10-02-2025, 10:20 PM
Sonreí ante la ocurrencia de Sasha cuando imitaba fumar utilizando el vaho generado por el calor de su aliento en contacto con el aire frío. Cada vez era más mayor y se notaba, al igual que Kenzo, pero me alegraba que siguiesen manteniendo algo de su esencia infantil. En algunas ocasiones me tocaba las narices, sin embargo, esta vez me hizo gracia. Esta actitud contrastaba con su madurez al manejar el barco y cómo se preocupaba por él. Por lo que nos contó, había estado informándose y había conseguido la información que necesitábamos para continuar con nuestro viaje. Nuestro próximo destino sería la isla gyojin. Creía que vivían originalmente bajo el mar. ¿Cómo se suponía que íbamos a llegar hasta allí? Tal vez parte de la isla estuviese en la superficie. Para ser sinceros, no tenía ni idea, y Sasha parecía que tampoco sabía cómo llegar, pero ya nos apañaríamos, como habíamos estado haciendo hasta ahora. Tobías parecía bastante tranquilo y Jolyne estaba desaparecida, seguramente enseñándole trucos a la gallina en su camarote. Garnet también parecía más tranquilo de lo habitual, hasta que comenzó a acercarse a mí suplicando un poco de calor. —¡¿Te crees que soy una estufa?! —le dije dando un paso hacia al lado intentando alejarme para que no acabase churruscado.
A pesar de todo, el clima y el ambiente parecían perfectos para continuar con nuestro viaje, hasta que los graznidos de las gaviotas rompieron la calma con malas noticias. Para evitar que quemase el papel, Garnet se adelantó para coger el periódico y comenzar a leerlo. Se colocó en una posición cómoda para que todos pudiésemos asomarnos y echar un vistazo. Nunca había estado tan interesada en un maldito periódico. Para empezar, mi recompensa había aumentado por algún motivo. No recordaba haberla liado últimamente en los meses anteriores, habíamos estado muy tranquilos, así que no sabía a qué venía aquello, aunque suponía que los marines no necesitaban ningún motivo para poner precio a las cabezas de la gente. Pasé la vista rápidamente por todos los titulares y las imágenes que los acompañaban. No me interesaba en absoluto esa convocatoria del gobierno, los descuentos en restaurantes, la supuesta paz de los Blues o el aumento del precio del coco. Me sobresalté al escuchar el grito de Garnet y mi vista comenzó a saltar de titular en titular aún más rápido buscando el motivo de su preocupación, que, al parecer, era esa marine con la que había estado. Ya no sabían con qué rellenar los titulares. Ahora resultaba que por teñirte el pelo eras noticia.
—¡Estate quieto! Casi me matas del susto, sigue pasando —le dije para que se apurase. Lo que no me esperaba era encontrarme con otra noticia sobre mi familia. Casi no había reparado en ella, no especificaba nada en el titular, pero el comentario de mi compañero me hizo fijarme en el cuerpo de la noticia. ¿Se podía saber qué cojones estaba ahora tramando mi madre? ¿Qué era eso de un coliseo? Una idea de mierda para reclutar pringados y acabar con los criminales estúpidos a los que se les ocurriese participar. Aún así, guardaría aquella información en mi memoria por si más adelante nos resultaba de utilidad. Me extrañó volver a ver otra noticia sobre mí, sí que parecían obsesionados y no comprendí el motivo hasta que Garnet llegó a las primeras páginas. Al ver la imagen de Yamamura junto a la del marine barbudo mi corazón se aceleró. Me costó enfocar la vista para leer el titular, en letras excesivamente grandes e imposibles de ignorar. Cae Yojimbo.
Mantuve la calma sin saber ni cómo los segundos necesarios hasta poder leer la noticia. Respiré al ver que por lo menos no había sido asesinado ni condenado a muerte, pero le habían conseguido atrapar y encerrar en Impel Down. Garnet emitió un rugido desgarrador, tras lo cual se mostró confuso, con ganas de venganza, pero miedo a perder a alguien más. Kenzo no dijo nada, se dio media vuelta y se alejó. —¿Que qué vamos a hacer? —pegunté apretando los dientes sin poder aguantar ni un segundo más —. ¡ME CAGO EN EL BARBUDO DE LOS COJONES Y EN SU TROPA DE ANORMALES LAMECULOS DEL GOBIERNO! —grité enfadada conmigo misma por no haber acabado con él cuando tuve oportunidad. Cómo me pude dejar engañar por sus palabras amables que me hicieron creer que solo era un iluso jugando a los soldados y creyendo que ayudaba a los civiles. Ese era el problema, que realmente creía que con lo que estaba haciendo liberaba al mundo de alguna especie de mal y no se daba cuenta de que el mal más grande de todos estaba en su propia casa.
No quería precipitarme, tampoco quería perder a nadie, pero no nos habían dejado más opción. Iban a por todos nosotros, tan solo podíamos resignarnos y dar una imagen de cobardes y débiles que huían ahora que ya no estaba nuestro capitán o adelantarnos para demostrarles que no les iba a resultar tan fácil acabar con nosotros y que les costaría caro acabar con los nuestros. Les teníamos que dar una lección para que se lo pensasen dos veces antes de volver a tocarnos un pelo. Puede que Yamamura estuviese encerrado, pero su voluntad seguía con nosotros. En la propia noticia de Yojimbo estaba la respuesta. —Cambio de planes. Nos quedamos. No podemos ignorar esto y huir o creerán que les va a salir gratis venir a por nosotros. Coged vuestras cosas, nos vamos al maldito centro de esta isla. No sé todavía dónde está ni cómo llegar, pero vamos a encontrar la subasta de esclavos más grande y la vamos a reventar —dije fruto de la ira, pero también de la indignación que llevaba sintiendo desde que habíamos pisado aquel lugar. Era lo que querría Yamamura, lo que él habría hecho. No solo fastidiaríamos a las familias adineradas, liberaríamos esclavos y llamaríamos la atención de los marines, con suerte, la de Joe Joestar, que vendría corriendo como el perro que era a ayudar a sus amos.
