19-12-2024, 02:20 AM
Tan sólo llevaba tres años en Ballywood, después de aquella noche en la que João nos traicionó a Tainara y a mí. Tres años sintiéndome un completo extraño en un ambiente en el que no terminaba de encajar, viviendo en un barrio demasiado ostentoso y artificial a coste de la Marina, que se encargó de mí en retorno a aquel accidente. Un pago que se quedaba ínfimo en comparación, la verdad. Lejos quedaba el clima tropical, el ambiente constantemente festivo y la alegría de unos ciudadanos que siempre estaban ahí para ayudarse los unos a los otros, como si fuésemos una gran familia conviviendo en el mismo lugar. En retorno lo que recibía eran miradas altivas de una población clasista, las cuales derrochaban con tal de aparentar mientras en el otro lado de la isla, la gente sobrevivía como podía. Una absoluta mierda.
Realmente no fueron tres años malos, sino dos. Hacía alrededor de uno cuando terminé por accidente en una taberna para sentarme a reparar mi skate y allí conocí a dos hermanos. De primeras no pareció que yo le agradase mucho a él, al contrario que a ella. Powder fue una persona bondadosa que siempre me demostró estar llena de vida y alegría pese a la adversidad, se había convertido en una especie de faro dentro de esa isla llena de polución y oro, cuya luz ayudaba a disipar las tinieblas depresivas que sobrevolaban mi cabeza después de haber perdido a la única familia que me quedaba y a mi gente. Realmente me agradaba.
De la noche a la mañana habían apagado sus ojos, así que nos tocaba darle una despedida y honrarla. Y allí estaba yo, vestido con una camisa y unos pantalones completamente negros, cargando un ataúd en mi hombro derecho dirección a un claro, junto a su familia. Una vez llegamos al lugar, cada uno se dirigió automáticamente a hacer su tarea. A mí me tocó tallar una piedra para adornar su tumba y, aunque yo no fuese precisamente un artesano, le ponía bastante empeño a lo que hacía, alegrándome de que al menos podía ayudar en algo.
Notaba el ambiente mucho más pesado y silencioso de lo normal, como si la nada atrapase a uno y pesase en sus hombros. Mientras tallaba la piedra, a mi cabeza venían imágenes de recuerdos del último año y yo simplemente seguía a lo mío en silencio. Todo se rompió cuando Zorak gritó a su padre, ni siquiera en un día tan duro podía dejar de beber, mostrando un mínimo de respeto. Por una vez mantuve mi boca cerrada y no eché más leña al fuego, simplemente trataba de dejar esa piedra lo más bonita que podía dentro de mis posibilidades.
Una vez dejamos el ataúd en el agujero, Zorak y yo nos quedamos mirándo la caja. Yo aún no daba crédito que de repente hubiese pasado todo ésto, como si nada fuese real y como si de un juego se tratase, podríamos reiniciar y volver a empezar cambiándolo todo. Su hermano depositó una rosa roja, yo me llevé la mano al bolsillo y tras hurgar en él, saqué una de las ruedas de mi skate, la cuál posé al lado de la lápida. Podría ser un detalle tonto pero gracias a tener que cambiar una de esas ruedas fue como acabé en aquella taberna y como, en consecuencia, el último año no había sido tan malo.
Recordaba también con una ligera sonrisa como el primer plan que compartimos fue patinando, tuve que enseñarle debido a que se mostró muy interesada al ver cómo cuidaba tanto la tabla que mi madre me regaló. Al principio era gracioso ver como era un poco torpe y le fallaba el equilibrio, pero rápidamente fue pillándole el truco y esperaba al menos que enseñarle mi hobby le hubiese aportado algo positivo a su vida.
Volví en mí cuando noté a Zorak romper en un llanto. Pasé mi brazo derecho por encima de su hombro, intentando aportarle una calidez mientras le escuchaba. A su vez comencé a apretar los dientes, empezando a llenarme de rabia por lo injusto que estaba siendo todo — Visto que la Marina ni está ni se le espera, quizás tengamos que empezar a cambiar las cosas en esta isla por nuestra cuenta — Toda mi vida había crecido bajo el cuidado y cariño de una Marine formidable, siempre dispuesta a ayudar a todo el mundo y sin temerle a nada. No podía decir lo mismo del resto, ya era la segunda vez que la organización fallaba y que permitía que este tipo de cosas injustas siguiesen sucediendo. Empezaba realmente a plantearme si debería aceptar la oferta de los marines y unirme al cuerpo. Quizás debería seguir los pasos de mi madre e intentar cambiar todo desde dentro, acabando con tanta incompetencia e injusticia. — creo en el equilibrio de las cosas y por lo tanto creo que aquellos que han arrebatado injustamente una vida, deban pagar con la misma — Empezaba a llenarme de determinación mientras apretaba cada vez más fuerte mi mandíbula. La impulsividad y locura de un adolescente era peligrosa, pero más aún lo es si esa persona ya no temía a nada, porque no tenía nada que perder.
