11-02-2025, 11:31 AM
Saludé a Artur con un leve movimiento de mentón, mientras observaba otra vez como iba completamente desnudo... Aquel chico tenía una peculiaridad para perder la ropa, casi un habilidad innata diría, observé su cuerpo, libre de cicatrices... Una vez saliéramos de aquella isla ponzoñosa Gaeru y él se convertirían en mis alumnos, y aprenderían el arte de la espada como se debe, llenándose de cicatrices y sangre y aprendiendo el dolor que pueden generar los nobles y preciosos artefactos que portaban como armas. Nadie bajo mi mando, visión o mano podría fallarle al letal y hermosos arte de la espada, además si querían ser tripulantes de mi navegación deberían estar a la altura de lo que esperaba de un espadachín, si con los demás era exigente, con ellos lo sería más, pues para mi el arte de matar con una katana es sagrado, una ciencia, algo a lo que he dedicado toda mi vida, si querían pelear con el mismo arma que yo, deberían de ganarse el respeto pertinente para hacerlo. Ben apareció desde la puerta de su camarote y le hice una señal para que se acercara, ahora sí, estábamos el grupo al completo.
Rapax me insistió en que debería saberme su cumpleaños. Pestañeé dos veces mientras le observaba atónito. Luego empecé a silbar mirando a los lados ignorando el tema. No pasaron ni unos segundos cuando el aire empezó a cargarse y en los astilleros un pequeño zumbido que fue de menos a más empezó a generarse. Se sentía en el aire, como una leve molestia del mundo. Una bandada de ratas voladoras empezó a sobrevolar nuestras cabezas, había miles, mejor dicho, millares de aquellos especímenes que se perdían en la totalidad de la isla, algunos bajaban sobre nuestras cabezas otras se internaban más allá de las altas copas de los árboles que cimentaban con sus raíces el archipiélago.
- ¿Qué coño pasará? - Mascullé entre dientes. Tamborileé con los dedos sobre la espada que tenía envainada en el cinturón. En aquel astillero, de un momento para otro, lo que parecía una mañana normal y corriente se sentía tensa y pesada. Como si las cuerdas del destino nos estuvieran atando a todos los allí presentes una soga al cuello. Mi pecho redoblaba, sentía una leve ansiedad por estar allí parado, sin pelear, sin enfrentar a nada... Este no era mi estilo. Pero ahora era el capitán de una banda pirata casi consagrada. Eras demasiado extraño que no nos hubiera pasado nada allí aunque hubiéramos pasado la estancia con un "perfil bajo" o eso decía Nicolás. Si por perfil bajo se refería a que me hubieran apalizado casi hasta morir por aquel hijo de puta con un brazo robótico. Por un momento lo vi, el árbol combarse, la consecución de sus golpes, una mano de humo parando aquel golpe letal y... El recuerdo del viejo, y no me refería al del brazo biónico, si no a un viejo muy viejo, de la edad de las montañas, alguien directamente de mi pasado que había vuelto desde los recuerdos encerrados, sepultados y quemados de mi tormentosa cabeza. Todo aquello seguía nublado por el humo, pero aquella experiencia me había recordado su cara y sentía todo lo demás arremolinarse alrededor de ese recuerdo como fauces y dentelladas listas para probar mi debilidad. El graznido estridente de uno de esos endiablados bichos voladores me devolvió al mundo. Por un acto reflejo gruñí y le tiré un mordisco mientras el animal escapaba de mi soltando un periódico a Korg - ¿Otra vez? - Dije en voz alta. Aunque en realidad me gustaban los periódicos a veces tenían información relevante entre la basura de letras que se amontonaba en ellos.
- Puta chismosa - Dijo Nicolás increpándome por necesidad de información
Pero empecé a ignorarlo, pues, una vez más y como si pareciera que le hubieran dado carrete, Korg empezó a hablar, rápido sin pausas, como un vendedor de isotónicos anti caída de pelo. Empezó a enumerar cifras y carteles de se busca, poco interesantes, hasta que pronunció la recompensa de una tal Triana, igual que la mía, acto seguido me entregó uno dado la vuelta. Lo puso tan cerca de mi cara que miré el papel un poco bizco debido a la proximidad mientras lo agarraba con la mano que escasos segundos atrás tamborileaba nerviosa sobre el mango de la katana enfundada. Apartir de ese momento todas las cifras me superaban.
