Dia 83 de Verano, Año 14
El reino de Ilisia, un lugar prospero que ha visto el incontable inicio de aventuras y el final de otras cuantas. Una isla grande y llena de vida, protegida por la más prestigiosa institución conocida en este mundo y el siguiente: La Marina. Pero muchas cosas escapan de nuestros grandes regentes, la vida se abre paso entre las grietas del cemento en formas de briznas de pasto lo suficientemente soberbias como para perecer, los entresijos de los mortales tejen la tela sobre la que se sostiene el mundo, y este, tan pesado como es, aguanta a duras penas sobre una base tan endeble.
Para que exista luz, debe haber oscuridad y fiel a esta regla ancestral de nuestro mundo, las calles de la gran ciudad de Ilisia, también conocida como Akarui, esconden secretos y monstruos a los que muchos dan la espalda, pues, para que algo sea prospero otros deben perecer y en sus suburbios, escasos, pero aún existentes, existen muchos tipos de peligros que la seguridad de la ciudadanía ignora.
Las drogas, la prostitución y esclavitud son los pilares fundamentales de cualquier sociedad moderna, esta triple entente rige bajo las sombras los vicios de las personas más grandes conocidas y sobre ellas, el poder y la lujuria toman la forma más primigenia conocida de la naturaleza de estos mismo: La humanidad.
Es por eso, que alejados de los lujos y la moralidad, los vástagos de estos terribles destinos, pelean y luchan por hacerse un sitio en lo más alto del escalafón social, aunque muchos de ellos perecen en el camino, otros consiguen prosperar y llegar a un estatus de bonanza y felicidad, sin embargo, aquellos que no son capaces de escapar de las brutales garras de las calles, son consumidos por las mismas sustancias que ellos consumen, convirtiéndose así en cascarones vacíos, el lugar perfecto para que la pena y la ruina proliferen sin que le salpique a nadie.
El verano llegaba así a su fin, aunque el calor estival acariciaba las calles, se alejaba mucho de las temperaturas pasadas que habían asolado a los adoquines que conformaban los cimientos de Akarui. El cielo presagiaba una tormenta venidera, y sobre las casas de aquella ilustre ciudad unas nubes con los colores de la ceniza y el humo amenazaban con purificar el aire cargado con las que había obsequiado a aquellas calles el terrible calor del verano.
Nuestro protagonista hoy no sería otro que el novato pero ambicioso cazador de recompensas Casca Belles, el cual, con la prepotencia que brinda la juventud, había dejado atrás temporalmente a su compañeros: un semigigante con un bigote envidiable y una humana adorable nativa de aquella ciudad con los que había echo grupo tiempo atrás.
Casca Belles caminaba por los suburbios mientras observaba la basura que los rodeaba y la precariedad con la que aquellas gentes convivía, pudiendo observar la diferencia que podía haber entre las distintas zonas de una misma ciudad. Frente a él los edificios se erigían endebles, construidos con maderas roídas y arcilla mohosa, algunos estaban derruidos, otros tenían parches que intentaban arreglar la baja calidad de sus materiales, pero si algo era cierto, es que aquel barrio parecía un lugar totalmente diferente al mundo que había conocido en el centro de la capital.
Pero... ¿Por qué un novato cazarrecompensas caminaría decidido en dirección a un conflicto, con una tormenta sobre sus hombros y sin sus compañeros? La respuesta se encontraba en una nota que ahora descansaba en su ropajes, la cual, había encontrado en un tablón de recompensas y que con mala letra y peor ortografía, rezaba lo siguiente:
De uno de los callejones que se perdían en aquel inhóspito lugar un grito aterrador destruyó el silencio, era un grito de dolor y de agonía, cualquier otro hubiera escapado ante tan aterrador sonido, pero... ¿Qué haría nuestro protagonista?
