[Presente Relativo] - Arriba la birra, que es palíndromo
#26
Mientras seguía la conversación con Apolo y Ryze me puse a ver los alrededores de donde nos encontrábamos.

El bar era un antro modesto, de no más de 100 metros cuadrados, con un aire a la vez acogedor y desgastado por el paso del tiempo. Las paredes estaban cubiertas de madera oscura, ahora teñida por una pátina de humo y humedad que les daba un aspecto envejecido pero entrañable. Una tenue luz ámbar emanaba de pequeñas lámparas colgantes, cuyas pantallas metálicas mostraban abolladuras y manchas de óxido, proyectando sombras danzantes sobre los rincones del lugar. El suelo, de tablones de madera crujiente, parecía haber presenciado incontables pasos, y algunos de los tablones más antiguos habían comenzado a arquearse con el uso.

A cada lado de la entrada se encontraban un par de mesas redondas de madera maciza, con bordes desgastados por los años y algunas cicatrices de cuchillos o quemaduras de cigarro. Las sillas que las acompañaban eran de diseño sencillo, con respaldos de barrotes y cojines delgados que alguna vez quizás fueron verdes, pero ahora lucían un tono indefinido entre gris y marrón, evidenciando el tiempo transcurrido y las incontables manos que los habían tocado.

Frente a la entrada, a unos seis metros de la puerta, se alzaba la barra, el corazón del bar, donde estábamos la mayoría sentados. Hecha de madera de roble robusto, la barra estaba coronada por una superficie brillante pero desgastada, que reflejaba tenuemente la luz del ambiente. En su borde frontal, una línea de taburetes de hierro forjado con cojines de cuero desgastado invitaba a los pocos clientes habituales. Las bases de los taburetes, ligeramente oxidadas, estaban marcadas por los pies inquietos de quienes pasaban horas bebiendo y conversando.

Detrás de la barra se encontraba el tabernero, un hombre de mediana edad, de aspecto curtido con el cabello entrecano y un bigote espeso que parecía tan antiguo como el lugar mismo. Vestía una camisa blanca de mangas arremangadas y un delantal gris, ambos salpicados por pequeñas manchas que contaban historias de cervezas derramadas y tragos mezclados apresuradamente. Sus manos, grandes y ásperas, se movían con una mezcla de destreza y rutina mientras secaba un vaso con un paño de aspecto tan cansado como él.

El fondo de la barra era un espectáculo en sí mismo. Un espejo manchado y agrietado reflejaba las botellas de licor que se alineaban sobre estantes de madera oscura. Los licores, ordenados por tamaño, formaban un mosaico de colores: ámbar dorado, rojo profundo, verde esmeralda y azul cristalino, cada uno brillando bajo la luz mortecina. Las etiquetas, algunas desgarradas y otras tan viejas que sus textos eran casi ilegibles, contrastaban con las botellas más nuevas que mostraban nombres elegantes y llamativos.

Sobre la barra descansaban un par de jarras de cerámica y algunos posavasos de cartón con logotipos de cervezas locales, algunos tan desgastados que eran prácticamente indistinguibles. A un lado, un viejo tarro de propinas lleno de monedas y billetes arrugados dejaba ver que, aunque los clientes eran escasos, aún había quienes valoraban el servicio del tabernero.

El aire estaba impregnado de un ligero aroma a alcohol derramado, madera vieja y un toque metálico, como si el tiempo mismo se hubiera detenido en aquel rincón olvidado del mundo. La atmósfera, aunque sombría, tenía un encanto peculiar que hacía que cualquiera que cruzara su umbral sintiera que había entrado a un lugar lleno de historias, aunque no hubiese nadie allí para contarlas.

Apolo nos conto sobre cómo le habían tratado en Ballywood de donde el provenía y de la desidia y desinterés de la marina en aquella isla por hacer las cosas. Yo asentía entendiendo sus palabras y sintiéndome igual de frustrado al haber hecho poco o nada desde que inicie en la marina.

Después de esto, y por abrir mi bocota amarilla y colmilluda, todo empezó a irse por un pozo en una sucesión de eventos que carecían de sentido alguno.

Primero la comodoro Karl paso de estar modo ‘vamos a agarrar el pedo todos’ a modo ‘te vas a morir ese’ como diría un excompañero de la marina que venía de la región donde alguna vez llego a gobernar la familia Tacos (quizás aun lo hacían, lo desconocía en realidad). Viéndose seriamente enfadada le ordeno a Garnet de salir del bar para agarrarse a golpes. Al parecer ya había recordado de que le conocía tal como había puntualizado Ryze anteriormente.

Luego de que la comodoro Karl saliera del bar, entro una chica con cuernos similares a los de la comodoro gritando enérgicamente a Garnet exigiéndole la merienda. ¿Sera su hija? No tenían parecido alguno, pero cualquiera puede prepararse un simple sándwich en caso de tener hambre, no hacia falta exigir preparar la merienda a otras personas. Además, por lo visto Garnet es un pirata (al menos según la comodoro Karl), posiblemente alguien importante (tengo que leerme los carteles de todos, por favor, que soy parte de la división 21), si ella era parte de su tripulación, y no su familiar, menos sentido me hacia que llegara exigiendo la merienda.

La reacción de Ryze fue demasiado hilarante para alguien que se mostraba el 99% del tiempo como si tuviera el rango de emociones de un tridente para carne. Ryze recurrió a la prudencia apuntando que el enfrentarse aquí bajo estos túneles podría provocar un derrumbe y ser el fin de todos. Yo esperaba ser enterrado en el mar, o mínimo tirado en un mar de lava, por lo que no me apetecía morir en una isla toxica bajo el derrumbe de estos nefastos túneles.

Por último, pero no menos importante, el mismo Garnet y su reacción. Quizás fuera la borrachera que había agarrado (y seguía agarrando hasta hace escasos momentos atrás) pero se le veía mas calmado que estrella de mar en un arrecife. Pagando 50 mil berries al tabernero (mas del doble de lo que habíamos consumido seguramente) le hizo caso a aquella chica con cuernos que había entrado en el bar gritando y siendo jalado por las antenas redondas que le coronaban la cabeza salió del bar mostrando que escondía un monstruo marino bajo sus pantalones.

¿Mi reacción a todo esto? Un sorbito a mi bebida.

Seguidamente, di gracias al camarero asegurándome que la cuenta estaba saldada (mas que saldada, pero valía la pena confirmar por no dejar mal parada a la división 21), y llegué hasta la puerta de la taberna asomándome por detrás del hombro de Apolo quien estaba apoyado sobre el marco quien por alguna extraña razón llevaba un plato de tarta en la mano.

“Gowowo wowowo, que carajos acaba de pasar, ¿alguien tiene idea?” – pregunté, aunque seguramente solo pudieran escuchar mi pregunta Apolo, Ryze y el tabernero pues la comodoro estaba hecha una furia y Garnet se había marchadso ya con aquella chica de cuernos.
 

 
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RE: [Presente Relativo] - Arriba la birra, que es palíndromo - por Fuguwu - 01-01-2025, 10:28 PM

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