[Presente Relativo] Mas alla de lo intangible
#1
Dia 89 de Otoño, Año 14.
Archipiélago Sabaody, Cuartel de la Marina.
09:00 horas
 

 
Habían pasado varios días desde nuestra abrupta llegada al archipiélago Sabaody. Aunque habíamos logrado llegar sin problemas hasta el cuartel de la marina tras el incidente con los civiles que nos recibieron en los manglares 40 – 49 donde desembarcamos, la relación entre los miembros de la división se volvía áspera debido al choque de ideas, egos y personalidades. Si bien la comodoro Karl había hecho bien en calmar aquel incidente, al final había asignado a cada quien un poco de la culpa cosa que no había sido recibida con brazos abiertos por ninguno de nosotros, como era de esperar. Podía observar claramente como nos hacía falta la guía del líder de la división, Joe “el héroe”, no porque la comodoro Karl hiciera un mal trabajo como líder provisional, si no porque era evidente que ella misma no se sentía cómoda aun con la posición y carga de responsabilidad que esta conlleva, y seguro apreciaría que alguien mas tomara las riendas para así ella poder considerarse un simple miembro más de la división del héroe.
 
Personalmente, tengo mucho que agradecerle a la comodoro. A pesar de su carácter explosivo, era una gran persona y mucho mejor maestra de lo que ella misma llegaba a aceptar. Sus enseñanzas en la isla Chika habían probado ser útiles desde nuestra llegada a Sabaody y, aunque me hacia falta un gran camino por delante para poder dominar ambos tipos de Waki, estaba seguro de que seguirían siendo de utilidad en un futuro no muy lejano. Eso sí, debía cumplir con mi parte de la responsabilidad y seguir entrenando tanto el Waki de armamento como el Waki de observación diariamente, cosa que hacia todas las llamadas como parte de mi régimen de ejercicios.
 
Algo de lo que me había dado cuenta tras entrenar día a día ambos tipos de Waki era que me era mucho más fácil dominar el de armamento en comparación con el de observación. Si bien, al inicio no había percibido una diferencia clara entre mi dominio y control de ambos, conforme pasaba el tiempo era claro que tenía mayor propensión al Waki de armamento, probablemente porque mi entrenamiento desde hace tiempo ha estado enfocado en fortalecer mi cuerpo, aumentando mis niveles de resistencia y fuerza, en lugar de entrenar mas la mente. No veía esto como un problema, el conocimiento medico era algo en lo que podía pasar horas y horas estudiando, pero el Waki de observación requería de otro enfoque, eso estaba claro. 
 
De momento, mis conocimientos y nivel de dominio del Waki de armamento me habían llevado a ser capaz de defenderme de, y atacar a, aquellos quienes habían consumido una fruta del diablo que les otorgaba poderes de intangibilidad como por ejemplo lo era mi compañero de división, Apolo Bahía. La verdad que al ser un grupo variopinto teníamos todos la oportunidad de conocer puntos fuertes y flaquezas que por nuestra cuenta nos hubiera costado unos buenos golpes – por decir poca cosa – aprender. Aun así, estaba claro que mi dominio sobre el Waki de armamento era mucho mejor que el de observación el cual, si bien no olvidaría como parte de mi entrenamiento diario, dejaría en segundo plano para enfocarme en perfeccionar el primero.
 
El usar el Waki de armamento era como portar una armadura sobre la parte del cuerpo en la que se enfocaba la energía, una armadura que de momento solo era capaz de entrar en contacto con seres intangibles pero la cual, no obstante, creía poder ser capaz de llevarla al siguiente nivel, pero ¿cuál es este siguiente nivel?, no tenía absoluta idea. A diferencia de cuando aprendí por primera vez el Waki de armamento, rodeado de mis compañeros (James y Apolo) bajo la guía y supervisión de la comodoro Karl, esta vez me encontraba solo y estaba claro que así seguiría por un tiempo.
 