El reino de Ilisia, un lugar prospero que ha visto el incontable inicio de aventuras y el final de otras cuantas. Una isla grande y llena de vida, protegida por la más prestigiosa institución conocida en este mundo y el siguiente: La Marina. Pero muchas cosas escapan de nuestros grandes regentes, la vida se abre paso entre las grietas del cemento en formas de briznas de pasto lo suficientemente soberbias como para perecer, los entresijos de los mortales tejen la tela sobre la que se sostiene el mundo, y este, tan pesado como es, aguanta a duras penas sobre una base tan endeble.
Para que exista luz, debe haber oscuridad y fiel a esta regla ancestral de nuestro mundo, las calles de la gran ciudad de Ilisia, también conocida como Akarui, esconden secretos y monstruos a los que muchos dan la espalda, pues, para que algo sea prospero otros deben perecer y en sus suburbios, escasos, pero aún existentes, existen muchos tipos de peligros que la seguridad de la ciudadanía ignora.
Las drogas, la prostitución y esclavitud son los pilares fundamentales de cualquier sociedad moderna, esta triple entente rige bajo las sombras los vicios de las personas más grandes conocidas y sobre ellas, el poder y la lujuria toman la forma más primigenia conocida de la naturaleza de estos mismo: La humanidad.
Es por eso, que alejados de los lujos y la moralidad, los vástagos de estos terribles destinos, pelean y luchan por hacerse un sitio en lo más alto del escalafón social, aunque muchos de ellos perecen en el camino, otros consiguen prosperar y llegar a un estatus de bonanza y felicidad, sin embargo, aquellos que no son capaces de escapar de las brutales garras de las calles, son consumidos por las mismas sustancias que ellos consumen, convirtiéndose así en cascarones vacíos, el lugar perfecto para que la pena y la ruina proliferen sin que le salpique a nadie.
El verano llegaba así a su fin, aunque el calor estival acariciaba las calles, se alejaba mucho de las temperaturas pasadas que habían asolado a los adoquines que conformaban los cimientos de Akarui. El cielo presagiaba una tormenta venidera, y sobre las casas de aquella ilustre ciudad unas nubes con los colores de la ceniza y el humo amenazaban con purificar el aire cargado con las que había obsequiado a aquellas calles el terrible calor del verano.
Nuestro protagonista hoy no sería otro que el novato pero ambicioso cazador de recompensas Casca Belles, el cual, con la prepotencia que brinda la juventud, había dejado atrás temporalmente a su compañeros: un semigigante con un bigote envidiable y una humana adorable nativa de aquella ciudad con los que había echo grupo tiempo atrás.
Casca Belles caminaba por los suburbios mientras observaba la basura que los rodeaba y la precariedad con la que aquellas gentes convivía, pudiendo observar la diferencia que podía haber entre las distintas zonas de una misma ciudad. Frente a él los edificios se erigían endebles, construidos con maderas roídas y arcilla mohosa, algunos estaban derruidos, otros tenían parches que intentaban arreglar la baja calidad de sus materiales, pero si algo era cierto, es que aquel barrio parecía un lugar totalmente diferente al mundo que había conocido en el centro de la capital.
Pero... ¿Por qué un novato cazarrecompensas caminaría decidido en dirección a un conflicto, con una tormenta sobre sus hombros y sin sus compañeros? La respuesta se encontraba en una nota que ahora descansaba en su ropajes, la cual, había encontrado en un tablón de recompensas y que con mala letra y peor ortografía, rezaba lo siguiente:
Cita:Nesesitemos de alluda, las caies del suvurbió 2 estan perdidas, nuestres familias destruidas. Desde qie se llevo acabo la rededa, el consumo a vajado, los chicos estan nerviosos y nuestro kerido Folk, el bueno de Folk... Alguien tien que acabar con sus sufrimientos, está fuera de sin, e un peligro para tós nsotros. Ofreceremo lo pogo que tenemo al q sea capas de ponerle en el canmino de la tunbas.
De uno de los callejones que se perdían en aquel inhóspito lugar un grito aterrador destruyó el silencio, era un grito de dolor y de agonía, cualquier otro hubiera escapado ante tan aterrador sonido, pero... ¿Qué haría nuestro protagonista?
datos de interes
![[Imagen: 51pnN8x.png]](https://imgur.com/51pnN8x.png)