Mi sangre empezó a bullir, me sentía avergonzado ¿Quién eran ellos? Zangiri, teodoro y uratora. ¿QUÉ HABÍAN HECHO PARA SUPERARME? Apreté con fuerza mientras el humo salía como una olla a presión por mi sienes.
- Esos nombres - Dije apretando la mandíbula - ¿Valen más que yo? - Las venas de mi frente empezaron a hincharse, mi respiración se sentía pesada - ¿YO HE SIDO SUPERADO? - Pronuncié presa de un ataque de ira y apretaba hasta estrujar el papel que Korg me había entregado en mi palma. Una vez más me habían adelantado. Me habían pasado por la derecha mientras yo perdía el tiempo en aquel archipiélago. Si no fuera porque todos los que se encontraban en cubierta eran miembros de mi tripulación, hubiera matado a alguien en aquel mismo instante. Resoplé y por mis cavidades nasales salieron dos columnas de humo enormes. Hasta que sin quererlo ni hacerlo por intención, Korg me sacó de mi ira.
Misión especial en el Archipiélago Sabaody... purga de la zona criminal
Respiré el humo que acababa de soltar con una bocanada, volvió a mi como una cascada serpenteando por mi boca.
- Archipiélago Sabaody - Repetí interiorizándolo y en voz baja para no frenar al pequeño navegante - Aquí estamos - Dije atando cabos mientras ignoraba el resto de las noticias - Purga de la zona criminal - Repetí después - Eso somos - 2 + 3 son 4 + 1 de toda la vida - HAr - Sonreí mientras toda la furia de interior se disipaba - HArHAr - Reí con más fuerza. Entonces pronunció un nombre familiar - ¿KENJO? - Pregunté asombrado - Sigue vivo... - Me sorprendí. No lo había vuelto haber después del entrenamiento, ni a él ni a Kazuya. En fin, ellos decidieron huir, podrían estar aquí con nosotros, mientras pensaba en eso Korg insinuó que ahora Nicolás valía un millón de Berries.
- ¿Has oído churrita? ¡YO TAMBIÉN VALGO DINERO! -
- Ni tan mal - le contesté - ahora podré venderte y sacar algo -
- NI SE TE OCURRA PEDAZO DE MONO - Entonces empezó a llamar el humo para volver a generar un cuerpo con el que enfrentarme, pero, Korg nos salvó de la disputa, me instó a ver la hoja que me había entregado.
- Cierto - En el ataque de ira anterior al verme superado se me había olvidado, y ahora ese papel se encontraba estrujado y apretado contra mi palma y preso en mi puño libre. Abrí la mano y el papel se desdobló mientras que a su vez agarraba uno de los perfiles del folio y con una diestro movimiento de muñeca lo desdobla y giraba para que me permitiera ver la información del mismo.
- ¿KISUKE? - Pronuncié con fuerza e ira. Cuatrocientos treinta millones. Agarré el papel atravesando su cara con mis dedos por la fuerza imprimida. Mi cara se desconfiguro mientras miraba al suelo, mis ojos se perdieron entre el blanco de los tablones de la embarcación - ¿LA MISMA QUE YO? ¿ESE MIERDAS SE CREE A MI ALTURA? - Mis dientes rechinaban con cada palabra - Voy a masacrarlo. Voy a destruirlo. No dejaré ni sus huesos. Primero le arrancaré la cabeza del cuerpo y luego las espadas de las manos - Dije sin descanso entre oraciones, entrando en un bucle de ira y odio. El recuerdo de aquel pequeño hombre mirándome a los ojos, desafiándome mientras recogía a su compañero moribundo se grabó con fuego en mi interior. Sentí a mis poderes odiarlo también, como si fuera algo natural para ellos. Por un acto reflejo busqué y toqué el caracol tiliquipitinetico para llamarlo. Iba a acabar con él en ese mismo instante. Pero... Los chicos se habían dado cuenta al igual que yo, teníamos otras prioridades - Mirad - Dije mientras mis dedos atravesaban la cara del antiguo pescador y llamaba la atención de todos los presente - Si veis a este hombre. No lo toquéis, no habléis con él, solo decidme dónde esta. ES MI PRESA - Terminé observando a todos y cada uno de los presentes a los ojos. Esperaba que ninguno tuviera la osadía de cuestionarme, ni de negarme la información llegado el momento de que se encontraran con Kisuke. Apreté con fuerza el papel y cerró los dedos en un puño, arrancando su cara por completo del wanted y después la solté, dejando que el viento se la llevara o la agarrara cualquiera de los presentes.