Tras nuestra poco convencional llegada al archipiélago Sabaody y posterior arribo al cuartel de la marina en el manglar 70 la comodoro Karl había dejado en claro que podíamos ir a hacer con nuestra vida un papalote (no de manera literal, pero es lo que sus palabras habían dado a entender) y, era tal la tensión que se sentía dentro de la división, que cada quien decidió ir por su cuenta, al menos por un tiempo. Igualmente solo habían pasado poco tiempo, pero podía sentir que este “parón social” podía llegar a durar semanas (si no es que incluso meses) y no valía la pena intentar forzar una interacción que no era deseada. Suficiente tiempo he estado por mi cuenta para sentirme ajeno a esta situación, incluso en parte la agradecía pues me apetecía explorar el archipiélago ya que había oído de mi maestro Ershot Spardal que él había conocido a otro maestro del Gyojin Karate en sus viajes por estos manglares, por lo que igual y con suerte en las próximas semanas podría conseguir permiso para salir a explorar a detalle.
 
Las primeras luces de la mañana me sacaron de mi ensimismamiento y pegando un salto de la cama me puse el uniforme y dispuse a iniciar el entrenamiento de este día. Partí sin dar muchas más explicaciones, con un breve “buenos días” a mis compañeros de habitación, James (a quien se le veía claramente despierto desde hace tiempo, aunque tampoco había salido de cama) y Apolo (a quien se le podía observar claramente dormido, o al menos eso esperaba pues su oreja se había convertido en arena y escurría por el borde de su almohada cosa que me hacia pensar que no estaba en completo control de sus poderes), y me dirigí al patio de entrenamiento. Empecé con lo básico, el calentamiento. Este era exactamente el mismo que nos había hecho seguir la comodoro Karl aquel día que nos entreno en el Waki de armamento en aquel intento de complejo polideportivo enterrado en la isla Chika. Consistía de dar 100 vueltas, y cada que completaba 10 de ellas, paraba en el centro del patio de entrenamiento para realizar 50 sentadillas, 50 flexiones y 50 abdominales.
 
La verdad no sabía si esto influía o no en el dominio del Waki, pero así era como la comodoro Karl había tenido a bien enseñarnos y era mi único punto de partida para mejorar mi técnica. La siguiente parte de su entrenamiento no me serviría de nada pues había consistido en intentar golpearle mientras ella nos demostraba aquellos poderes increíbles que le convertían en un pájaro azul envuelto en fuego, por lo que a partir de aquí sería cuestión de improvisar sobre la marcha. La última parte del entrenamiento era la que más repetía día a día pues consistía en enfocarse en la energía interna y liberarla en cada golpe por lo que esto no era mayor problema. Supongo que había un par de opciones que podía intentar.
 
Primero, podría buscar entre los cuerpos de la marina aquí apostados si había alguien quien estuviera dispuesto a enseñarme a mejorar el Waki de armamento, o al menos a ayudarme con mi entrenamiento sirviendo de sparring. El problema con esta idea era que la comodoro Karl había hecho que aquella parte del entrenamiento fuera un verdadero reto y no quería ser grosero imponiendo demandas sobre el tipo de compañero de entrenamiento ideal ni tampoco quería perder el tiempo con alguien que no lo fuera pues no me ayudaría en nada con mi objetivo. Aunque el cuartel de la marina en Sabaody es grande (al menos en comparación con el de la isla Minion en el cual me enliste), contando con un Capitán, 2 Comandantes, 3 Tenientes, 3 contramaestres, 80 soldados rasos (sin contar a ninguno de los que viajaban con nosotros ni a nosotros mismos), no quería molestar a ninguno de ellos pues se les veía sumamente ocupados en sus tareas diarias así que dejaría esta idea como última opción.
 
Segundo, podía ir con la comodoro Karl y preguntarle nuevamente sobre el Waki de armamento haber si podía guiarme en como mejorarlo. El problema (o problemas en realidad) era que no se le veía tener interés alguno de interactuar con nosotros tras aquel agobiante día a nuestra llegada pues al final del mismo nos había dicho claramente que “le sudaba el coño” lo que hiciéramos, así que no era la idea mas inteligente abordarle tan pronto; igualmente, tras ambos entrenamientos completados en la isla Chika me había dado la impresión que no tenía nada más que enseñarnos en cuanto a control y uso del Waki se refería, por lo que lo mas inteligente era no gastar aquella bala.
 
