30-01-2025, 01:47 AM
(Última modificación: 30-01-2025, 02:47 PM por Comilón McBacon.)
10:46 a.m.
Día 88 de Otoño. Año 14.
Día 88 de Otoño. Año 14.
Desde que llegué a la extraña aglomeración de islotes, que ahora sabía que se conocía como Archipiélago de Sabaody, las cosas habían sido raras. Que pudiera colarme en el barco que me trajo hasta aquí sin problemas, haber encontrado por casualidad el barco de los revolucionarios Zorak, Kisuke y Simba, ¿Era realmente todo fruto del azar o es que había algo más? Shupo siempre hablaba de cómo el destino se curva y retuerce en pos de las acciones que cometen quienes transitamos su senda, y que las cosas a la que una persona está destinada siempre acaban llegando, a veces antes, a veces más tarde, pero uno no puede escapar a su destino. Me recordaba a un cuento que mi madre me contaba cuando aún era solo un pequeño lechón que no llegaba a los seis metros. El cuento se lo contó mi padre, según entendí era una especie de leyenda para aquellos que se creían más listos que nadie y trataban de escapar de sus responsabilidades. — Veamos, no lo recuerdo bien, pero igual contárselo a Tim– a Zorak lo ayuda a despertar, oink, ¿Cómo era el cuento..? —
Me senté al lado del barco mientras hacía memoria de cómo empezaba el cuento y cómo se desarrollaba, cuando me sentí finalmente preparado aclaré mi garganta y asomé un ojo al camarote de Zorak, seguía durmiendo. — Hace muchos años, en un reino antiguo, el rey Lacón y la reina Bocata fueron a consultar el futuro de su hijo, Edipollo, a un adivino, para saber si les sucedería en el trono de su reino, Tabasco. — no recordaba bien los nombres, pero eran algo parecido a lo que yo estaba diciendo. — Los padres se escandalizaron al escuchar lo que el adivino profetizó sobre su hijo recién nacido, y con razón — añadí — les dijo que el destino de Edipollo era matar al rey Lacón y acostarse con la reina Bocata, ¡Menudo marrano! Y eso que el cerdo soy yo. — hice una pequeña pausa después del chiste por si Zorak quería reírse, pero la única respuesta que encontré fue silencio. Volví a aclarar mi garganta y retomé mi narración. — Los reyes decidieron abandonar al niño en el reino vecino, el reino de Chorizo, para que no llegase a cumplirse la horrible profecía del adivino, pero Edipollo fue rescatado por unos granjeros y lo acabaron adoptando y criando, como si el niño fuera sangre de su sangre. — tragué saliva, de pequeño sentía envidia de esta parte del cuento; a mi, en mi aldea, me dieron de lado por ser medio gigante, a él lo amaron como propio unos padres que no eran suyos. Pero esto tenía que animar a Zorak, no podía quedarme tanto tiempo en silencio. — Los años pasaron y Edipollo se convirtió en todo un hombretón, el más vivo del reino, con un cuello más fuerte que el de un toro, no había nadie más macho en el reino, con bíceps de envidia y más peludo que un oso polar, todo gracias a que de pequeño comía una docena de huevos, ¡Y cuarenta de adulto! Todo un tiarrón, vaya, nadie lucía las botas como él. Ayudaba a sus padres en la granja y siempre hacía él los viajes largos para vender huevos, gallinas y el pan que horneaba junto con su madre en el reino vecino, que era donde había nacido él en realidad, el reino de Tabasco.
