Vicios son vicios [Aventura T2 - Presente Absoluto]
#16
La lluvia ha empapado mis ropas y mi rostro, pero eso no tiene la fuerza suficiente para lavar la sensación que me aprieta el pecho. Folk yace ante mí, con la expresión más pura que he visto en alguien que muere. Sus ojos, antes inyectados en locura, se han apagado con un destello de gratitud que me deja helado. Esa sonrisa… esa maldita sonrisa. No debería existir en un momento como este.

Mi estómago se revuelve. Un peso que no tiene que ver con el hambre, con el cansancio o con la herida bajo mis costillas, se hunde en lo más profundo de mi ser. Esto no es como otras veces. Esto no es un simple trabajo. He visto morir antes, he sido testigo de la sangre derramada en el suelo, he sido la sombra tras el disparo. Pero nunca había visto a alguien agradecer su propia muerte. Nunca alguien me había mirado así, como si lo hubiera salvado.

Un disparo limpio, una bala bien colocada. Un cazarrecompensas debería enorgullecerse de algo así, pero lo único que siento es un vacío punzante.

Miro mis manos. Temblorosas. Ensangrentadas. Son las mismas con las que alguna vez robé pan para no morir de hambre, las mismas con las que me sostuve de los muros de Akauri para escalar lejos de quienes querían atraparme. Ahora, sostienen un arma aún caliente. Y lo peor es que lo hice sin dudar. Lo hice porque debía hacerse. Porque no había otra opción. Porque... porque tenía que hacerlo, ¿verdad?

Aprieto los dientes. La respuesta llega sin que la quiera escuchar: sí, tenía que hacerlo. No había otra opción. Y sin embargo, el precio de esa decisión me abruma.

He sido un hipócrita. Me he dicho a mí mismo que hay líneas que no debo cruzar, que no soy como los que matan sin pensarlo. Pero al final, ¿qué soy? Un engranaje más en esta máquina de muerte que mueve el mundo. He seguido el camino que se espera de alguien como yo, sin rechistar, sin intentar siquiera salirme de él. He disparado, y ahora tengo que cargar con lo que eso significa.

Si quiero seguir vivo, si quiero seguir caminando sin que el peso de los muertos me aplaste, entonces debo aprender a mentirme mejor. Debo ser más fuerte, más frío, más calculador. No puedo permitirme sentir esto cada vez que le arrebato la vida a alguien. Porque si lo hago, no tardaré en ser el siguiente en el suelo.

Miro alrededor. Veinte cadáveres. Veinte personas que murieron por la locura de Folk, por su desesperación, por la espiral que lo devoró. Y ahora él también es parte de esa pila. No lo dejaré aquí. No puedo hacerlo.

El marine se marcha con sus palabras resonando en mi mente. "Buen trabajo." "¿Para quién? ¿Para qué? ¿Para ellos? ¿Para mí? ¿Para un mundo que ni siquiera pestañea ante esto?" Pienso.

El aire huele a sangre y a pólvora, pero el viento seco comienza a borrar los rastros más evidentes de la masacre. No es suficiente. No lo será nunca. La sangre sigue ahí, adherida a la piedra, a mis ropas, a mis manos. Bajo la mirada y las observo otra vez, estas manos con las que he disparado, con las que he arrebatado vidas.

Y ahora, con estas mismas manos, voy a enterrar los cuerpos.

No tiene sentido, lo sé. No va a cambiar nada. No va a devolverles lo que perdieron ni va a hacer que el mundo sea un lugar mejor. Mañana o pasado, los suburbios seguirán llenándose de cadáveres anónimos. Pero si los dejo aquí, amontonados como carne podrida, será como aceptar que sus vidas no valieron nada. Y eso… eso sí que no puedo soportarlo.

Me agacho junto al primero. No sé su nombre, ni quién era antes de todo esto. Sus ojos están abiertos, fijos en el cielo despejado que llegó demasiado tarde para él. Me cuesta cerrarlos. Es diferente hacerlo con alguien al que prácticamente mataste tu. El peso de sus párpados, la rigidez de su piel… es la diferencia entre ver la muerte y ser quien la causa.

Uno por uno, los cargo en mi espalda. Algunos pesan más que otros, pero no es solo la masa de sus cuerpos lo que me aplasta. Es la certeza de que nadie va a llorarlos. ¿Quién los extrañará? ¿A quién le importará lo que pasó aquí esta noche? El mundo seguirá girando, la ciudad seguirá con sus miserias, los barcos partirán y la gente reirá en las tabernas sin saber que en un callejón de Akarui, veinte hombres yacieron en la muerte como lo hicieron en la vida: olvidados.

Camino con los muertos a cuestas, mis alas escondidas bajo el abrigo sucio. Es un trabajo lento, doloroso. Con cada cuerpo que dejo en la tierra seca, con cada metro que avanzo hacia las afueras de la ciudad, el peso en mi pecho se hace más grande. La herida en mi costado late con fuerza, pero el dolor es secundario. No puedo detenerme. No hasta que termine.

El último es Folk. Lo levanto con más dificultad de la que quiero admitir, no por su peso, sino por lo que significa. Aún tiene esa sonrisa en la cara. Esa sonrisa que no debería existir.

— Mierda Folk —susurro, aunque mi voz no tiene rabia, solo agotamiento.

Camino con su cuerpo en los brazos hasta donde he cavado las tumbas. No es un entierro digno, pero es lo mejor que puedo hacer. Miro la pila de tierra a mis pies, las cruces improvisadas con pedazos de madera podrida.

Y entonces me detengo.

¿Qué se supone que tengo que hacer ahora? ¿Rezar?

Me río para mí mismo. Suena áspero, vacío. No recuerdo la última vez que recé. Quizá cuando era niño, antes de entender que los dioses no tienen nada que ver con la gente. Pero... ¿Merece la pena rezarle a algo que no escucha? ¿A algo que permite que esto pase una y otra vez?

Si hay un dios ahí arriba, se ha burlado de nosotros desde el principio. Nos ha hecho débiles, nos ha dado hambre, miedo y vicios que nos consumen, y luego nos deja aquí, en la mugre, peleando entre nosotros como bestias.

Miro las tumbas.

Si los dioses existen, deberían haber bajado aquí. Deberían haber detenido la bala que disparé. Deberían haber susurrado a Folk antes de que se convirtiera en un monstruo.

Pero no lo hicieron. Nunca lo hacen.

Así que no. No voy a rezar.

Pero sí voy a recordar.

Cierro los ojos un momento, respiro hondo. Y con el último puñado de tierra cubriendo el rostro de Folk, dejo que el viento se lleve lo que queda de esta noche.

Es cierto, debo aprender a mentirme mejor, tanto como mi corazón lo permita.

— No se puede hacer nada... Podríamos haber compartido uno, idiota — Digo mirando la cruz del mink rata mientras enciendo un cigarro.

Y con eso. No hay plegarias. Solo el silencio. El silencio de un hombre que espera la muerte.

SE ASCABO!


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RE: Vicios son vicios [Aventura T2 - Presente Absoluto] - por Casca Belles - 29-01-2025, 10:56 PM

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