La tercera opción, aunque quizás la mas descabellada de todas (lo cual daba un poco igual pues yo nunca había tenido cabello del cual preocuparme), era aprovechar la cercanía del cuartel de la marina con el mar profundo y buscar un verdadero reto en las profundidades del mar. Quizás aquella hija de puta ballena que me había secuestrado entre sus fauces para “vomitarme” cerca de la isla Polestar, alejándome de casa pero acercándome a mi objetivo de recuperar a Fugowo, estuviera cerca. Que ganas tenía de agarrarme a puñetazos a ese sucio bicho o a cualquiera de su familia. El problema con esta idea era que era la más estúpida de todas. Si bien había incrementado de forma exponencial mis habilidades de combate, aun no consideraba ser rival para uno de aquellos monstruos marinos. Incluso si salía vencedor, cosa que dudaba de forma contundente, seria no sin grandes sacrificios. Esta idea estaba descartada por completo ¿no?
 
Si, estaba descartada. Pero entonces, ¿por qué mis pies me habían traído a la orilla del archipiélago?, parecía que internamente estaba mucho más desesperado de mejorar de lo que me había parado a analizar. Las aguas estaban tranquilas, hacia un día soleado, perfecto para echar un chapuzón. El aire, cálido y húmedo, llevaba consigo un aroma peculiar: una mezcla de sal marina y madera mojada, con un leve toque dulce que debía venir de la savia resinosa de los árboles Yarukiman la cual me recordaba ligeramente a casa. Mirando hacia atrás levante mi vista hacia el cielo, apenas visible entre el dosel de hojas enormes, donde la luz del sol se filtraba creando manchas de colores dorados y verdes que bailaban sobre la superficie del agua. Esa luz parecía jugar con los movimientos de los cardúmenes de peces que nadaban entre las raíces sumergidas. Vi destellos plateados entre los tonos oscuros del agua, movimientos rápidos que desaparecían antes de que pudiera seguirlos del todo. Mis oídos captaban un concierto natural: el murmullo constante del agua lamiendo las raíces, el canto ocasional de un ave acuática escondida en las alturas y, de vez en cuando, el chapoteo suave de algo que rompía la superficie. Era un sonido tranquilo, relajante, pero lleno de vida.
 
Era un sonido que invitaba adentrarse en las profundidades del océano. ¿Se enojarían si desapareciera por unas semanas para visitar la isla Gyojin? ¿sería capaz a caso de llegar por mi cuenta a 10 mil metros bajo el mar? No lo creo, además, seguramente me degradarían o peor, me marcarían de desertor y no podría volver a la marina. Sin embargo, tenia vía libre para hacer lo que quisiera, al menos hasta que llegara el comodoro Joe y asignara nuevas órdenes, por lo que no habría problema en al menos decir que estaba entrenando en el mar. Mientras pensaba en todo esto, no paraba de caminar de un lado al otro posando una mano sobre mi barbilla, los dedos jugando con las puntas de mis púas que sobresalían debajo de mi mentón, y de atrás adelante como si fuera parte de la marea que va y viene a la orilla de la playa.
 
“He presenciado muchas cosas en mi vida, pero nunca había visto a un Gyojin que le tuviera miedo al mar.” – me interrumpió una voz femenina la cual hablaba en un tono serio, un poco frio incluso, pareciera que estuviera entretenida, pero a la vez desinteresada en lo que estaba pasando. En ese momento decidí activar mi Waki de observación (tarde si se tratase de un enemigo, pero no podía concebir que alguien que fuera un enemigo de la marina se acercara tan cerca el cuartel) en un intento de amedrentar la confianza de quien me hablaba de esa forma.
 