Realmente no fueron tres años malos, sino dos. Hacía alrededor de uno cuando terminé por accidente en una taberna para sentarme a reparar mi skate y allí conocí a dos hermanos. De primeras no pareció que yo le agradase mucho a él, al contrario que a ella. Powder fue una persona bondadosa que siempre me demostró estar llena de vida y alegría pese a la adversidad, se había convertido en una especie de faro dentro de esa isla llena de polución y oro, cuya luz ayudaba a disipar las tinieblas depresivas que sobrevolaban mi cabeza después de haber perdido a la única familia que me quedaba y a mi gente. Realmente me agradaba.
De la noche a la mañana habían apagado sus ojos, así que nos tocaba darle una despedida y honrarla. Y allí estaba yo, vestido con una camisa y unos pantalones completamente negros, cargando un ataúd en mi hombro derecho dirección a un claro, junto a su familia. Una vez llegamos al lugar, cada uno se dirigió automáticamente a hacer su tarea. A mí me tocó tallar una piedra para adornar su tumba y, aunque yo no fuese precisamente un artesano, le ponía bastante empeño a lo que hacía, alegrándome de que al menos podía ayudar en algo.
Notaba el ambiente mucho más pesado y silencioso de lo normal, como si la nada atrapase a uno y pesase en sus hombros. Mientras tallaba la piedra, a mi cabeza venían imágenes de recuerdos del último año y yo simplemente seguía a lo mío en silencio. Todo se rompió cuando Zorak gritó a su padre, ni siquiera en un día tan duro podía dejar de beber, mostrando un mínimo de respeto. Por una vez mantuve mi boca cerrada y no eché más leña al fuego, simplemente trataba de dejar esa piedra lo más bonita que podía dentro de mis posibilidades.
Una vez dejamos el ataúd en el agujero, Zorak y yo nos quedamos mirándo la caja. Yo aún no daba crédito que de repente hubiese pasado todo ésto, como si nada fuese real y como si de un juego se tratase, podríamos reiniciar y volver a empezar cambiándolo todo. Su hermano depositó una rosa roja, yo me llevé la mano al bolsillo y tras hurgar en él, saqué una de las ruedas de mi skate, la cuál posé al lado de la lápida. Podría ser un detalle tonto pero gracias a tener que cambiar una de esas ruedas fue como acabé en aquella taberna y como, en consecuencia, el último año no había sido tan malo.
Recordaba también con una ligera sonrisa como el primer plan que compartimos fue patinando, tuve que enseñarle debido a que se mostró muy interesada al ver cómo cuidaba tanto la tabla que mi madre me regaló. Al principio era gracioso ver como era un poco torpe y le fallaba el equilibrio, pero rápidamente fue pillándole el truco y esperaba al menos que enseñarle mi hobby le hubiese aportado algo positivo a su vida.
Volví en mí cuando noté a Zorak romper en un llanto. Pasé mi brazo derecho por encima de su hombro, intentando aportarle una calidez mientras le escuchaba. A su vez comencé a apretar los dientes, empezando a llenarme de rabia por lo injusto que estaba siendo todo — Visto que la Marina ni está ni se le espera, quizás tengamos que empezar a cambiar las cosas en esta isla por nuestra cuenta — Toda mi vida había crecido bajo el cuidado y cariño de una Marine formidable, siempre dispuesta a ayudar a todo el mundo y sin temerle a nada. No podía decir lo mismo del resto, ya era la segunda vez que la organización fallaba y que permitía que este tipo de cosas injustas siguiesen sucediendo. Empezaba realmente a plantearme si debería aceptar la oferta de los marines y unirme al cuerpo. Quizás debería seguir los pasos de mi madre e intentar cambiar todo desde dentro, acabando con tanta incompetencia e injusticia. — creo en el equilibrio de las cosas y por lo tanto creo que aquellos que han arrebatado injustamente una vida, deban pagar con la misma — Empezaba a llenarme de determinación mientras apretaba cada vez más fuerte mi mandíbula. La impulsividad y locura de un adolescente era peligrosa, pero más aún lo es si esa persona ya no temía a nada, porque no tenía nada que perder.
