerse lo que acababa de hacer.
Momento que Derya aprovechó para dar un paso hacia el costado y caer de lleno al océano nuevamente. Volvió a hacer lo mismo que había hecho antes, nadando hacia abajo unos cuantos metros para coger carrerilla. Su velocidad y fuerza bajo el agua eran inigualables, y podía sacarle muy buen provecho si atacaba nada más salir del mar. Cosa que no tardó en hacer, saliendo disparada entre las olas hacia él, con la boca bien abierta. Esta aterrizó sobre el brazo derecho, la cual sujetaba el arma. Cuando tuvo los dientes bien enterrados en la carne, zarandeó la cabeza de un lado a otro, como si fuese un animal aniquilando a una presa. El brazo salió volando, arrancado a la altura del codo, mientras un chorro enorme de sangre bañaba la cara, el pelo, la boca, el cuello... casi a Derya por completo. El pobre cayó sobre el suelo, desconsolado. Si no lo ayudaba nadie moriría allí tirado, pero eso a ella le daba completamente igual.
Como si nada hubiera ocurrido. — ¡Vamos, seguid corriendo, meteos en los barcos! — Algunos de los civiles celebraron su osadía, al fin y al cabo, había sido un ataque justificado. Otros estaban tan centrados en refugiarse que apenas reaccionaron y le hicieron caso directamente. Derya salió corriendo hacia el primer barco, el que había dejado libre de civiles y con el que pensaba escapar junto a sus compañeros. Se subió e inspeccionó rápidamente con la mirada la equipación que contenía. Era un barco sencillo, más bien pequeño, pero era suficiente como para poder escapar de aquella isla. Bajó a las bodegas, buscando algo de utilidad. Encontró barriles con algo de comida, barriles de cerveza, hamacas para dormir... Y fuegos artificiales. Se le encendió una lucecita sobre la cabeza.
Subió el barril a la proa, agarró una pistola sencillita que se encontró en la bodega y armándose de toda su fuerza, lanzó el barril por los aires, mar adentro, pero direccionado hacia arriba. Era pesado, pero consiguió alzarlo los metros suficientes para dispararle con la puntería que tenía y acertar. De repente, estalló una sinfonía de petardos, colores, brillo y esplendor que inundaron la base de la marina por completo. Era imposible que alguien no lo hubiese escuchado. Ahora solo quedaba esperar a ver si sus colegas habían entendido la señal, o si por el contrario, quienes aparecían serían más marines.
— ¡Todos a los barcos, venga! — Había varios muelles con un par de barcos más, aparte del primero que vio Derya. Actuó casi como de guía, ayudando a todo el mundo a entrar a los barcos, y a la vez, impidiéndoles que entrasen en el primero. Aparte de que no era necesario, pues los barcos eran lo suficientemente grandes como para acoger a aquellos civiles sin problemas, Derya necesitaría uno libre, para ella y su grupo. — ¡Quieto todo el mundo! — Un valiente raso apuntó a la rubia con su fusil. Hablaba como alguien con muchas agallas, sin embargo, Derya pudo ver que los brazos le temblaban, quizás de los nervios, o quizás de la euforia. Los civiles se quedaron quietos, atemorizados ante la presencia del arma de fuego. La gyojin sonrió. — Venga ya, no vas a disparar eres un jodido co- — ¡PUM! Pues sí, sí que había disparado, el muy cabrón. Por suerte o por desgracia, el pulso le bailaba tanto que en vez de acertar y darle a Derya, la bala rozó el hombro de una muchacha que tenía cerca. La pobre cayó al suelo, dolorida y sangrando. Derya, que no había apartado los ojos de aquel marine pudo notar en sus ojos el arrepentimiento por haber herido a alguien injustamente. El chaval quedó tan aturdido y desconcertado por lo ocurrido, que se quedó en blanco unos segundos, como sin creerse lo que acababa de hacer.
Momento que Derya aprovechó para dar un paso hacia el costado y caer de lleno al océano nuevamente. Volvió a hacer lo mismo que había hecho antes, nadando hacia abajo unos cuantos metros para coger carrerilla. Su velocidad y fuerza bajo el agua eran inigualables, y podía sacarle muy buen provecho si atacaba nada más salir del mar. Cosa que no tardó en hacer, saliendo disparada entre las olas hacia él, con la boca bien abierta. Esta aterrizó sobre el brazo derecho, la cual sujetaba el arma. Cuando tuvo los dientes bien enterrados en la carne, zarandeó la cabeza de un lado a otro, como si fuese un animal aniquilando a una presa. El brazo salió volando, arrancado a la altura del codo, mientras un chorro enorme de sangre bañaba la cara, el pelo, la boca, el cuello... casi a Derya por completo. El pobre cayó sobre el suelo, desconsolado. Si no lo ayudaba nadie moriría allí tirado, pero eso a ella le daba completamente igual.
Como si nada hubiera ocurrido. — ¡Vamos, seguid corriendo, meteos en los barcos! — Algunos de los civiles celebraron su osadía, al fin y al cabo, había sido un ataque justificado. Otros estaban tan centrados en refugiarse que apenas reaccionaron y le hicieron caso directamente. Derya salió corriendo hacia el primer barco, el que había dejado libre de civiles y con el que pensaba escapar junto a sus compañeros. Se subió e inspeccionó rápidamente con la mirada la equipación que contenía. Era un barco sencillo, más bien pequeño, pero era suficiente como para poder escapar de aquella isla. Bajó a las bodegas, buscando algo de utilidad. Encontró barriles con algo de comida, barriles de cerveza, hamacas para dormir... Y fuegos artificiales. Se le encendió una lucecita sobre la cabeza.
Subió el barril a la proa, agarró una pistola sencillita que se encontró en la bodega y armándose de toda su fuerza, lanzó el barril por los aires, mar adentro, pero direccionado hacia arriba. Era pesado, pero consiguió alzarlo los metros suficientes para dispararle con la puntería que tenía y acertar. De repente, estalló una sinfonía de petardos, colores, brillo y esplendor que inundaron la base de la marina por completo. Era imposible que alguien no lo hubiese escuchado. Ahora solo quedaba esperar a ver si sus colegas habían entendido la señal, o si por el contrario, quienes aparecían serían más marines.
Cita:Contador de Derya:
1 marine KO y 1 marine desmembrado.
Resumen