A pesar de todo, el clima y el ambiente parecían perfectos para continuar con nuestro viaje, hasta que los graznidos de las gaviotas rompieron la calma con malas noticias. Para evitar que quemase el papel, Garnet se adelantó para coger el periódico y comenzar a leerlo. Se colocó en una posición cómoda para que todos pudiésemos asomarnos y echar un vistazo. Nunca había estado tan interesada en un maldito periódico. Para empezar, mi recompensa había aumentado por algún motivo. No recordaba haberla liado últimamente en los meses anteriores, habíamos estado muy tranquilos, así que no sabía a qué venía aquello, aunque suponía que los marines no necesitaban ningún motivo para poner precio a las cabezas de la gente. Pasé la vista rápidamente por todos los titulares y las imágenes que los acompañaban. No me interesaba en absoluto esa convocatoria del gobierno, los descuentos en restaurantes, la supuesta paz de los Blues o el aumento del precio del coco. Me sobresalté al escuchar el grito de Garnet y mi vista comenzó a saltar de titular en titular aún más rápido buscando el motivo de su preocupación, que, al parecer, era esa marine con la que había estado. Ya no sabían con qué rellenar los titulares. Ahora resultaba que por teñirte el pelo eras noticia.
—¡Estate quieto! Casi me matas del susto, sigue pasando —le dije para que se apurase. Lo que no me esperaba era encontrarme con otra noticia sobre mi familia. Casi no había reparado en ella, no especificaba nada en el titular, pero el comentario de mi compañero me hizo fijarme en el cuerpo de la noticia. ¿Se podía saber qué cojones estaba ahora tramando mi madre? ¿Qué era eso de un coliseo? Una idea de mierda para reclutar pringados y acabar con los criminales estúpidos a los que se les ocurriese participar. Aún así, guardaría aquella información en mi memoria por si más adelante nos resultaba de utilidad. Me extrañó volver a ver otra noticia sobre mí, sí que parecían obsesionados y no comprendí el motivo hasta que Garnet llegó a las primeras páginas. Al ver la imagen de Yamamura junto a la del marine barbudo mi corazón se aceleró. Me costó enfocar la vista para leer el titular, en letras excesivamente grandes e imposibles de ignorar. Cae Yojimbo.
Mantuve la calma sin saber ni cómo los segundos necesarios hasta poder leer la noticia. Respiré al ver que por lo menos no había sido asesinado ni condenado a muerte, pero le habían conseguido atrapar y encerrar en Impel Down. Garnet emitió un rugido desgarrador, tras lo cual se mostró confuso, con ganas de venganza, pero miedo a perder a alguien más. Kenzo no dijo nada, se dio media vuelta y se alejó. —¿Que qué vamos a hacer? —pegunté apretando los dientes sin poder aguantar ni un segundo más —. ¡ME CAGO EN EL BARBUDO DE LOS COJONES Y EN SU TROPA DE ANORMALES LAMECULOS DEL GOBIERNO! —grité enfadada conmigo misma por no haber acabado con él cuando tuve oportunidad. Cómo me pude dejar engañar por sus palabras amables que me hicieron creer que solo era un iluso jugando a los soldados y creyendo que ayudaba a los civiles. Ese era el problema, que realmente creía que con lo que estaba haciendo liberaba al mundo de alguna especie de mal y no se daba cuenta de que el mal más grande de todos estaba en su propia casa.
No quería precipitarme, tampoco quería perder a nadie, pero no nos habían dejado más opción. Iban a por todos nosotros, tan solo podíamos resignarnos y dar una imagen de cobardes y débiles que huían ahora que ya no estaba nuestro capitán o adelantarnos para demostrarles que no les iba a resultar tan fácil acabar con nosotros y que les costaría caro acabar con los nuestros. Les teníamos que dar una lección para que se lo pensasen dos veces antes de volver a tocarnos un pelo. Puede que Yamamura estuviese encerrado, pero su voluntad seguía con nosotros. En la propia noticia de Yojimbo estaba la respuesta. —Cambio de planes. Nos quedamos. No podemos ignorar esto y huir o creerán que les va a salir gratis venir a por nosotros. Coged vuestras cosas, nos vamos al maldito centro de esta isla. No sé todavía dónde está ni cómo llegar, pero vamos a encontrar la subasta de esclavos más grande y la vamos a reventar —dije fruto de la ira, pero también de la indignación que llevaba sintiendo desde que habíamos pisado aquel lugar. Era lo que querría Yamamura, lo que él habría hecho. No solo fastidiaríamos a las familias adineradas, liberaríamos esclavos y llamaríamos la atención de los marines, con suerte, la de Joe Joestar, que vendría corriendo como el perro que era a ayudar a sus amos.
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![[Imagen: 8Rsjucn.png]](https://imgur.com/8Rsjucn.png)