Un día, en el camino, se encontró con un hombre que iba para Chorizo, pero Edipollo iba para Tabasco, uno iba y el otro venía, uno iba pa'allá y el otro venía pa'acá — me mantuve moviendo las manos para indicar claramente la dirección de ambos personajes más el tiempo del que mi dignidad estaba dispuesta a soportar — y claro, salirse del camino no era una opción, supongo. — añadí con una alzada de hombros — Edipollo y el señor discutieron por ver quién tenía más derecho a pasar primero, Edipollo tenía producto fresco que vender, y el señor estaba buscando con prisa a un héroe que salvase su reino de un gato mágico, o algo así, no recuerdo por qué pero el caso es que se vinieron arriba los dos y Edipollo mató al viejo, por accidente, y siguió su camino al reino de Tabasco. — hice un corte aquí, — Nunca entendí eso, podría haberlo llevado consigo al reino de Tabasco, pero bueno, supongo que el cuento es así y ya está. Cuando Edipollo llegó al reino se encontró con el gato mágico que le dijo que si respondía correctamente a una pregunta se marcharía y dejaría el reino en paz, todos los ciudadanos le pidieron que lo intentase, él pensó que no habría problema por intentarlo. La pregunta que le lanzó el animal fue: "¿Qué empieza siendo blando y pegajoso, se vuelve sólido pero esponjoso y acaba siendo solo polvo?" —
De nuevo una pausa, me asomé al camarote otra vez por si estaba despierto y quería responder, pero seguía durmiendo. No tenía sentido seguir esperando lo imposible, proseguí con mi cuento. — Edipollo, tras un momento para pensarlo, respondió con seguridad que la respuesta al acertijo del gato era el pan, cuya masa es pegajosa, pero una vez horneado se pone duro y acaba convertido en migajas cuando se come. El gato quedó sorprendido por su respuesta, y tras confirmar que había acertado desapareció del reino de Tabasco para no volver a atormentar a sus ciudadanos nunca más. Todos aclamaron a Edipollo y le contaron que la bestia había dicho que aquel que la derrotara sería el nuevo rey, y como el rey Lacón no volvió a aparecer nunca también se quedó con la viuda reina Bocata, ¡Pero todo era una trampa!, ¡Una cruel broma del destino!, Edipollo cumplió con la profecía que años atrás vio el adivino, el señor al que mató por accidente era el Rey Lacón, su padre biológico, y la viuda que compartía cama con él era la reina Bocata, ¡Su madre! Es muy fuerte esto, ¿Eh? — me volví a asomar por última vez a su camarote, todo seguía igual. Me levanté y sacudí mi kimono para que la humedad se esfumase. ¿A dónde debería ir? No quería alejarme demasiado para no preocupar a Kisuke, bastante tenía con cuidar de Zorak como para andar metiéndome en líos también y arrastrando a los tres minks conmigo a lo profundo de… — Un momento. ¡Qué buena idea! Puedo sumergirme en el agua, pillar unos cuantos peces y ser de utilidad de esa manera. — En mi cabeza de cerdito valiente era una idea francamente buena, evidentemente omitiría el detalle de que cazaría los peces usando la boca del mismo que las ballenas lo hacen para alimentarse, no quería que rechazasen mi regalo y no se comiesen los peces por darles asco, estaba seguro de que mi saliva se mezclaría tanto con el agua del mar que apenas se podría notar el sabor al final.
Sin querer darle muchas más vueltas al tema me retiré el kimono y dejé que el viento acariciase mi pelaje mientras con los brazos abiertos y las piernas ligeramente separadas todo mi cuerpo sentía el abrigo de la brisa, excepto por mi mawashi, que protegía mi embutido sagrado y mis bellotas de poder del viento y de los golpes, siento que no felicité a Shupo lo suficiente por darme a conocer este revolucionario invento de la moda masculina, — Oh, bendito mawashi. — No quería perder más el tiempo, sin pensarlo demasiado me lancé al agua en bomba, provocando una ola que hizo que el barco se tambalease y que en la cubierta pareciera que una suave lluvia acababa de empezar. Abrí los ojos lentamente, con rápidos parpadeos para que la salinidad del mar no me provocase el picante escozor de ojos que ocurría al nadar en el mar, al menos así se hacía en mi isla, y cuando ya tuve los ojos bien abiertos saque del agua mi hocico para tomar aire, pero necesitaba más que eso, saqué la cabeza entera, abrí la boca como si bostezase e inhalé hasta que mis pulmones no pudieron más, provocándome un ronquido nasal al llegar a ese punto, entonces comenzó mi inmersión. Buceé hasta que mi cabeza se ubicó a treinta metros de la línea que separaba el mar de la tierra y una vez en ese lugar hice virar mi enorme cuerpo, con algo de dificultad, para encarar la subida. Me mantuve estático durante un rato, moviendo mis piernas y brazos lo justo para no hundirme más y no salir a flote por el aire que aún tenía en mis pulmones, esperando pacientemente que algún banco de peces se alinease con mi camino para emerger y así capturarlo con las fauces como si fuera un depredador. Aguanté todo lo que mis pulmones pudieron retener el oxígeno y cuando tuve la oportunidad de atrapar un banco de peces no me lo pensé dos veces y me lancé propulsado por mis cuatro patas hacia la superficie, abriendo la boca de par en par todo lo que mi cuerpo me permitió abrir, atrapando alrededor de un tercio del banco y saliendo justo después a tomar aire de nuevo.
