06-02-2025, 01:59 PM
(Última modificación: 06-02-2025, 02:02 PM por Garnet D. Matlock.)
- Gah… Gah… ¡GARNET! - Estornudó - sí, estornuda gritando su nombre - el congelado músico de los Alas Negras. Los dos meses en los que habían permanecido en Sabaody habían pasado en un abrir y cerrar de ojos, hasta el punto de que, el frío caracterizado por la estación invernal llegó con la intención de calar los huesos de los más imprudentes, siendo el caso del pelirrojo guarrindongo.- C-con lo bien q-que se está en verano… C-con las pibitas c-con poca r-ropita, ¿e-es o n-no es? - Musitaba Garnet, tiritando como un descosido, y maldiciendo aquella aciaga época del año. Para más inri, el muy lelo, aunque estaba resguardado en su habitación y tapado por una gruesa manta, se hallaba semidesnudo - para variar -, con tan sólo un tanga. Dicha prenda era de color azul marino, con las palabras “ROCK” y “ROLL” inscritas, en color rojo, en la parte trasera del mismo, ubicándose cada una de las palabras sobre un glúteo del músico.
Pero no todo lo que ocurría era terrible pues, a pesar del frío y de los intentos fallidos por encontrar a su capitán Yojimbo en algún rincón de Sabaody, se habían dedicado a entrenar, fortalecerse y, en el caso de Garnet, reencontrarse con su buen amigo Panda. Además de todo eso, y gracias a los dotes mercantiles de su compitruena, Sasha pidió construir - hace cosa de tres días -, nada más y nada menos que un imponente galeón, un barco de dimensiones tan colosales que podría albergar como a 10 Sashas transformadas en su característico lagarto, llegando a medir, perfectamente, 40 metros de eslora y unos 10 de manga. Entre aquella adquisición, la fruta con tanto potencial que había conseguido la capitana en funciones, Triana, y la pequeña pero caótica familia que formaban todos sus miembros, los Alas Negras mantenían la esperanza de resurgir de sus cenizas ante la ausencia de Yojimbo.
Como la construcción del precioso navío finalizó el día anterior - es decir, el día 5 de invierno -, los Alas Negras decidieron quedarse esa misma noche a dormir en él para, a la mañana siguiente, prepararse con lo necesario para partir. Viendo que el inicio de un nuevo día había dado ya comienzo hace ya algunas horas, Garnet - quién se encontraba en la cama de su nuevo camarote -, desistió ante la idea de quedarse en un letargo perenne y se levantó de ella. - Igual si me pongo al lado de Triana me da algo de calor pueje pueje - Maquinó el muy marrano, buscando sacarle provecho a la gélida tortura por la que estaba pasando. Antes de salir de su camarote, se atavió con sus guantes y botas molonas, se colgó, sobre su hombro derecho, su pequeño saco con todos sus diales y útiles de comunicación - además de los pelos de Don Bambú que le ofreció el mink aquella noche de borrachera - y, por supuesto, dispuso a sus espaldas a su increíble Sabertones, colgándose su tira sobre su hombro izquierdo, y cruzándose hasta acabar el lado derecho de su cintura.
Con todo listo, Garnet salió de su camarote, hasta dar con la parte exterior del navío, caminando con temblores por la cubierta hasta situarse a unos 2 metros del palo mayor, a aproximadamente 5, respectivamente, de las barandillas de estribor y de babor y a unos 15 de popa. Nada más salir, y sentir todo el frío en sus carnes, el músico orientó su mirada hacia los astilleros, que daban a babor. Estando en el Manglar 0, probablemente, aquella zona era la más concurrida de toda el archipiélago, o al menos eso diría a primera instancia debido a la gran variedad de ocio y opciones comerciales que ofrecía el islote. Quedando ellos en el Hangar número 7, no dudó en activar su kenbunshoku haki a máximo alcance. Nunca se sabía cuando algún colgado, marine o criminal podría entrar en su barco para hacerse con algo de valor. Con el tamaño de ese pedazo navío, no era difícil que hubiera captado la atención de alguien. Lo que le gustaría saber al pelirrojo era cuanto le quedaban para partir de Sabaody, aunque esa respuesta tan sólo la podría conocer a ciencia cierta la semioni como navegante o Tobías como carpintero.
