22-01-2025, 12:55 AM
Siempre he intentado ser justo, equilibrar la balanza. Sé que en el mundo hay personas lejos de la salvación, el rencor y la ira son algo que me ha inundado en más de una ocasión. Y aún así, a pesar de todo, no quería ser considerado el malo de la historia, todo lo contrario, quería ser ese héroe que aparece en el peor momento y salva la situación, llevando a la gente a mi alrededor a un final adecuado.
Pero los héroes tienen algo que yo no. Son geniales.
Ahí tirado, todavía en el suelo, mis pensamientos van a una velocidad que no encaja en el tiempo. La culpa de todas esas muertes ha sido completamente mía, de nadie más. Observo mis manos, manchadas no sólo con mi sangre, sino con la de otros. Con la expresión de ese niño que muerde un limón por primera vez, si los calambres tuviesen cara, la mía sería lo más cercano a ella.
En ese estado de congelación que parece una eternidad, algo se rompe dentro de mí, la justicia a la que apelaba se vuelve oscura y se retuerce, puedo sentir como adopta una forma distinta y, al final, no se puede hacer nada. Mi piedad había sido el detonante de esta situación y por eso mismo no podía permitírmela. Después de todo... "Soy el peor tipo de bien, porque ni siquiera soy genial". Ese pensamiento final es la conclusión a la que tengo que llegar.
Aprieto el papel en mi mano una vez más antes de dejarlo caer, empapado en granate. Alguien lo verá, alguien sabrá que ha pasado aquí. Alguien será el tercer testigo necesario que entienda por qué pasan las cosas. Y aún así, aún entendiéndolo, ese alguien fallará al aprenderlo de mí. Esa es la grandeza de mi fracaso.
Con la mirada sombría y fija en los adoquines, ya no tiemblo. El dolor sigue ahí, pero ya no es el protagonista que toma control sobre la historia de mis movimientos. Vuelvo a ser el narrador y me levanto despacio, llevando la mano izquierda a la culata del Long-Range Choice al tiempo que dirijo el cañón y giro para apuntar a Folk. Dudar no es innecesario, es un error. Y estos siempre vuelven para castigar al que los perpetra.
— ¡FOLK! —, grito. — La sangre en nuestras manos... ¡ESTO NO PODRÁS LAVÁRTELO! — He estado desesperado antes, cabreado también, ahora estoy furioso. — Pero gracias por enseñármelo, ahora sé que la crueldad es piedad hacia nosotros mismos.
Hay más gente en aquella plaza, pero me da igual. Los ignoro completamente. Sólo tengo ojos para el mink rata frente a mí. El sonido de una campana en la distancia y el latido de mi propio corazón se acompasan, tocando al tiempo que la bala explosiva abandona el cañón de mi rifle. Una melodía de lamento. Qué irónico.
Pero los héroes tienen algo que yo no. Son geniales.
Ahí tirado, todavía en el suelo, mis pensamientos van a una velocidad que no encaja en el tiempo. La culpa de todas esas muertes ha sido completamente mía, de nadie más. Observo mis manos, manchadas no sólo con mi sangre, sino con la de otros. Con la expresión de ese niño que muerde un limón por primera vez, si los calambres tuviesen cara, la mía sería lo más cercano a ella.
En ese estado de congelación que parece una eternidad, algo se rompe dentro de mí, la justicia a la que apelaba se vuelve oscura y se retuerce, puedo sentir como adopta una forma distinta y, al final, no se puede hacer nada. Mi piedad había sido el detonante de esta situación y por eso mismo no podía permitírmela. Después de todo... "Soy el peor tipo de bien, porque ni siquiera soy genial". Ese pensamiento final es la conclusión a la que tengo que llegar.
Aprieto el papel en mi mano una vez más antes de dejarlo caer, empapado en granate. Alguien lo verá, alguien sabrá que ha pasado aquí. Alguien será el tercer testigo necesario que entienda por qué pasan las cosas. Y aún así, aún entendiéndolo, ese alguien fallará al aprenderlo de mí. Esa es la grandeza de mi fracaso.
Con la mirada sombría y fija en los adoquines, ya no tiemblo. El dolor sigue ahí, pero ya no es el protagonista que toma control sobre la historia de mis movimientos. Vuelvo a ser el narrador y me levanto despacio, llevando la mano izquierda a la culata del Long-Range Choice al tiempo que dirijo el cañón y giro para apuntar a Folk. Dudar no es innecesario, es un error. Y estos siempre vuelven para castigar al que los perpetra.
— ¡FOLK! —, grito. — La sangre en nuestras manos... ¡ESTO NO PODRÁS LAVÁRTELO! — He estado desesperado antes, cabreado también, ahora estoy furioso. — Pero gracias por enseñármelo, ahora sé que la crueldad es piedad hacia nosotros mismos.
Hay más gente en aquella plaza, pero me da igual. Los ignoro completamente. Sólo tengo ojos para el mink rata frente a mí. El sonido de una campana en la distancia y el latido de mi propio corazón se acompasan, tocando al tiempo que la bala explosiva abandona el cañón de mi rifle. Una melodía de lamento. Qué irónico.
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