“Ojojooo, así que sabes usar el Haki de Observación, pero parece que no estas preparado para llevarlo al siguiente nivel, muéstrame tu Haki de Armamento soldado, es una orden.” – respondió la mujer a mis espaldas. En ese momento caí en cuenta, la persona que estaba detrás de mi si que pertenecía a la marina, y si podía hacer esas declaraciones sobre el Waki (¿o Haki? sonaban relativamente similar, ¿acaso la comodoro Karl había cambiado el nombre como lo hizo con el de todos nosotros? Gowowo wowowo, seguro era así) quizás era alguien que lo dominaba a mayor nivel, justo lo que estaba buscando. Dándome la vuelta observe por primera vez a aquella persona que me hablaba, se trataba efectivamente de una mujer, de ojos azules claros como el agua y cabello largo de un magenta intenso que le llegaba a la altura de la cintura. Llevaba unos aretes enormes de forma geométrica y un brazalete en el brazo derecho. Vestía un atuendo que poco tenía que ver con el uniforme estándar de soldado de la marina, con una bata que le llegaba hasta las rodillas la cual tenia abierta a la altura del pecho, una falda negra, zapatos de tacón de igual color y unas mallas grises. El atuendo lo cerraba un tipo de adorno que colgaba desde su cuello y bajaba por sus clavículas por el centro de su pecho sin poder describir donde terminaba.
 
“Contramaestre Fuguwu, miembro de la división 21, presentándose.” – dije realizando el saludo típico de la marina juntando fuertemente las piernas, llevando el brazo izquierdo atrás de mi espalda y el brazo derecho formando un ángulo de 45 grados llevando la mano derecha a la frente. Si bien no conocía a aquella persona, pues no era parte de ninguno de los cuerpos que estaban todos los días en el cuartel, si era capaz de usar el Waki (mas bien Haki) no podría tratarse de alguien de bajo rango, por lo que prefería mantener el decoro que además demostraba con gusto siendo parte de la marina.
 
“No es que le tenga miedo al mar, ¿comodoro…?” – pregunte a aquella persona con la intensión de hacerle presentarse – “Solo me estaba planteando en realizar un entrenamiento en el mar, ya que no me es imposible respirar bajo el agua, mi intensión era enfrentarme a un rey marino para mejorar mi dominio del Waki de Armamento en el cual me entreno inicialmente la comodoro Karlglass.” – respondí a su pregunta con honestidad, podía sentir como me estaba estudiando no solo con la mirada sino también con su Haki el cual claramente era superior al mío.
 
“Vaya, así que tienes buenos modales. Me alegro de que así sea, hay muchos en la marina que se toman a broma la institución y yo no soporto a ese tipo de personas, aunque hay sus excepciones.” – contestó la marine de pelo magenta, terminando su inspección con sus ojos y asintiendo con la cabeza mientras agregaba – “Shiroka Murasaki, Contraalmirante de la Marina, diría que es un gusto conocerte pero eso lo sabremos al final del día.”
 
¡Contraalmirante!, pensé asombrado por llegar a conocer a alguien de tan alto rango de forma tan trivial, aunque quizás, pensándolo bien, no era así. Una vez tras otra el destino había querido que me encontrara a la persona indicada en el momento preciso para poder mejorar y alcanzar mi único objetivo – Fugowo – por lo que no tomaría a la ligera esta oportunidad ni la dejaría pasar sin más. Manteniendo la seriedad que la situación requería, me cuadre ante la Contraalmirante y explique con mayor detalle el favor que necesitaba.
 
“Contraalmirante Shiroka, es un honor conocerle, como le comentaba estoy interesado en mejorar mi habilidad en el uso del Wa… Haki de Armamento, tengo la impresión de que usted lo domina a la perfección, ¿no es así? Si me ayudara tan solo hoy con mi entrenamiento estaría eternamente agradecido.” – esperaba que funcionara, si no, tocaría volver al plan original de enfrentarse a un rey marino.
 
