12-09-2023, 05:36 AM
El joven Minato era la primera vez que salía de la isla que le vió crecer. La isla Yotsuba estaba bien, y el de cabellos violáceos estaba enamorado de la isla, pero a veces se le quedaba demasiado pequeña, y eso para un chico que tiene ansias de aventura puede llegar a convertirse en una tumba. Por eso, en cuanto salió aquel programa para jóvenes menores de veinte años de la marina para hacer misiones de diplomacia por el East Blue, no dudó un sólo segundo y se apuntó para poder visitar el resto de islas.
Tuvo bastante suerte al ser elegido. Escogieron a los cinco mejores prospectos de todo el Blue para hacer esas misiones; y aunque en las travesías iban a ser los que más trabajaran y los que tuvieran que hacerle los recados a los cargos más importantes y altos del barco, era una excelente oportunidad para hacer relaciones entre otros marines y por supuesto, conocer mundo. Y era por ello que se encontraba en la Isla Isshin, más concretamente en la Villa Shimotsuki, enamorándose de cada una de las esquinas de aquel bonito lugar.
A Minato le impresionó las bellas formas de aquellos edificios que eran tan diferentes a lo que había visto en Shells Town. Las costumbres allí eran tan diferentes a las de su isla, que estaba maravillado con la más básica cotadianidad. En ese momento, el joven marine andaba por las calles de la villa en busca de un lugar para limpiar el uniforme del Comandante que estaba a cargo de aquella expedición. Aunque sinceramente, le era bastante complicado encontrar aquel lugar, ya que todo era muy diferente para él, y además, se distraía con una mosca, por lo que se entretenía con cualquier cosa que encontrara.
Entró en una tienda de dulces, y probó unos dulces llamados "mochi" que se estiraban y eran como elásticos; luego entró en la tienda de un herrero para ver como luchaba contra el acero para hacer una espada, aunque allí estuvo poco tiempo porque hacía mucho calor; y finalmente, entró en lo que parecía una taberna o una posada, para probar el famoso té verde de allí.
La posada era pequeña, de unos diez metros de ancho y unos quince de largo, con cuatro mesas a cada uno de los lados y un mostrador al final, donde una anciana atendía a los clientes. Minato se sentó en la primera mesa a la derecha, donde dejó el uniforme de su superior en la banca, e ipsofacto fue la anciana para tomarle nota. -Buenos días. ¿Podría tomar un té verde con unos mochis?- La anciana asintió, y se marchó para traerle el pedido, mientras que el chico esperaba que volviera con su pedido.
Tuvo bastante suerte al ser elegido. Escogieron a los cinco mejores prospectos de todo el Blue para hacer esas misiones; y aunque en las travesías iban a ser los que más trabajaran y los que tuvieran que hacerle los recados a los cargos más importantes y altos del barco, era una excelente oportunidad para hacer relaciones entre otros marines y por supuesto, conocer mundo. Y era por ello que se encontraba en la Isla Isshin, más concretamente en la Villa Shimotsuki, enamorándose de cada una de las esquinas de aquel bonito lugar.
A Minato le impresionó las bellas formas de aquellos edificios que eran tan diferentes a lo que había visto en Shells Town. Las costumbres allí eran tan diferentes a las de su isla, que estaba maravillado con la más básica cotadianidad. En ese momento, el joven marine andaba por las calles de la villa en busca de un lugar para limpiar el uniforme del Comandante que estaba a cargo de aquella expedición. Aunque sinceramente, le era bastante complicado encontrar aquel lugar, ya que todo era muy diferente para él, y además, se distraía con una mosca, por lo que se entretenía con cualquier cosa que encontrara.
Entró en una tienda de dulces, y probó unos dulces llamados "mochi" que se estiraban y eran como elásticos; luego entró en la tienda de un herrero para ver como luchaba contra el acero para hacer una espada, aunque allí estuvo poco tiempo porque hacía mucho calor; y finalmente, entró en lo que parecía una taberna o una posada, para probar el famoso té verde de allí.
La posada era pequeña, de unos diez metros de ancho y unos quince de largo, con cuatro mesas a cada uno de los lados y un mostrador al final, donde una anciana atendía a los clientes. Minato se sentó en la primera mesa a la derecha, donde dejó el uniforme de su superior en la banca, e ipsofacto fue la anciana para tomarle nota. -Buenos días. ¿Podría tomar un té verde con unos mochis?- La anciana asintió, y se marchó para traerle el pedido, mientras que el chico esperaba que volviera con su pedido.