Me di la vuelta y les di la espalda. Con la mano ahora libre, pues ya no sostenía el papel, peiné mi larga melena con los dedos y eché la cabeza hacia atrás mirando el cielo mientras intentaba serenarme. Pero era imposible. Mi recompensa tenía que subir, todos esos hijos de puta me habían superado y yo soy el ser más peligroso sobre el mundo.
- ¡¿ALMIRANTES!? ¡¿VICEALMIRANTES?! - Contesté a Rapax a gritos. Que unos desconocidos de mierda me superaban me irritaba, pero que Kisuke me alcanzara había herido mi orgullo, eso había tocado hueso. Sus espadas y las mías estaban enfrentadas, aunque solo valiera un berrie más que yo se sentiría que estaba perdiendo la batalla - Pueden venir todos juntos y aún así les faltarían manos para pelármela, Rapax - Grité aún con más fuerza dándoles todavía la espalda a la tripulación. Había intentando serenarme pero era imposible. Kisuke era la gota que había colmado el vaso - ¿QUÉ VAN A PURGARNOS? - Pude decir algo más calmado llevando la mano libre a la cara mientras me la tapaba completamente con ella. Una sonrisa voraz asomaba desde las partes visible que mi palma no podía tapar - Eso quiero verlo yo - Aquella isla se acababa de convertir en un campo de minas y un hervidero de combates. Los marines acababan de declararnos la guerra. Desde luego que ahora no quería salir no corriendo, desde luego que no dejaría que dijeran que los Mushoku corríamos despavoridos ante las amenazas - ¿Un caramelo? Te voy a regalar algo mucho mejor - Dije mientras me giraba y dejaba de darles la espalda. Observando a cada uno de mis tripulantes - El día más importante de la vida de todos los marines que quieren purgarnos, así que, podemos empezar a llamar su atención por dónde tú quieras - Y clavé mis ojos en Rapax.
Si quería destruir a Kisuke, primero tenía que costar más que él, después arrancarle el corazón.
Era hora de ver como responderían el resto de tripulaciones piratas, pues supongo que no seríamos ni una, ni dos la únicas presentes en aquella isla. Si ese lugar merecía semejante atención, era porque allí no estábamos solos y habría más tripulaciones por doquier, con suerte, algunas de ellas decidirían pelear como nosotros, las que huyeran las pillaría más tarde.
En mi vida y en todas las anteriores solo he conocido una manera de huir: hacía delante.
Rapax me insistió en que debería saberme su cumpleaños. Pestañeé dos veces mientras le observaba atónito. Luego empecé a silbar mirando a los lados ignorando el tema. No pasaron ni unos segundos cuando el aire empezó a cargarse y en los astilleros un pequeño zumbido que fue de menos a más empezó a generarse. Se sentía en el aire, como una leve molestia del mundo. Una bandada de ratas voladoras empezó a sobrevolar nuestras cabezas, había miles, mejor dicho, millares de aquellos especímenes que se perdían en la totalidad de la isla, algunos bajaban sobre nuestras cabezas otras se internaban más allá de las altas copas de los árboles que cimentaban con sus raíces el archipiélago.
- ¿Qué coño pasará? - Mascullé entre dientes. Tamborileé con los dedos sobre la espada que tenía envainada en el cinturón. En aquel astillero, de un momento para otro, lo que parecía una mañana normal y corriente se sentía tensa y pesada. Como si las cuerdas del destino nos estuvieran atando a todos los allí presentes una soga al cuello. Mi pecho redoblaba, sentía una leve ansiedad por estar allí parado, sin pelear, sin enfrentar a nada... Este no era mi estilo. Pero ahora era el capitán de una banda pirata casi consagrada. Eras demasiado extraño que no nos hubiera pasado nada allí aunque hubiéramos pasado la estancia con un "perfil bajo" o eso decía Nicolás. Si por perfil bajo se refería a que me hubieran apalizado casi hasta morir por aquel hijo de puta con un brazo robótico. Por un momento lo vi, el árbol combarse, la consecución de sus golpes, una mano de humo parando aquel golpe letal y... El recuerdo del viejo, y no me refería al del brazo biónico, si no a un viejo muy viejo, de la edad de las montañas, alguien directamente de mi pasado que había vuelto desde los recuerdos encerrados, sepultados y quemados de mi tormentosa cabeza. Todo aquello seguía nublado por el humo, pero aquella experiencia me había recordado su cara y sentía todo lo demás arremolinarse alrededor de ese recuerdo como fauces y dentelladas listas para probar mi debilidad. El graznido estridente de uno de esos endiablados bichos voladores me devolvió al mundo. Por un acto reflejo gruñí y le tiré un mordisco mientras el animal escapaba de mi soltando un periódico a Korg - ¿Otra vez? - Dije en voz alta. Aunque en realidad me gustaban los periódicos a veces tenían información relevante entre la basura de letras que se amontonaba en ellos.