“Bien, dado que sabes comportarte ante tus superiores voy a contestarte con honestidad. Primero que nada, no es Wahaki, es Haki. Segundo, si, tengo un dominio muy superior al tuyo tanto en el de armamento como en el de observación. Tercero, no creo que estes preparado para el siguiente nivel, al menos no en el de observación. Muéstrame tu Haki de Armamento, Fuguwu.” – contestó la Contraalmirante, sin cortarse en nada, pero no era una opinión injusta, era la dura realidad que bien yo conocía, sin embargo, quizás su opinión sería diferente con mi dominio sobre el Haki de Armamento.
 
Sin pensármelo dos veces active el Haki de Armamento. Tras varias semanas de constante entrenamiento lo podía activar básicamente al instante, a diferencia del de observación el cual aun necesitaba concentrarme para activarlo, sin embargo, de momento no podía hacer nada mas con este poder, al menos que trajera a Apolo y le mostrara como podía ignorar su intangibilidad. Para mi fortuna, y la de Apolo seguramente, esto no fue necesario ya que una ligera sonrisa se dibujó en la cara de la Contraalmirante.
 
“Parece que no eres un caso perdido, Contramaestre Fuguwu, estas cerca de lograr romper la barrera de aquellos quienes pueden utilizar el Haki a duras penas, y los que pueden llegar a dominarlo. Eso sí, no voy a desperdiciar el tiempo contigo, tienes este día para dominarlo o te descartare como un inútil.” – dijo la Contraalmirante con un tono de voz severo – “El siguiente nivel te deberá permitir usar el Haki de Armamento a un nivel mucho más combativo. Si logras dominarlo, serás capaz de endurecer partes de tu cuerpo al punto que sean más fuertes que el acero otorgando a tus ataques mayor potencia. Además, podrás llegar a imbuir tu Haki sobre objetos que toques en caso de que utilices armas.”
 
“Suena que viene muy bien para el combate, Contraalmirante. Estoy convencido de que podre dominar este nuevo nivel si me ayuda hoy con mi entrenamiento, la primera vez que lo entrene solo necesite de un día al igual que mis compañeros de división para despertarlo y empezar a usarlo.” – dije con entusiasmo ante la idea de poder imbuir mis puños y nudilleras en Haki de Armamento – “pero dígame, Contraalmirante, ¿qué debo hacer para poder exteriorizar mi Haki?”
 
“Bueno, creo que en mi explicación ya te he dado suficientes pistas, dependerá de ti el interpretarlas correctamente, no pienso decir más, prepárate para ser atacado por alguien que sí domina el Haki de Armamento, Fuguwu.” – contesto a mi pregunta la Contraalmirante y sin darme tiempo a prepararme se abalanzó sobre mi soltando un puñetazo que impacto de lleno en mi estómago, tumbándome al suelo del dolor.
 
¿Marcia?, pensé desorientado, confundido. El dolor había sido similar a aquel que había provocado la revolucionaria en aquellas playas rosadas de la isla Momoiro durante aquel encuentro fortuito en donde ni yo ni Apolo pudimos hacer gran cosa para defendernos o atacar a nuestra rival. Así que esto era lo que había utilizado aquellas piernas largas, su nivel estaba claramente por encima del nuestro, pero no esperaba que fuera tan notable la diferencia. Por suerte la Contraalmirante Shiroka no era mi enemigo como aquella vez, y permitió que me incorporara tras recibir aquel impacto.
 
“Parece que no es la primera vez que recibes un golpe imbuido en Haki de Armamento, ¿fue en combate y no en entrenamiento?, de ser así, mis congratulaciones por sobrevivir, puedes considerarte afortunado.” – dijo la Contraalmirante mientras me ponía en pie. Si, me sentía afortunado como ella bien decía, no solo de haber sobrevivido a aquel combate si no dé, además, poder recrearlo de cierta forma contra alguien que era de la misma facción a la que pertenecía. Haciendo memoria de sus palabras, recordé como menciono que el siguiente nivel de Haki de Armamento tiene dos usos, el endurecer una parte del cuerpo o el imbuir un arma. Dado que no contaba con ningún arma a mi alcance, y tampoco usaba alguna salvo mis nudilleras, me concentre en intentar recubrir todo mi cuerpo con Haki.
 
