11-01-2025, 03:58 AM
Todavía lo sostengo en mi mano, tan firme como las palabras que acababa de pronunciar apenas unos segundos atrás. Un papel, más bien un trozo, reutilizado de alguna otra cosa. Eso era lo que se habían podido permitir usar. La escritura no había sido hecha con una herramienta de escritura, probablemente había sido algo más pequeño y tosco, como un hueso de alguna alimaña de la calle. Todo en ese papel gritaba, pedía ayuda desde lo más hondo de una realidad que cualquiera cuerdo intentaría ignorar, más allá de las palabras, significante por el hecho de su existencia.
La expresión escrita, quizá no el primer regalo de un dios cruel, pero sí el más importante para la evolución de cualquier especie considerada inteligente. A diferencia de las palabras, a diferencia de las acciones, el contenido del papel podría viajar más allá del tiempo, sobreviviendo milagrosamente a lo que el futuro deparase y finalmente llegaría a alguien. Aquello escrito en este no es nada menos que el esfuerzo, las esperanzas y el corazón de otra persona, transmitiéndose a mí desde el momento en que lo arranqué de aquel tablón.
Ahora, teñido del denso granate de sus autores, el papel tiene otro significado añadido. Una historia que nunca podrá ser borrada mientras viva. El cuerpo me empieza a fallar, la cabeza me da vueltas.
La primera es mi cara, con los ojos carmesí abiertos más allá de su límite y la boca colgando en tensión, las lágrimas contenidas consiguen sobrepasar la presa y salir. Una expresión de horror absoluto.
Tres hombres comienzan a correr hacia mí, sus expresiones no aceptan la muerte pero saben que es inevitable, sus ojos... Hace apenas un instante eran de compasión, ahora están cargados de odio, me culpan.
El primero cae, seguido de un segundo. Estiro el brazo hacia el último de ellos.
— Por favor — suplica alguien, ¿soy yo? — no... — Mi voz se ha quebrado, esa es la segunda cosa en fallar.
El último cae. Su cabeza da un pequeño bote y se para en el suelo, mirándome con esos ojos. Y con ella, la tercera cosa, mis rodillas. Ceden ante mi peso y caigo sobre ellas en el pavimento. No puedo apartar la vista, esa mirada está inundada de odio.
"Quería ayudar... ¿No tengo la fuerza ni para hacer algo tan simple? ¿He sido yo? ¿Es culpa mía?" — Las preguntas se agolpan en mi mente, no hay un curso claro y sólo se suceden unas detrás de otras. — "¿Qué he hecho mal? ¿Había siquiera una opción correcta? ¿Este mal sabor de boca era inevitable?"
Folk está frente a mí, lo sé, pero ya no me importa. No encuentro motivos para luchar, estoy en trance. ¿Está esa criatura tan lejos de la salvación? ¿Por qué no ha cogido la mano que le tendía? Sencillamente nada tiene sentido.
Y así me quedo un rato, paralizado sobre mis rodillas en el suelo, aún apretando un trozo de papel.
La expresión escrita, quizá no el primer regalo de un dios cruel, pero sí el más importante para la evolución de cualquier especie considerada inteligente. A diferencia de las palabras, a diferencia de las acciones, el contenido del papel podría viajar más allá del tiempo, sobreviviendo milagrosamente a lo que el futuro deparase y finalmente llegaría a alguien. Aquello escrito en este no es nada menos que el esfuerzo, las esperanzas y el corazón de otra persona, transmitiéndose a mí desde el momento en que lo arranqué de aquel tablón.
Ahora, teñido del denso granate de sus autores, el papel tiene otro significado añadido. Una historia que nunca podrá ser borrada mientras viva. El cuerpo me empieza a fallar, la cabeza me da vueltas.
La primera es mi cara, con los ojos carmesí abiertos más allá de su límite y la boca colgando en tensión, las lágrimas contenidas consiguen sobrepasar la presa y salir. Una expresión de horror absoluto.
Tres hombres comienzan a correr hacia mí, sus expresiones no aceptan la muerte pero saben que es inevitable, sus ojos... Hace apenas un instante eran de compasión, ahora están cargados de odio, me culpan.
El primero cae, seguido de un segundo. Estiro el brazo hacia el último de ellos.
— Por favor — suplica alguien, ¿soy yo? — no... — Mi voz se ha quebrado, esa es la segunda cosa en fallar.
El último cae. Su cabeza da un pequeño bote y se para en el suelo, mirándome con esos ojos. Y con ella, la tercera cosa, mis rodillas. Ceden ante mi peso y caigo sobre ellas en el pavimento. No puedo apartar la vista, esa mirada está inundada de odio.
"Quería ayudar... ¿No tengo la fuerza ni para hacer algo tan simple? ¿He sido yo? ¿Es culpa mía?" — Las preguntas se agolpan en mi mente, no hay un curso claro y sólo se suceden unas detrás de otras. — "¿Qué he hecho mal? ¿Había siquiera una opción correcta? ¿Este mal sabor de boca era inevitable?"
Folk está frente a mí, lo sé, pero ya no me importa. No encuentro motivos para luchar, estoy en trance. ¿Está esa criatura tan lejos de la salvación? ¿Por qué no ha cogido la mano que le tendía? Sencillamente nada tiene sentido.
Y así me quedo un rato, paralizado sobre mis rodillas en el suelo, aún apretando un trozo de papel.
OFF