- ¿¡C-CUÁNTO QUEDA PARA PI-PIRARNOS DE A-AQUÍ!? - Gritó a plena voz, pareciendo sus dos mandíbulas dos castañuelas, con la intención de obtener una respuesta. Seguidamente, no aguantando más aquella sensación térmica, se transformó en su forma completa de dientes de sable, apoyándose sobre sus cuatro patas y cubriéndose de un manto peludo de color ocre que le ayudaría a combatir el frío, resultando en un gran gato cuadrúpedo de exagerados colmillos y con tanga. Tras transformarse, empezó a correr como un poseso alrededor del palo mayor, manteniendo una distancia de 2 metros respecto a la base de dicho mástil.- A-a la mierda, ¡n-no aguanto más! - Decidió entrar en calor, haciendo ejercicio y ayudándose del pelaje del felino, mientras esperaba que alguien arrojara algo de luz sobre su permanencia, o hasta que la doctora apareciera para poder combatir de manera más efectiva el frío.
Pero no todo lo que ocurría era terrible pues, a pesar del frío y de los intentos fallidos por encontrar a su capitán Yojimbo en algún rincón de Sabaody, se habían dedicado a entrenar, fortalecerse y, en el caso de Garnet, reencontrarse con su buen amigo Panda. Además de todo eso, y gracias a los dotes mercantiles de su compitruena, Sasha pidió construir - hace cosa de tres días -, nada más y nada menos que un imponente galeón, un barco de dimensiones tan colosales que podría albergar como a 10 Sashas transformadas en su característico lagarto, llegando a medir, perfectamente, 40 metros de eslora y unos 10 de manga. Entre aquella adquisición, la fruta con tanto potencial que había conseguido la capitana en funciones, Triana, y la pequeña pero caótica familia que formaban todos sus miembros, los Alas Negras mantenían la esperanza de resurgir de sus cenizas ante la ausencia de Yojimbo.
Como la construcción del precioso navío finalizó el día anterior - es decir, el día 5 de invierno -, los Alas Negras decidieron quedarse esa misma noche a dormir en él para, a la mañana siguiente, prepararse con lo necesario para partir. Viendo que el inicio de un nuevo día había dado ya comienzo hace ya algunas horas, Garnet - quién se encontraba en la cama de su nuevo camarote -, desistió ante la idea de quedarse en un letargo perenne y se levantó de ella. - Igual si me pongo al lado de Triana me da algo de calor pueje pueje - Maquinó el muy marrano, buscando sacarle provecho a la gélida tortura por la que estaba pasando. Antes de salir de su camarote, se atavió con sus guantes y botas molonas, se colgó, sobre su hombro derecho, su pequeño saco con todos sus diales y útiles de comunicación - además de los pelos de Don Bambú que le ofreció el mink aquella noche de borrachera - y, por supuesto, dispuso a sus espaldas a su increíble Sabertones, colgándose su tira sobre su hombro izquierdo, y cruzándose hasta acabar el lado derecho de su cintura.
Con todo listo, Garnet salió de su camarote, hasta dar con la parte exterior del navío, caminando con temblores por la cubierta hasta situarse a unos 2 metros del palo mayor, a aproximadamente 5, respectivamente, de las barandillas de estribor y de babor y a unos 15 de popa. Nada más salir, y sentir todo el frío en sus carnes, el músico orientó su mirada hacia los astilleros, que daban a babor. Estando en el Manglar 0, probablemente, aquella zona era la más concurrida de toda el archipiélago, o al menos eso diría a primera instancia debido a la gran variedad de ocio y opciones comerciales que ofrecía el islote. Quedando ellos en el Hangar número 7, no dudó en activar su kenbunshoku haki a máximo alcance. Nunca se sabía cuando algún colgado, marine o criminal podría entrar en su barco para hacerse con algo de valor. Con el tamaño de ese pedazo navío, no era difícil que hubiera captado la atención de alguien. Lo que le gustaría saber al pelirrojo era cuanto le quedaban para partir de Sabaody, aunque esa respuesta tan sólo la podría conocer a ciencia cierta la semioni como navegante o Tobías como carpintero.
- ¿¡C-CUÁNTO QUEDA PARA PI-PIRARNOS DE A-AQUÍ!? - Gritó a plena voz, pareciendo sus dos mandíbulas dos castañuelas, con la intención de obtener una respuesta. Seguidamente, no aguantando más aquella sensación térmica, se transformó en su forma completa de dientes de sable, apoyándose sobre sus cuatro patas y cubriéndose de un manto peludo de color ocre que le ayudaría a combatir el frío, resultando en un gran gato cuadrúpedo de exagerados colmillos y con tanga. Tras transformarse, empezó a correr como un poseso alrededor del palo mayor, manteniendo una distancia de 2 metros respecto a la base de dicho mástil.- A-a la mierda, ¡n-no aguanto más! - Decidió entrar en calor, haciendo ejercicio y ayudándose del pelaje del felino, mientras esperaba que alguien arrojara algo de luz sobre su permanencia, o hasta que la doctora apareciera para poder combatir de manera más efectiva el frío.
INFO
![[Imagen: Tb4Z3O3.png]](https://imgur.com/Tb4Z3O3.png)
