19-12-2024, 05:46 PM
Caía decidido en forma arenosa dispuesto a golpear a Karl cuando, en medio del viaje, me percaté que el primero en haber llegado hasta ella había sido Fuguwu. La velocidad y capacidad de responder de la comodoro era bastante sorprendente ya que, pese a que mi compañero Gyojin le atacase por detrás, ésta fue capaz de esquivarlo con una pirueta bastante limpia en el aire. El siguiente más veloz fue James que de nuevo se había abalanzado con Karl, fracasando también ya que la semioni aprovechó su pirueta para no sólo esquivar a Fuguwu, sino también para catapultarlo de una patada hacia el felino, provocando que ambos colisionasen.
Al igual que en Momoiro en nuestro enfrentamiento contra Marcia, de nuevo estaba siendo el más lento. El arte de la capoeira me había adoctrinado a ser como el mar: ágil, fluyendo en gráciles movimientos pero a su vez duro y destructivo al golpear. Desde la llegada al Grand Line no estaba siendo así. La parte positiva de haber llegado el último era que podía aprovechar que Karl estaba enfocada en mis compañeros para atacarle por la espalda, al igual que hice con la revolucionaria, así que allí iba. Finalmente golpeé contra algo duro, a Karl no le había dado tiempo a esquivarme pero sí consiguió protegerse con su ala derecha. En condiciones normales habría atravesado a cualquiera con ese ataque, lastimosamente en esta ocasión no fue así, únicamente conseguí hacerle un pequeño rasguño.
Deshice mi transformación completa en mi elemento, reapareciendo en frente de Karl y me dejé caer esos cinco metros, flexionando las rodillas nada más mis pies tocaron la tierra del campo de fútbol. Karl nos felicitaba desde el aire, parecía que llegar a golpearle mínimamente en dos ocasiones era como un hito para nosotros. — Tch — por una vez decidí no hablar, mi única reacción fue chasquear la lengua en desacuerdo. Esas palabras sonaban condescendentes y en ese momento era lo que menos necesitaba, yo estaba allí para conseguir progresos y no para sorprender a alguien por ser capaz sólo de hacerle un leve rasguño.
Me quité los guantes de combate y los dejé caer a mis pies, posé mi mano izquierda sobre mi cadera y con la derecha empecé a remover mi pelo cabizbajo. No me sentía bien, ni notaba el calor de nada, simplemente notaba frustración por no conseguir estar a la altura, no ayudaba tampoco que el único en la división que me demostraba que creía en mí y que no me subestimaba era Fuguwu. Aunque tenía claro que por las buenas o por las malas, acabaría haciéndome de respetar. Si tenía que romper una pared de hormigón a cabezazos para callar bocas, lo haría.
Fuguwu charlaba con James, felicitándole por su ataque pese a que hubiese sido él quién lo recibió y acto seguido hizo mención a la batalla que tuvimos en Momoiro, contra aquella revolucionaria con las piernas más largas que un día sin pan. Aún con mi zurda apoyada en mi cadera y sacudiéndome el pelo frustrado con la derecha, alcé la cabeza echándome el pelo hacia atrás, mirando a Fuguwu — Como para olvidarla, no sólo jugó con nosotros como quiso sino que habría muerto ahogado de no haber sido por ti, menos mal que al menos sí tenía a un marine competente a mi lado — Aún recordaba con rencor ese día, había sido un punto de inflexión bastante negativo para mí. No sólo me habían vuelto a vender sino que encima me estaba trayendo más problemas, como si buscar justicia por lo ocurrido fuese un pecado y el valor de nuestras vidas fuese inexistente como para quitarle importancia.
Al igual que en Momoiro en nuestro enfrentamiento contra Marcia, de nuevo estaba siendo el más lento. El arte de la capoeira me había adoctrinado a ser como el mar: ágil, fluyendo en gráciles movimientos pero a su vez duro y destructivo al golpear. Desde la llegada al Grand Line no estaba siendo así. La parte positiva de haber llegado el último era que podía aprovechar que Karl estaba enfocada en mis compañeros para atacarle por la espalda, al igual que hice con la revolucionaria, así que allí iba. Finalmente golpeé contra algo duro, a Karl no le había dado tiempo a esquivarme pero sí consiguió protegerse con su ala derecha. En condiciones normales habría atravesado a cualquiera con ese ataque, lastimosamente en esta ocasión no fue así, únicamente conseguí hacerle un pequeño rasguño.
Deshice mi transformación completa en mi elemento, reapareciendo en frente de Karl y me dejé caer esos cinco metros, flexionando las rodillas nada más mis pies tocaron la tierra del campo de fútbol. Karl nos felicitaba desde el aire, parecía que llegar a golpearle mínimamente en dos ocasiones era como un hito para nosotros. — Tch — por una vez decidí no hablar, mi única reacción fue chasquear la lengua en desacuerdo. Esas palabras sonaban condescendentes y en ese momento era lo que menos necesitaba, yo estaba allí para conseguir progresos y no para sorprender a alguien por ser capaz sólo de hacerle un leve rasguño.
Me quité los guantes de combate y los dejé caer a mis pies, posé mi mano izquierda sobre mi cadera y con la derecha empecé a remover mi pelo cabizbajo. No me sentía bien, ni notaba el calor de nada, simplemente notaba frustración por no conseguir estar a la altura, no ayudaba tampoco que el único en la división que me demostraba que creía en mí y que no me subestimaba era Fuguwu. Aunque tenía claro que por las buenas o por las malas, acabaría haciéndome de respetar. Si tenía que romper una pared de hormigón a cabezazos para callar bocas, lo haría.
Fuguwu charlaba con James, felicitándole por su ataque pese a que hubiese sido él quién lo recibió y acto seguido hizo mención a la batalla que tuvimos en Momoiro, contra aquella revolucionaria con las piernas más largas que un día sin pan. Aún con mi zurda apoyada en mi cadera y sacudiéndome el pelo frustrado con la derecha, alcé la cabeza echándome el pelo hacia atrás, mirando a Fuguwu — Como para olvidarla, no sólo jugó con nosotros como quiso sino que habría muerto ahogado de no haber sido por ti, menos mal que al menos sí tenía a un marine competente a mi lado — Aún recordaba con rencor ese día, había sido un punto de inflexión bastante negativo para mí. No sólo me habían vuelto a vender sino que encima me estaba trayendo más problemas, como si buscar justicia por lo ocurrido fuese un pecado y el valor de nuestras vidas fuese inexistente como para quitarle importancia.
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Karmas
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