[EVENTO FASE 2] El mismo infierno - Manglar 7 - Tango de la Sultana
#26
Una de las cosas que más me enorgullecían de Los Alas Negras era la predisposición de todos los miembros, pero también era lo que más quebraderos de cabeza me causaba. Tan solo les di una tarea sencilla, prestar ropa sobrante a Emerald para que no fuese tan fácilmente reconocible. Nosotros de por sí ya llamábamos la atención por nuestro aspecto, pero nadie tenía por qué reconocer a la mujer. Si alguien nos identificaba tan solo tendríamos que lidiar con una turba de marines persiguiéndonos. El verdadero problema era si alguien reconocía a Emerald y los que venían detrás de nosotros eran la hija del Tenryubito y su séquito. A pesar de que la orden era de lo más clara y no suponía un gran esfuerzo, todos se revolucionaron, intentando aportar su granito de arena. El único que actuó con algo de cordura fue Tobías dándole su sombrero y su poncho. A eso era exactamente a lo que me refería, no era necesario mucho más, pero los demás también se apresuraron por ofrecer sus soluciones, por locas que fueran.

Sasha, cegada por la manía (totalmente justificada) que le tenía a Kenzo, le arrancó la camiseta para ofrecérsela a la mujer sustituyendo la fruta de la que se acaba de desprender. Me llevé el dedo pulgar e índice a los ojos mientras los cerraba intentando calmarme. Sí Emerald se había deshecho tan rápidamente de aquella fruta y, además, nos había explicado los motivos, por qué iba a querer volver a llevar algo similar que la pusiera en el punto de mira. Ya lo siguiente era pintarle una diana en la frente. No sabía cuánto costaba un esclavo, pero mi sentido común me decía que bastante menos que una fruta de esas. Si se diese la situación y hubiese que elegir entre llevarse a Emerald o a la fruta, seguro que cogerían la segunda opción. Una humana era fácilmente sustituible, tan solo el orgullo y el ansia por castigar su comportamiento al escapar era lo que les motivaría a perseguirla, pero la fruta era única y muy valiosa. Así que más nos valía alejarla de Emerald y que si tenían que perseguir a alguien fuese a nosotros. Y Sasha, no contenta con ello, también le ofreció una especie de árbol pequeñito. No sabía de dónde narices la había sacado ni qué significaba o por qué la llevaba siempre consigo, pero no serviría de mucho a nuestro propósito. Sí que era verdad que la cara no se le vería, pero llamaríamos mucho más la atención con una mujer cubriéndose cubriéndose indiscretamente el rostro con aquella planta.

Kenzo seguía en su línea. No propuso ningún plan descabellado y pareció reconocer la fruta, así que dos puntos para él. Sin embargo, no fue capaz de ocultar su enfado por que Sasha le hubiese arrancado la camiseta. Normal y comprensible, aunque era él el que había empezado. Ya me estaban hartando. Si no era uno era el otro. No sabía cómo había empezado toda esta locura, pero alguien tendría que acabarla y, si no era ninguno de ellos, sería yo. Por lo menos Jolyne no dio mucho por culo y se limitó a aceptar las órdenes, aunque con una frase de lo más confusa. Estaba totalmente convencida de que no tenía ni idea de qué iba la historia de la mujer, pero daba igual. Lo único que importaba era que estaba dispuesta a luchar por ella, como todos los demás. Sabía la especial rabia que le daba ala granjera que se pusiese precio monetario a las cosas, así que no quería ni imaginarme que le parecería que lo hiciesen con una vida. Además, en el pequeño mundo que se había montado en su cabeza seguro que no imaginaba que hubiese tanta diferencia entre ella y un Tenryubito. Esperaba que nunca se cruzase con uno, porque la veía muy capaz de ponerse a hurgarse la nariz delante de él comentando las épocas de cosecha.

Garnet parecía estar comportándose, exceptuando el hecho de que no paraba de babear por aquella muchacha. Tampoco se podía controlar con Kenzo y enseguida fue a recriminarle que hubiese llamado basura a Sasha. Teníamos que conseguir de alguna forma que Kenzo se controlase y aprendiese a cerrar esa bocaza, pero era un crío y tampoco valía la pena enfadarse por sus ridículos insultos. Tampoco es que Sasha necesitase que nadie le protegiera, si Kenzo era de insultar, ella era de actuar. No sería la primera vez que el chaval acababa con un chichón. Y nada, parecía empeñado en no aprender por las malas, que era la manera más dura, pero más efectiva.

Emerald escuchó a todos con paciencia, algo que vi que era característico en ella, y nos respondió uno a uno. Parecía totalmente aliviada por haberse desprendido de la carga que suponía aquella fruta, que ahora guardaba yo en mi bolsillo. La idea de Sasha también le pareció una locura y la rechazó con bastante amabilidad y firmeza. Lo que se aceptó fue el poncho y el sombrero de Tobías. A pesar de que ya nos había contado su historia, seguía emocionada y no era capaz de contener sus lágrimas. Debía haberlo pasado bastante mal y, en esos momentos, no sabía si alegrarme o no por el hecho de que nuestro capitán no estuviese con nosotros. No tenía ninguna duda de que si hubiese escuchado la historia de la mujer hubiese ido volando a toda velocidad hacia el centro de la isla para liarse a puñetazos con todo el mundo e intentar liberar a todos los esclavos. Era un suicidio y habríamos acabado todos muertos, pero era justo lo que yo haría si no tuviese en cuenta el peligro y que no solo mi vida estaría en riesgo.