- Puta chismosa - Dijo Nicolás increpándome por necesidad de información
Pero empecé a ignorarlo, pues, una vez más y como si pareciera que le hubieran dado carrete, Korg empezó a hablar, rápido sin pausas, como un vendedor de isotónicos anti caída de pelo. Empezó a enumerar cifras y carteles de se busca, poco interesantes, hasta que pronunció la recompensa de una tal Triana, igual que la mía, acto seguido me entregó uno dado la vuelta. Lo puso tan cerca de mi cara que miré el papel un poco bizco debido a la proximidad mientras lo agarraba con la mano que escasos segundos atrás tamborileaba nerviosa sobre el mango de la katana enfundada. Apartir de ese momento todas las cifras me superaban.
Mi sangre empezó a bullir, me sentía avergonzado ¿Quién eran ellos? Zangiri, teodoro y uratora. ¿QUÉ HABÍAN HECHO PARA SUPERARME? Apreté con fuerza mientras el humo salía como una olla a presión por mi sienes.
- Esos nombres - Dije apretando la mandíbula - ¿Valen más que yo? - Las venas de mi frente empezaron a hincharse, mi respiración se sentía pesada - ¿YO HE SIDO SUPERADO? - Pronuncié presa de un ataque de ira y apretaba hasta estrujar el papel que Korg me había entregado en mi palma. Una vez más me habían adelantado. Me habían pasado por la derecha mientras yo perdía el tiempo en aquel archipiélago. Si no fuera porque todos los que se encontraban en cubierta eran miembros de mi tripulación, hubiera matado a alguien en aquel mismo instante. Resoplé y por mis cavidades nasales salieron dos columnas de humo enormes. Hasta que sin quererlo ni hacerlo por intención, Korg me sacó de mi ira.
Misión especial en el Archipiélago Sabaody... purga de la zona criminal
Respiré el humo que acababa de soltar con una bocanada, volvió a mi como una cascada serpenteando por mi boca.
- Archipiélago Sabaody - Repetí interiorizándolo y en voz baja para no frenar al pequeño navegante - Aquí estamos - Dije atando cabos mientras ignoraba el resto de las noticias - Purga de la zona criminal - Repetí después - Eso somos - 2 + 3 son 4 + 1 de toda la vida - HAr - Sonreí mientras toda la furia de interior se disipaba - HArHAr - Reí con más fuerza. Entonces pronunció un nombre familiar - ¿KENJO? - Pregunté asombrado - Sigue vivo... - Me sorprendí. No lo había vuelto haber después del entrenamiento, ni a él ni a Kazuya. En fin, ellos decidieron huir, podrían estar aquí con nosotros, mientras pensaba en eso Korg insinuó que ahora Nicolás valía un millón de Berries.
- ¿Has oído churrita? ¡YO TAMBIÉN VALGO DINERO! -
- Ni tan mal - le contesté - ahora podré venderte y sacar algo -
- NI SE TE OCURRA PEDAZO DE MONO - Entonces empezó a llamar el humo para volver a generar un cuerpo con el que enfrentarme, pero, Korg nos salvó de la disputa, me instó a ver la hoja que me había entregado.
- Cierto - En el ataque de ira anterior al verme superado se me había olvidado, y ahora ese papel se encontraba estrujado y apretado contra mi palma y preso en mi puño libre. Abrí la mano y el papel se desdobló mientras que a su vez agarraba uno de los perfiles del folio y con una diestro movimiento de muñeca lo desdobla y giraba para que me permitiera ver la información del mismo.