Inhalé profundamente por la nariz mientras abría un poco la boca sin llegar a separar los dientes, dejando el espacio justo para que el agua del mar se filtrase y solo quedasen en mi boca los chapoteantes pecillos que con su movimiento provocaban un roce en las parede interiores de mi boca y en la parte alta de la lengua, haciendome cosquillas y casi obligándome a escupirlos de la risa, pero debía aguantar, ¡Por los minks! Asomé la cabeza a la cubierta del barco y abrí la boca, dejando caer los peces y amontonando el botín de mi pesca con las manos para que los que aún estaban vivitos y coleando, literalmente, no acabasen esparcidos por toda la cubierta. Ahora restaba avisar a Kisuke y Simba para que guardasen el pescado en algún lugar que pudiera mantenerlo fresco, no sabía si lo tendrían, pero en el peor de los casos me los podía comer yo y problema resuelto, la pesca del día era un tentempié para mi, ni siquiera me llenaba la boca, podía permitirme dejarles que cenen ellos eso y luego acabar yo con lo que hubieran dejado, y además buscarme mi propia cena, el negocio de comida perfecto.
Me sacó de mi ensoñación el ruido de las hojas movidas por el viento, en la cubierta, sobre un barril, había un periódico cuyas páginas eran pasadas por pares debido al viento otoñal que había en la isla, estiré la mano y agarré el barril con mucho cuidado para dejar caer el periódico sobre la palma contraria a la que lo movía. Una vez en mi poder dejé con el mismo cuidado el barril tal y donde estaba, fijando mi vista en las más que minúsculas letras que componían los párrafos y las columnas informativas. — Esto es imposible de leer… — miré a los lados del barco, ni Kisuke ni Simba estaban cerca para poder ponerme al día… — Supongo que alejarme un poco noink puede ser tan malo. — Me volví a vestir con mi kimono naranja y sostuve el periódico con cuidado usando mis dedos índice y pulgar, me alejé del barco con cautela sin perderlo de vista en ningún momento, mirando ocasionalmente para asegurarme de que seguía ahí y no me perdía, y en uno de esos momentos de mirar al barco me llamó la atención la voz de un señor ya mayor que iba en dirección contraria a la mía — Cuidado por donde vas mozalbete, vas a pisar a alguien. — replicó el anciano, yo en respuesta hinqué ambas rodillas y arqueé la espalda hasta que mi frente tocó el musgo del suelo — ¡Me disculpo por mi comportamiento! — exclamé, no sé si fue por la fuerza de mi grito o por la sorpresa de mi acto pero el señor trastabilló y casi cae al suelo, al alzar la vista lo vi y caí en la cuenta de algo, — Señor, ¿Sería tan amable de leer esto para mi? Quiero saber qué ha pasado en últimamente en el mundo, hace poco que he salido de mi isla natal y allí no se veían muchos de estos, y los pocos que habían eran diminutos. — ofrecí el periódico que sostenía en mis dedos al hombre y tras su afirmativa con la testa adopté una pose de piernas cruzadas en el suelo, sentado frente al hombre que empezó a hablar de lo que iba leyendo. — Espere joven, sin mis gafas de lectura no veo ni con quién hablo. — con pulso tembloroso metió la mano en el bolsillo interior de su chaleco marrón, se las colocó con el mismo pulso impreciso y tras mirarme, ahora con un gesto de desaprobación, entonces comenzó su dicción: — Guerra de yonko. Odki ‘Akahige’ Mu- — — ¿Yonko? — intervine de inmediato. — ¿Qué es eso..? — el hombre suspiró pesadamente. — Escucha todo y luego haz preguntas, ¿Vale? — asentí de forma rápida, y con esto el hombre retomó lo que esperaba que fuera un monólogo. — Como iba diciendo, el yonko Akahige ha reconquistado una isla que Alice ‘Marvelous’ Stroheim, otra yonko, le había arrebatado, esto parece que escalará y se convertirá en un conflicto abierto. Que mal. — — Y tanto que mal, si tienen problemas deberían sentarse a hablar de sus diferencias, no empezar una pelea que puede involucrar a más personas. — repliqué, la gente tendía a creer que la violencia era siempre la solución para todo cuando no lo era. — Ya… — respondió el anciano, sin saber cómo explicar la gravedad real que significaba un conflicto abierto entre dos yonkos, — En fin, sigamos: Un ataque coordinado ha acabado con una base de la marina, los daños se cuentan por millones, durante el ataque un comandante de la marina, el ataque fue llevado a cabo por una nueva banda pirata, Shokud- no, espera — se quitó las gafas y las limpió frotándolas contra su ropa y las devolvió a su rostro, — Mushoku, así se llama la banda pirata. Se convoca a los Shichibukai por orden del almirante Akasaru, -hace falta más gente como él- para castigar a los que vulneren la justicia, ¡Dígalo bien alto almirante! No se respeta nada estos días… — tras decir eso empezó a farfullar cosas que no alcanzaba a escuchar del todo bien, pero por lo poco que logré escuchar estaba insultando a los piratas y a los revolucionarios como Zorak, Kisuke y Simba, yo por mi parte decidí que lo mejor sería no intervenir y dejar al señor quejarse mientras me iba en silencio. — Vaya rarito… —