La mujer nos dijo que, afortunadamente, no estábamos demasiado lejos de nuestro destino y que el distrito al que nos dirigíamos tenía hospedaje, aunque estaría vigilado. Su última frase era lo que suponía un grave problema. Nos advirtió que debíamos ser discretos. No sería porque no lo había intentado en numerosas ocasiones, pero con esta panda iba a ser imposible. Por lo menos lo intentaríamos, no nos quedaba otra. Iba a contestar a Emerald de forma esperanzadora para darle una imagen positiva de nosotros. Tal vez podría decir algo como que a pesar de nuestro aspecto y el carácter enérgico de alguno de nosotros sabíamos hacer bien nuestro trabajo y siempre cumplíamos con lo que prometimos, así que no tenía que preocuparse por nosotros, haríamos lo posible para no llamar la atención. Sin embargo, Garnet se me adelantó pare responder de forma totalmente opuesta. Y no contento con ello, por ningún motivo, de un asombrosamente rápido movimiento se quitó el pantalón y la sudadera para quedarse en ropa interior. Luego, como si nada hubiese ocurrido, se adelantó y comenzó a caminar avisándonos de que le indicásemos el camino si se desviaba.

—Me cago en mi madre… —susurré para mí misma justo antes de alzar la voz lo suficiente como para que todos me escuchasen—. ¡EH! La chica ha dicho que seamos discretos y ni una puñetera mosca se va a enterar de que estamos en esta isla hasta que ella se suba a su barco. ¿Entendido? Y eso va por ti —dije señalando a Kenzo, el más cercano a mí —. Y por vosotras —esta vez me giré para señalar a Sasha y a Jolyne, también potencialmente causantes de un alboroto—. ¡Y sobre todo por ti! ¡Más te vale que ni te nos acerques hasta que te vuelvas a poner la ropa! —esta vez me referí al más cantoso de todos, el degenerado semi desnudo que encabezaba nuestra marcha. El único que se libraba era Tobías. Qué fácil nos sería a los dos llevar a Emerald hasta un barco sin llamar la atención.

A pesar de todo el caos, estuve atenta al camino durante la marcha sin quitarle el ojo de encima a Garnet. Sasha se encargaba de la parte de atrás y confiaba en su orientación. Al menos era buena en el mar, no tendría que haber mucha diferencia en tierra. Además, estaba también con Tobías, solo tenían que estar atentos a nosotros y no desviarse. No solía perderme, así que el camino, si estaba despejado como ellos habían dicho, no supondría un problema. Mientras caminaba sentía el peso de aquella fruta en mi bolsillo. Después del estrés y la planificación, el silencio del bosque me permitió apreciar con más fuerza su poder. Ya no sabía si me estaba volviendo loca o realmente aquella fruta tenía la capacidad de susurrarme, de invitarme a que nos fundiésemos. Tal vez fuese aquel bosque y sus extraños y profundos árboles, que penetraban en el agua para abastecerse de las profundidades los que me estaban causando aquella sensación. Cosas más raras había visto por el mundo. Intenté mantener la calma, nadie más parecía alterado de ninguna forma, así que la llamada imperiosa que sentía en mi interior sí que podría provenir de la fruta del diablo. No por nada se habría ganado ese nombre. Estuve tentada de meter la mano en mi bolsillo para tan solo sentirla. Sabía que era muy valiosa, sería una estupidez perder tal cantidad de dinero por caer en la tentación, pero esta cada vez se volvía más fuerte. No era propio de mí.

De repente, mis pensamientos se vieron interrumpidos por Jolyne, que se había adelantado porque consideraba que tener hambre era un motivo de peso como para distraerse y romper la formación. —¿Pero qué me estás contando? Esto no es comida— le solté sobresaltada por su urgencia y sus ansias por pegarle un bocado a la fruta. Sabía que a Jolyne le gustaba comer bien, pero esto cruzaba una línea que nunca antes había sobrepasado. —No te voy a dar una mierda —le dije sintiendo los picoteos de la gallina. La situación se volvió un pequeño caos en un segundo. —Pero… —intentaba apartarlas a ambas a manotazos sin ningún resultado. Cuando sentí como palpaba mi chaqueta con su manaza para coger la fruta me adelanté para meter la mía antes, sacarla y extender el brazo hacia arriba, donde no llegaría. Esa fruta era de todos, pero desde que se había puesto tan insistente comprendí que tan solo sería un quebradero de cabeza. ¿Realmente la fruta valía tanto? ¿Tanto como para movilizar a una familia de Tenryubitos? ¿Tanto como para que nos quisieran matarnos a todos con tal de recuperarla? Inmediatamente y casi sin pensar, me la llevé a la boca para darle todos los mordiscos posibles antes de que Jolyne pudiese ni tocarla. Muerto el perro, se acabó la rabia. —A tomaf pof culo la frufa —dije con la boca llena intentando no saborearla demasiado. Estaba bastante mala para costar tan cara, así que su precio debía deberse solo a los extraños poderes que otorgaba. En ese momento caí en la cuenta de lo que había hecho. —Ahora vuelve a tu maldito sitio —le dije a Jolyne confusa y mosqueada. Como me convirtiese en un lagarto o algo ridículo pensaba ocultarlo para siempre y convertirla en nuestra chica de los recados. Tras aquel incidente esperaba que pudiésemos continuar con normalidad y sin más contratiempos.

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[Imagen: 8Rsjucn.png]

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Con cada movimiento de mis espadas, escribo mi leyenda en las páginas del tiempo, cada paso que doy es un trueno en el estruendo de la batalla. Aparta de mi camino, o lo lamentarás.

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RE: [EVENTO FASE 2] El mismo infierno - Manglar 7 - Tango de la Sultana - por Triana Tempesta - 19-01-2025, 11:38 PM

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