Era imposible, una tarea que tan solo el intentarla me había dado cuenta de que era una obra titánica digna de un prodigio, cosa que yo no era. Sin embargo, no permití que esto me bajara la moral, quizás había apuntado demasiado alto, esta vez intentaría recubrir únicamente una de mis extremidades, mi brazo derecho. Concentrando toda mi energía alrededor de mi brazo derecho pude sentir como la misma empezaba a fluir y concentrarse en esta extremidad. No obstante, parecía que seguía siendo muy ambicioso. La tercera es la vencida, como dicen, aunque igual si fallaba lo seguiría intentando así fuera en la punta de mis púas en mis nudillos, esta vez intentaría concentrar la energía únicamente en mi puño derecho.
 
Finalmente, pude sentir como toda mi energía se concentraba alrededor de mi puño la cual, tras unos instantes, envolvió aquella área en un color negro otorgándole una apariencia algo metálica, como si en lugar de carne y hueso tuviera un puño de metal sólido en mi brazo derecho.
 
¿Lo había logrado? No estaba del todo claro, pero al parecer quien si lo tenia claro era la Contraalmirante Shiroka quien sin darme oportunidad a pensar en nada más se lanzó de nuevo contra mi esta vez pon un golpe que auguraba volarme la cabeza si no llegaba a defenderme correctamente. La única reacción que tuve fue el defenderme con mi mano derecha aún embuida en aquella energía utilizando la técnica Samehada shotei del Gyojin Karate. El impacto del puñetazo que logré detener sonó fuertemente por todos los alrededores, como quien martilla un gran trozo de metal con un mazo de hierro gigante.
 
“Bien hecho, Contramaestre, de no haber detenido aquel golpe como lo hizo hubiera perdido la cabeza, literalmente.” – sentenció la Contraalmirante a quien se le veía satisfecha con el resultado de aquel entrenamiento. Tras sacudirse el polvo casi inexistente de su ropa, continuo en un tono menos frio del que había usado al saludarme por primera vez – “Parece que no eres un inútil después de todo y al final sí que será un gusto haberte conocido el día de hoy. De momento no tengo nada mas por enseñarte, tal como imagino has venido haciendo desde que aprendiste a usar el Haki, deberás agregar esto a tu rutina de entrenamiento para obtener el mayor control posible sobre el Haki de Armamento y poder utilizarlo con mejor dominio. Llegado su momento, deberías ser capaz de recubrir mucho más que una sola mano.”
 
“El gusto ha sido completamente mío, Contraalmirante Shiroka.” – respondí volviendo a realizar el saludo de la marina con el que salude por primera vez a la Contraalmirante de cabello magenta – “Le agradezco que se haya tomado el tiempo de entrenarme el día de hoy, y de la misma forma que prometí a la comodoro Karlglass, le prometo igual a usted que continuare mi entrenamiento sin faltar un solo día al mismo hasta que sea capaz de dominar por completo estos poderes.”
 
Sin decir más, la Contraalmirante Shiroka Murasaki se dio la vuelta y regreso caminando hacia el cuartel, un poco a la distancia levanto su mano derecha (aquella en la que portaba aquel brazalete) a modo de despedida. Yo por mi parte, aunque no me pudiera ver por estar de espaldas, devolví el gesto de despedida menos formal agradecido por haber tenido la fortuna de conocerle en el momento perfecto, en el lugar necesario.
 
Como bien dice la gente sabia, quienes suelen saber muchas cosas cada vez que acumulan experiencia con el paso del tiempo, las cosas pasan por algo cuando tienen que pasar. Y así lo había querido el destino, el cual me guiaba nuevamente con vista a mi objetivo final, recuperar a Fugowo de una u otra forma.
 
Resumen
[Imagen: Firma-Fuguwu.png]


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[Presente Relativo] Mas alla de lo intangible - por Fuguwu - 30-01-2025, 11:58 AM

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