06-02-2025, 03:06 AM
6 / Invierno / 14
Archipiélago Sabaody
Aprox. 10:36 a.m.
Archipiélago Sabaody
Aprox. 10:36 a.m.
Dos meses más tarde de la llegada de todos aquellos cuyos destinos se entrelazaban en los manglares previos a la entrada al Nuevo Mundo, el día se alzaba con el frío habitual del invierno, haciendo que todos los presentes pudieran notar la bajada de temperatura al exhalar su aliento y ver formarse el vaho. No era una temperatura extremadamente baja, ni difícil, ni pesada, pero si lo suficientemente notoria como para que pudiera ser reseñada por aquellos que peor llevaban el frío. Algún resto de escarcha en la hierba del campo, algún estornudo puntual del que se confiaba de más con el cambio estacional, y mayor aglomeración de la gente en los locales y viviendas, en lugar de en la calle, eran los indicativos claros de un día tranquilo y común de invierno. Algo que para nada pudiera dar lugar a pensar en lo que aquí iba a acontecer.
El grupo de los piratas de las Alas Negras no había perdido el tiempo, y habiendo conseguido una nueva y gloriosa embarcación, también habían invertido sus días en el archipiélago para poner al día sus habilidades y sus entrenamientos, aunque los más inconscientes de entre sus filas habían optado por llamar la atención de forma premeditada, juntándose incluso con otros forajidos y criminales en el clásico intento banal de empatizar y hermanar con todos, quitándole la chispa a la vida y la posibilidad de un conflicto.
Por su parte, la contraparte de este alegre grupo, los piratas Mushoku, también habían dedicado el tiempo a reparar los daños de su navío y a fortalecerse particularmente de forma individual cada uno de los miembros, también atreviéndose a desplazarse por los manglares y a interactuar, aunque de una forma más discreta - obviando a los anteriores mencionados disfrutones de la música - pudiendo establecer contacto con el Ejército Revolucionario y realizando un trueque y un chanje que arrojaban la esperanza de que el despiadado capitán pirata de tal grupo de maleantes tuviera alguna luz dentro de toda su oscuridad.
Dicho grupo de revolucionarios se había conseguido reagrupar. El que portaba la D en su nombre no había podido superar los fantasmas del pasado pero se había dedicado a estrechar los lazos del presente y a volver a juntarse con sus amigos y conocidos. Por su parte, su compañero con un nuevo poder había conseguido rescatar al tercero en discordia, y a sus filas se había unido el ser más inmenso, inocente y menos discreto que jamás hubieran visto. Su número aumentaba, pero con ello, también las posibilidades de perder a alguien si no eran capaces de defender lo que estaban acumulando, manteniendo un perfil bajo.
Hablando de perfiles bajos, el Gremio de Cazadores de Magna se había tomado al pie de la letra aquello de: "Que no nos sigan". El líder del grupo apenas abandonó su navío para nada, ya que consiguieron uno nuevo, y no se vio interesado para nada en explorar la isla, estando en un estado de alerta constante incrementando su paranoia. Sus compañeros si que estuvieron practicando sus propias capacidades y entrenando sus propios poderes, pero no se mezclaron con nadie, haciendo que - sumada a la desaparición de su barco conocido hasta el momento - nadie supiera que estaban en el archipiélago.
Y finalmente, los bravos Marines se habían instalado en el cuartel general del lugar, y habían recibido la mejor noticia de sus últimos meses: Hoy Joe Joestar iba a regresar con ellos.
Había ajetreo y estrés en los pasillos del cuartel, pues la llegada de este hombre, nuevo Vicealmirante de la Marina, iba a traer consigo más fuerzas a la isla y mayor poder militar, a unos niveles que probablemente no esperasen ni en el propio cuartel. Dos grandes galeones de la Marina se dirigían hacia el Archipiélago Sabaody, y las órdenes que traían consigo eran claras: Aprovechar la aglomeración y agrupación de criminales en el lugar para encarcelarlos o eliminarlos. Además, añadido a esto, las gaviotas del OkNews - que tardarían algunas horas más que la llegada de aquellos navíos en alcanzar el lugar - traían consigo unas noticias tan alarmantes como funestas... pero eso sería una historia para otro momento.
Por ahora, las piezas sobre el tablero que representaban todos aquellos movidos por las olas del mañana, deberían terminar de adoptar la posición definitiva que quisieran en aquel lugar, para encarar la partida de sus vidas con las mejores posibilidades y oportunidades de su parte. Todos los errores serían eslabones de una cadena que podría llegar a ahorcarles, o lastrarlos lo suficiente como para que los ahorcase otro en su lugar. Ahora comenzaba, sin que ninguno lo supiera, el incidente de Sabaody.
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