12-09-2023, 05:02 PM
La mujer, que conocía, ahora sí, la dirección del barco marine a la perfección, no tardó en ponerse en marcha. Salió del local dispuesta a encontrar aquel astillero. El borracho había dicho que era el número 3, no perdía nada por comprobar aquella información. Su pareja se había quedado dentro del bar, como habían ideado. La joven caminaba ocultándose de la luz, buscando la sombra y la privacidad que ella le ofrecía. Alguien la estaba siguiendo, pero de momento, no se había dado cuenta, pues su perseguidor era igual de sigiloso y cuidadoso que ella. Allí estaba, el astillero número 3. El número estaba indicado cerca de la entrada a éste, iluminado por un pequeño farol. La muchacha se quedó un astillero más atrás, ocultándose en la sombra que este proyectaba, para poder fijarse en la vigilancia que aquel lugar podría llegar a tener. Pudo ver a un marine custodiando la entrada principal. Puso un gesto molesto. Ahora mismo tenía dos opciones: buscar otra entrada, si es que la había, o buscar una forma de distraer a aquel marine para poder colarse.
Por otro lado, la conversación entre "Allan", Jackie y Terence estaba siendo bastante tensa, pues la mujer no se andaba con chiquitas, y en aquella situación tan delicada, no le hacía gracia encontrarse con desconocidos. Pero llegó Legan, un hombre enorme con pelo blanco, cuernos, y una enorme sonrisa a relajar el ambiente. El joven asustadizo le correspondía con risillas nerviosas, aunque parecía sustencialmente más calmado, también gracias a la presencia de su estoica compañera. Ella, por su parte, fue suavizando el gesto de su rostro. Al principio desconfiaba de aquellos dos, pero cuanto más hablaba Legan, más se daba cuenta de que era imposible que tramasen ningún plan. "Es demasiado simple", pensó la muchacha, que además también gustaba de hablar de alcohol. — No podría estar más de acuerdo. — El camarero apareció, dejando las bebidas sobre la mesa, tanto la de Legan como la de Jackie, aquella musculosa mujer. — ¡Sentaos! Bebed con nosotros. — No tardó en llevarse su copa a la boca mientras sonreía, complacida, a lo que "Allan" le seguía el rollo, obediente.
Entonces ocurrió lo inesperado. Terence empezó primero a convulsionar, luego a sangrar por la comisura de los labios, y finalmente, se desplomó sobre el suelo. Allan se acercó a él, con una cara de miedo terrible, preguntándose si podía ayudar a aquel joven amable en algo. Incluso Jackie, la impasible, estaba con los ojos como platos viendo lo que acababa de ocurrir. — ¡¿No hay un puto médico aquí o qué!? — En el local se llenó de un sentimiento de nerviosismo y preocupación. El dueño no tardó en intentar llamar a las autoridades, ¡había un hombre muriéndose en su bar! Alguna persona gritó de fondo, al ver la presencia de sangre en escena. Sobre todo, reinaba la confusión, pues nadie sabía que era lo que le había hecho fallecer, si había sido un asesinato, o un simple golpe del destino.
Por otro lado, la conversación entre "Allan", Jackie y Terence estaba siendo bastante tensa, pues la mujer no se andaba con chiquitas, y en aquella situación tan delicada, no le hacía gracia encontrarse con desconocidos. Pero llegó Legan, un hombre enorme con pelo blanco, cuernos, y una enorme sonrisa a relajar el ambiente. El joven asustadizo le correspondía con risillas nerviosas, aunque parecía sustencialmente más calmado, también gracias a la presencia de su estoica compañera. Ella, por su parte, fue suavizando el gesto de su rostro. Al principio desconfiaba de aquellos dos, pero cuanto más hablaba Legan, más se daba cuenta de que era imposible que tramasen ningún plan. "Es demasiado simple", pensó la muchacha, que además también gustaba de hablar de alcohol. — No podría estar más de acuerdo. — El camarero apareció, dejando las bebidas sobre la mesa, tanto la de Legan como la de Jackie, aquella musculosa mujer. — ¡Sentaos! Bebed con nosotros. — No tardó en llevarse su copa a la boca mientras sonreía, complacida, a lo que "Allan" le seguía el rollo, obediente.
Entonces ocurrió lo inesperado. Terence empezó primero a convulsionar, luego a sangrar por la comisura de los labios, y finalmente, se desplomó sobre el suelo. Allan se acercó a él, con una cara de miedo terrible, preguntándose si podía ayudar a aquel joven amable en algo. Incluso Jackie, la impasible, estaba con los ojos como platos viendo lo que acababa de ocurrir. — ¡¿No hay un puto médico aquí o qué!? — En el local se llenó de un sentimiento de nerviosismo y preocupación. El dueño no tardó en intentar llamar a las autoridades, ¡había un hombre muriéndose en su bar! Alguna persona gritó de fondo, al ver la presencia de sangre en escena. Sobre todo, reinaba la confusión, pues nadie sabía que era lo que le había hecho fallecer, si había sido un asesinato, o un simple golpe del destino.
Aventura
Notas