- ¿KISUKE? - Pronuncié con fuerza e ira. Cuatrocientos treinta millones. Agarré el papel atravesando su cara con mis dedos por la fuerza imprimida. Mi cara se desconfiguro mientras miraba al suelo, mis ojos se perdieron entre el blanco de los tablones de la embarcación - ¿LA MISMA QUE YO? ¿ESE MIERDAS SE CREE A MI ALTURA? - Mis dientes rechinaban con cada palabra - Voy a masacrarlo. Voy a destruirlo. No dejaré ni sus huesos. Primero le arrancaré la cabeza del cuerpo y luego las espadas de las manos - Dije sin descanso entre oraciones, entrando en un bucle de ira y odio. El recuerdo de aquel pequeño hombre mirándome a los ojos, desafiándome mientras recogía a su compañero moribundo se grabó con fuego en mi interior. Sentí a mis poderes odiarlo también, como si fuera algo natural para ellos. Por un acto reflejo busqué y toqué el caracol tiliquipitinetico para llamarlo. Iba a acabar con él en ese mismo instante. Pero... Los chicos se habían dado cuenta al igual que yo, teníamos otras prioridades - Mirad - Dije mientras mis dedos atravesaban la cara del antiguo pescador y llamaba la atención de todos los presente - Si veis a este hombre. No lo toquéis, no habléis con él, solo decidme dónde esta. ES MI PRESA - Terminé observando a todos y cada uno de los presentes a los ojos. Esperaba que ninguno tuviera la osadía de cuestionarme, ni de negarme la información llegado el momento de que se encontraran con Kisuke. Apreté con fuerza el papel y cerró los dedos en un puño, arrancando su cara por completo del wanted y después la solté, dejando que el viento se la llevara o la agarrara cualquiera de los presentes.
Me di la vuelta y les di la espalda. Con la mano ahora libre, pues ya no sostenía el papel, peiné mi larga melena con los dedos y eché la cabeza hacia atrás mirando el cielo mientras intentaba serenarme. Pero era imposible. Mi recompensa tenía que subir, todos esos hijos de puta me habían superado y yo soy el ser más peligroso sobre el mundo.
- ¡¿ALMIRANTES!? ¡¿VICEALMIRANTES?! - Contesté a Rapax a gritos. Que unos desconocidos de mierda me superaban me irritaba, pero que Kisuke me alcanzara había herido mi orgullo, eso había tocado hueso. Sus espadas y las mías estaban enfrentadas, aunque solo valiera un berrie más que yo se sentiría que estaba perdiendo la batalla - Pueden venir todos juntos y aún así les faltarían manos para pelármela, Rapax - Grité aún con más fuerza dándoles todavía la espalda a la tripulación. Había intentando serenarme pero era imposible. Kisuke era la gota que había colmado el vaso - ¿QUÉ VAN A PURGARNOS? - Pude decir algo más calmado llevando la mano libre a la cara mientras me la tapaba completamente con ella. Una sonrisa voraz asomaba desde las partes visible que mi palma no podía tapar - Eso quiero verlo yo - Aquella isla se acababa de convertir en un campo de minas y un hervidero de combates. Los marines acababan de declararnos la guerra. Desde luego que ahora no quería salir no corriendo, desde luego que no dejaría que dijeran que los Mushoku corríamos despavoridos ante las amenazas - ¿Un caramelo? Te voy a regalar algo mucho mejor - Dije mientras me giraba y dejaba de darles la espalda. Observando a cada uno de mis tripulantes - El día más importante de la vida de todos los marines que quieren purgarnos, así que, podemos empezar a llamar su atención por dónde tú quieras - Y clavé mis ojos en Rapax.
Si quería destruir a Kisuke, primero tenía que costar más que él, después arrancarle el corazón.
Era hora de ver como responderían el resto de tripulaciones piratas, pues supongo que no seríamos ni una, ni dos la únicas presentes en aquella isla. Si ese lugar merecía semejante atención, era porque allí no estábamos solos y habría más tripulaciones por doquier, con suerte, algunas de ellas decidirían pelear como nosotros, las que huyeran las pillaría más tarde.
En mi vida y en todas las anteriores solo he conocido una manera de huir: hacía delante.
Aclaraciones
inventario
![[Imagen: 51pnN8x.png]](https://imgur.com/51pnN8x.png)
