18-01-2025, 10:28 PM
Las respuestas de Joe Joestar no importaban más allá del punto que acabábamos de cruzar. Después de haber tocado aquella puerta con mis nudillos, el destino del marine estaba escrito, y como tal, caminé hacia su posición para colocarme a su lado, por su flanco izquierdo, mirando ambos hacia la puerta — Sirva con honor, Vicealmirante — dije, mientras la puerta se abría y entraba en la sala mi invitado. En ese instante, con mi mano izquierda agarré las dos muñecas cruzadas en la espalda del Vicealmirante, inmovilizándolo en parte, en el acto y dejando entrar a nuestro acompañante en esta variopinta escena — No me odie, Joestar. Esto es un regalo de mi parte, aunque inicialmente usted no lo vea así — dije mientras apretaba el agarre y me inclinaba para hacerle arrodillarse, mientras ponía un pie en la habitación el reputado y famoso chamán, Pawurs, el único ser vivo del mundo capaz de realizar la acción que iba a realizar en este momento.
Joe Joestar ahora era un Vicealmirante porque así se me había sido ordenado, pero no podíamos seguir cubriendo puestos con personajes estrafalarios y payasos de circo a las órdenes de Tucrow. Teníamos que formar soldados fuertes. Soldados capaces. Soldados leales y que de por si fueran máquinas de combate. Teníamos que aprovechar el potencial que la marina obtenía de las ejecuciones de los piratas y de acaparar sus poderes. Tenía que convertir a Joestar en un bastión definitivo. Alguien que no llegase hecho polvo de derrotar al hijo de ese imbécil de Yojimbo. Me escoció el muñón del brazo por un momento, sólo de recordarlo. Él si era un enemigo poderoso, su linaje no le hacía ni sombra y aunque desearía aplastarlo con mis propias manos no quería derrotarlo por el dolor de su propia perdida, si no por el dolor de sus propios huesos siendo quebrados por mi.
— Proceda, señor Pawurs — dije con firmeza — Él es el hombre por el que está usted aquí — añadí, haciendo fuerza con mi mano para mantener inmovilizado a Joe en esa postura y permitir que el anciano gyojin hiciera lo que había venido a hacer. El renacer de Joe Joestar. El resurgir del supuesto 'Héroe' y caballito blanco de Aoyagi. La creación de mi nuevo adalid de guerra, mi heraldo de la justicia.
Joe Joestar ahora era un Vicealmirante porque así se me había sido ordenado, pero no podíamos seguir cubriendo puestos con personajes estrafalarios y payasos de circo a las órdenes de Tucrow. Teníamos que formar soldados fuertes. Soldados capaces. Soldados leales y que de por si fueran máquinas de combate. Teníamos que aprovechar el potencial que la marina obtenía de las ejecuciones de los piratas y de acaparar sus poderes. Tenía que convertir a Joestar en un bastión definitivo. Alguien que no llegase hecho polvo de derrotar al hijo de ese imbécil de Yojimbo. Me escoció el muñón del brazo por un momento, sólo de recordarlo. Él si era un enemigo poderoso, su linaje no le hacía ni sombra y aunque desearía aplastarlo con mis propias manos no quería derrotarlo por el dolor de su propia perdida, si no por el dolor de sus propios huesos siendo quebrados por mi.
— Proceda, señor Pawurs — dije con firmeza — Él es el hombre por el que está usted aquí — añadí, haciendo fuerza con mi mano para mantener inmovilizado a Joe en esa postura y permitir que el anciano gyojin hiciera lo que había venido a hacer. El renacer de Joe Joestar. El resurgir del supuesto 'Héroe' y caballito blanco de Aoyagi. La creación de mi nuevo adalid de guerra, mi heraldo de la justicia.
Información
